Regreso al futuro

fperez | 1 de junio de 2016 a las 5:00

PUESTOS a escuchar propuestas disparatadas, habría estado curioso que algún grupo político hubiera invitado al Pleno del Ayuntamiento de ayer a Emmet Brown, el doctor loco de Regreso al Futuro. Doc habría dejado aparcado su Delorean en la puerta del Hotel Inglaterra, junto a los taxis, y habría invitado al concejal de Seguridad y Movilidad a darse una vuelta en su preciosa máquina del tiempo. El Delorean habría llevado a Juan Carlos Cabrera –¿se lo imaginan convertido en Marty McFly, con zapatillas, vaqueros y un plumas sin mangas?– a una época no muy lejana, o sí, en la que en Sevilla faltaban 300 policías locales. Es decir, los mismos que ahora.

Doc, o Bill Murray y la marmota Phil si lo prefieren, le habrían explicado a Cabrera-McFly que en Sevilla faltan 300 policías locales desde hace mucho tiempo. Y faltan por una sencilla razón, puramente aritmética: se jubilan más agentes de los que se incorporan. Así que cuando lo hacen, apenas se cubren las bajas y el problema no se resuelve, sino que se aplaza, como mucho, un año o dos. Admitir que faltan 300 policías sin hacer nada por arreglarlo no es más que un brindis al sol. Ocurre que nadie gobierna pensando en el futuro y a cualquier alcalde le sale más barato y más cómodo pagar año tras año casi seis millones en productividades que convocar plazas.

Primero porque los nuevos policías no estarían patrullando de un día para otro, sino que tendrían que pasar un periodo de formación y prácticas antes de incorporarse. Segundo porque hay que gastar mucho dinero en uniformes, armas, vehículos y demás herramientas de trabajo. Y tercero porque así se mantiene la paz social en el cuerpo, con unos agentes bien pagados a base de pluses. Ojo, con todo su derecho, que la seguridad es cara y el despliegue de la Madrugada hay que pagarlo. Por cierto, ¿alguien ha visto a los sindicatos policiales protestar en el último año? ¿Se acuerdan del pin que llevaba Cabrera en la solapa el día que tomó posesión? ¿O le pedimos a Doc que nos lleve a aquel día con el Delorean?

Una comisaría convertida en piscina

fperez | 11 de mayo de 2016 a las 18:54

 

Quien esto escribe ha publicado, a lo largo de los años, no pocas informaciones sobre el estado de las instalaciones del cuartel de la Policía Nacional en el Cortijo de Cuarto. Y de muchas otras, pero centrémonos en ésas, que son las que aparecen en el vídeo. Los aseos están destrozados, los vestuarios tienen goteras, los termos están rotos y el gimnasio no reúne las mínimas condiciones para ser considerado como tal. Muy pocas de las dependencias oficiales que allí tienen su sede pasarían una inspección de prevención de riesgos laborales. Este cuartel situado muy cerca de Bellavista alberga las unidades especiales de la Policía Nacional (Caballería, Subsuelo, Tedax, Goes y Guías Caninos, entre otras), así como las unidades de intervención. Sirva este corto vídeo, grabado el pasado lunes, como ejemplo de la falta de inversión del Estado en la Policía y sus infraestructuras. Lo que se aprecia es la sede de la unidad de Caballería y el agua, ya lo verán, cae como si no hubiera techo. De poco sirve el cubito que alguien ha puesto debajo, quizás con la idea de recoger la clásica gotera de cada vez que llueve. Claro que la lluvia esta vez ya se está pasando. Como siga así muchos días más, pronto podrá inaugurarse la nueva piscina de la Policía Nacional. El chorro de agua para el spa ya lo tienen.

Nihil prius Sevilla

fperez | 28 de abril de 2016 a las 19:22

JOSE BARRANCA

La marcha de José Barranca es una mala noticia para la ciudad. Se va un tipo crítico, que no le costaba un duro al Ayuntamiento y que no tuvo reparos en sacarle las vergüenzas al gobierno de Juan Ignacio Zoido, el alcalde que lo nombró. Juan Espadas ha preferido dejarlo morir por inacción, no echarle cuenta, no responderle a sus peticiones y marearlo para no recibirlo durante más de dos meses. Hasta que se ha cansado. Barranca, hombre de acción (recuerda su pasado como militar de Caballería cada vez que tiene ocasión), no ha podido aguantar más la farsa a la que el gobierno local había sometido la Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones.

