Archivos para el tag ‘Tipo de cambio’

Chinos, os recibimos con alegría… e incredulidad

Tacho Rufino | 10 de enero de 2011 a las 13:15

POR pura comparación entre la oferta y la demanda y por mero poder de negociación de las partes, si China se encaprichara con tomar pan con aceite de oliva español y jamón ibérico, regado con rioja, nosotros tendríamos que dejar de hacerlo. O si no llega tanto la cosa, el todavía hoy asequible lujo hispánico nos saldría carísimo. O peor aún: quedarían las peores partidas para el mercado nacional. La prensa extranjera, incluido el diario oficial chino, el Renmin Ribao, prefiere centrarse en los acuerdos sobre estos tres productos señeros españoles -de los que sólo se ha sustanciado un precontrato de un par de millones, algo relativamente modesto- que en el verdadero apoyo que el régimen comucapitalista asiático podría darnos: comprar nuestra deuda soberana. Es ésa la única vía de mantener nuestra tesorería pública en movimiento, además de la mejor fórmula para apartar los mengues especulativos que se ciernen sobre España cual marea que sube y baja, puro acoso y derribo financiero. Pero esta ayuda será, en caso de ser, necesariamente transitoria y no hay motivos para entonar el “Chinos, os recibimos con alegría”.

Un primer motivo para ser cautos con la visita del occidentalizado hombre fuerte del régimen, Li Keqiang, es que los chinos son reconocidos negociadores de boquilla. Su fuerte no es cumplir los compromisos verbales que adquieren en las cancillerías de otros países, y valga como muestra sus repetidas promesas incumplidas de revaluar su moneda, el yuan, una divisa mantenida artificialmente baja para ser también artificialmente más competitivos de lo que de por sí son. Un segundo motivo para el escepticismo es que nadie da nada por nada, y tampoco un chino. ¿Por qué habría de lanzarnos una tabla de salvación la República Popular, comprando bonos españoles que las agencias de calificación, ay, evalúan cada vez peor? Algo querrán, aparte de colocar su tremebunda liquidez, ¿no? Lo mismo hicieron antes con Grecia e Irlanda. ¿Qué quieren de nosotros, que tan poco podemos ofrecer, sin ánimo de desmerecer los adorables manjares patrios?: quieren comprometer nuestro apoyo para grandes asuntos geoestratégicos: poder contaminar a ritmos exponenciales y fuera de todo estándar de Kioto o Copenhague; que la UE les levante el embargo de armas; que no les toquemos la nariz con los premios Nobel; que no pongamos pegas a su expansión africana y latinoamericana. A cambio de nuestro servilismo en estas cosas, con el tacón nos firman acuerdos comerciales de algunos milloncejos, que, eso sí, pueden suponer un excelente apuntalamiento allí para, por ejemplo, el aceite andaluz Hojiblanca. Por lo demás, y referente a la deuda, hasta que no lo veas, no lo creas.

Deconstruyendo el euro

Tacho Rufino | 18 de octubre de 2010 a las 13:33

coche-ikea

UNO. En los albores de la crisis en curso, Gran Bretaña -que no pertenece al euro, pero que, desde su tradicional splendid isolation, opina oficialmente sobre la divisa europea- dijo por boca de un emisario en Davos que “si España no controla su desempleo, sus niveles de actividad y sus presupuestos y finanzas públicas, se verá forzada a abandonar el euro”. Fuera los pigs del paraíso monetario.

Dos. La semana pasada, el Nobel Joseph Stiglitz afirmaba que “el euro había sido una experiencia interesante”, para compararlo después con aquel Sistema Monetario Europeo, también llamado “serpiente monetaria”, que acabó muerta por el veneno de otra serpiente, la especulativa, que derribó a la libra en 1992. O sea, que Stiglitz no da un duro por el euro a medio plazo. De paso, el profesor de Columbia dijo que España corría grave riesgo de sufrir una versión europea de el corralito argentino: “Sólo cuando Argentina rompió la paridad de su moneda con el dólar fue cuando pudo comenzar a crecer y a reducir su déficit”. Otro agorero insigne, Nouriel Roubini, afirma que “en un tiempo, no en un año o en dos, podríamos ver la rotura de la unión monetaria europea“. La deconstrucción de la estructura monetaria europea, el desmontaje del lego llamado euro.

Tres. Esta semana, un grupo de expertos reunidos en Londres convenían que España es el país al que mejor vendría salir del euro. “Si es por vuestro bien…”. Según la mayoría de los 300 sacerdotes económicos allí reunidos, Europa no puede rescatar continuamente a países que no soportan el ritmo de Alemania. La moneda única camufla este gap competitivo, pero el problema acaba emergiendo una y otra vez, por ejemplo en forma de ataques contra la divisa o contra la capacidad de endeudarse de España.

