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Y el alcalde tuvo que hablar de la Policía

fperez | 17 de junio de 2016 a las 5:00

EL 23 de noviembre de 2015, el pasado día de San Clemente, Juan Espadas visitó la Jefatura de la Policía Local para presidir un acto de homenaje a los dos agentes muertos en acto de servicio. Terminada la ofrenda floral, los periodistas le preguntaron por el caso más espinoso que sacude a la Policía Local, el presunto amaño de las oposiciones. El alcalde esquivó la pregunta. “Sobre este asunto no pienso hacer ninguna declaración más. A veces se hacen interpretaciones en negativo de declaraciones que van en positivo y yo estoy aquí para resolver problemas, no para generarlos”, fue la respuesta de Espadas, visiblemente molesto por las preguntas de los informadores.

Ocho meses después, el alcalde ha tenido que volver a hablar de la Policía Local. Ya lo había hecho hace poco cuando confirmó la información publicada por este periódico sobre la intención de fichar a un jefe de fuera del cuerpo. Pero hasta ayer no se había mostrado tan rotundo. Dijo lo que no es más que una evidencia, que la imagen de la Policía Local “no es en absoluto satisfactoria”, pero la afirmación tiene valor por ser él quien lo admite.

Las palabras de ayer de Espadas vienen a confirmar lo que cualquier encuesta ciudadana refleja cuando se le pregunta a los ciudadanos por la Policía Local de Sevilla. O lo que se hartó de decirle –hasta que dejó de cogerle el teléfono– el Defensor del Ciudadano, José Barranca. O lo que les dijo en la cara a los agentes municipales el delegado de Seguridad de los primeros años de Zoido, Demetrio Cabello. Barranca responsabilizó de esta mala imagen al sindicato mayoritario en la plantilla, el Sppme, del que dijo que caía en la “astracanada” cuando protestaba a lomos de un burro por la Plaza Nueva o mandaban a sus afiliados a prestar servicios con una mascarilla en la cara.

El caso de la filtración del examen de las oposiciones hundió del todo la imagen del cuerpo. Los responsables del Sppme –varios de sus miembros están entre los procesados– aseguraron entonces que había una campaña orquestada para dañar la Policía Local. Igual se piensan ahora que el alcalde se ha unido a esa gran conspiración que el mundo entero ha montado contra ellos. De ese complot, por cierto, no debe estar todavía demasiado enterado el fiscal del caso de las dietas.

Antes de la defensa que este representante del Ministerio Público hizo ayer de los policías locales acusados, hubo varios intentos de mejorar la imagen del cuerpo. El gobierno de Zoido ideó una muy buena campaña publicitaria, aquella del A tu lado. El de Espadas ha creado el canal de Emergencias Sevilla para dar cuenta a la ciudadanía de todo –absolutamente todo, incluido el rescate de un buitre con golpe de calor y otros servicios exóticos– lo que hacen los policías locales a diario.

De poco han servido estos esfuerzos. El alcalde aseguró hace ocho meses que estaba para resolver problemas. Admitir que la imagen de la Policía Local es deficiente no basta. Hacen falta medidas. Mantener en sus puestos a todos los policías imputados y/o procesados seguirá teniendo un elevado coste de imagen.

Juan, sé fuerte

fperez | 30 de septiembre de 2015 a las 6:00

Dice el delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, que del superintendente de la Policía Local de Sevilla, Juan José García, “esta todo dicho” y que no hay que seguir hablando del presunto amaño de las oposiciones porque es “un intento de erosionar la imagen de la Policía Local (…) por parte de varios sectores”. Al superintendente le pide la Fiscalía 13 años de inhabilitación porque, como presidente del tribunal, ideó una “filtración selectiva” del examen para familiares e hijos del cuerpo. Otras 44 personas, entre ellos 36 policías locales, esperan ya para sentarse en el banquillo de los acusados por este asunto.

