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Ni contigo, ni sin ti, Grecia

Tacho Rufino | 19 de febrero de 2012 a las 21:43

(Publicado el pasado sábado en prensa, Economía, ‘El Poliedro’, Grupo Joly)

RECURRENTEMENTE, llega en los últimos tiempos a la memoria de uno aquella escena de Zorba el griego en la que, como los dioses del Olimpo lo trajeron al mundo, Anthony Quinn se da un baño, alejándose de la cámara mientras muestra su trasero. Ahora Grecia parece adentrarse en las aguas para no volver atrás, al tiempo que, como Zorba, también enseña el trasero, pero más bien con la voluntad de hacer un calvo (conocerán la expresión) a la troika con la que negocia sin resultados su última patada a seguir, su último chute de oxígeno financiero, su segundo gran rescate a menos de un año del primero. Ayer mismo alguien contaba el chiste aquel sobre la misma película: “Se abre el telón, y se ve a una pareja en labores amatorias, con el discóbolo quieto al lado de ellos. ¿Cómo se llama la película?: Zobra el griego”. ¿Sobra el griego en la Unión Europea? Puede que sobre el griego y más de la mitad de la pandilla, pero el caso es que, como viene pasando con todo, la cosa no tiene buena solución. Grecia ha pecado mucho, y Grecia está en bancarrota. Pero la pequeña Grecia puede hacer mucho daño en su caída. Ni contigo, ni sin ti.

La banca europea se prepara para encajar la caída de Grecia, es decir, su impago. Se prepara quien es acreedor mediante la provisión de su insolvencia, es decir, reduciendo los beneficios con la imputación de una pérdida que no se ha producido pero probablemente se va a producir. Un país pequeño al que se ha dado muchísimo más crédito del que puede devolver. Y no se lo ha dado un loco, se lo ha dado principalmente la banca francesa (esta semana, BNP da por perdido y provisionado el 75% de su derecho de cobro), seguida por la alemana. Si la deuda griega en bonos de su Tesoro, préstamos u otras figuras crediticias hubiera sido con prestamistas periféricos, la Unión Europea no tendría dos velocidades: serían dos mundos distantes, tras haberse rebanado la actual Europa por los límites mediterráneos. Pero no es así. No sólo Grecia, sino Italia formidablemente y España grandemente deben mucho dinero a agentes económicos públicos y privados franceses. Grecia, pues, puede hacer un inmenso daño a las economías menos perjudicadas de la Unión. Alemania y Francia sufrirían mucho. Y si ellos sufren…

Abundan encendidas opiniones que acusan a los griegos de habérselo buscado: salarios públicos descabellados, prestaciones sociales del tebeo, vagancia generalizada, picaresca congénita, fraude fiscal masivo, evasión de capitales. Pueden encontrar comentaristas impolutos que se preguntan si éste es un socio digno de ser nuestro socio. Sin embargo, es injusto -si no cínico- atribuir toda la culpa a los griegos, a todos los griegos, a cualquier griego. A ver quién está libre de pecado. Si los helenos fueran los únicos culpables, Grecia estaría sola y rota desde hace tiempo. Se imponen unos recortes bestiales a un país, a sabiendas de que no va a poder en tales condiciones devolver el dinero, ni siquiera sobrevivir sin brutales convulsiones sociales. Los datos más recientes sobre la caída de su economía son escalofriantes. Por cierto, Alemania, Austria y Holanda se estrenan con pautas recesivas. El país balcánico -que lo es…- puede ser origen del conflicto definitivo de la UE. Urge atajar el problema, y de paso conseguir coherencia en la política económica comunitaria. O atreverse a expulsar a Grecia como piden los indignados de la Europa Central, afrontando las consecuencias, claro está.

Los plazos se han ido posponiendo una vez tras otra. La Eurozona quiere más compromisos de recorte y de que cuando lleguen las elecciones de abril no se desdiga el ganador del eventual acuerdo. Los griegos no dan confianza, entre otras cosas porque están asfixiados, y sus acreedores deben reestructurar su deuda (es decir, rebajarla o permutarla por otra más cómoda de devolver), para no aniquilar cualquier posibilidad de cobrar. Las elecciones son la clave. Las promesas electorales del vencedor deberán ser compatibles con un acuerdo. Si eso no sucede, Grecia abandonaría el euro. Y el contagio estaría servido.

