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Díaz ‘abandona’ a la Policía Autonómica

fperez | 24 de marzo de 2015 a las 7:00

Andaba preocupado durante la campaña electoral más de un agente con el futuro de la unidad de la Policía Nacional adscrita a la Junta, eso que todo el mundo llama Policía Autonómica sin serlo. Llegó a correr el rumor de que la presidenta, Susana Díaz, había anunciado en una entrevista con una cadena local (el rumor no aclaraba cuál de ellas) que, si salía elegida, suprimiría directamente la unidad adscrita. El hecho de que se retrasara la firma del acuerdo anual entre la Junta y el Ministerio del Interior para la cesión de agentes no hacía más que incrementar el nerviosismo. Evidentemente, el rumor era falso. Díaz no hizo referencia a la Policía Autonómica durante su campaña, y tampoco es que fuera a anunciar una decisión tan drástica en vísperas de unas elecciones, que los policías y sus familias también votan. El acuerdo se firmó días antes de las elecciones y volvió la tranquilidad. Díaz ha ganado y los agentes pueden estar tranquilos en sus puestos, de momento.

El caso es que, siendo un rumor infundado, un análisis de la situación que atraviesa esta unidad lleva a pensar que bien podría convertirse en una realidad en unos cuantos años. La Policía Autonómica tiene 600 agentes en toda la comunidad y unas competencias muy limitadas. La mayoría de sus policías son escoltas o se dedican a la vigilancia y la seguridad de los edificios de la Junta de Andalucía. Los que no lo hacen, se encargan del control del juego y de los espectáculos públicos, de las inspecciones de los talleres mecánicos ilegales, de los menores en situación de desamparo o de la reventa de entradas. Sólo hay que darse una vuelta por los estadios de fútbol y por la plaza de toros para ver que mucho empeño contra esto último no es que pongan. Y queda un amplio grupo que patrulla a diario por las Tres Mil Viviendas y que realiza una magnífica labor de presencia policial en una zona tan abandonada a su suerte durante años, que los vecinos agradecen enormemente porque ha servido para reducir los delitos más comunes y el trapicheo a plena luz del día.

Esto quizás sea poco para toda una Policía Autonómica y demasiado para un simple grupo más de la Policía Nacional. De momento la fórmula es la de una unidad adscrita, que no deja de ser un híbrido, con policías nacionales que pertenecen al Estado pero que trabajan para la Junta (menos mal que en esto sí se han puesto de acuerdo ambas administraciones). Pero esto deja a los funcionarios que la forman en una especie de limbo al que no llegan los medios materiales que tienen sus compañeros de la Policía Nacional, que tampoco es que dispongan de los más avanzados servicios pero al menos cuentan con los más básicos.

Por ejemplo, los agentes autonómicos no tienen emisora, por lo que se ven obligados a comunicarse a través de sus teléfonos móviles. Igual le da a la Junta que sus policías tengan que patrullar a diario por las Tres Mil Viviendas y puedan verse inmersos en una persecución o en un tiroteo, del que no tendrán ni idea porque sin radio nadie podrá avisarles. Y tiroteos, por mucho que los políticos premiaran al antiguo Comisionado dándole el puesto de Defensor del Pueblo, sigue habiendo en el Polígono Sur con bastante frecuencia.

Los policías de la unidad adscrita tampoco disponen de acceso a las bases de datos de la Policía Nacional o de la Guardia Civil. Es decir, si un día identifican a un tipo que les resulte sospechoso, no podrán saber sus antecedentes ni si tiene una orden de búsqueda y captura en vigor. Por no hablar de que los coches tienen más de 400.000 kilómetros y que los chalecos antibalas de los agentes que montan guardia en San Telmo se repartieron durante la Expo 92.

