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El Cecop y el esplendor perdido

fperez | 22 de junio de 2015 a las 5:51

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Los cuatro años del mandato de Juan Ignacio Zoido han supuesto un profundo declive para el Centro de Coordinación Operativa (Cecop). El organismo creado tras los incidentes de la Madrugada del año 2000 ha sido despreciado una y otra vez durante los últimos cuatro años, y esto se ha traducido en una profunda crisis de una entidad que en su día dio resultados brillantes. La Semana Santa pasada reveló la inutilidad del Cecop, o al menos del Cecop actual: voluntarios de Protección Civil regulando el tráfico, dispositivos policiales mermados, calles cortadas directamente con vallas o cubos de basura, y, sobre todo, más incidentes en la Madrugada o cofradías que no podían avanzar por la bulla sin que se viera un policía en un kilómetro a la redonda. Los problemas no dieron la cara antes porque en las semanas santas anteriores llovió.

La lluvia de las ediciones anteriores le vino bien al gobierno local. Tapó las carencias del Cecop, aunque alguna vez también hizo que se revelara como un órgano incapaz para resolver los problemas. Por ejemplo, el roce entre Los Panaderos y La Lanzada en la plaza de Villasís nunca se habría producido con un Cecop fuerte, de otros tiempos. Aun así, justo es decir que alguien en el Cecop supo ver que los horarios de la Madrugada de 2015, la que estaba prevista en principio, no coincidían, lo que posteriormente evitó que los incidentes de aquella noche tuvieran unos efectos aún más graves.

El Cecop no ha sabido atajar el problema de las sillitas en Semana Santa ni el de la botellona en la Feria. Ni ha puesto orden en las miles de procesiones que se celebran cada año en Sevilla. El primer delegado de Movilidad y Seguridad de la era Zoido, Demetrio Cabello, quiso eliminar el Cecop, pero el alcalde optó por no asumir una decisión que podía revelarse como impopular. La mayor prueba de que el Cecop no le interesaba al PP lo más mínimo fue que primero nombró director a un intendente mayor de la Policía que estaba a punto de jubilarse, Ángel Rico, y cuando éste cumplió los 65 años, puso en su puesto a un voluntario de Protección Civil del Estado, Juan Francisco Lebrero, cuyo mayor mérito había sido prestarle una furgoneta a la Policía para que hicieran sus vigilancias.

El nuevo gobierno local quiere devolverle al Cecop el lustre que tuvo y para ello pretende incorporar de nuevo a un clásico: Rafael Pérez. El que fuera portavoz de la Guardia Civil de Sevilla ya dirigió este órgano durante varios años, en la última etapa de Alfredo Sánchez Monteseirín. Pérez puso orden en las salidas extraordinarias. Les dijo a los hermanos mayores que, si llovía y se refugiaban en un templo, volverían el día que el Ayuntamiento dijera y no cuando cada hermandad quisiera. Les instaló GPS a los pasos y montó un equipo competente para atender cualquier posible imprevisto.

Esto no garantiza que no vaya a haber incidentes en la Semana Santa de 2016 -de hecho, con Pérez al frente del Cecop, hubo peleas a navajazos y carreritas la Madrugada de 2009-, pero es evidente que el Cecop incorpora de nuevo a un profesional cualificado y con experiencia. Sabe, además, tratar con la prensa y no ver a los periodistas como enemigos, que siempre será una ayuda a la hora de transmitir su gestión.

Lo que no está demasiado claro aún es el modelo de Policía Local que quiere el PSOE de Juan Espadas. En teoría, el director del Cecop no manda sobre la Policía, pero nadie impide que pueda ser uno de los asesores de confianza del delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera. Éste ya ha anunciado que no habrá director general de Seguridad y que llevará los asuntos de la Policía directamente, junto con el jefe del cuerpo, que tampoco está claro quién será.

En la visita que el pasado martes hizo Juan Espadas a la Jefatura de la Ranilla, quien salió a recibirlo fue el superintendente, Juan José García. No deja de ser un gesto revelador, pero tampoco hay que olvidar que es la persona de más alto rango en el cuerpo. Por el momento lo único que ha cambiado es que el director de Seguridad, José Antonio de la Rosa, ya ha pedido su vuelta a la Policía Nacional. En la Local se mantiene la bicefalia impuesta por el PP, con García como jefe ejecutivo y el intendente mayor Gabriel Nevado como jefe operativo.

