Ya era hora

fperez | 29 de octubre de 2015 a las 5:00

Policía controlando a las bicis en la calle Tetuán.

Cuando uno ve a dos policías locales en mitad de la calle Tetuán parando a todo el que viene en bici desde la Campana o la Plaza Nueva, la primera frase que se le viene a la mente consta de tres palabras: ya era hora. Lo piensa uno que es ciclista y que se desplaza habitualmente en bicicleta, pero al que se le queda cara de tonto cada vez que se para en un semáforo en rojo y ve como uno tras otro de sus semejantes le adelantan por la derecha e izquierda o le miran extrañados porque no se lo salta.

Lo de respetar las normas no fue nunca con buena parte de los ciclistas sevillanos, que además se vieron respaldados por la impunidad de la que han gozado durante años. En un simple paseo por el carril bici se pueden contar decenas de infracciones de ciclistas. El que menos va escuchando música con unos auriculares. El que más va a contramano, no respeta un semáforo y se mete en la acera cada vez que se encuentra un coche de frente. Y a lo mejor hasta va whatsapeando con el móvil.

Han tenido que ocurrir varios accidentes para que la Jefatura de la Policía Local, con buen criterio, envíe a sus agentes a bajar de la bici a todo el que pase montado en ella por las calles peatonales. Dice la norma que los ciclistas han de guardar una distancia de un metro con respecto a los peatones, una máxima imposible de cumplir en el centro. Hay ciclistas que echan pie a tierra, que en ir andando de la Campana a la Plaza Nueva se tardan un par de minutos, pero hay otros que terminan haciendo esláloms para sortear a los viandantes, con el riesgo de que se pueda cruzar un niño o un anciano.

El carril bici de Sevilla es, de largo, la mejor obra que se ha hecho en la ciudad en los últimos años. Ha supuesto una revolución en la manera de desplazarse de decenas de miles de sevillanos, muchos de los cuales torcían el gesto cuando veían que les iban a quitar tres o cuatro plazas de aparcamiento en su barrio y vaticinaban que nadie iba a moverse en bici en una ciudad en la que hace tanto calor. No podían estar más equivocados.

Pero eso no da derecho a nadie a ir por el carril bici de la Ronda como si fuera por los Campos Elíseos en el sprint final del Tour de Francia. Porque hay paradas de autobús de las que se baja gente, discapacitados que usan el carril para desplazarse con menos obstáculos, cruces en los que un conductor puede no ver bien al ciclista que viene… Y a más velocidad, mayor es el golpe. Si los ciclistas, los peatones y los conductores aplicaran el sentido común, no habría que mandar a la Policía a decirle a nadie que no puede ir como Induráin en la contrarreloj de Luxemburgo por la calle Tetuán. Pero el sentido común, lamentablemente, no es algo que sobre en estos tiempos.

Lo que vale una medalla

fperez | 13 de octubre de 2015 a las 5:00

El vídeo no es nuevo. Tiene más de dos años, de hecho, pero vuelve a ser actual porque a los guardias civiles que aparecen jugándose la vida en él les condecoraron ayer. Las cámaras de la Dirección General de Tráfico captan el momento en el que dos motoristas del destacamento de Tráfico de Dos Hermanas rescatan a un niño de diez años que montaba un caballo que se había desbocado. Era la Feria de Abril de 2013. No está de más volver a verlo para comprobar cómo se la jugaron estos dos motoristas. El caballo había entrado en la SE-30 e iba sin control en sentido contrario al del tráfico. Por la ronda pasaban en ese momento cientos de vehículos, algunos de ellos camiones de gran tonelaje. Uno de los guardias intentaba parar el tráfico mientras el otro llegó a soltar las manos del manillar de la moto para coger al niño. Luego rescataron también al caballo, que estaba a punto de provocar un accidente de tráfico. Todo acabó, milagrosamente, sin ninguna persona herida.

