Archivos para el tag ‘Subida de impuestos’

La ‘clase flotador’

Tacho Rufino | 28 de septiembre de 2009 a las 12:48

 

EN los pasados años de bonanza se habló mucho de la desaparición de la clase media. Ésta nace en el XVIII con el capitalismo, contemporáneamente al nacimiento de la clase obrera, conviviendo (?) con la aristocracia de siempre y sus súbditos. La clase media ha ido perdiendo peso ante la tecnocracia, que ha acaparado demasiado poder y recursos salariales, en detrimento de profesionales, empleados y pequeños empresarios, cada vez más empobrecidos y atrapados por ficheros laborales y fiscales. La clase media se tenía por especie en vías de extinción, entre una clase dominante muy minoritaria y ultraenriquecida y una clase pobre masiva y sin porvenir, dentro de un escenario global cada vez más indiferenciado.

Parecía condenada a desaparecer en medio de un trastorno bipolar degenerativo. Y, sin embargo, de momento, no sólo se resiste a desaparecer, sino que vuelve a emerger como flotador del sistema. Menos el propio Gobierno, todos han coincidido en señalar a las rentas medias como aquellas sobre cuyos hombros cae el peso de la subida de impuestos que el Gobierno acabó desvelando el sábado. ¿Que “rentas medias” y “clases medias” no son lo mismo? Puede, pero sus coincidencias son suficentemente grandes como para, con permiso de los sociólogos, identificar a ambas categorías a efectos de lo que nos ocupa.

Mientras desaparece y no, la clase media soportará el desfase presupuestario que deviene, por un lado, de la recesión drástica del país y, por otro, de las liberalidades de un Gobierno agradador en periodo electoral, que perdonó 400 euros a cada contribuyente haciendo caso omiso de su renta: la verdadera patada en el arco del triunfo a nuestras cuentas públicas fue tal medida, que ahora, al ser derogada al tiempo que se suben prácticamente todos los impuestos, resulta ser una bocado en el bolsillo de las clases medias.

 

(Dibujo de sosperiodista.com )

Los impuestos, la nueva guerra

Tacho Rufino | 11 de septiembre de 2009 a las 18:58

LA cerveza y el chester van a subir de inmediato. Además, los que le echan siempre mil pesetas van a notar que le ponen menos gasolina a su coche en el surtidor. Tras la soflama cara a la galería de Pepiño Blanco -El Último Valido-, quien afirmó que se iban a subir los impuestos a las rentas más altas para soportar la política social del Gobierno, lo que se hace es encarecerle a todo cristiano los vicios, incluido el vicio de desplazarse en el propio coche. Tabaco, alcohol y carburantes van a costar más de forma casi inmediata. El IVA vendrá después. Que suba el tipo general del IVA quiere decir que sube casi todo, siempre y cuando los comerciantes, hosteleros y empresas en general decidan repercutir la subida a los precios finales de venta al público. Si no lo hacen, reducirán sus ganancias; si lo hacen, corren el riesgo de perder clientes y, en general, vender menos por causa de un consumidor que consume menos, por “lo caro que está todo” y “lo mala que está la cosa” (frase prohibida ya en no pocos bares, como el cante). Desde esta visión sencilla de los mecanismos impositivos, subir los impuestos es pan para hoy para las caninas arcas públicas: España corre riesgo de empezar a recibir sanciones de la UE si sigue incrementando su déficit. Esta cuenta es sencilla: el Estado gasta lo mismo, pero sus ingresos por impuestos son cada vez menores, consecuencia de la menor actividad. El Gobierno ha dedicado ingentes cantidades para mantener al Cid moribundo en el caballo, en más de un caso con más que dudosa utilidad: los 400 euros menos de impuestos para cualquiera -¡con independencia de su renta!- queda para los anales de la política fiscal de ocasión; algunos votillos se ganaron así. De hecho, tal medida va a ser eliminada. Más vale tarde que nunca.

El Gobierno busca árnica para las cuentas públicas; pan para hoy, aunque sea duro. Lo más inmediato es subir los impuestos que no hacen diferencia según la renta de las personas, los indirectos. Y es lo que va a ocurrir más pronto que tarde. Aumentar el IVA -que, con pocas excepciones, afecta a todo servicio o mercancía que se mueva- es otra forma de hacer caja rápida. Queda por ver si se cumple la segunda parte del dicho: “… y hambre para mañana”. Ésta es la tesis que asume el PP: si usted drena el ahorro de la gente apretando su bolsillo con mayores impuestos, usted será responsable de que dicho ahorro no acabe convirtiéndose en necesaria inversión, ni tampoco en consumo, que se contendrá por la menor renta disponible y por el arma arrojadiza de moda: la falta de confianza. Es de agradecer que el debate entre los partidos principales se desmarque del “no me cotillees el teléfono”. Organismos y cargos superfluos deben ser recortados, desde luego. Sucede que mientras que el aumento de los impuestos indirectos tiene un efecto grande e inmediato, la austeridad en el gasto produce sus efectos de forma muy diferida. Enchufarse en la vena de que subir los impuestos es algo inaceptable (¿algún gobierno anterior no lo ha hecho en algún momento?) con el propósito de erosionar al enemigo es una táctica política lícita. El votante tendría que castigar en las urnas, si así le parece, las liberalidades de un Gobierno agradador. Pero sin peleas de perros, sin aparentes debates sustanciales que se quedan en la fachada.

