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Test de estrés: hagan caso a MAFO

Tacho Rufino | 15 de julio de 2011 a las 21:37

MAFO ha dado en la clave: “La mejor forma de no suspender es no presentarse al examen”. España es el país que más bancos suspendidos tiene en los test de estrés cuyos resultados se han hecho públicos hoy. Pero esto tiene un matiz grande como una casa. Y más de uno. España ha presentado a la práctica totalidad de sus bancos; la media del resto de países es del 60%. El método de evaluación, además, dejaba fuera de apreciación a las provisiones genéricas que los bancos han ido guardando a modo de colchón por si sus activos resultan deteriorados. Eso viene a ser como si no me dejan contabilizar como patrimonio mi hucha llena. Suficientemente llena: si, como es lógico, hubieran computado tales provisiones dentro del capital básico (el indicador que determina si un banco aprueba o suspende), no hubiera suspendido ninguno español.

Los test de estrés son pruebas de resistencia de los estados patrimoniales ante escenarios económicos de gravedad extrema, peores que el corriente: bajo crecimiento o recesión; crecimiento del desempleo; bajada en picado de los precios de la vivienda, a los cuales la banca española está muy expuesta en general. Si lo que se buscaba era dar claridad y seguridad al incierto y volátil sistema financiero europeo, el objetivo no se ha conseguido. La realidad es que cualquier ranking estimula nuevos movimientos sin demasiada base fundamental (si lo prefieren, movimientos especulativos). Y más aun si los sometidos aprueba no están de acuerdo con la forma de evaluación (no sólo los españoles, también los alemanes han criticado ciertos criterios). Además, no se tienen en cuenta a la hora de dar la nota cuánta es la exposición de los bancos al probable default griego y las dificultades de tesorería de los países rescatados: con ello, el número de suspensos griegos, irlandeses, portugueses y también alemanes hubieran quedado muy muy mal.

O sea, uno puede tirar piedras sobre su propio tejado diciendo –como algún titular de la prensa que antepone su opción política a la estabilidad económica y de los bancos nacionales, e incluso a la objetividad— que somos los más suspendidos, con una gran frase-bofetada. Pero el que mejor ha analizado los resultados es el gobernador del banco de España. Los resultados son más que buenos a pesar de los pesares, si se miran con los dos ojos abiertos y no haceindo guiños arteros. Y no digamos para Bankia y Banca Cívica, a quienes sus aprobados sobradillos les allanará sus inminente salida a bolsa. Patada a seguir.

Volver a la caja necesaria

Tacho Rufino | 25 de julio de 2010 a las 8:33

(Publicado en El periscopio, Grupo Joly, el 24 de julio de 2010)

Como sucede con los ronquidos que escapan por el patio interior del condominio en que vivimos, muchas veces no somos conscientes de que asuntos que creemos de nuestra atención exclusiva tienen un eco que, al leerlo en un medio extranjero, refleja la interdependencia inexorable de las relaciones entre los países. Esta semana, las cajas de ahorro españolas atraen a los periódicos europeos.

El italiano Il Corriere della Sera afirma que no pocos de los bancos sociales españoles van a tener problemas con los test de estrés del BCE [cuando este artículo se escribe no se conocían los resultados de estas pruebas de solvencia, en las cuales han participado muchos más bancos españoles que de ningún otro país: las cajas –salvo cuatro SIP de baja capitalización y la ya vasca Cajasur— han salvado la prueba]. Resulta curioso, sin embargo, que el rotativo italiano sólo mencione a las cajas en el titular, y comente sólo de pasada a bancos estatales alemanes, los llamados landesbanken (que no se someten al test), cuya estructura y función social no difiere mucho de las cajas. Esas que no pocos se quieren cargar –bancarizar, lo llaman– por obsoletas, ineficientes, folclóricas o politizadas. Una peligrosa tentación pendular.

Las cajas son instituciones financieras que permiten cierto control y manejo político. Y esto, como dormir, beber cerveza o ingerir vitaminas, no es malo… sin excesos. Es más, en la cainita Andalucía vamos a echar de menos tal control (si Unicaja y Cajasol no lo arreglan). La banca pura es mucho más dura en sus planes de negocio y programas de amarre –fidelización la llaman–, y, por ello, poco comprometida con sus clientes a unas malas. La tenida por banca “eficaz” es la que ha hecho tambalearse al sistema financiero mundial y, de rebote, el sistema productivo del mundo desarrollado. Una banca apoyada de forma generosa por los estados, pero que no han revertido ese esfuerzo en dar liquidez a la economía. Y de nuevo apuntamos al pianista: las cajas. Un mundo heterogéneo el cajístico, eso sí: unas hacen caixafórums cosmopolitas y otras insisten en repetir ciclos desiertos de Turina, en promocionar la autoestima flamenca o en publicar monográficos sobre romerías; una se ven más abocadas a hacer de inmobiliarias baratas que otras. Pero el pendulazo patrio no debe llevarnos a cargarnos lo bueno que hay entre lo innecesario o anquilosado. ¿Por qué a Alemania le funcionan las iniciativas sociales en lo financiero y en lo empresarial y aquí siempre hay un espalda cubierta (*) que quiere desmontar desde su marfileña torre técnica todo el camino colectivo recorrido? Que vuelvan las cajas “a su amor”, pero defendámonos de los dinamiteros natos, los natural born killers kubrickianos del sistema social. (Y fusiónense ustedes dos cuanto antes, por favor.)

PS: Sobre este asunto, lean el artículo del sábado de Santiago Carbó en El País, Test de estrés y ‘fair play’: uno lee la prensa extranjera después de los resultados del test y no encuentra en ningún lado un dato: ¡los que proporcionalmente se han sometido al test son abrumadoramente españoles! El propio Corriere afirma que la banca italiana está a salvo… la que se ha sometido al examen, querrán decir sin decirlo. Infine