A estos guardias se les entregó ayer, día de la Virgen del Pilar, Patrona del instituto armado, la medalla al mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco. La misma que recibió otro agente que, en La Algaba, y con ayuda de un policía local de este municipio, logró salvar la vida a una niña de tres años en el incendio de su casa. También ocurrió en marzo de 2013. La pequeña estaba ayer en la comandancia de Montequinto viendo cómo le imponían la medalla al agente que la rescató. Con ella estaban su padre, que la protegió de las llamas cubriéndola con su cuerpo (lo que le causó quemaduras en buena parte del mismo, de las que lleva ya 15 operaciones con injertos de piel), su madre y su hermano mayor, que también resultó herido y estuvo seis meses sin poder ir a clase. La familia quiere olvidar el trauma, se ha cambiado de casa y no comenta nada del fuego delante de los niños. Pero ayer Francisco José Liaño y Eva María Pérez, que así se llaman los padres, quisieron agradecerle su acción a los que salvaron a la pequeña.

En la Guardia Civil las condecoraciones van lentas, pero al final llegan, aunque tengan que pasar dos años y medio. Viendo el vídeo del caballo en la SE-30, y hablando con el padre de la niña del incendio, uno se pregunta qué más tiene que hacer un guardia para recibir una cruz con distintivo rojo, una distinción más alta y que además conlleva una pensión. “Soy el padre más feliz del mundo”, dijo el padre de la niña rescatada. Ese es el inmenso valor de una medalla.

Los ladrones también van a la iglesia

fperez | 12 de octubre de 2015 a las 5:00

Robo perpetrado esta madrugada en un almacén que posee la Hermandad de las Siete Palabras en la calle Medalla Milagrosa. Unos desconocidos se han llevado las antiguas bambalinas de plata del palio, amén de otros enseres de gran valor.

Un águila similar a las robadas en las Siete Palabras. Foto: Juan Carlos Vázquez

 

NINGUNO ha sido como el del Códice Calixtino (porque en Sevilla no tenemos una pieza así, claro), pero el robo del domingo 4 de octubre en la iglesia de los Terceros es un capítulo más de una larga lista de delitos relacionados con la Iglesia y las cofradías sevillanas que, a juzgar por la escasa vigilancia que hay sobre los templos, todo apunta a que no acabará aquí. Si se repasan las hemerotecas, no será difícil encontrar más de una quincena de robos en iglesias y a hermandades. Algunos son chapuceros, otros más sofisticados, en algunos se empleó la violencia, en otros simplemente el descuido y un buen puñado de casos fueron resueltos por la Policía, mientras que otros se cerraron en falso.
Uno de los que sigue bajo investigación es el del Santo Ángel, el más reciente hasta que a un chico de 25 años se le ocurrió colarse en los Terceros, el pasado 4 de octubre, para robar tres teléfonos móviles y una moto, aprovechando el revuelo que había formado en la iglesia por la salida de la Virgen de la Encarnación. Este joven, que es conocido en el mundo cofrade porque sale de costalero en varias cofradías, ya tuvo la ocurrencia de robar en la iglesia de San Bernardo en enero de 2014, pero se cortó en la mano al intentar forzar una puerta e hizo tanto ruido que lo escuchó el cura y lo sorprendió in fraganti. Muy profesional no parece que sea, porque esta vez ha vuelto a ser detenido.

En el Santo Ángel, unos ladrones entraron el pasado mes de agosto y se llevaron bastantes piezas de orfebrería del templo de la calle Rioja, un botín valorado en unos 23.000 euros. Un año antes, en agosto de 2014, robaron dos tallas de la iglesia de San Isidoro, concretamente del sagrario de la capilla que utiliza la hermandad del Viernes Santo.

En el año 2012, las Siete Palabras sufrió dos robos en menos de un mes en su almacén de la calle Medalla Milagrosa, junto a la avenida de la Cruz Roja. Los ladrones se llevaron las bambalinas de plata del paso de palio de la Virgen de la Cabeza, dos águilas de plata del paso del Nazareno de la Divina Misericordia, un puñal, un broche, varias insignias y diversas alhajas. Estos robos siguen sin esclarecer.

En 2011 se produjo el primer robo en San Bernardo, obra de un indigente que sustrajo dos cálices y tiró todas las sagradas formas al suelo en despecho porque el cura lo había echado de la iglesia. El ladrón destrozó la puerta del Sagrario mientras el Cristo de la Salud estaba en besapié. Fue detenido por la Policía poco después. Dos años antes, dos hermandades de vísperas sufrieron sendos robos. Uno ocurrió en Los Desamparados, de Alcosa, donde se llevaron la bebida del bar y un reproductor de DVD; y el otro en la Misión, de Heliópolis, de donde desapareció una caja fuerte, dinero y las joyas de la Virgen.