La caótica Semana Santa de la Policía Local

fperez | 7 de abril de 2015 a las 12:53

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Foto: Carolina García

 

El dispositivo de seguridad de la Semana Santa de Sevilla, en la parte que afecta a la Policía Local, ha sido un absoluto caos. Sólo hay que mirar las dos fotografías que se adjuntan a esta entrada para darse cuenta de que algo ha fallado si dos contenedores de basura y una valla son los que se encargan de cortar el tráfico en una calle. Donde no había policías, el Ayuntamiento recurrió a los chicos de Protección Civil, voluntariosos pero nada expertos en estas lides (por no sacar un debate sobre la legalidad del asunto), y si no, directamente al mobiliario urbano. Esa carencia de agentes obligó también a desmontar el dispositivo de seguridad previsto para la Madrugada en la zona de la Encarnación. Y, si queda alguien en el mundo que aún no lo sepa, fue allí donde se originó una pelea que derivó en hasta cuatro estampidas que destrozaron el cortejo del Silencio en las calles Cuna, Orfila y Javier Lasso de la Vega.

La clave del asunto pasa por el déficit de plantilla que sufre la Policía Local desde hace ya muchos años. Zoido se encargó de prometer que incrementaría la plantilla en 300 nuevos agentes (primero dijo 500 pero luego rebajó la cifra), pero el mandato se pasa y de momento el número de plazas que ha convocado en estos cuatro años ha sido cero. En años anteriores, para paliar la carencia de personal, el Ayuntamiento sacaba a toda la plantilla de la Policía Local a la calle en Semana Santa a base de productividades. Esto, evidentemente, tiene un coste bastante elevado, pero si no hay agentes, hay que recurrir a las horas extra de los que están disponibles. Porque dejar la ciudad con pocos efectivos es un riesgo, como este año ha vuelto a quedar demostrado.

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¿Por qué la Semana Santa de 2015 ha sido diferente a la de otros años anteriores, si el número de policías era similar? Básicamente porque el Ayuntamiento lleva tiempo racaneando (dicen los policías, claro) el dinero de las productividades de la Policía Local y muchos de los agentes no han estado dispuestos a ‘vender’ sus días de descanso. A ello se le ha sumado el problema que existe desde hace año y medio en la unidad de Tráfico-Motoristas, la más numerosa del cuerpo. Estos agentes mantienen, desde la muerte en accidente de uno de ellos, un conflicto con el Consistorio, al que le reclaman una serie de complementos por el riesgo que implica el trabajo en moto. Al no encontrar respuesta por parte del Ayuntamiento, estos policías se han negado a hacer horas extraordinarias.

Esta decisión ha provocado que las labores de acompañamiento de cofradías que venían desde fuera del centro (que siempre eran traídas al casco histórico por agentes de Motoristas) las hayan tenido que hacer este año otras unidades, o directamente los de Protección Civil. Estos voluntarios iban a estar destinados en los pasillos de la carrera oficial, pero al ser enviados al extrarradio a acompañar a las hermandades, el Ayuntamiento tuvo que recurrir de nuevo a los policías locales para los pasillos. ¿Cómo lo hizo? Obviamente no podía fabricarse policías de la nada, así que tenía que quitarlos de un servicio previsto para poder llevarlos a la carrera oficial. La Jefatura decidió desmontar uno de los llamados niveles, concretamente el nivel 2. Estos niveles son un dispositivo preventivo compuesto por varios policías locales que recorren una zona del centro y comprueban que no hay coches mal aparcados en el itinerario de las cofradías, que no hay gente celebrando una botellona en estas calles o que no hay venta ambulante ilegal, entre otros asuntos.

El centro se divide en varias zonas (niveles) y cada una de ellas tiene un número. El nivel 2 es la Encarnación y su entorno. La tarde del Jueves Santo, el Ayuntamiento decidió desmontar el nivel 2. Así lo ha denunciado en rueda de prensa el presidente del Sindicato Profesional de Policías Municipales de España (Sppme) en Sevilla, Manuel Bustelo. Nadie impedía, por tanto, a decenas de jóvenes cargados con lotes reunirse a beber en la plaza mayor de las Setas. La versión municipal es bien distinta. El Ayuntamiento sostiene que había siete policías sólo para esta zona del centro, y que fueron precisamente éstos los que acudieron a la reyerta que originó las carreras. También niega que se desactivara ninguno de los servicios previstos, asegura que el nivel 2 al que se refiere el sindicato recoge todas las vías de evacuación del centro y no sólo el entorno de la Encarnación, y afirma que sólo hubo cuatro voluntarios de Protección Civil regulando el tráfico los primeros días de la semana.

