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Marta del Castillo, ¿hora de un cambio?

fperez | 18 de junio de 2015 a las 5:00

COMIENZA LA TERCERA JORNADA DE BÚSQUEDA DE MARTA DEL CASTILLO EN LA RINCONADA

Salió Antonio del Castillo contento de la reunión que mantuvo el martes con el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz. Quizás temía que el delegado le dijera que la Policía iba a interrumpir la búsqueda de Marta, que iba a disolver el equipo que busca sin éxito los restos de su hija desde hace más de seis años y que hasta aquí hemos llegado, que “todo en la vida tiene un límite”, como dijo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, precisamente en referencia a uno de los últimos rastreos. Ya el jefe superior de Policía, Francisco Perea, le insinuó una vez que no podía mantener la búsqueda eternamente.

Pero esta vez no fue así. Sanz le dijo a Del Castillo que la Policía dejará de buscar a su hija en Camas, sí, pero porque allí no ha aparecido nada que indique que esa inmensa escombrera pudo ser la tumba de Marta. El equipo se mantiene. Los policías que investigan el asesinato y la desaparición de esta adolescente de 17 años desde el 24 de enero de 2009 seguirán con el caso el tiempo que haga falta. Ha llegado la hora de revisarlo todo otra vez, una más. Volver a mirar el sumario, comprobar todas las llamadas telefónicas, la localización de los teléfonos móviles de los sospechosos, lo que dijo un testigo, lo que dijo otro, averiguar en qué tiempo se pudo el asesino cruzar la ciudad cargando con un cadáver… Saber, en definitiva, dónde se ha podido producir el error, uno más, que ha llevado a los investigadores a creer que la escombrera de Camas era el escenario definitivo de la búsqueda. Como lo fueron el río Guadalquivir, la planta de reciclaje de basura de Montemarta-Cónica, varias zanjas de la barriada de Caño Ronco donde vivía Carcaño, la finca Majaloba de La Rinconada y otras decenas de sitios en los que la Policía ha buscado pero no se han hecho públicos.

Ocurre que son los mismos policías los que vuelven a revisar el caso, una vez más. Son agentes duros, que se han pasado meses de sol a sol rastreando la tierra, que se han jurado encontrar a Marta aunque sea lo último que hagan en sus vidas, que han ido mucho más allá de lo que le exige cualquier código ético o profesional para hallar los restos de la joven asesinada y entregárselos a su familia para que tenga un sitio en el que venerarlos, al que llevarles flores. Ahora bien, es imposible que alguien que lleve seis años investigando el mismo asunto no esté quemado ni contaminado. Ni verlo todo con claridad.

A veces uno pasa mil veces por el mismo sitio y no se da cuenta de algo hasta que llega alguien que no ha pasado nunca y se fija en un detalle que ha pasado desapercibido. Con esta filosofía trabajan en varios departamentos de policía de EEUU las unidades de homicidios abiertos o no resueltos, los llamados casos fríos. Son aquellos asesinatos o desapariciones que ocurrieron hace años y siguen sin esclarecer. Los detectives de casos fríos se encargan de retomar el trabajo desde el principio con la mente limpia, con la distancia y los avances tecnológicos y científicos que les da el tiempo. Lo revisan todo desde el inicio, sin presión alguna, sin prisas y con calma, entrevistando otra vez a los testigos que haga falta, tratando de averiguar dónde se cometió el error que llevó la investigación primera por un camino equivocado y encauzarla hacia otras líneas que puedan dar sus frutos. Quizás habría que mantenerlo todo bajo secreto, sin revelar nada ni siquiera a la familia, y por tanto aguantar estoicamente las críticas de ésta si considera que la Policía ha dejado de buscar. O incluso dejar a los familiares que busquen por su cuenta, una imagen que ni la Policía ni el Gobierno han estado dispuestos nunca a asumir.