Con Barranca se va un ciudadano que cogía su bicicleta y se daba una vuelta por la Cartuja para reflejar una verdad como un templo: que el legado de la Expo 92 está que da asco. O se acercaba a las puertas del cementerio y recogía en sus informes que un camposanto como el de San Fernando no puede tener una entrada con unos puestos de flores horteras con coronas con los escudos del Betis y del Sevilla. O alertaba de que el paseo Juan Carlos I necesita urgentemente una reforma porque cuando no es un vertedero es un campamento de indigentes. O se iba libreta en mano a contar los treinta y tantos baches de la calle Cuna. O exponía que los ciclistas se han hecho los dueños de la avenida de la Constitución, o que hay tantos veladores en algunas calles que no se puede pasar por ellas, o tantas y tantas cosas que le hacen falta a la ciudad.

A Barranca le dieron palos desde el principio por su condición de militar. Hubo quien le llamó golpista y se ausentaba de los plenos en los que relataba las carencias de la ciudad. En su cerrazón, los partidos que lo criticaron no supieron aprovechar que, en la práctica, fue una especie de caballo de Troya del PP y que criticó con fuerza, y con argumentos, muchas de las políticas de Zoido. También atacó a la Junta, claro. Como hubiera hecho con el gobierno de Espadas si lo hubieran dejado.

Porque a Barranca se le puede acusar de que sus memorias anuales son algo desordenadas, que la escritura no es su fuerte y que a veces asume un cierto tono pregoneril cuando declama su amor por la ciudad que quizás sobre en un informe de una comisión de sugerencias. Pero lo cierto es que el hombre se ha pasado cuatro años diciendo verdades como puños. Ha sido, por ejemplo, el único representante público que ha tenido la valentía de llamar “mafia” al grupo de taxistas que siguen imponiendo su ley en el aeropuerto de San Pablo, año tras año y gobierno tras gobierno sin que ninguno haga nada. O de definir al sindicato mayoritario de la Policía Local como “un mal endémico” y como “el grupo de señores acomodados que hacen la vida imposible a la corporación”, después de que criticara abiertamente que los agentes municipales llevaran a cabo una serie de protestas estrambóticas, como la de pasearse en burro por la puerta del Ayuntamiento o realizar el trabajo con unas mascarillas puestas en la cara. “Cuando un señor de uniforme se pone una mascarilla cae en la astracanada. Difícilmente puede ejercer así la autoridad”, dijo.

POLICIA-LOCAL-SEVILLA-EN-BURRO

No es cuestión de hacer aquí un lapidario de Barranca porque frases como ésta pudo pronunciar más de mil a lo largo de sus cuatro años como Defensor del Ciudadano. Harían falta siete u ocho blogs bastante más activos que éste para recogerlas todas. Eso sí, a ninguna de ellas le faltó sentido y todas tuvieron una puntería acertadísima. Muchas molestaron a sus receptores, lo que supone la mejor prueba de que su trabajo estuvo bien hecho. No fue un Defensor cómodo y así lo ha demostrado hasta en su manera de irse, que ha tenido que ser por correo electrónico porque no lo han querido recibir. Sirva su lema de estos cuatro años como título de esta entrada. Recuerden: Nihil prius Sevilla.

 

El que dio la noticia y el que la vendió

fperez | 5 de marzo de 2016 a las 11:07

No sé si se conocieron. Quizás Fernando le compró algún periódico a Enrique alguna vez que pasara por la puerta del Parlamento o que saliera de la basílica de la Macarena. Enrique sí que leyó a Fernando, seguro, como a la gran mayoría de los periodistas de Sevilla, en las miles de horas muertas que pasó en el quiosco durante más de cuarenta años. Quiso Dios, el destino, el azar o simplemente la casualidad que el viernes fuera el último día de ambos y que los dos se fueran de manera repentina. Uno acababa de presentar su novela. Otro se disponía a abrir su negocio.