Las arcas públicas quieren pan para hoy

Tacho Rufino | 7 de septiembre de 2009 a las 17:26

¿Subir impuestos, sí; subir impuestos, no?

EN derecho suele hablarse de daño emergente y lucro cesante. Mis tierras se queman, provocándome un quebranto patrimonial, y además esas tierras dejan de producir con normalidad durante un cierto tiempo, originándome un descenso de las rentas que produce su explotación. En la situación de contracción y recesión económica que España, su entorno de referencia (la Unión Europea) y, en general, el mundo desarrollado han padecido, se dan esas dos mismas circunstancias: una destrucción de la capacidad productiva -incluido el capital humano, en forma de desempleo- y un descenso del producto de dichos activos, que solemos medir en descensos del Producto Interior Bruto del territorio considerado. Según nuestros oráculos más señeros en diagnóstico y pronóstico económico -el Banco Central Europeo (BCE) y la OCDE, el club de los 30 países más ricos de la Tierra- España ha sufrido un daño muy considerable por el fulgurante descenso de la actividad económica, pero además en la tierra devastada en nuestro país hay más cal que en los de otros países, como Francia o Alemania (e incluso Grecia o Portugal), a los que también les han temblado las rodillas, pero que no han quedado tan sonados por el golpe. Según hemos sabido el jueves, el BCE y la OCDE han revisado al alza sus previsiones. Por ejemplo, la Eurozona (conjunto de países de la UE cuya moneda es el euro) no va a ir tan mal como dichos organismos habían previsto sólo hace unos meses: el PIB agregado de dicha zona monetaria no va a caer más de un 5% en 2009, como se había pronosticado, sino que sólo va a caer alrededor de un 4%.

Entre la población de a pie -y mucho me temo que también entre la que va a caballo o en jet privado- el descreimiento y hasta el hartazgo acerca las previsiones oficiales es un hecho, alimentado en buena parte por los brindis al sol de no pocos políticos, presas del voluntarismo, de la confusión y hasta del trile: las hemerotecas de los dos últimos años están repletas de continuas revisiones de los pronósticos, que cada vez eran más oscuros. Ahora parece cambiar la tendencia, y las revisiones son al alza. O lo que es lo mismo, predicen una menor caída del producto agregado de las zonas económicas. No despreciemos un porcentaje pequeño: un punto menos de caída del PIB de la Eurozona es algo así como tres veces el presupuesto de la Junta de Andalucía para este año.

Pero, ay, no para nosotros: nuestro daño emergente ha sido mayor y nuestro lucro cesante va a durar más tiempo. Eso dicen los brujos de la tribu, con Jean Claude Trichet de maestro de ceremonias. España ha sufrido la mayor caída del PIB de la Eurozona en el último trimestre valorado, y queda fuera del optimismo de los augurios de los técnicos de más peso. Trichet, sin querer quizá, aprovecha para abonarle el terreno a Rajoy ante el debate más central de nuestra política económica: subir impuestos, sí; subir impuestos, no. Según el presidente del BCE, lo que hay que hacer es reducir el gasto público, lo que llamamos “austeridad”, y no subir los impuestos. Según su visión y, en general, la de los partidos conservadores -la práctica desmiente el respeto a tal principio en no pocos gobiernos de derechas, y viceversa-, aumentar la presión fiscal es pan para hoy y hambre para mañana. Las medidas anticrisis han tenido efectos más o menos positivos, pero en cualquier caso han sido un paliativo a corto plazo. Dichas medidas han inflado el déficit público, los números rojos nacionales. Para compensar, subir impuestos “limitada y temporalmente” -Zapatero dixit-tiene un efecto mucho más inmediato que reducir el gasto estatal, sea central o autonómico. Me permito vaticinar un IVA varios puntos más alto, y subidas de carburantes, alcohol o tabaco -dinero inmediato-, antes que una subida sensible del IRPF u otros impuestos directos. Y, sobre todo, antes que una reducción de la nomenklatura política que come del Estado.