Uno de los que más dio que hablar fue el robo en la casa hermandad del Buen Fin, ocurrido en noviembre de 2005. Unos rumanos entraron en la sede de la cofradía, golpearon al mayordomo segundo y se llevaron unos 1.500 euros de la recaudación de la Lotería de Navidad, varias cajas con medallas, pisacorbatas y alfileres de la hermandad y diversas alhajas de la Virgen de la Palma. Entre ellas estaba la medalla de la ciudad que el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, le había impuesto apenas mes y medio antes. La medalla, como ocurría con las joyas de las Siete Palabras, no estaba asegurada. Los asaltantes fueron detenidos en Murcia meses después.

En marzo de 2003 hubo otro robo peculiar en Los Terceros, de cuya fachada se llevaron una estatua de San Francisco muerto. La obra fue recuperada en unos matorrales de la isla de la Cartuja, junto al apeadero de Renfe. Un año antes, la hermandad del Sol, que todavía no salía el Sábado Santo, sufrió cinco robos en un corto espacio de tiempo. La Policía detuvo dos veces a las mismas personas.

Hay que remontarse ya al siglo pasado para recordar otros robos sonados. El más conocido fue quizás el que sufrió la hermandad de Los Javieres, en febrero de 1989. Unos ladrones entraron en Omnium Sanctorum y se llevaron el dinero de los cepillos y las joyas de la Virgen del Carmen. Como les pareció poco, se liaron a patadas con el Cristo de las Almas, que aquel año no pudo procesionar.

De entre estos robos históricos, otro muy famoso es el que sufrió en el año 1946 la cofradía de San Roque. Robar en una iglesia en 1946 en España no era quizás la mejor opción, pero el ladrón entró en el templo y se llevó varios cálices y la corona de la Virgen de Gracia y Esperanza, que fue arrojada después al Guadalquivir. La Policía detuvo a un trabajador de la parroquia como autor del robo.

En 1953 le robaron las alhajas a la Virgen de los Reyes. En 1977 unos menores de edad entraron en San Juan de la Palma y se llevaron unos ángeles que van a los lados del paso de la Amargura, y en 1998 fue la Redención la que tuvo que lidiar con la pérdida de diferentes enseres. Quizás alguno de estos sucesos inspirara a Arturo Pérez-Reverte. Seguro que si ha llegado hasta este punto, le han entrado ganas de leer, o de releer, La piel del tambor. Que la disfruten.

Cargarse algo más que un cristal

fperez | 8 de octubre de 2015 a las 5:00

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Contaban en el Polígono Sur que quienes están atacando los autobuses de Tussam desde hace un par de semanas son un grupito de menores que van en bici, lanzan las piedras y salen huyendo. Dicen que son los mismos que hace unos meses derribaban los veladores de la avenida de la Paz. Lo hacen por el puro placer de destrozar cosas.

La Policía identificó ayer a uno de ellos. Tiene diez años de edad y, por tanto, carece de responsabilidad penal alguna. Si una piedra lanzada por él impactara en la cabeza de un viajero, el niño se iría tranquilamente a su casa, cortesía de la ley del menor. Algo parecido ocurrió hace años en el Vacie, cuando un menor que arrojaba piedras a la carretera hirió de gravedad a una niña que viajaba en coche con su padre.

El gamberrismo en Sevilla no se originó en las Tres Mil Viviendas, desde luego, pero corre el riesgo de que estos niñatos se carguen algo más que unas cuantas lunas. El Ayuntamiento ya ha anunciado que los autobuses tendrán vigilancia policial cuando pasen por el Polígono Sur. La noticia parece de hace veinte años, cuando policías de paisano viajaban en los vehículos para detener al responsable de una serie de atracos a mano armada y otras agresiones a los conductores de la empresa municipal de transportes.

Durante un tiempo, los autobuses dejaron de entrar en el barrio. Como lo hizo Lipasam, que sólo aprovechaba alguna redada de la Policía para retirar las montañas de basura. O como lo hizo Correos, después de que varios carteros sufrieran atracos. Las administraciones abandonaron el Polígono Sur, que se fue convirtiendo en el gueto que es ahora, al menos en algunos barrios como Las Vegas.