En España no hay unidades de este tipo, pero sí algunas experiencias positivas. Una ocurrió en Sevilla. Un agente del Grupo de Homicidios de la capital andaluza que estaba a punto de jubilarse se puso un día a investigar una desaparición ocurrida 18 años atrás, la de la funcionaria Carmen Espejo y su hijo menor de edad. Tras varios meses de trabajo, consiguió dar con una pista buena y descubrió que todo apuntaba a que había sido el novio de la mujer desaparecida el que había acabado con las vidas de ambos. Los dos cadáveres fueron descubiertos por la Policía, con la ayuda del georradar, en una finca de Almonaster la Real (Huelva), en septiembre del año 2011. Al ver que la Policía seguía sus pasos, el asesino, un profesor particular de matemáticas boliviano llamado Genaro Ramallo, huyó a Francia, donde fue finalmente detenido. Se esclareció así un caso que llevaba casi dos décadas sin resolver. ¿Por qué no intentar algo parecido con Marta?

 

 

 

Yoni el inconformista

fperez | 2 de marzo de 2015 a las 14:35

JUICIO YONI EL PRESTAMISTA

Esta primera entrada del blog (la del viernes sólo fue una mera declaración de intenciones) estaba destinada a relatar lo ocurrido durante el juicio de Jonathan Silva Bruno, alias Yoni el Prestamista, acusado del asesinato de Francisco Javier Gómez, el Muñeco. No sólo lo que sucedía en la sala, sino aquellos detalles que trascienden de la pura crónica informativa y casi siempre se quedan fuera del papel. Gestos, miradas, comentarios, reacciones de los miembros del jurado…

Tenía cierto interés porque se enjuiciaba el primero de los tres crímenes ocurridos en Sevilla capital el año pasado. El acusado es un prestamista de Torreblanca, con algunos antecedentes policiales, pero no considerado demasiado violento. En determinados barrios de la ciudad es habitual encontrarse con la figura del usurero, gente que vive de prestar dinero a quien el banco no se lo da y cobrar luego la deuda con intereses, en la mayoría de los casos abusivos.

En Sevilla, concretamente en el Polígono Sur, ha habido casos de usureros que han llegado a presionar tanto a sus deudores que éstos han terminado quitándose la vida. No era el caso de Yoni, al que, que se sepa, nunca se le vio mandando un matón al que no podía pagarle. De él aseguran que ofrecía incluso facilidades de pago. Gestionaba su negocio desde un pequeño bar que había montado en Torreblanca unos años atrás.

Pero Yoni no se sienta en el banquillo por usura, sino por verse mezclado en una absurda pelea de discoteca que acabó en asesinato. Se enfrenta a veinte años de cárcel por, presuntamente, atropellar al Muñeco tras una pelea en un bar de copas de la avenida de Montesierra. El Muñeco, puesto de todo según la Fiscalía, empezó a liarla en el bar y fue expulsado del mismo. Regresó a los dos minutos armado con una botella de cristal con la que aporreó la puerta del negocio para que le abrieran. En uno de esos golpes le dio a Yoni, a quien le provocó un corte.

Aquello molestó al Prestamista y sus acompañantes, que se enzarzaron en una pelea con el Muñeco. Éste, al ver que los otros eran más, intentó huir. Pero Yoni se subió al coche y fue detrás de su enemigo. Recorrió, siempre según el escrito de la fiscal, 26 metros por encima de la acera hasta atropellar al Muñeco, que murió sólo tres minutos después del golpe con el coche.

Esta mañana, un año y una semana después del crimen, estaba Yoni en el calabozo esperando para ser subido a la sala donde iba a ser juzgado, cuando se le ocurrió que no estaba conforme con lo que le pedía la Fiscalía. Ya podría haberlo pensado antes, pero aún estaba a tiempo, debió decirse. Así que le comentó a los policías que lo custodiaban que renunciaba a su abogado. Todo esto mientras el proceso de selección del jurado iba ya avanzado, con los jueces entrevistando al segundo de los candidatos a formar parte del tribunal popular.

Subió uno de los policías a comunicar la decisión del reo y los jueces, extrañados, ordenaron que lo trajeran. Allí, el Prestamista comentó lo que había pensado unos minutos antes. El tribunal no tuvo más remedio que suspender el juicio, mandar los jurados a su casa, previo pago de media dieta, y a Yoni de vuelta a la cárcel. Él quizás no lo sepa, pero su decisión es histórica: nunca antes en los juzgados de Sevilla se había suspendido un juicio con jurado el mismo día que arrancaba porque un acusado quiso cambiar de abogado.