Hoy este blog de sucesos, acostumbrado a narrar el dolor ajeno, está teñido de dolor propio. Lo escribe aquel niño que creció leyendo revistas y periódicos, y tratando de birlar algún sobre de estampas de futbolistas, en un quiosco de la Macarena que regentaba primero su abuela y luego su tío Enrique. Sí, ese que está en la puerta del Parlamento y que vendía ejemplares de todos los diarios a los grupos políticos.

Un cronista de sucesos como el que escribe apenas ha tenido que trabajar en su carrera profesional en el Parlamento Andaluz. Un par de veces a lo sumo, y para sustituir a alguien que ese día libraba, que ya se sabe que los de sucesos nunca tienen nada previsto y hay que tirar de ellos si falta gente. Otras veces pasaba por delante del quiosco porque había ido a cubrir algo cerca, como cuando salió Ortega Cano del hospital, cuando se descubrió que el brote de legionella estaba en el hotel Macarena o cuando la Policía registró la casa de Samuel Benítez, el amigo de Carcaño que fue absuelto de encubrir el asesinato de Marta del Castillo.

“Ahí vengo de la casa de Samuel, el amigo de Carcaño”, le contaba. “Ojú, ¿qué habrán hecho con la chiquilla esa?”, respondía, preguntando lo que cientos de personas han preguntado alguna vez a los periodistas que cubrimos aquel caso, como si pudiéramos saber algo más que lo que contábamos en nuestras crónicas y nos estuviéramos guardando lo más preciado.

Aquel caso, quizás el crimen más famoso de la historia negra de Sevilla, lo sacó Fernando Carrasco, que estaba de guardia aquel fin de semana de enero de 2009. El lunes 26, dos días después de la desaparición –luego se supo que también de la muerte– publicó en ABC una noticia que llevaba el siguiente titular: “Buscan a una menor desaparecida en la noche del sábado al regresar a su casa”. Quién le iba a decir entonces a un profesional especializado en cofradías y toros que estaba dando la exclusiva de su vida.

Los periódicos, en aquellos primeros momentos, fueron muy cautos. No querían dar demasiada información porque la mayoría de los casos de chicas jóvenes desaparecidas suelen ser chiquilladas, niñas que se van de casa con algún chico y regresan a los dos o tres días. Viendo que ese tiempo razonable pasaba y Marta no volvía, el caso fue adquiriendo protagonismo en la prensa. Aquellos días, este cronista de sucesos y aquel crítico taurino coincidieron en más de una entrevista a los padres y los abuelos de Marta en su casa de la calle Argantonio. “Tocayo, otra vez aquí”, decía, y empezaba una charla amena que terminaba invariablemente con una cerveza bien fría una vez acabado el trabajo. Hoy se han juntado, donde quiera que estén, el tipo que dio primero la noticia y el que la vendió en el quiosco. Descansen en paz.

Casi un arresto domiciliario

fperez | 29 de enero de 2016 a las 5:00



Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental.

AL firmar su puesta en libertad, el ladrón del Corpus Christi debió pensar que más le vale no volver a salir de casa. Al menos mientras dure la peculiar medida cautelar que le impuso la juez: prohibido acercarse a una iglesia. Esto, en Sevilla, viene a ser como una especie de arresto domiciliario. Al menos el hombre tiene la fortuna de vivir en Los Bermejales y no en el centro, porque entonces no podría salir ni al balcón. Aún así, tiene cerca de su domicilio tres templos: los dos de la Virgen del Mar (el de Elcano y el de Los Bermejales) y el del Claret. Y mejor que no siga la Palmera hacia arriba porque se encontrará con uno que ya conoce de sobra.

La medida cautelar impuesta dice literalmente que no podrá acercarse a “ninguna iglesia, parroquia o establecimiento religioso”. No explica exactamente qué quiere decir esta última expresión, pero si uno se pone en la piel del delincuente no entraría ni en la tienda Mundo Cofrade, por si acaso le da la tentación de mangar algo y termina detenido por trigésima vez. Imaginen el sufrimiento de ese hombre en Semana Santa, intentando trazar un recorrido por la ciudad en el que no se encuentre ni a un nazareno, músico o costalero. O si lo citan a declarar otra vez en el juzgado, piensen en él cruzando con cautela por la acera contraria a la Capilla de la Universidad.