Cuando un chico del Polígono Sur lanza una piedra contra el 30, el 31 o el 32, la está lanzando contra su propio barrio y, sobre todo, contra un proyecto de sacarlo adelante que abanderan la Junta y el Ayuntamiento desde hace varios años (al Estado lo incluiremos cuando de verdad destine fondos para construir la comisaría de la Policía Nacional que los vecinos llevan 30 años reclamando) y que gestiona una de las pocas personas que inspiran confianza a los desencantados vecinos:la comisionada, María del Mar González.

Los últimos apedreamientos sólo le dan la razón a gente que conoce bien el barrio, como Rafael Pertegal, que lleva años diciendo que el trabajo con las familias es insuficiente, preguntándose que de qué sirve hacer un carril bici sin ciclistas, un magnífico café cultural si luego el flamenco se canta en torno a una candela o un maravilloso centro de servicios sociales si luego no se atienden nada más que a unas pocas personas al día.

Juan, sé fuerte

fperez | 30 de septiembre de 2015 a las 6:00

Dice el delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, que del superintendente de la Policía Local de Sevilla, Juan José García, “esta todo dicho” y que no hay que seguir hablando del presunto amaño de las oposiciones porque es “un intento de erosionar la imagen de la Policía Local (…) por parte de varios sectores”. Al superintendente le pide la Fiscalía 13 años de inhabilitación porque, como presidente del tribunal, ideó una “filtración selectiva” del examen para familiares e hijos del cuerpo. Otras 44 personas, entre ellos 36 policías locales, esperan ya para sentarse en el banquillo de los acusados por este asunto.

Ya resulta asombroso que el Ayuntamiento no suspenda de empleo y sueldo al presunto ideólogo de la filtración (tampoco lo ha hecho con ningún otro policía implicado en el caso), pero que encima el delegado de Seguridad lo defienda públicamente, aludiendo a una supuesta campaña de imagen contra la Policía Local, huele raro. A Cabrera le ha faltado mandarle un SMS al superintendente diciéndole algo así como “Juan, sé fuerte”. García, como Bárcenas en el PP, maneja información privilegiada. Sabe quién entró, quién no, quién era hijo de quién, sobrino de tal y hermano de cual, quién no daba la talla y pasó y quién obtuvo un 9 cuando unos días antes sacó un 1 en una prueba similar en Santiponce. De momento no ha tirado de la manta, pero tampoco le han tocado el sueldo.

La defensa a ultranza del superintendente se acompaña, además, de un mensaje que ya ha sido utilizado por el sindicato mayoritario del cuerpo, el Sppme, sobre el que también se cierne la sospecha en este asunto. Pide el delegado que se deje de perjudicar la imagen de la Policía Local porque “hay sectores interesados” en dañarla. El Sppme habló de “caza de brujas” y no de campaña de imagen, pero el sentido de ambas expresiones es muy parecido. Cabrera tomó posesión de su cargo con un pin del Sppme y parece que no era sólo un gesto. Decir que informar de la petición de la Fiscalía forma parte de una campaña de imagen le perjudica mucho más a él y a su figura política que
a la propia Policía.

Lo de la campaña recuerda mucho a Manuel Ruiz de Lopera, que reñía a a los periodistas porque hacían “campañitas” contra el Betis cada vez que criticaban a algún jugador. Si alguien decía que Odonkor no daba un pase bueno, que Joao Tomás no le metía un gol ni al arco iris o que vender a Joaquín y a Oliveira el mismo año era un suicidio, Lopera saltaba rápidamente con un “me estáis exigiendo que me estáis cansando con tanta campañita contra el Betis”. Parece, por tanto, que el problema no es que casi media promoción de policías entren en el cuerpo presuntamente enchufados, sino que alguien lo cuente, lo investigue o lo persiga.

¡Ay si vistieran de verde!

fperez | 29 de septiembre de 2015 a las 6:00

Cada vez que aparece una noticia relacionada con el presunto fraude en las oposiciones de la Policía Local de Sevilla, es inevitable preguntarse a qué espera el Ayuntamiento para tomar una decisión acorde con la magnitud del caso. Que haya 37 policías locales esperando para sentarse en el banquillo de los acusados, y a los que la Fiscalía pide ya penas de entre 4 y 13 años de inhabilitación, es una vergüenza más para un cuerpo que ya arrastraba su imagen por los suelos tras numerosos casos de presunta corrupción en los últimos años.

