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Siete años para ser un caso frío

fperez | 24 de enero de 2016 a las 5:00

busqueda de marta del castillo en majaloba
Siete años ha tardado la Policía en pasar página en el caso Marta del Castillo, en convertirlo en lo que los americanos llaman un caso frío. Así definen en EEUU aquellos crímenes cuya investigación está completamente estancada y no hay ninguna pista nueva sobre la que poder tirar del hilo. Muchos departamentos de policía de las grandes ciudades estadounidenses cuentan con una brigada especializada en este tipo de casos. Son agentes que no han tenido contacto antes con la investigación –aunque pueden, y hasta deben, entrevistarse con los que la llevaron desde el primer momento–, que revisan el asunto desde el inicio y que tratan de aportar una nueva mirada o enfoque, limpia de cualquier contaminación o quemazón que pueda sufrir un profesional que lleva meses o años trabajando sobre el mismo asunto.

Hoy, cuando se cumplen siete años de la desaparición y muerte de Marta del Castillo, la investigación acaba de ser remitida a Madrid para que la asuma una brigada llamada de Análisis y Revisión de Casos. Los agentes que la forman tienen tarea, aunque los ritmos de su trabajo deben ser necesariamente distintos a los mantenidos hasta ahora. La brigada de Análisis y Revisión debe trabajar sin presión, sin prisas y con derecho a equivocarse y a seguir cuantas pistas falsas sean necesarias hasta encontrar la buena.

Tienen, en definitiva, lo que no ha tenido el Grupo de Menores (Grume) de Sevilla, la unidad que llevó la investigación desde el lunes siguiente a la desaparición hasta las últimas búsquedas de hace pocos meses en las escombreras de Camas. El caso se quebró en los primeros momentos. Si hubiera existido el protocolo que luego se creó para desapariciones de menores –a raíz precisamente del caso Marta del Castillo– probablemente el cadáver de la joven habría aparecido la misma noche de aquel domingo. Sin embargo, el autor del crimen y sus cómplices tuvieron un día entero para poder deshacerse del cuerpo, algo que hicieron sorprendentemente bien. El asesino,Miguel Carcaño, jugó con ventaja desde el minuto uno y sólo el hecho de que confesara el crimen permitió una condena de la que habría que dudar si no hubiera mediado tal confesión. De hecho, los otros tres mayores de edad que fueron juzgados terminaron absueltos.

Tras decir que había arrojado a Marta al río Guadalquivir, Carcaño llevó a los investigadores a múltiples lugares de la geografía sevillana:el vertedero de Montemarta-Cónica, varias zanjas y escombreras de Camas, la finca de Majaloba… Los agentes del Grume se deslomaron buscando a Marta, removieron toda la basura de la ciudad, investigaron más de cien lugares de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, utilizaron un georradar, sometieron a Carcaño a un test de la verdad… Viendo que su trabajo era infructuoso, recurrieron hasta a una adivina.

Sería de necios negar el trabajo de estos policías, pero era necesario ya un cambio y refrescarlos tanto física como mentalmente. La inspectora que se juró encontrar a Marta dirige hoy el SAF y hace poco culminó una brillante investigación deteniendo a un presunto violador que atacó al menos a cuatro chicas. El expediente Marta del Castillo ya está en Madrid. El paddre de la víctima expresó lo que sentía el pasado jueves a través de su cuenta de Twitter: “El próximo domingo se cumplen siete años del mayor fracaso policial en la historia de este país. Cuatro niñatos os han toreado”.

Marta del Castillo, ¿hora de un cambio?

fperez | 18 de junio de 2015 a las 5:00

COMIENZA LA TERCERA JORNADA DE BÚSQUEDA DE MARTA DEL CASTILLO EN LA RINCONADA

Salió Antonio del Castillo contento de la reunión que mantuvo el martes con el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz. Quizás temía que el delegado le dijera que la Policía iba a interrumpir la búsqueda de Marta, que iba a disolver el equipo que busca sin éxito los restos de su hija desde hace más de seis años y que hasta aquí hemos llegado, que “todo en la vida tiene un límite”, como dijo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, precisamente en referencia a uno de los últimos rastreos. Ya el jefe superior de Policía, Francisco Perea, le insinuó una vez que no podía mantener la búsqueda eternamente.