Bromas aparte, esta orden de alejamiento es inédita, que se sepa, en la historia de la Justicia sevillana. Y, evidentemente, tiene su fundamento. El ladrón ha robado, presuntamente, en la parroquia del Corpus Christi, en una vivienda anexa a este templo y también sustrajo dos jarritas en la de la Magdalena. A partir de ahora, con esta prohibición en vigor, la Policía podrá detenerlo antes de que actúe. Si una patrulla lo ve merodeando por una iglesia, los agentes podrán darle el alto, arrestarlo como presunto autor de un delito de quebrantamiento de condena y llevárselo a la Jefatura. Es decir, impedir un nuevo robo.

Si no hubiera orden de alejamiento, la Policía tendría que esperar a que el ladrón robara y, una vez cometido el delito, iniciar la posterior investigación. Y no siempre puede asegurarse que el resultado sea igual de brillante que en este último caso, en el que la Policía esclareció el asunto en menos de 24 horas. Recuerden, si no, que sigue abierta la investigación del robo en la iglesia del Santo Ángel, cometido el pasado mes de agosto. La prevención, por tanto, es la base de esta peculiar medida dictada por la juez de Instrucción 15.

Llama la atención la evolución de las órdenes de alejamiento, que comenzaron siendo sólo para personas y prácticamente eran exclusivas de los casos de malos tratos en el ámbito familiar. Luego se fueron ampliando y casi siempre con buenos resultados. Así, por ejemplo, se redujo de manera considerable el número de carteristas en el centro de la ciudad. La medida se la inventó un ex jefe del Grupo Hércules de la Policía Nacional que propuso a los jueces que decretaran órdenes de alejamiento del casco histórico a los carteristas que sus subordinados detenían casi a diario. Nada más verlos pisar el centro y sin necesidad de que empezaran a robar, los policías pudieron arrestar a los delincuentes, que obviamente optaron por irse a robar a otra parte. Hicieron buena aquella máxima policial que dice que la delincuencia es como la energía: ni se crea ni se destruye, sólo se transforma..

Siete años para ser un caso frío

fperez | 24 de enero de 2016 a las 5:00

busqueda de marta del castillo en majaloba
Siete años ha tardado la Policía en pasar página en el caso Marta del Castillo, en convertirlo en lo que los americanos llaman un caso frío. Así definen en EEUU aquellos crímenes cuya investigación está completamente estancada y no hay ninguna pista nueva sobre la que poder tirar del hilo. Muchos departamentos de policía de las grandes ciudades estadounidenses cuentan con una brigada especializada en este tipo de casos. Son agentes que no han tenido contacto antes con la investigación –aunque pueden, y hasta deben, entrevistarse con los que la llevaron desde el primer momento–, que revisan el asunto desde el inicio y que tratan de aportar una nueva mirada o enfoque, limpia de cualquier contaminación o quemazón que pueda sufrir un profesional que lleva meses o años trabajando sobre el mismo asunto.

Hoy, cuando se cumplen siete años de la desaparición y muerte de Marta del Castillo, la investigación acaba de ser remitida a Madrid para que la asuma una brigada llamada de Análisis y Revisión de Casos. Los agentes que la forman tienen tarea, aunque los ritmos de su trabajo deben ser necesariamente distintos a los mantenidos hasta ahora. La brigada de Análisis y Revisión debe trabajar sin presión, sin prisas y con derecho a equivocarse y a seguir cuantas pistas falsas sean necesarias hasta encontrar la buena.

Tienen, en definitiva, lo que no ha tenido el Grupo de Menores (Grume) de Sevilla, la unidad que llevó la investigación desde el lunes siguiente a la desaparición hasta las últimas búsquedas de hace pocos meses en las escombreras de Camas. El caso se quebró en los primeros momentos. Si hubiera existido el protocolo que luego se creó para desapariciones de menores –a raíz precisamente del caso Marta del Castillo– probablemente el cadáver de la joven habría aparecido la misma noche de aquel domingo. Sin embargo, el autor del crimen y sus cómplices tuvieron un día entero para poder deshacerse del cuerpo, algo que hicieron sorprendentemente bien. El asesino,Miguel Carcaño, jugó con ventaja desde el minuto uno y sólo el hecho de que confesara el crimen permitió una condena de la que habría que dudar si no hubiera mediado tal confesión. De hecho, los otros tres mayores de edad que fueron juzgados terminaron absueltos.