La Junta parece querer una policía autonómica a bajo coste, sin competencias y sin dotaciones, con policías pagados por el Estado. Mantener una policía propia requiere de algo más. A día de hoy, la Policía Autonómica parece más una cuestión de imagen que una apuesta decidida del Gobierno andaluz por crear su propia fuerza de seguridad. No puede compararse esta unidad con los Mossos d’Esquadra ni con la Ertzaintza, ni en sueldo ni en competencias. Cierto es que hay colas para entrar en ella porque, al menos antes de la crisis y los recortes, había unos pluses que en el resto de unidades del Cuerpo Nacional de Policía no existían. La presidenta ha tenido pocos detalles con su policía en los últimos años. Los ha tenido en privado, como cuando fue a visitar a la familia del agente que falleció de un tumor cerebral dos años después de que le dieran una paliza en el Metro. Pero en público nada. Ni siquiera un comentario cuando se desmanteló el mayor casino ilegal de Andalucía, que estaba en un chalé de Simón Verde, por citar su operación más destacada de los últimos años.

Los chalecos de la vergüenza

fperez | 13 de marzo de 2015 a las 10:05

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En la fotografía aparecen tres agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Sevilla. Los tres llevan puesto sus chalecos antibalas, como corresponde al nivel 3 de alerta decretado por el Ministerio del Interior y como hacen habitualmente en todos sus controles e intervenciones. Las fundas están rotas y descosidas, tanto que dejan ver el interior, que es ese material de color rojo que asoma por la parte baja de las prendas, y que hace que los funcionarios de la foto parezcan más unos impostores de esos que ahora se hacen pasar por policías para robar a contrabandistas y narcos que unos agentes antidisturbios en toda regla.

Demasiado buenos han salido los chalecos, puesto que son de los años 1989 y 1990. Es decir, se fabricaron el año de la caída del Muro de Berlín, se entregaron antes de la Expo 92 y se estrenaron en una temporada en la que el Betis penaba sus males en Segunda (tampoco ha cambiado tanto la vida en 25 años) con un delantero llamado Pepe Mel. Imaginen la de manifestaciones, cargas y gomazos que han visto estos chalecos…

Los agentes han solicitado decenas de veces a la Dirección General de la Policía que solucione este problema de equipamiento y de imagen. Los policías ya no han pedido que se les den chalecos nuevos, como sí se está haciendo en otras unidades de la Jefatura de Sevilla, sino que por lo menos se les cambien las fundas a los que tienen para que no vayan con las ‘tripas’ al aire. Sindicatos como la Unión Federal de la Policía (UFP) han denunciado el problema en infinidad de ocasiones en los últimos años.

Anda el Ministerio del Interior inmerso en una renovación de los antidisturbios, que haría que Sevilla perdiera 55 policías. La reforma, que aún está en la fase de borrador, está planteada para enviar más agentes a Cataluña, el País Vasco y Navarra, pese a que en ambas comunidades las competencias de seguridad ciudadana están transferidas a las autonomías. Los agentes sólo irían para proteger los edificios oficiales del Estado en esas regiones, si bien lógicamente pueden desplazarse a aquellos puntos del país que requieran su presencia.

La reforma parece atender más a cuestiones políticas que verdaderamente operativas. Por supuesto, esta redistribución de los efectivos es menos urgente que renovar el material básico de protección de los funcionarios. Interior se gastó el año pasado unos tres millones de euros en renovar las divisas de la Policía Nacional, para darle una estética más militar a un cuerpo que es, y debe ser, civil. Con un mínimo porcentaje de ese dinero, no ya sólo se podrían comprar nuevos chalecos para los que se juegan el tipo en la calle (dos policías nacionales murieron el año pasado en acto de servicio en Málaga y Vigo), sino que se podría también arreglar algunas dependencias.

Una de las que pide a gritos una reforma es precisamente la sede de la Unidad de Intervención de Sevilla, en el cuartel del Cortijo de Cuarto. Hasta no hace mucho, los vestuarios de este cuartel eran infames, con termos y lavabos rotos y tirados por el suelo, agua filtrándose a chorros desde techos que amenazaban con desplomarse, humedades por todas partes y retretes que no pasarían una inspección de Sanidad ni de broma. Tras mucho insistir, Interior reformó los vestuarios y ahora presentan una imagen más decente, aunque tampoco es que aquello sea un spa. A este ritmo, igual lo que se les da a los policías es aguja e hilo para que se cosan ellos mismos las fundas de sus chalecos antibalas, esas prendas que ya pueden celebrar sus bodas de plata.