La trama de los motoristas, con 13 agentes imputados; la operaciónPájaro, con un policía condenado a dos años por colaborar con una banda de narcotraficantes; y el asunto de los sellos falsificados en los juzgados, con otros cuatro policías más imputados, no han ayudado a mejorar la imagen de un cuerpo en el que hasta el superintendente, Juan José García, está salpicado.

A día de hoy, García es el único policía local sancionado por el Ayuntamiento de Sevilla, que no es que lo haya suspendido de empleo y sueldo, no, sino que simplemente lo ha apartado de su cargo. Es decir, le han podido hacer hasta un favor. Los otros 36 agentes imputados por acceder al cuerpo de manera irregular siguen en sus puestos. Técnicamente no podrían ser suspendidos ni apartados porque cometieron la irregularidad –si se demuestra– antes de entrar oficialmente en la Policía, por lo que aún no se les puede aplicar el régimen disciplinario. Y cierto es que retirar 37 policías de las calles debe ser un problema para cuadrar los turnos, pero… ¡ay si estos muchachos vistieran de verde y no de amarillo!

Del agosto calmo al otoño del Cuco

fperez | 25 de septiembre de 2015 a las 12:16

Quien esto escribe es de tomarse vacaciones tardías, es decir, en septiembre. Suele hacerlo así porque agosto es habitualmente el mes estrella de los sucesos (y porque se viaja más barato y con menos gente, claro). Algunos dirán que la falta de temas de la agenda política hace que la crónica negra se magnifique ante la sequía informativa de otras áreas, pero si repasan los últimos agostos encontrarán crímenes bestiales que han marcado la lista de temas de la prensa local, y a veces de la nacional. El asesinato de una niña de 7 años alcanzada por una bala perdida en las Tres Mil Viviendas en 2013; el de un boliviano cuyo cuerpo fue envuelto en mantas y escondido en un armario en la calle Feria, en 2014; el de una profesora norteamericana que fue descuartizada y tirada al río en trozos, en 2010; o dos crímenes seguidos en menos de una semana en Su Eminencia, en 2012, son algunos buenos ejemplos de ello.

Aseguran los psiquiatras que el calor, o más bien los cambios bruscos de temperatura, inciden directamente en el aumento de los homicidios. Quizás por eso el agosto de 2015 ha sido tranquilo, porque hizo bastante menos calor que en julio, un mes habitualmente menos prolífico en truculencias. Fuera porque se superaban los cuarenta grados día sí y día también o simple coincidencia, lo cierto es que julio dejó un rosario de barbaridades dignas de entrar en la historia negra de Sevilla: el asesinato de una limpiadora de Nervión Plaza presuntamente por un menor de 14 años; las violaciones en serie cometidas presuntamente por otro menor de 17 años; el crimen de un cura en la puerta de su casa a manos del marido de su sobrina o la muerte de otro menor de edad por una pelea de fútbol en el Viso del Alcor. Todo eso concentrado en apenas diez días.

En agosto, en cambio, la ciudad estuvo en calma. Tampoco septiembre está siendo especialmente fuerte, aunque sí han llegado ya noticias propias del inicio del curso judicial. Verbigracia, el feo asunto de las oposiciones de la Policía Local, con 37 agentes procesados por presunto enchufismo y con el cuello del superintendente Juan José García esperando el hachazo del verdugo. ¿Que por qué no ha rodado ya su cabeza? Oficialmente por el respeto a la presunción de inocencia, pero vaya a saber si el castigo ha sido tan blando porque García, que era el presidente del tribunal, maneje cierta información comprometedora.

A falta de noticias actuales, las cadenas de televisión han recurrido de nuevo a un clásico que saben que nunca falla en las audiencias para empezar el otoño: el caso Marta del Castillo. Tanto da que hayan pasado ya seis años y medio y que ninguna de las informaciones sea relevante para lo único que importa ya, que es encontrar el cuerpo de la adolescente. Primero sacaron el testimonio de un supuesto infiltrado en la familia del Cuco y luego buscaron al que fuera menor condenado por encubrir el crimen por los veladores de Pino Montano hasta dar con él y hacer que se liara a mamporros con un periodista de Antena 3. El vídeo lo dice todo: el Cuco tapándose el rostro con un pañuelo, unas gafas de sol y una gorra, fuera de sí, lanzando puñetazos y patadas, gritando que se va a llevar a quien sea al “barrio de los pallá” y con la madre volando (y aterrizando) por intentar sujetarlo. Luego, más calmado, atendió a las preguntas de otra periodista de Telecinco y dio sus impresiones sobre el caso. Eso sí, sin quitarse el atuendo de bandolero. Que también es casualidad que, aún en verano, llevara consigo el pañuelo para taparse la cara ante las cámaras.

