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Herve Falciani, un Dioni con estudios

Tacho Rufino | 12 de julio de 2010 a las 20:16

 herve falcianidioni

Herve Falciani es un Dioni fino. Mientras que el segurata que cogió el dinero y corrió a Brasil nunca ocultó que forrarse con el dinero del blindado –su propio furgón de trabajo–era el único obejtivo de su golpe, el financiero suizo dice que entregó a Francia los datos de las cuentas opacas de los clientes de su banco –el británico HSBC–en Suiza por motivos ideológicos. No filtró los datos a cambio de dinero, no; tampoco lo hizo por venganza a la entidad que lo maltrataba laboralmente, qué va: Herve es un hombre con principios, un Robin Hood de traje oscuro y tirantes. Herve no quería, pero por el bien de la Humanidad y la tranquilidad de su conciencia hizo lo que hizo. Pobre Herve. Más hervés necesita el mundo, por Dios. Sea por hache o por be, hay que darle las gracias a este hombre.

¿Les suena cínico esto que escribo? Me he tomado unos minutos para rebuscar en foros y blogs de internet qué piensa la gente sobre esto y, como en botica, hay de todo. Que efectivamente es un tipo honrado que se ha jugado el pellejo (“yo hubiera hecho lo mismo para poder dormir tranquilo”, dice algún sepulcro blanqueado); que debería ser detenido, juzgado y enviado a galeras para resarcir moralmente el enorme daño que ha hecho a los titulares de las cuentas, sin entrar a distinguir en cuáles de ellos son traficantes de armas, de mujeres, de drogas o simples defraudadores sin maldad ninguna… claro, que también hay quienes no albergan, como quien suscribe, duda alguna de que Falciani ha resuelto su vida dándole el palo a la entidad que le pagaba el sueldo. Las autoridades francesas, primero, y después otras como la española, están muy contentas con el listado que contiene miles de cuentas de personas que han evadido dineros de sus países, y no les ha pesado ni un poco darle a Herve lo que pedía. Intuyo incluso que Francia ha revendido a otros países, como España, esos datos, y le ha salido redondo el negocio. No cabe duda que detectar los miles de millones que no pagan impuestos es en estos momentos un posible balón de oxígeno para las arcas públicas: impuestos sobre el patrimonio, sanciones e intereses, liquidez para el sistema financiero nacional… La pupila de Salgado se ha dilatado como la de una leona al ver a un impala que renquea (ver noticia)

No es fácil, de cualquier forma, repatriar esos dineros: la capacidad de gestión de nuestra Agencia Tributaria está lastrada por la tradicional dejadez de los gobiernos con la inspección fiscal (en este sentido resulta curioso que en la última reforma del código penal se rebajara a 5 años el periodo de prescripción de estos delitos, que antes era de diez). Tampoco está claro si se va a amnistiar a los evasores identificados gracias a Herve: librarles del delito penal, aplicarle todo o sólo parte de las sanciones y moras reglamentadas o idear otras fórmulas para incentivar el vuelve a casa, vuelve de los capitales distraídos en el todavía paraíso fiscal que es Suiza. En este sentido, se pueden leer también por la red opiniones legalistas que dicen que no se les puede hacer nada a los evasores porque las pruebas han sido obtenidas irregularmente (una garantía que puede llegar al absurdo de constituir vía de escape de criminales, en tantas ocasiones). Como afirmábamos aquí en otra entrada, los inspectores y subinspectores de la Agencia Tributaria están en contra de perdonar nada a quien ha cometido un claro delito fiscal: me consta por amigos que trabajan –y cómo– en Hacienda y que están más quemados que la pipa de un indio. Para que, encima, ahora que se puede dar árnica a las cuentas públicas, se dé en cambio un privilegio a quien no sólo tiene –legal o ilegalmente– más, sino que además no quiere contribuir y revertir parte de lo que ha obtenido en forma de impuestos a la sociedad en la que lo ha obtenido.