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La guerra interna que desangró a la Policía

fperez | 18 de diciembre de 2016 a las 11:05

La Jefatura Superior de Policía ha sido el escenario de una guerra interna que ha agravado las carencias de personal que ya de por sí padece el cuerpo con la paulatina pérdida de agentes. La ciudad se ha quedado en varias ocasiones sin patrulleros disponibles pero no ha sido única y exclusivamente por la falta de personal, sino también por una deficiente distribución de los recursos, que se basó más en el puro enfrentamiento personal entre jefes que en las verdaderas necesidades de seguridad ciudadana.

La capital andaluza necesita ahora mismo unos 550 policías para cubrir el catálogo que Interior marca como dotación ideal. A mediados de la década pasada, entre los años 2003 y 2005, llegaron a faltar casi 800, y nunca se quedó la ciudad sin patrulleros, como sí ha ocurrido ahora. Claro que entonces había un jefe superior de una categoría extraordinaria, Antonio Bertomeu. Es cierto que hay muchas custodias hospitalarias de presos que requieren dos agentes por reo y turno. En un fin de semana reciente llegó a haber 11, lo que obligaba a tener en los hospitales a 22 policías por turno. O 66 por día, si se prefiere.

Pero este problema no es nuevo. En los hospitales sevillanos hay sólo cuatro habitaciones supuestamente habilitadas para presos (dos en San Lázaro y dos en Virgen del Rocío) y no existen módulos más grandes como tienen ciudades mucho más pequeñas y con una población reclusa muy inferior a la de Sevilla. En España hay 42 módulos de este tipo. Hospitales como los de Teruel o Alcorcón disponen de uno de ellos, pero en la capital andaluza nunca ha habido voluntad por parte de la Junta para habilitar uno. Así lo constató el Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, en un informe de 2015, y la propia Secretaría de Estado de Seguridad, que en un informe interno publicado por este periódico esta semana destaca la “falta de sensibilidad” y la “falta de coordinación” entre las administraciones.

Desde hace más de 25 años, la Policía tiene que realizar un enorme despliegue para poder garantizar las custodias de presos por la falta de estos módulos. Este problema ha sido endémico en Sevilla y ahora sólo ha trascendido porque faltan agentes. Pero los hospitales no son los responsables de que la unidad de la que dependen los radiopatrullas, la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, haya perdido casi un centenar de policías en los últimos dos años. La Jefatura ha ido despoblando esta unidad y haciendo caso omiso de los continuos informes que emitió el jefe de la misma, alertando de que el servicio entraría en “colapso operativo” de seguir así.

Ni el jefe superior que ha dirigido la Policía Nacional en los últimos dos años, Francisco Perea, ni su segundo, Juan Francisco Alcaraz, que ahora ostenta el cargo en funciones, hicieron caso alguno de estas llamadas de alerta del jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, Francisco Vidal, quien hace unos días ha sido relegado del cargo. En el fondo subyace un enfrentamiento abierto entre ellos que sólo ha terminado perjudicando a la ciudad.

Vidal llegó a Sevilla desde la Secretaría de Estado. Se le considera un hombre muy cercano al que fuera Director Adjunto Operativo (DAO), Eugenio Pino, hasta su jubilación hace unos meses. El DAO es el máximo responsable de la Policía en España, la persona que dirige operativamente el cuerpo justo por debajo del cargo político del director general. Pino nunca mantuvo buenas relaciones con el jefe superior en Andalucía Occidental, Francisco Perea, también recientemente jubilado.