El Cuco es el niñato que aparece en el vídeo, un tipejo sin educación alguna criado en una familia capaz de llamar “la Penitas” a la madre de Marta (así salía en la grabación del supuesto infiltrado) y de decir que el abuelo de la víctima se merecía una paliza. Un ser despreciable, carne de cañón, que ya ha pasado por el reformatorio. Si sigue dándole hostias al primero que se encuentra por la calle, se admiten apuestas a cuánto tarda en pisar la cárcel, que ya es mayor de edad. Ahora bien, no ha de olvidarse que ese personaje ya ha cumplido su condena y tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a tomarse un café con su madre, o con quien quiera, en cualquier terraza de cualquier bar, sin que nadie tenga que recordarle su pasado. Eso sí, el vídeo ha reventado las audiencias.

¿Habrá sanción para uno de Asuntos Internos?

fperez | 5 de agosto de 2015 a las 5:00

Hay cierta curiosidad entre los policías de Sevilla por saber cómo se cerrará el expediente disciplinario que se le ha abierto al inspector jefe de Asuntos Internos al que le robaron un revólver reglamentario en los aparcamientos del Carrefour San Pablo. Si hubo negligencia por su parte o no en la custodia de su arma oficial es algo que el instructor del expediente tendrá que decidir estudiando la versión del policía y las distintas pruebas que se puedan reunir durante la instrucción.

Según la denuncia del inspector jefe, éste admite que suelta el bolso con el arma en el asiento trasero de su vehículo, que además deja abierto y con el motor encendido porque había un familiar (que en ningún momento se identifica en la denuncia). Se trata de un instante, el que transcurre entre dejar la compra en el maletero del coche y devolver el carro a su anclaje, pero lo cierto es que se desentiende del revólver. Unos segundos sí, pero lo suficiente para que alguien pudiera hacerse con el arma –que estaba cargada con cinco cartuchos– sin que ni él ni su familiar que estaba dentro del coche pudieran identificarlo, ni siquiera aportar una mínima descripción de su aspecto o de su ropa.

Por esta conducta, cualquier policía nacional sería sancionado con una suspensión de empleo y sueldo casi de manera inmediata. Máxime teniendo en cuenta que en Sevilla se castiga habitualmente a funcionarios de este cuerpo por cuestiones mucho más nimias, como no llevar puesta la gorra, por ejemplo. Ocurre que la Unidad de CoordinaciónOperativa Territorial (UCOT), a la que pertenece el inspector jefe, es, junto con Régimen Disciplinario, la herramienta de la Jefatura y de la Dirección General de la Policía para sancionar las faltas cometidas por el resto de agentes del cuerpo.

De ahí que sean muchos los que duden de que al final del expediente haya una sanción justa, o al menos similar a la que sufriría cualquier otro agente en su misma situación. El caso recuerda a aquel episodio de la tercera temporada de The Wire en el que desaparece la pistola de un detective y los jefes ponen a todo el departamento a buscarla, por delante incluso de la investigación de homicidios. Afortunadamente el revólver fue robado por un ladrón habitual que posiblemente ni sabría que se llevaba el bolso de un policía. Eso le convertía en el hombre más buscado de Sevilla.

¡Gracias por rescatarme del foso!

fperez | 3 de agosto de 2015 a las 5:00

En la vida, ante todo, hay que ser agradecido. Eso debió pensar el joven mexicano que cayó hace unos días al foso de la Universidad de Sevilla y fue rescatado por los Bomberos. Éstos colgaron el vídeo de su trabajo en las redes sociales y allí se lo encontró el protagonista unos días después. Tras ver que su caída había sido noticia en la prensa local y que el vídeo había tenido cierta difusión en internet, el chico, de 24 años, que se hospedaba con su familia en el Alfonso XIII, decidió dejar un mensaje en Twitter dando las gracias a los profesionales que lo sacaron: “Gracias por rescatarme del foso, saludos!!! (sic)”.