Tras decir que había arrojado a Marta al río Guadalquivir, Carcaño llevó a los investigadores a múltiples lugares de la geografía sevillana:el vertedero de Montemarta-Cónica, varias zanjas y escombreras de Camas, la finca de Majaloba… Los agentes del Grume se deslomaron buscando a Marta, removieron toda la basura de la ciudad, investigaron más de cien lugares de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, utilizaron un georradar, sometieron a Carcaño a un test de la verdad… Viendo que su trabajo era infructuoso, recurrieron hasta a una adivina.

Sería de necios negar el trabajo de estos policías, pero era necesario ya un cambio y refrescarlos tanto física como mentalmente. La inspectora que se juró encontrar a Marta dirige hoy el SAF y hace poco culminó una brillante investigación deteniendo a un presunto violador que atacó al menos a cuatro chicas. El expediente Marta del Castillo ya está en Madrid. El paddre de la víctima expresó lo que sentía el pasado jueves a través de su cuenta de Twitter: “El próximo domingo se cumplen siete años del mayor fracaso policial en la historia de este país. Cuatro niñatos os han toreado”.

El Grupo Diana, una investigación cuestionable

fperez | 17 de enero de 2016 a las 5:00

No se le puede negar al Grupo Diana que tiene un nombre precioso, mucho más bonito que el de SAF (Servicio de Atención a la Familia) o SAM (Servicio de Atención a la Mujer), que son las unidades especializadas en la violencia familiar y de género que existen en la Policía Nacional. Pero habría que plantear si de verdad es necesario que haya dos grupos especializados en la lucha contra los malos tratos en Sevilla, uno de la Policía Local y otro de la Nacional. Máxime cuando el Ayuntamiento de Sevilla sigue sin firmar el convenio con el Ministerio del Interior que permita a los agentes municipales ejercer funciones de Policía Judicial. Es decir, a día de hoy, el Grupo Diana ejerce unas funciones que por ley no tiene.

Esto ya lo planteó el ex jefe superior de Policía Enrique Álvarez Riestra, aunque lo hizo refiriéndose a una intervención relacionada con el tráfico de drogas que hizo la PolicíaLocal. En el fondo, en esto se basa la estrategia que los policías locales procesados en el presunto amaño de las oposiciones han planteado contra la Gepol, grupo que técnicamente no existe al no estar registrado en el organigrama oficial de la Policía Local, aunque sí ha sido avalado por la Audiencia de Sevilla y por la Fiscalía.

Ocurre que viste mucho y da una imagen moderna a una policía local –que precisamente en cuestiones de imagen anda regular en los últimos tiempos– el hecho de contar con un grupo contra la violencia de género. Poco importó al gobierno que creó este grupo la duplicidad de funciones, e incluso el gasto innecesario de recursos, que entrañaba tener en la ciudad varias unidades especializadas en la misma materia. Cierto es que el equipo se fundó en una época en la que la Policía Nacional estaba corta de agentes y que el Grupo Diana echó a andar con cierto éxito. Años después, la unidad se vería lastrada por una denuncia conjunta de todos sus componentes contra su ex jefa por un presunto acoso laboral.

Pero al margen del debate sobre si es útil o no tener a una decena de policías investigando casos de maltrato cuando no pueden hacerlo por ley, mientras la Jefatura tiene que recurrir a las horas extraordinarias para poder cuadrar los turnos de trabajo ordinario de la Policía Local en fines de semana y festivos, hay cuestiones mucho más básicas que discutir sobre el trabajo del Grupo Diana.

Un policía local acusado de malos tratos, que terminó siendo absuelto, emitió un duro informe contra los dos compañeros del Diana que habían investigado su caso. En este documento, el agente denuncia que el subinspector y la oficial del grupo incurrieron en varios delitos e infracciones. Ya no sólo estarían investigando un delito sin tener la condición de Policía Judicial, sino que se habrían extralimitado en sus funciones desplazándose fuera del término municipal de Sevilla para hacer gestiones policiales al menos en dos ocasiones, cuando los policías locales, por ley, sólo pueden intervenir en su municipio salvo en situaciones de emergencia.

