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Alemania: los mejores, pero no sólo eso

Tacho Rufino | 7 de junio de 2010 a las 13:56

merkel

Suele ocurrir con casi todo en la vida: las verdades que a uno lo enaltecen son exageradas por uno. Por ejemplo, uno puede ser reconocido como un benefactor, como una locomotora económica, como un abnegado paganini de las ineficacias de los vecinos, como alguien más productivo, más competitivo, más ahorrador, más trabajador y hasta más guapo y más culto. Y tal reconocimiento acaba siendo objeto de maximalismo por parte del propio campeón. Interesa no ver más que la parte del sacrificio que uno hace por los demás, de lo mucho que hace por el resto: de los camareros con los que trabajo, de los compañeros de sucursal, del resto de comunidades autónomas subsidiadas, del resto de países de la Unión Europea.

Exagerado lo que es esencialmente cierto, la otra cara de esta actitud tan común y tan humana es omitir en la salmodia de quejas y dolencias por el parasitismo y la incompetencia del resto –dada por verdad y hasta por dogma, incontrovertible como buen  tal– el hecho de que uno suele beneficiarse más del pastel común, vende sus productos, servicios y post-servicios a los menos competitivos, menos ordenados y más pobres, venta sin la cual su riqueza relativa no sería cierta. Puede ser el caso de mi admirada Alemania, que comienza a mostrar algunos síntomas de esa ceguera selectiva.

Alemania, tan admirable en tantas cosas, tiene una balanza comercial con casi todo el resto de Europa apabullantemente positiva. Alemania vende todo tipo de productos de alto valor añadido al resto de la UE, tanques y aviones incluidos. Alemania está disfrutando de una intensificación de esta balanza comercial tan favorable -no sólo con la Zona Euro- precisamente por la debilidad del euro, una moneda que se estableció a imagen y semejanza del extinto marco (ver El euro era un marco disfrazado). Alemania fue el primer país en transgredir la limitación de la amgnitud del déficit público establecida en Maastricht. Alemania ha conseguido una enorme afluencia de dinero que busca refugio en su deuda soberana por causa de la seguridad (aunque con baja rentabilidad) que ofrecen sus bonos (los bund), lo cual les permite prestarlos a Grecia (y los que vengan) con un diferencial en los tipos realmente suculentos: ganancia financiera pura, dura y rápida. Alemania es, de acuerdo, el gran bastión europeo, pero también el gran beneficiado de este estado de cosas. PAga más a la caja común porque le interesan las contrapartidas comerciales y geoestratégicas, por mucho que el estado de opinión alemán esté crecientemente descontento con el euro y la exagerada vida de ciertos socios comunitarios. Esta parte da mucho juego, aquí y allí: “estos ineptos no valoran lo mucho que hago por ellos, y encima no me quieren”.

(Foto: El País)