Lo colgó en la nueva cuenta de Emergencias del Ayuntamiento (@EmergenciasSev), un perfil que utilizan desde hace unas semanas tanto la Policía Local como los Bomberos y Protección Civil para ofrecer información sobre cualquier incidente que ocurra en la ciudad, y que está teniendo bastante éxito por el momento. Más de 1.600 seguidores en un par de semanas puede considerarse un buen balance (Hay que darle tiempo aún, que la Policía Nacional no llegó a sus 1,7 millones de seguidores en diez días). Ahí puede comprobar quien quiera en qué se gasta el dinero de sus impuestos y también, por qué no, conocer qué está pasando en la ciudad casi en tiempo real. Una herramienta que resulta muy eficaz también para los periódicos, de cuyas redacciones, por desgracia, hace tiempo que desaparecieron los escáners para piratear la radio de la Policía. Aquello de llegar al lugar del crimen antes que los investigadores (que no era exclusivo de Sevilla, como hace poco contaba la fotógrafa de la Mafia, Letizia Battaglia, en la entrevista que le hizo Íñigo Domínguez en Jot Down) hace ya mucho tiempo que pasó a la historia.

Así que cuando alguien de la redacción veía un control policial o a los Bomberos a toda velocidad por la calle, rápidamente iba a avisar al de sucesos para que se enterara de lo ocurrido. “Pérez, corre que han pasado tres camiones de Bomberos echando leches por la Ronda en dirección al Prado. Ojo que iban con las sirenas y las luces puestas”. Y el de sucesos echaba de menos aquellos aparatos para escuchar la frecuencia de la Policía para enterarse inmediatamente de qué era lo que estaba ardiendo. Con el tiempo fue aprendiendo que la salida ordinaria de los Bomberos es de cinco vehículos, y que tres camiones pasen a 100 kilómetros por hora por la Ronda puede significar cualquier cosa, desde una freidora ardiendo en una casa hasta el coloso en llamas.

Ahora, si todo marcha como hasta hoy, bastará con mirar el Twitter o el Facebook de Emergencias Sevilla para conocer qué es lo que hay. De momento, en el poco tiempo que llevan en marcha, los profesionales que manejan esta cuenta no han dado con ningún suceso realmente importante, que es dónde habrá que comprobar cuánta información se da y de qué tipo. Habrá algún experto en redes sociales que le afee que sus mensajes están repletos de iconos, algo que puede parecer poco serio en una cuenta oficial del Ayuntamiento de Sevilla, quien le reproche que tampoco hace falta tuitear que han sacado a alguien atrapado en un ascensor ni publicar instrucciones sobre cómo reanimar a una mascota ni vender que la Policía Local le ha salvado la vida a un gato, pero hasta ahora supone una inmediatez nunca vista para la prensa local de Sevilla. Si además sirve para que un tipo que se ha caído al foso y ha sido rescatado con éxito pueda darle las gracias a quienes lo sacaron, bienvenida sea. Si Rinat Dasaev hubiera tenido Twitter…

Carlos Herrera y otros robos a famosos

fperez | 1 de agosto de 2015 a las 11:39

El periodista Carlos Herrera fue víctima, hace unas semanas, de un robo en su domicilio del Paseo de Colón. Un ladrón escaló la fachada y luego fracturó una puerta con una palanqueta para entrar en la vivienda. Se llevó ocho relojes, 6.000 euros en efectivo y algunas joyas. En la casa no había nadie en ese momento. La Policía cree que el delincuente desconocía quién era el dueño del inmueble porque luego entró a robar en la casa del vecino, un comportamiento que a buen seguro no tendría si su objetivo fuera exclusivamente el periodista. El robo sigue bajo investigación y de momento no ha sido detenida ninguna persona relacionada con él. Los agentes encargados de la investigación han revisado cámaras de seguridad de establecimientos cercanos y buscado a posibles testigos, además de que la Policía Científica ha inspeccionado la vivienda en busca de huellas, pero de momento siguen buscando al delincuente.