Pero lo que más llama la atención no es esta presunta irregularidad. Dice el policía absuelto en su informe –y lo hace aportando documentos– que la oficial recomendó a su ex mujer que contratara a la abogada que le llevó el divorcio, porque ésta “le sacaría todo el dinero posible” a su marido y además podría pagarle en cómodos plazos. No contenta con esto, le reveló a la mujer una supuesta infidelidad de su marido y la instó a denunciarlo por malos tratos. Como ella no quería hacerlo en un principio y sólo se prestó a hablar de sus problemas en la pareja, los agentes le dijeron que la escucharían pero abrirían diligencias. Si le informaron de qué significaba esto o no es algo que sólo la denunciante puede aclarar, pero lo cierto es que el acusado fue absuelto. Y cualquiera que lea su informe se plantea una pregunta: ¿de verdad está la Policía para recomendar abogados o revelar supuestas infidelidades?

2015 en diez sucesos

fperez | 4 de enero de 2016 a las 5:00

El año que acaba de terminar ha sido uno de los más violentos de los últimos ejercicios. En lo que va de década nunca se había cerrado un año natural con 16 homicidios en la provincia de Sevilla. Pocas veces la Policía sevillana se ha enfrentado con un violador en serie menor de edad, con un asesino de sólo 14 años o con un discapacitado que vivía encerrado por sus hermanos. Lo que viene a continuación es un repaso del top ten de los sucesos del año pasado.

 

CONCENTRACION EN EL HOSPITAL DE VALME

10. Las violaciones en serie de Valme

Violadores en serie ha habido varios en Sevilla. El peor de todos quizás fue el del Fremap, hace ya diez años. Antes hubo otro en Bellavista y recientemente uno en el centro. Pero nunca en la historia negra reciente de la ciudad hubo un agresor sexual en serie que fuera menor de edad. El violador, de 17 años, asaltaba a sus víctimas en un solar situado junto al Hospital Virgen de Valme, utilizado como aparcamiento tanto por los familiares de los pacientes como por los trabajadores del centro sanitario. Allí abusó, o intentó hacerlo, de al menos siete mujeres de distintas edades, a las que amenazaba con un cuchillo. Una prueba de ADN que una de las víctimas consiguió guardarse fue clave para su identificación y posterior detención.

 

Un muerto en el Pol¿gono Calonge junto a la gasolinera Saras

9.  El crimen de la gasolinera
Uno de los sucesos más extraños de los últimos años. Un muerto sin contexto. Un cadáver transportado por unos tipos que dicen no conocer de nada a la víctima, pero que lo llevan en un coche de su propiedad. Se lo habían encontrado con dos tiros en el pecho y, como no llegaban al hospital Virgen Macarena porque había tráfico en la SE-30, pararon en la gasolinera Saras, en el polígono Calonge, mientras el 061 les mandaba una ambulancia. El Grupo de Homicidios logró esclarecer en apenas una semana aquel rompecabezas. El muerto y los que le llevaban sí se conocían, claro que se conocían. Iban a cobrarle una deuda por droga a otro tipo en una parcela de Carmona, pero el guardés de la finca, un ex militar cubano que llegó a España hace veinte años como refugiado, se puso nervioso y los recibió a escopetazos. Luego huyó, se echó al campo y allí vivió una semana hasta que fue detneido.

 

8. El agujero de seguridad de la web municipal

No es un suceso propiamente dicho, pero revela la fragilidad de nuestros datos más confidenciales. De ahí que sea digno de figurar en una lista de noticias relacionadas con la seguridad. Hasta en dos ocasiones se filtraron datos fiscales de los sevillanos por fallos de la página web del Ayuntamiento. Cualquier persona, con una simple firma digital, podía contemplar lo que debía otra, dónde vivía, qué bienes tenía y qué impuestos pagaba.

 

7. El crimen del Pumarejo

SEVILLA,24/11/2015.Un caso en el que una mujer le pega un martillazo en la cabeza a su marido y luego le asesta 158 puñaladas por todo el cuerpo, todo ello antes de suicidarse colgándose con un pañuelo, revela un ensañamiento brutal y obliga a una reflexión sobre la violencia en la pareja, que no siempre la ejerce el hombre hacia la mujer.