En cualquier caso, los incidentes desbordaron a la Policía Local porque, además, todo ocurrió en menos de una hora. Entre las 3:49 y las 4:45 hubo una pelea en Gallos con avalancha hacia Matahacas, por donde pasaba los Gitanos; otra en el Capote, con dos personas arrojadas al río; la reyerta de las Setas, que causó cuatro estampidas y arrolló al Silencio, donde dos niños resultaron heridos y otros dos se perdieron; y un escape de gas en la calle Feria, con un trabajador herido que obligó a cambiar el recorrido de la Macarena.

A alguien le debió parecer que esto no era nada, puesto que el Sábado Santo se volvió a desmontar el nivel 2. Afortunadamente, el balance de la Madrugada (al que hay que sumar un nazareno del Silencio con la clavícula rota) es escaso para lo que podía haber ocurrido. Que el alcalde, Juan Ignacio Zoido, admita que hubo falta de prevención no deja de ser reconocer una evidencia pero al menos está bien que lo haga. Que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, anuncie que habrá más vigilancia el año que viene, si los ciudadanos revalidan su confianza en el gobierno actual en las urnas… Quizás también debería explicar cómo tiene pensado hacerlo, porque con los policías que hay es difícil.

La Madrugada de Berlanga

fperez | 19 de marzo de 2015 a las 10:59

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Mucho se ha debido contener esta mañana Juan Ignacio Zoido cuando ha presentado el dispositivo de seguridad de Semana Santa. Si llega a decir lo que piensa, igual era ahora trending topic mundial. No debe ser muy agradable ir a una reunión que debería ser un mero trámite (se supone que hay un trabajo de meses detrás) y encontrarse con que los horarios de la Madrugada que le ha enviado el Consejo de Cofradías al Cecop no cuadran. Zoido ha mantenido el tipo, no ha sido excesivamente crítico y ha instado al Consejo a que encuentre cuanto antes una solución porque, de lo contrario, ni la Policía ni el Ayuntamiento pueden hacer nada por evitar el lío en la Madrugada. Lo del lío, obviamente, no lo ha dicho así.

Anoche, los responsables del Cecop se debieron frotar los ojos cuando, al analizar los cronogramas de paso de cada cofradía, vieron que la cruz de guía del Silencio tenía previsto llegar a las 4:14 horas al cruce de San Miguel con Trajano, y que el palio de la Macarena no pasaba por allí hasta las 4:35. Es decir, un parón de 21 minutos como mínimo, con el problema añadido de que el Gran Poder viene este año detrás del Silencio e impide a la Macarena correr más. Valga el topicazo de la pescadilla que se muerde la cola para definir el tapón monumental que puede formarse. Por no hablar del riesgo para la seguridad que puede suponer que miles de nazarenos tengan que constreñirse en un círculo de unos dos kilómetros, por el que el público difícilmente tendrá posibilidades de cruzar las tres cofradías.

Lo peor es que todo esto se sabía, que de nada han servido acuerdos previos entre hermandades ni inútiles cabildos de tomas de hora. Se sabía que se ampliaba el tiempo de paso de la Macarena y se sabía, porque todos los años pasa, que el Silencio ha de esperar algunos minutos en Lasso de la Vega a que pase la Macarena. Y si alguien no lo sabía, los periódicos locales llevan semanas llenando sus páginas con el asunto y a quienes corresponda les ha dado tiempo de sobra de informarse. Es increíble que nadie del Consejo le haya preguntado a la Policía o al Ayuntamiento qué pensaba del cambio de recorrido del Gran Poder en todos estos meses. Como no es serio que ahora, con los programas de mano ya impresos y los inviables horarios ya aprobados por el Consejo, se esté estudiando volver al modelo del año pasado.

Ni Berlanga lo habría filmado mejor. El Consejo de Cofradías queda a la altura del betún mandando a deshoras una propuesta imposible al Cecop, que se creó precisamente para coordinar todos los servicios de seguridad después de la noche de las carreritas del año 2000. Desde entonces, a las autoridades se les había llenado la boca hablando de la coordinación, del trabajo en equipo y de lo engrasada que estaba la maquinaria de la seguridad en la Semana Santa. Hoy se ha tirado por la borda el trabajo de tantos años.