Hacía tiempo que los especialistas del Grupo de Robos de la Policía de Sevilla no se enfrentaban a un caso en el que la víctima fuera alguna persona conocida públicamente. Menos hace para los de la Guardia Civil, que en marzo de este mismo año investigaron el robo en casa del ex presidente del Sevilla, José María del Nido, en su chalé de la urbanización Simón Verde, en Mairena del Aljarafe. En aquella ocasión, la casa también estaba vacía (Del Nido ya estaba cumpliendo su condena en prisión) y fue su mujer quien lo descubrió al día siguiente, al llegar a la vivienda y encontrarse la puerta abierta. Los ladrones, que parecían ser algo más profesionales que el de Herrera, habían reventado la caja fuerte con una rotaflex y se habían llevado dinero y joyas.  Previamente habían inutilizado los sistemas de alarma para que ni la empresa de seguridad contratada por el ex presidente sevillista tuviera conocimiento del robo ni tampoco ningún vecino llamara a la Guardia Civil alertado por el ruido de la alarma. El robo a Del Nido todavía permanece bajo investigación.

Los futbolistas han sido, con cierta frecuencia, víctimas de robos en sus casas. En los últimos años, los del Sevilla han tenido peor suerte en este sentido que los del Betis. El que lo pasó peor fue Luis Fabiano, quien ya unos años antes había vivido el secuestro de su madre en Brasil. En febrero del año 2008, sufrió un asalto en su chalé de Montequinto. Mientras él entrenaba con el equipo en la ciudad deportiva, unos ladrones retenían en su casa a su mujer y sus dos hijas, de uno y tres años por entonces. Los delincuentes encañonaron a la esposa del delantero brasileño para llevarse joyas, relojes y una importante cantidad de dinero. Al regresar del entrenamiento, el futbolista se encontró con la puerta de su casa abierta y a su familia retenida en un cuarto.

Aquel mismo mes también hubo un intento de robo en casa del portero Andrés Palop, en el club Zaudín, en Tomares. Los ladrones entraron en el chalé de noche, pero el futbolista se despertó al oír unos ruidos extraños y los asaltantes optaron por darse a la fuga. Otros dos futbolistas del Sevilla también fueron asaltados en sus viviendas. Uno de ellos fue Julio Baptista en enero de 2005, mientras jugaba en Villarreal el partido contra la droga. Los ladrones entraron en su piso, cercano al estadio Ramón Sánchez Pizjuán, y se llevaron media docena de relojes, ropa y zapatos de marca, unos pendientes de diamantes, un DVD y un ordenador portátil. En 2011 le tocó el turno a Daniel Alves, a quien un ladrón le entró en su casa de Dos Hermanas para robarle unos motores de la depuradora y la barandilla de la piscina. La Policía lo sorprendió in fraganti y fue detenido.

En diciembre del año 2008 fue la gerente del Real Club de Golf de Sevilla, Claudia Hernández, hija de Elías Hernández, conocido empresario del sector de la alimentación, quien sufrió un asalto en su vivienda de Condequinto, en uno de los chalés integrados en el mismo club de golf. Los ladrones se llevaron 42.000 euros tras acceder al interior de la casa por una ventana y despertar a las personas que dormían dentro. Tras amenazarlas repetidamente, los delincuentes se marcharon con el botín sin llegar a emplear violencia física.

Pero si hubo un robo a un famoso que llamó la atención fue el que sufrieron los atletas Maurice Greene y Larry Wade en el año 1999. Nada más aterrizar en Sevilla, adonde habían venido para participar en el Mundial de Atletismo, un ratero echó mano a la bolsa de Wade y echó a correr. Probablemente no sabía que le estaba robando a los velocistas de la selección de EEUU, es decir, a los tipos más rápidos de la Tierra. Greene, quien por entonces ostentaba el récord mundial de 100 metros, salió a correr en pos del ladrón de su compañero y amigo y lo atrapó antes de que avisaran a la Guardia Civil.

Otras veces se ha recuperado en la provincia de Sevilla algo que han robado a algún famoso en otra provincia. Por ejemplo, el caso del coche de Carmen Janeiro, la Jesulina, a quien le sustrajeron su flamante Porsche Carrera 4S en la localidad gaditana de El Bosque y lo recuperó la Policía en una calle de Cerro Blanco, uno de los barrios más deprimidos de Dos Hermanas. Y en otras ocasiones, aunque las menos, no son los famosos las víctimas, sino los autores de los robos. José Fernando Ortega abandera sin duda este apartado. Pero quizás sus andanzas den para otra entrada de este blog.