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El que dio la noticia y el que la vendió

fperez | 5 de marzo de 2016 a las 11:07

No sé si se conocieron. Quizás Fernando le compró algún periódico a Enrique alguna vez que pasara por la puerta del Parlamento o que saliera de la basílica de la Macarena. Enrique sí que leyó a Fernando, seguro, como a la gran mayoría de los periodistas de Sevilla, en las miles de horas muertas que pasó en el quiosco durante más de cuarenta años. Quiso Dios, el destino, el azar o simplemente la casualidad que el viernes fuera el último día de ambos y que los dos se fueran de manera repentina. Uno acababa de presentar su novela. Otro se disponía a abrir su negocio.

Hoy este blog de sucesos, acostumbrado a narrar el dolor ajeno, está teñido de dolor propio. Lo escribe aquel niño que creció leyendo revistas y periódicos, y tratando de birlar algún sobre de estampas de futbolistas, en un quiosco de la Macarena que regentaba primero su abuela y luego su tío Enrique. Sí, ese que está en la puerta del Parlamento y que vendía ejemplares de todos los diarios a los grupos políticos.

Un cronista de sucesos como el que escribe apenas ha tenido que trabajar en su carrera profesional en el Parlamento Andaluz. Un par de veces a lo sumo, y para sustituir a alguien que ese día libraba, que ya se sabe que los de sucesos nunca tienen nada previsto y hay que tirar de ellos si falta gente. Otras veces pasaba por delante del quiosco porque había ido a cubrir algo cerca, como cuando salió Ortega Cano del hospital, cuando se descubrió que el brote de legionella estaba en el hotel Macarena o cuando la Policía registró la casa de Samuel Benítez, el amigo de Carcaño que fue absuelto de encubrir el asesinato de Marta del Castillo.

“Ahí vengo de la casa de Samuel, el amigo de Carcaño”, le contaba. “Ojú, ¿qué habrán hecho con la chiquilla esa?”, respondía, preguntando lo que cientos de personas han preguntado alguna vez a los periodistas que cubrimos aquel caso, como si pudiéramos saber algo más que lo que contábamos en nuestras crónicas y nos estuviéramos guardando lo más preciado.

Aquel caso, quizás el crimen más famoso de la historia negra de Sevilla, lo sacó Fernando Carrasco, que estaba de guardia aquel fin de semana de enero de 2009. El lunes 26, dos días después de la desaparición –luego se supo que también de la muerte– publicó en ABC una noticia que llevaba el siguiente titular: “Buscan a una menor desaparecida en la noche del sábado al regresar a su casa”. Quién le iba a decir entonces a un profesional especializado en cofradías y toros que estaba dando la exclusiva de su vida.

Los periódicos, en aquellos primeros momentos, fueron muy cautos. No querían dar demasiada información porque la mayoría de los casos de chicas jóvenes desaparecidas suelen ser chiquilladas, niñas que se van de casa con algún chico y regresan a los dos o tres días. Viendo que ese tiempo razonable pasaba y Marta no volvía, el caso fue adquiriendo protagonismo en la prensa. Aquellos días, este cronista de sucesos y aquel crítico taurino coincidieron en más de una entrevista a los padres y los abuelos de Marta en su casa de la calle Argantonio. “Tocayo, otra vez aquí”, decía, y empezaba una charla amena que terminaba invariablemente con una cerveza bien fría una vez acabado el trabajo. Hoy se han juntado, donde quiera que estén, el tipo que dio primero la noticia y el que la vendió en el quiosco. Descansen en paz.