Valgan estas tres citas para ilustrar los periódicos avisos y cargas de profundidad que nos quieren hacer volver a la peseta, sea por nuestro propio pie o con tarjeta roja. Salir del euro, devaluar la nueva peseta, hacer que nuestros productos se vendan mejor por más baratos; exportar más ante una demanda interna mustia; convertir en caros los productos europeos, haciendo preferibles los nacionales; dejar, en suma, de salir alegremente a pasar el puente en un circuito Praga-Budapest (pero reforzarnos como potencia turística, porque seríamos un destino todavía más barato).

Claro que, dando por legalmente factible la salida del euro sin abandonar la UE, los efectos benéficos de manejar el tipo de cambio tienen contrapartidas lúgubres, entre otras cosas porque importamos más que exportamos: pagaríamos la energía en dólares (caros), devolveríamos la deuda externa en euros (caros), el riesgo de cambio se dispararía y entorpecería las actividades de nuestras empresas globales, nuestra credibilidad internacional -cualquiera que ésta sea- se iría al traste durante un tiempo imposible de precisar, y la inflación inmediata de los precios, si bien tendría efectos positivos sobre la deuda privada ya en pesetas, sería difícil de controlar y crearía inestabilidad. Perderíamos la vigilancia presupuestaria que, con cierta laxitud, establece el Pacto de Estabilidad comunitario. Nos empobreceríamos.

Puede que el euro, como vino a decir Stiglitz, tenga sus años contados. Que haya sido una excelente experiencia colectiva europea, y que haya sido positiva -a favor de ciclo- para crear un verdadero mercado común. Por otra parte, ningún político se va a atrever a proponer que salgamos del euro por nuestro propio pie. No faltan razones para temer al paisaje poseuro. O sea, que mejor la tarjeta roja. Si no echan a De Jong, que a punto estuvo de partir a Xabi Alonso en dos en Sudáfrica, ¿por qué nos van a echar a nosotros los árbitros europeos?

BILLET~1

Fuera cerdos del paraíso euro (o Quítate tú pa ponerme yo)

Tacho Rufino | 29 de enero de 2009 a las 19:25

Escudados en su supuesta esencia irónica y distanciadamente hiriente, los británicos llaman a ciertos países de la Unión Europea PIGS. Literalmente, PIGS significa cerdos, aunque el faltón juego de letras representa las iniciales en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). No hace mucho tiempo, en ese mismo saco estaba Irlanda, pero éstos, si bien son para aquéllos unos cerdos de toda la vida y viceversa, lo son por otros motivos que no son del caso. Ahora, el foro de Davos -un ‘think tank‘ ultraliberal reconvertido a marchas forzadas en responsablemente keynesiano- dice que España lo tiene muy crudo, que ha crecido con escoliosis severa, que hemos tirado la casa y los fondos europeos por la ventana y que nos queda sólo una alternativa: recortar drásticamente los salarios y el gasto público. Imagino a Zapatero mirando hacia otro lado ante tales cursos de acción para afrontar la crisis. De momento, nadie nos sacará tarjeta por incrementar nuestro déficit público para dar árnica al sufrimiento del pueblo, aunque las futuras generaciones deberán pagar dicho tratamiento y aunque, también de  momento, los límites de Maastricht estén arrinconados en algún cajón. Pero todo se andará.

El euro ha sido un colchón y un paraguas para una economía poco competitiva en el exterior como la española. Por otra parte, ha anulado el recurso a la devaluación de la moneda nacional -que tras la peseta ya no es tal- como recurso de urgencia para hacer nuestros productos más baratos y venderlos mejor fuera, consiguiendo así equilibrar nuestra desastrosa balanza comercial. Según un experto presente ayer en Davos -inglés, of course-,“si España no controla su desempleo, sus niveles de actividad y sus presupuestos y finanzas públicas, se verá forzada a abanadonar el euro”. Gran pelotazo informativo, no me dirán.

Mientras digerimos esta noticia que seguramente va a ser recurrente a partir de ahora, cabe apuntar que dicho aviso de expulsión coincide con el debate interno británico acerca del abandono de la libra y su integración en el euro. Como cantaba un conjunto salsero, quítate tú pa ponerme yo. Nada es fijo ni cierto en estos tiempos de tribulación.

Si España sale del euro -por su propio pie o con una carta que traiga el motorista de Bruselas-, el corralito financiero está asegurado, la banca se colapsaría por la huida de depositantes y acreedores y la financiación externa del país se vería enormemente dificultada, entre otras consecuencias (ver aquí una lista de pros y contras). Por contra, si volvemos a la peseta podremos manejar nuestro tipo de cambio, como hemos dicho antes. En ese caso, olvidémonos de ir a las rebajas de Nueva York, de cruceros caribeños a los que van hasta los jovenzuelos en pandilla y, en general, de llegar mucho más allá en vacaciones de la casa de los parientes del pueblo. O nos sacamos el Interrail con al mochila llena de latas de atún. Sé que la cosa no está para bromas, pero agoto los cartuchos de la risa antes de darme al ponche definitivamente.