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El Gallo Negro, ¿un precedente?

fperez | 18 de marzo de 2015 a las 12:54

Bar El Gallo Negro

La Justicia ha dado la razón a los dueños del bar El Gallo Negro, que fue precintado por la Policía Local la pasada Navidad por permitir el consumo de bebidas alcohólicas en la calle, incumpliendo así la ley antibotellón. El negocio, ubicado en la esquina de las calles Arfe y García de Vinuesa, fue sancionado con dos meses de cierre y una multa de 6.000 euros. Los propietarios del establecimiento llevaron el caso a los tribunales, que acaban de fallar a su favor. En un auto fechado el 6 de marzo, un juez de lo Contencioso Administrativo entiende que el cierre del bar fue una medida “ejemplarizante” por parte del Ayuntamiento de Sevilla, que ni razonó ni explicó por qué había tomado tal decisión.

Cierto es que es sólo un auto que levanta las medidas cautelares mientras se resuelve el pleito, pero la decisión judicial pone de manifiesto que el camino emprendido por el Ayuntamiento, el de cerrar cuantos más bares mejor escudándose en la lucha contra la botellona, no es el más idóneo. Ya lo dijeron por aquellos días los propios policías locales, quienes tienen que encargarse de ejecutar las órdenes de los responsables municipales. A través del sindicato mayoritario, el Sppme, los agentes denunciaron las presiones que sufrían para cerrar los locales y lamentaban que el Ayuntamiento recurriera desde el principio a una medida tan severa, la del cierre, que sólo debería aplicarse como último extremo.

El Consistorio llegó a cerrar doce bares en uno de los fines de semana de más negocio del año, el del 20 y el 21 de diciembre, cuando las calles del centro soportaban a diario auténticas bullas similares a las de Semana Santa. Todos eran establecimientos del Arenal y de la Alameda de Hércules. Los de la Alfalfa ya habían sufrido el mismo castigo semanas atrás. La cruzada contra los bares de copas llevó a los hosteleros a asociarse en una plataforma para luchar juntos contra lo que consideraban una presión policial y municipal excesiva.

El auto del Gallo Negro sienta un precedente. Si todos los negocios que fueron multados y/o clausurados decidieran recurrir a la Justicia, posiblemente los jueces dejarían al Ayuntamiento sin armas para luchar contra los bares de copas, que tampoco es que todos ellos cumplan escrupulosamente la legalidad, todo sea dicho. La Policía queda en una situación complicada. Los agentes se ven obligados a cerrar bares por órdenes de superiores a sabiendas que luego la Justicia anulará su trabajo. Y lo peor no es que la labor policial caiga en saco roto, sino que los hosteleros no sólo vayan contra el Ayuntamiento, sino contra los policías como agentes de la autoridad que son. Ya hace unos días los responsables del Café Central, en la Alameda de Hércules, anunciaron que se querellarán contra el inspector que les clausuró el local por exceso de aforo.

Pero, sobre todo, el auto deja en entredicho al Ayuntamiento. El juez reconoce el perjuicio que el precinto causó al negocio en una de las épocas más rentables del año, habla de lo que supone dejar sin trabajo a unas cuantas familias en una época de crisis económica como la actual y no sólo impone el pago de las costas del proceso judicial al Consistorio, sino que le enseña el camino a los dueños del Gallo Negro para que reclamen una indemnización por el lucro cesante. Esto es, el dinero que ha dejado de percibir el establecimiento por los dos meses que el bar ha estado cerrado, soportando gastos y sin ningún ingreso. El bar aún no ha cuantificado cuánto supone esto, pero no es nada descabellado pensar que serán unos cuantos miles de euros.

El cierre tan a la ligera de un negocio ya va a acarrear al Ayuntamiento (es decir, a todos los sevillanos) el pago de las costas del procedimiento judicial. Si encima se reclamara el lucro cesante, y si más bares se animaran a recurrir a los tribunales (ya está tardando el que no lo haya hecho, a la vista de este auto), la medida “ejemplarizante” de la delegación de Medio Ambiente saldrá por un pico a la ciudad. Para que el que decreta el cierre “sin explicarlo ni razonarlo” (juez de lo Contencioso dixit) quizás se lo piense mejor la próxima vez.

Consideraciones sobre el cierre del Central

fperez | 10 de marzo de 2015 a las 17:56

El cierre del café Central, uno de los bares más conocidos de la Alameda de Hércules, por parte de la Policía Local de Sevilla requiere un cierto análisis. La Policía precintó el establecimiento por exceso de aforo la noche del sábado al domingo. En el interior del bar caben 83 personas según licencia. En el momento de la inspección había 144. Cierto es que eran más de la una de la madrugada, hora a la que tiene fijado su cierre, y que el bar continuaba abierto (sus dueños aseguran que ya habían dejado de servir consumiciones), pero el incumplimiento de horarios se castiga con una multa y el motivo por el que se clausura es el exceso de personas en el interior del negocio.

Los dueños del bar afirman que fue la propia Policía la que obligó a la gente que estaba en la calle a entrar en el negocio, bajo amenaza de una multa de cien euros por hacer botellona en la calle. Cuentan que el agente que estaba al mando del dispositivo municipal rompió varios vasos arrojándolos a los pies de las personas que allí estaban, que ordenó a los trabajadores de Lipasam que utilizaran las máquinas sopladoras en la puerta del bar para molestar a la gente y forzarla a entrar y que, una vez lleno el bar, se impidió al público que saliera para hacer un recuento de personas. Esto, lógicamente, no figura en el informe policial, que se limita a exponer que había más personas de las permitidas dentro del bar, sin entrar en más detalles.

Los responsables del café Central ya han anunciado que se querellarán contra el mando policial que dirigía el dispositivo. Los empresarios aportarán una grabación de las cámaras de videovigilancia del local que, si bien no registra lo que ocurre en la puerta del mismo porque no está permitido tener equipos de filmación orientados hacia la calle, sí registra lo que pasa dentro. El vídeo recoge que el bar se llena por completo en cinco minutos, coincidiendo con la llegada de la Policía a la puerta del mismo. A continuación reproducimos tres capturas del vídeo de las cámaras de seguridad del café Central durante la inspección de la Policía.

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Esta primera imagen está capturada a la 1:26. En el bar puede haber en ese momento unas 40 personas aproximadamente. Es a la hora en la que llega la Policía a la puerta. En el vídeo se reconoce el momento porque reflejan las luces azules de los patrulleros y se ve el chaquetón amarillo de uno de los agentes en una de las ventanas.

 

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Cinco minutos después, a la 1:31, el interior del negocio está bastante lleno.

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Otros cinco minutos más tarde, a la 1:36, el local presenta esta imagen.En la zona de la puerta se aprecia bastante aglomeración de público. En los siguientes minutos el establecimiento se desaloja y la Policía entra a inspeccionar los diferentes elementos del local.

Si los agentes consideraron que quienes estaban fuera eran clientes del bar y los obligaron a entrar para luego proceder a la inspección por exceso de aforo, o si por el contrario el establecimiento se llenó en cuestión de minutos y superaba por tanto su aforo permitido tendrá que decidirlo la delegación municipal de Medio Ambiente, que ya estudia el caso y decidirá si multa o no al local. Mientras tanto, los propietarios han solicitado ya que se levante el precinto y están a la espera de la decisión municipal para poder reabrir.