 

entierro de María del Castillo Vargas Amaya, victima de un crimen machista en Lebrija6. El asesinato machista de lebrija

Un crimen con el mismo ensañamiento que el anterior, pero esta vez del hombre hacia la mujer. El asesino apuñaló a su ex mujer en la casa de ésta en Lebrija, luego forcejearon y se cayeron por un balcón. Una vez en la acera, quiso rematarla pasándole varias veces por encima su furgoneta. La víctima, que había denunciado a su ex marido y no gozó de la protección tantas veces anunciada por las autoridades para los casos de malos tratos, sí tuvo los homenajes, días de luto y minutos de silencio que nadie dedicó al muerto del Pumarejo.

 

5. El robo del siglo en la plaza nueva

El que sufrió la joyería Shaw la madrugada del 1 de enero. Aprovechando las campanadas y el jolgorio de la Nochevieja en la Plaza Nueva, unos ladrones entraron en el establecimiento practicando un butrón desde el edificio colindante. Antes cortaron la línea telefónica e inutilizaron las cámaras de videovigilancia. Un robo de película.

 

ASESINATO EN SAN DIEGO

4. El crimen de san diego

Otra salvajada protagonizada por un perturbado. Casos como éste vuelven a poner de manifiesto la necesidad de que personas con trastornos mentales severos y sin medicar no estén en libertad. El asesino se desplazó desde su pueblo, Villanueva del Río y Minas, en su moto para matar a su tía asestándole más de veinte puñaladas en el taller de cerámica que regentaba en la barriada de San Diego. El motivo: le había dejado uno de sus perros a su cuidado y el animal había muerto por una enfermedad en el tiempo que estuvo con su tía.

 

 

apuñalamiento. foto Juan Carlos muñoz

3. El asesinato del cura

El vicario de San Isidoro, Carlos Martínez, tampoco tuvo el homenaje público que precisaba, pese a que su muerte posiblemente evitara un nuevo caso de violencia de género. El sacerdote había convencido a su sobrina para que dejara a su marido. Éste, que había intentado suicidarse antes, se escapó del Hospital de San Juan de Dios de Bormujos y esperó al cura en la puerta de su casa. Cuando volvía de oficiar misa, le pegó cinco puñaladas. Luego se fue a Triana a buscar a su mujer, pero la Policía lo detuvo a tiempo.

 

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2. El Pataslargas de Dos Hermanas

El año se despidió con una de las historias más macabras, truculentas y crueles que se recuerdan. La Policía rescató a un hombre de 59 años, discapacitado y enfermo mental, que vivía encerrado en un palomar. Estaba desnudo, desnutrido y hacía sus necesidades en botellas y cubos. Sus hermanos eran quienes lo tenían así para cobrar la pensión de 1.000 euros que tenía. Hacía al menos seis años que los vecinos no veían a Carlos, al que conocían como el Pataslargas.

 

 

1. El crimen del Nervión Plaza

Concentración po la muerte de la trabajadora del comercial Nervión Plaza.Un asesinato absurdo cometido por un niño de 14 años que fue sorprendido robando por una limpiadora. En vez de huir, el menor propinó una brutal paliza a la trabajadora, a la que agredió con una barra de hierro para robarle el teléfono móvil y el bonobús. Luego se marchó y fue detenido al día siguiente, casi al mismo tiempo que su víctima moría en el hospital. En el peor de los casos, el chico pasará cinco años encerrado en un centro de menores. Todo un sinsentido.

El gafe de la calle Mirlo

fperez | 22 de diciembre de 2015 a las 5:00

La juez de violencia de género

No es, ni de lejos, la peor calle de Los Pajaritos, pero está marcada por la tragedia. La calle Mirlo ha sido escenario en los últimos catorce años de cuatro homicidios, dos más que se quedaron en intentos, varias reyertas, tiroteos y hasta un incendio provocado. Es un reflejo de Los Pajaritos en la actualidad, un barrio en el que los hijos de la población originaria se fueron marchando y los que se quedaron (la mayoría) se perdieron en la droga.

Hoy conviven en sus calles tres generaciones:la primera, los que llegaron al barrio procedentes de corrales de vecinos de Triana y otros barrios en los años cincuenta; la segunda, los hijos de éstos que no se marcharon y sobrevivieron a la heroína en los años ochenta; y la tercera, los hijos de los antiguos yonquis, sin formación laboral ni académica alguna. A ellos se le une una población inmigrante que fue ocupando el lugar de los hijos de los pioneros que sí se fueron del barrio en busca de condiciones de vida mejores. Todo este cóctel ha ido degenerando el barrio año tras año hasta el punto de que corre el riesgo de convertirse en un gueto.

