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A la ‘mafia’ se le multa menos

fperez | 8 de marzo de 2015 a las 18:56

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El Ayuntamiento de Sevilla ha impuesto una multa de 1.380 euros a un taxista que no presentó una vida laboral actualizada ante el Instituto del Taxi. Sin ese documento, no superó la revisión anual de la licencia, y fue sorprendido por la Policía Local, que lógicamente lo denunció. La conducta debe ser sancionada como infracción que es. Más discutible es el importe de la multa. Casi 1.400 euros por no llevar un papel actualizado parece una cuantía más que desproporcionada. Máxime cuando el conductor tiene acreditadas 85 visitas al médico y tres operaciones en el plazo de un año y medio, que sin embargo, responde el Ayuntamiento, no le impidieron prestar servicio en el taxi.

Pero más desmesurada parece esta cantidad aún si se compara con las sanciones que se imponen en Sevilla por cobros abusivos. La última de la que se tiene conocimiento es de hace dos años, cuando el Instituto del Taxi impuso una multa de 700 euros a un taxista que cobró 30 euros (ocho más de lo que marca la tarifa establecida) a un cliente por una carrera entre el aeropuerto de San Pablo y el hotel Zenit, en Triana. Aquel taxista también fue castigado por insultar a la persona que lo contrató y por entregar un recibo no oficial, es decir, sin el escudo del Ayuntamiento ni la licencia troquelada. Para el Instituto del Taxi, estas conductas suponen una falta grave, mientras que la del taxista que no presentó su vida laboral en tiempo y forma es una infracción muy grave, y por tanto, se castiga con el doble de multa.

Por qué el Ayuntamiento aplica este doble rasero es una pregunta para la que quien esto escribe no tiene respuesta. Como tampoco la encuentra a la de por qué el gobierno local, sea quien sea su alcalde, no quiere acabar con el problema del taxi en el aeropuerto. En la terminal de San Pablo un grupo de conductores lleva años imponiendo un monopolio que defienden con prácticas mafiosas. Así llamo el Defensor del Ciudadano en uno de sus informes a las amenazas y coacciones que sufren los taxistas que no pertenecen a la asociación mayoritaria en el aeropuerto cuando rinden arriba, como el sector llama a la parada de la terminal aérea.

Los profesionales del sector han sufrido pinchazos en las ruedas (véase la foto), lanzamiento de huevos y pintadas en sus vehículos, además de todo tipo de insultos. Hay conductores que han decidido afiliarse a la asociación del aeródromo porque la cuota les cuesta 60 euros al mes y cambiar las ruedas rajadas les supone un coste superior a los 400 euros cada vez que van a recoger a un cliente. Los taxistas del aeropuerto (insistimos en que no son todos, sino un grupo reducido) no sólo atacan a sus compañeros de Sevilla, puesto que también impiden prestar servicio a los de otras ciudades. Incluso han apedreado alguna vez el autobús público que hace la ruta entre el centro de la ciudad y el aeropuerto.

El Consistorio tolera estas prácticas. Ni Zoido en estos cuatro años ni Monteseirín en sus tres mandatos han hecho nada por acabar con los insultos, la extorsión y las amenazas. Es cierto que se impuso una tarifa única, pero no siempre se respeta. También lo es que a veces se refuerza la presencia policial en la terminal, pero esto termina suponiendo mayores controles a la salida de la misma y no se acaba con la violencia que hay dentro. Quizás se aplaca un poco y vuelve a resurgir tiempo después.

El perjudicado de todo esto no sólo es el sector sino también la clientela y, por ende, la ciudad. Quien firma esto entrevistó una vez a una estudiante Erasmus francesa que esperaba el autobús de línea porque cada vez que volvía a Sevilla le cobraban entre 40 y 60 euros desde el aeropuerto hasta la Macarena. En otra ocasión, cubrió un accidente de tráfico con un muerto en la Cartuja, en el que chocaron dos coches y una pieza de uno de ellos impactó contra un taxi que llevaba a unos viajeros. Cuando el juez que fue a levantar el cadáver tomó declaración a los clientes como testigos del siniestro, éstos le manifestaron que habían tomado el taxi en el aeropuerto y se dirigían a la estación de Santa Justa. Iban por la avenida de Carlos III, que según Google Maps está a ocho kilómetros de la terminal ferroviaria y a catorce del aeródromo. El juez quiso abrir diligencias al taxista por estafa pero no lo hizo porque causaría un perjuicio mayor a los afectados, al tener que obligarlos a venir a Sevilla para declarar.

El Ayuntamiento y el resto de instituciones no se cansan de intentar atraer turistas a Sevilla, pero se olvidan de que la primera imagen de la ciudad que tienen los que la visitan puede ser determinante. A veces esa primera impresión es la de un taxista desaseado, que conduce un vehículo poco limpio que le da un rodeo, que le cobra más de lo que marca la tarifa o que directamente le deja a unos cuantos kilómetros de su destino final. Ya dijimos que el nombre de este blog era una especie de homenaje a quienes se jugaban la vida en la calle, pero también podría servir de advertencia para aquellos turistas incautos que pisan por primera vez el aeropuerto de San Pablo y quieren subirse a un taxi.