Pero esta vez no fue así. Sanz le dijo a Del Castillo que la Policía dejará de buscar a su hija en Camas, sí, pero porque allí no ha aparecido nada que indique que esa inmensa escombrera pudo ser la tumba de Marta. El equipo se mantiene. Los policías que investigan el asesinato y la desaparición de esta adolescente de 17 años desde el 24 de enero de 2009 seguirán con el caso el tiempo que haga falta. Ha llegado la hora de revisarlo todo otra vez, una más. Volver a mirar el sumario, comprobar todas las llamadas telefónicas, la localización de los teléfonos móviles de los sospechosos, lo que dijo un testigo, lo que dijo otro, averiguar en qué tiempo se pudo el asesino cruzar la ciudad cargando con un cadáver… Saber, en definitiva, dónde se ha podido producir el error, uno más, que ha llevado a los investigadores a creer que la escombrera de Camas era el escenario definitivo de la búsqueda. Como lo fueron el río Guadalquivir, la planta de reciclaje de basura de Montemarta-Cónica, varias zanjas de la barriada de Caño Ronco donde vivía Carcaño, la finca Majaloba de La Rinconada y otras decenas de sitios en los que la Policía ha buscado pero no se han hecho públicos.

Ocurre que son los mismos policías los que vuelven a revisar el caso, una vez más. Son agentes duros, que se han pasado meses de sol a sol rastreando la tierra, que se han jurado encontrar a Marta aunque sea lo último que hagan en sus vidas, que han ido mucho más allá de lo que le exige cualquier código ético o profesional para hallar los restos de la joven asesinada y entregárselos a su familia para que tenga un sitio en el que venerarlos, al que llevarles flores. Ahora bien, es imposible que alguien que lleve seis años investigando el mismo asunto no esté quemado ni contaminado. Ni verlo todo con claridad.

A veces uno pasa mil veces por el mismo sitio y no se da cuenta de algo hasta que llega alguien que no ha pasado nunca y se fija en un detalle que ha pasado desapercibido. Con esta filosofía trabajan en varios departamentos de policía de EEUU las unidades de homicidios abiertos o no resueltos, los llamados casos fríos. Son aquellos asesinatos o desapariciones que ocurrieron hace años y siguen sin esclarecer. Los detectives de casos fríos se encargan de retomar el trabajo desde el principio con la mente limpia, con la distancia y los avances tecnológicos y científicos que les da el tiempo. Lo revisan todo desde el inicio, sin presión alguna, sin prisas y con calma, entrevistando otra vez a los testigos que haga falta, tratando de averiguar dónde se cometió el error que llevó la investigación primera por un camino equivocado y encauzarla hacia otras líneas que puedan dar sus frutos. Quizás habría que mantenerlo todo bajo secreto, sin revelar nada ni siquiera a la familia, y por tanto aguantar estoicamente las críticas de ésta si considera que la Policía ha dejado de buscar. O incluso dejar a los familiares que busquen por su cuenta, una imagen que ni la Policía ni el Gobierno han estado dispuestos nunca a asumir.

En España no hay unidades de este tipo, pero sí algunas experiencias positivas. Una ocurrió en Sevilla. Un agente del Grupo de Homicidios de la capital andaluza que estaba a punto de jubilarse se puso un día a investigar una desaparición ocurrida 18 años atrás, la de la funcionaria Carmen Espejo y su hijo menor de edad. Tras varios meses de trabajo, consiguió dar con una pista buena y descubrió que todo apuntaba a que había sido el novio de la mujer desaparecida el que había acabado con las vidas de ambos. Los dos cadáveres fueron descubiertos por la Policía, con la ayuda del georradar, en una finca de Almonaster la Real (Huelva), en septiembre del año 2011. Al ver que la Policía seguía sus pasos, el asesino, un profesor particular de matemáticas boliviano llamado Genaro Ramallo, huyó a Francia, donde fue finalmente detenido. Se esclareció así un caso que llevaba casi dos décadas sin resolver. ¿Por qué no intentar algo parecido con Marta?