‘Zobra’ el griego, o urge su catarsis

Tacho Rufino | 26 de abril de 2010 a las 17:16

 moneda euro-Grecia

(Foto: Un euro griego)

DE nada ha servido a Grecia contar con un primer ministro, Yorgos Papandreu, con un excelente bagaje técnico y diplomático, el tercer eslabón de una familia de primeros ministros con exquisita formación. Su padre Andreas, exiliado, estudió Filosofía y Economía en Harvard, universidad en la que fue profesor antes de conseguir sendas cátedras de Economía en Minnesota y en UCLA. Su abuelo Giorgios, nacido en el XIX, es la piedra de toque de una exquisita saga de socialistas moderados. A pesar de contar con un político de raza y prestigio al frente de su Gobierno, el país ha entrado en una fase de descomposición de consecuencias incalculables, para Grecia y para la Europa comunitaria. Permitan que recuerde aquel chascarrillo: se abre el telón, y se ve a una pareja pelando la pava denodadamente, mientras un discóbolo posa tras ellos. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película?: ‘Zobra’ el griego. Puede que en Fráncfort se estén planteando que sí, que sobra Zorba. Si deja de pagar sus deudas, deberá abandonar el euro.

Ayer viernes, todas las portadas de los principales periódicos occidentales -compartiendo primera plana con un Obama en Wall Street que no ceja en su compromiso de domeñar el salvajismo financiero- dedicaban espacios preeminentes a la “agonía” o a la “sentencia” de Grecia por parte de los inversores, a la inminente “quiebra” griega y , por supuesto, a la “tragedia”, vocablo tan griego como crisis o caos… y catarsis . Nadie, sin embargo, mencionaba en la primera plana que la expulsión del euro del país helénico es la consecuencia natural de sus elevadísimas deudas pública y exterior, de sus insostenibles déficits fiscal y por cuenta corriente, de la falta de reacción de las inversión internacional al apoyo del FMI, de la rebaja de su calificación de riesgo por parte de las agencias de ráting, de sus maquilajes estadísticos a la postre descubiertos, de, en fin, su incapacidad de exportar bienes que son caros por su exceso de mano de obra incorporada, también sobrevalorada salarialmente. Una economía en fuera de juego competitivo, castigada por sus vicios y la emergencia de China y otros países.

Una economía anémica, carente no sólo de glóbulos rojos suficientes para competir, sino empeñada hasta las cejas. Y, ahora, totalmente descontada por los inversores y ahorradores, que están llevándose el dinero a otros territorios, vendiendo masivamente una deuda pública griega que, aunque pague más interés que nadie, nadie quiere. Nadie se fía. Sin dinero corriente, no hay movimiento económico. Un problema de liquidez gravísimo, el griego, que pudiera ser consecuencia de una insolvencia fatal. Lo primero es gestionable con ayudas y apoyos externos transitorios; lo segundo es la muerte. A Grecia, muy probablemente, no le queda sino adelgazar a lo bestia, sufrir un bajonazo drástico de su nivel de vida. (En el momento en que esto se escribe, la agencia Efe difunde el anuncio de Yorgos Papandreu: “Grecia se rinde al mercado y solicita la activación del plan de rescate”.)

Es inevitable en este punto volver a preguntarse en cuántas cosas nos parecemos a Grecia. No tenemos su desaforado déficit público, ni mucho menos su deuda pública, que en España arroja mejores niveles que la media de la eurozona. España cuenta con grandes empresas multinacionales (financieras, energéticas, tecnológicas, constructoras) que Grecia no tiene en medida comparable. España no miente en sus estadísticas públicas y aguanta el tirón de los demiurgos del rating, cuyas calificaciones inducen la circulación del ahorro y la inversión. Pero España está expuesta al contagio, porque se nos identifica con Grecia merced, en buena parte, al acrónimo PIGS, y también por causas objetivas: nuestra debilidad competitiva, nuestros productos relativamente caros y nuestro crecimiento no ya anémico, sino adobado con un creciente paro crónico. Urge adelantarse a la jugada y seguir abundando en las reformas y los recortes públicos. A los griegos sólo les queda resurgir de sus cenizas, como su Ave Fénix. La catarsis griega: purificación ritual, y vuelta a la vida.