La designación de Perea, un hombre que había desarrollado prácticamente toda su carrera en despachos y embajadas, como máximo responsable de la Policía de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva fue una imposición del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Ambos son personas muy religiosas y con una estrecha relación con el Opus Dei. Perea llegó a convertir el salón de actos de la Jefatura Superior en una capilla para celebrar una misa para despedirse como jefe. La misa la ofició el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el PSOE elevó el caso al Congreso de los Diputados por celebrar un acto religioso en un edificio laico. De Fernández Díaz ya es conocida su política de condecorar con la medalla al mérito policial a imágenes religiosas, como fue el caso de la Virgen del Amor de Málaga. Pese a que ya había déficit de policías en Sevilla durante la pasada Semana Santa, nunca faltaron efectivos para escoltar las cofradías, e incluso para procesionar de gala en ellas.

Mientras tanto, las calles se iban quedando sin patrulleros. La guerra personal entre el DAO y el jefe superior se trasladó a Sevilla, donde el principal damnificado fue el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, amigo personal del DAO y con el que había trabajado en Madrid. La Jefatura fue reduciendo esta unidad, que es precisamente la que tiene que estar más poblada de toda la plantilla porque es de la que dependen los vehículos que patrullan las calles. Lo hizo por acción, convocando concursos internos para enviar agentes a otros destinos, y por omisión, no destinando a ella a ninguno de los policías recién llegados a Sevilla. Así, a los agentes que aterrizaban en la capital andaluza (todos procedentes de concursos generales de méritos porque recién salido de la Academia no ha llegado ninguno en cuatro años), la Jefatura los iba destinando a los distritos, a los grupos de Policía Judicial o a otros servicios específicos.

Vidal contactó con el DAO para frenar temporalmente la sangría de agentes que estaba sufriendo su unidad. Aquella gestión con Madrid desató la ira de la cúpula de la Jefatura de Sevilla. El jefe regional de operaciones y actual jefe superior en funciones, Juan Francisco Alcaraz, fue recriminado directamnte desde la capital de España por dejar los patrulleros reducidos al mínimo mientras que los distritos se tenían que encargar de atender las emergencias.

Desde octubre de 2015, Vidal y su equipo emitieron al menos siete informes alertando de la situación crítica que estaba sufriendo su unidad. Varios de estos documentos fueron publicados esta semana por este periódico. En ellos, el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana apuntaba que la situación de Sevilla era única en España, puesto que en otras ciudades, como Málaga, Zaragoza o Valencia, salían un mínimo de veinte coches a patrullar cuando aquí sólo había disponibles dos. También se quejaba de que, por mucho que insistiera en pedírselo, la Jefatura no le daba información sobre cuántos vehículos había disponibles los distritos.

El cambio de turno agravó el déficit en un 10%, según los informes de la Brigada. La Policía tiene ahora un nuevo sistema de turnos por el que los agentes descansan una serie de días más al año. Pero la Jefatura siguió descentralizando los efectivos, enviándolos a los distritos en vez de tener una unidad central fuerte. Como si, por ejemplo, un periódico local de Sevilla tuviera más corresponsales en Écija o en Utrera que redactores en la capital. La consecuencia directa fue el caos organizativo, que la propia Secretaría de Estado reflejó tras una inspección a la Jefatura que tuvo lugar el 2 de febrero de 2016. En ella se puso de manifiesto la nula coordinación entre los patrulleros y los distritos.

Meses después de aquello, el sábado 4 de diciembre, la ciudad se quedó sin patrulleros. Hubo momentos en que salieron a patrullar las calles policías de la lucha antiterrorista y de los grupos de investigación. Ya con el DAO y el jefe superior jubilados, y con ambos cargos en funciones, la Jefatura ha movido ficha para relevar a Vidal, al que responsabiliza de una mala gestión cuando difícilmente podía gestionar nada sin policías. Cierto es que la plaza de jefe de Seguridad Ciudadana era provisional, pero lo ha sido durante mucho tiempo y sólo ha salido a concurso cuando Vidal ya no gozaba de la protección del DAO. Que Vidal, como la mayoría de los comisarios de Sevilla, decidiera no acudir a la fastuosa comida de despedida que Perea organizó en el club de golf de Montequinto fue su sentencia.