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Una comisaría convertida en piscina

fperez | 11 de mayo de 2016 a las 18:54

 

Quien esto escribe ha publicado, a lo largo de los años, no pocas informaciones sobre el estado de las instalaciones del cuartel de la Policía Nacional en el Cortijo de Cuarto. Y de muchas otras, pero centrémonos en ésas, que son las que aparecen en el vídeo. Los aseos están destrozados, los vestuarios tienen goteras, los termos están rotos y el gimnasio no reúne las mínimas condiciones para ser considerado como tal. Muy pocas de las dependencias oficiales que allí tienen su sede pasarían una inspección de prevención de riesgos laborales. Este cuartel situado muy cerca de Bellavista alberga las unidades especiales de la Policía Nacional (Caballería, Subsuelo, Tedax, Goes y Guías Caninos, entre otras), así como las unidades de intervención. Sirva este corto vídeo, grabado el pasado lunes, como ejemplo de la falta de inversión del Estado en la Policía y sus infraestructuras. Lo que se aprecia es la sede de la unidad de Caballería y el agua, ya lo verán, cae como si no hubiera techo. De poco sirve el cubito que alguien ha puesto debajo, quizás con la idea de recoger la clásica gotera de cada vez que llueve. Claro que la lluvia esta vez ya se está pasando. Como siga así muchos días más, pronto podrá inaugurarse la nueva piscina de la Policía Nacional. El chorro de agua para el spa ya lo tienen.

Díaz ‘abandona’ a la Policía Autonómica

fperez | 24 de marzo de 2015 a las 7:00

Andaba preocupado durante la campaña electoral más de un agente con el futuro de la unidad de la Policía Nacional adscrita a la Junta, eso que todo el mundo llama Policía Autonómica sin serlo. Llegó a correr el rumor de que la presidenta, Susana Díaz, había anunciado en una entrevista con una cadena local (el rumor no aclaraba cuál de ellas) que, si salía elegida, suprimiría directamente la unidad adscrita. El hecho de que se retrasara la firma del acuerdo anual entre la Junta y el Ministerio del Interior para la cesión de agentes no hacía más que incrementar el nerviosismo. Evidentemente, el rumor era falso. Díaz no hizo referencia a la Policía Autonómica durante su campaña, y tampoco es que fuera a anunciar una decisión tan drástica en vísperas de unas elecciones, que los policías y sus familias también votan. El acuerdo se firmó días antes de las elecciones y volvió la tranquilidad. Díaz ha ganado y los agentes pueden estar tranquilos en sus puestos, de momento.

El caso es que, siendo un rumor infundado, un análisis de la situación que atraviesa esta unidad lleva a pensar que bien podría convertirse en una realidad en unos cuantos años. La Policía Autonómica tiene 600 agentes en toda la comunidad y unas competencias muy limitadas. La mayoría de sus policías son escoltas o se dedican a la vigilancia y la seguridad de los edificios de la Junta de Andalucía. Los que no lo hacen, se encargan del control del juego y de los espectáculos públicos, de las inspecciones de los talleres mecánicos ilegales, de los menores en situación de desamparo o de la reventa de entradas. Sólo hay que darse una vuelta por los estadios de fútbol y por la plaza de toros para ver que mucho empeño contra esto último no es que pongan. Y queda un amplio grupo que patrulla a diario por las Tres Mil Viviendas y que realiza una magnífica labor de presencia policial en una zona tan abandonada a su suerte durante años, que los vecinos agradecen enormemente porque ha servido para reducir los delitos más comunes y el trapicheo a plena luz del día.

Esto quizás sea poco para toda una Policía Autonómica y demasiado para un simple grupo más de la Policía Nacional. De momento la fórmula es la de una unidad adscrita, que no deja de ser un híbrido, con policías nacionales que pertenecen al Estado pero que trabajan para la Junta (menos mal que en esto sí se han puesto de acuerdo ambas administraciones). Pero esto deja a los funcionarios que la forman en una especie de limbo al que no llegan los medios materiales que tienen sus compañeros de la Policía Nacional, que tampoco es que dispongan de los más avanzados servicios pero al menos cuentan con los más básicos.

Por ejemplo, los agentes autonómicos no tienen emisora, por lo que se ven obligados a comunicarse a través de sus teléfonos móviles. Igual le da a la Junta que sus policías tengan que patrullar a diario por las Tres Mil Viviendas y puedan verse inmersos en una persecución o en un tiroteo, del que no tendrán ni idea porque sin radio nadie podrá avisarles. Y tiroteos, por mucho que los políticos premiaran al antiguo Comisionado dándole el puesto de Defensor del Pueblo, sigue habiendo en el Polígono Sur con bastante frecuencia.

Los policías de la unidad adscrita tampoco disponen de acceso a las bases de datos de la Policía Nacional o de la Guardia Civil. Es decir, si un día identifican a un tipo que les resulte sospechoso, no podrán saber sus antecedentes ni si tiene una orden de búsqueda y captura en vigor. Por no hablar de que los coches tienen más de 400.000 kilómetros y que los chalecos antibalas de los agentes que montan guardia en San Telmo se repartieron durante la Expo 92.

La Junta parece querer una policía autonómica a bajo coste, sin competencias y sin dotaciones, con policías pagados por el Estado. Mantener una policía propia requiere de algo más. A día de hoy, la Policía Autonómica parece más una cuestión de imagen que una apuesta decidida del Gobierno andaluz por crear su propia fuerza de seguridad. No puede compararse esta unidad con los Mossos d’Esquadra ni con la Ertzaintza, ni en sueldo ni en competencias. Cierto es que hay colas para entrar en ella porque, al menos antes de la crisis y los recortes, había unos pluses que en el resto de unidades del Cuerpo Nacional de Policía no existían. La presidenta ha tenido pocos detalles con su policía en los últimos años. Los ha tenido en privado, como cuando fue a visitar a la familia del agente que falleció de un tumor cerebral dos años después de que le dieran una paliza en el Metro. Pero en público nada. Ni siquiera un comentario cuando se desmanteló el mayor casino ilegal de Andalucía, que estaba en un chalé de Simón Verde, por citar su operación más destacada de los últimos años.