Las administraciones, más pendientes del Polígono Sur y del Vacie, no parecen ser conscientes del problema de barrios como LosPajaritos o Torreblanca, arrasados ambos por el paro, en el que la delincuencia y la marginalidad son una forma de vida común. Al menos no parece que se den prisa en acelerar el proceso de reconstrucción de los bloques del barrio, absolutamente estancado. No es casualidad que en una calle como Mirlo, por la que todavía se puede pasar, haya sido escenario de tantos episodios violentos en los últimos años. Incluso ha ocurrido algo que difícilmente tenga precedentes en la historia criminal de Sevilla (y de la mayoría de las ciudades): dos crímenes en la misma vivienda.

Fue en un piso de la primera planta del número 24. El 2 de diciembre de 2005, un atracador, Enrique Ramírez, conocido como Kiki o Peluca (en la imagen que ilustra esta entrada aparece en una reconstrucción del crimen), mató a su novia, Susana Vega, de 21 años, disparándole un tiro en la sien cuando tenía a su hijo pequeño en brazos. Ocho años y medio después, el 9 de junio de 2014, el nuevo inquilino del piso, Fernando Mula, un traficante del barrio, apareció muerto con una daga clavada en la axila. Este homicidio aún no está resuelto. Antes, en 2010, un joven mató al novio de su madre a puñaladas en otra vivienda del barrio. Y en 2001 murió tiroteado en plena calle el argelino Nourdine Ben Ali. En estos catorce años Los Pajaritos sólo ha ido degradándose más y más.

Una víctima sin homenaje

fperez | 26 de noviembre de 2015 a las 5:00

 

SEVILLA,24/11/2015.Foto: MJ López

 

Que horas antes del Día Internacional contra la Violencia Machista se descubriera el cadáver de un hombre al que su mujer le había asestado 158 puñaladas y un martillazo en la cabeza parece una broma macabra del destino. Mientras dos manifestaciones recorrían Sevilla pidiendo medidas para acabar con la lacra de las mujeres asesinadas por sus maridos, los forenses diseccionaban en la sala de autopsias el cuerpo de un hombre al que su esposa dio muerte de una manera bestial.

Rafael, el chatarerro del Pumarejo, es el segundo hombre asesinado por su pareja en lo que va de año en la provincia de Sevilla. El primero fue Juan Suárez, degollado por su compañera en El Cuervo. Los dos casos son calcados. Dos mujeres sexagenarias, con enfermedades mentales, mataron a sus maridos y se suicidaron. Antes también acabaron con sus perros.

En cuanto a las mujeres, han sido tres las asesinadas en lo que va de año: una en Alcalá de Guadaíra, otra en Sanlúcar la Mayor y la tercera en Marchena. La diferencia entre los crímenes de un género y otro, que en el territorio nacional es mucho más abultada, no lo es tanto en la provincia de Sevilla. No se incluyen en esta estadística los suicidios, mucho más frecuentes entre los hombres.

Por el chatarrero del Pumarejo, como por el vicario de San Isidoro, nadie guardó ayer un minuto de silencio, nadie colocó una bandera a media asta, nadie convocó un día de luto oficial ni nadie puso una vela o unas flores en la puerta de su casa. Tampoco se inundaron ayer las redes sociales de comentarios de repulsa ni de críticas hacia los medios de comunicación. Ni la Asociación de la Prensa de Sevilla –entidad que últimamente se esmera en criticar más a los periodistas que en defenderlos– emitió un comunicado recordando a los informadores que era recomendable que siguieran un absurdo código ético según el cual, entre otras cosas, no debían hablar con vecinos y familiares de las víctimas ni tampoco dar ninguna información sobre el asesino y las circunstancias del crimen.

Al parecer, contar que el autor del delito es toxicómano o sufre una depresión es una forma de justificar el asesinato. Es decir, directamente no hay que informar de nada y limitarse a seguir un protocolo establecido. Como si cada crimen de pareja –machista si lo prefieren– no tuviera un contexto y unas circunstancias propias.