Ya resulta asombroso que el Ayuntamiento no suspenda de empleo y sueldo al presunto ideólogo de la filtración (tampoco lo ha hecho con ningún otro policía implicado en el caso), pero que encima el delegado de Seguridad lo defienda públicamente, aludiendo a una supuesta campaña de imagen contra la Policía Local, huele raro. A Cabrera le ha faltado mandarle un SMS al superintendente diciéndole algo así como “Juan, sé fuerte”. García, como Bárcenas en el PP, maneja información privilegiada. Sabe quién entró, quién no, quién era hijo de quién, sobrino de tal y hermano de cual, quién no daba la talla y pasó y quién obtuvo un 9 cuando unos días antes sacó un 1 en una prueba similar en Santiponce. De momento no ha tirado de la manta, pero tampoco le han tocado el sueldo.

La defensa a ultranza del superintendente se acompaña, además, de un mensaje que ya ha sido utilizado por el sindicato mayoritario del cuerpo, el Sppme, sobre el que también se cierne la sospecha en este asunto. Pide el delegado que se deje de perjudicar la imagen de la Policía Local porque “hay sectores interesados” en dañarla. El Sppme habló de “caza de brujas” y no de campaña de imagen, pero el sentido de ambas expresiones es muy parecido. Cabrera tomó posesión de su cargo con un pin del Sppme y parece que no era sólo un gesto. Decir que informar de la petición de la Fiscalía forma parte de una campaña de imagen le perjudica mucho más a él y a su figura política que
a la propia Policía.

Lo de la campaña recuerda mucho a Manuel Ruiz de Lopera, que reñía a a los periodistas porque hacían “campañitas” contra el Betis cada vez que criticaban a algún jugador. Si alguien decía que Odonkor no daba un pase bueno, que Joao Tomás no le metía un gol ni al arco iris o que vender a Joaquín y a Oliveira el mismo año era un suicidio, Lopera saltaba rápidamente con un “me estáis exigiendo que me estáis cansando con tanta campañita contra el Betis”. Parece, por tanto, que el problema no es que casi media promoción de policías entren en el cuerpo presuntamente enchufados, sino que alguien lo cuente, lo investigue o lo persiga.

¡Ay si vistieran de verde!

fperez | 29 de septiembre de 2015 a las 6:00

Cada vez que aparece una noticia relacionada con el presunto fraude en las oposiciones de la Policía Local de Sevilla, es inevitable preguntarse a qué espera el Ayuntamiento para tomar una decisión acorde con la magnitud del caso. Que haya 37 policías locales esperando para sentarse en el banquillo de los acusados, y a los que la Fiscalía pide ya penas de entre 4 y 13 años de inhabilitación, es una vergüenza más para un cuerpo que ya arrastraba su imagen por los suelos tras numerosos casos de presunta corrupción en los últimos años.

La trama de los motoristas, con 13 agentes imputados; la operaciónPájaro, con un policía condenado a dos años por colaborar con una banda de narcotraficantes; y el asunto de los sellos falsificados en los juzgados, con otros cuatro policías más imputados, no han ayudado a mejorar la imagen de un cuerpo en el que hasta el superintendente, Juan José García, está salpicado.

A día de hoy, García es el único policía local sancionado por el Ayuntamiento de Sevilla, que no es que lo haya suspendido de empleo y sueldo, no, sino que simplemente lo ha apartado de su cargo. Es decir, le han podido hacer hasta un favor. Los otros 36 agentes imputados por acceder al cuerpo de manera irregular siguen en sus puestos. Técnicamente no podrían ser suspendidos ni apartados porque cometieron la irregularidad –si se demuestra– antes de entrar oficialmente en la Policía, por lo que aún no se les puede aplicar el régimen disciplinario. Y cierto es que retirar 37 policías de las calles debe ser un problema para cuadrar los turnos, pero… ¡ay si estos muchachos vistieran de verde y no de amarillo!

Del agosto calmo al otoño del Cuco

fperez | 25 de septiembre de 2015 a las 12:16

Quien esto escribe es de tomarse vacaciones tardías, es decir, en septiembre. Suele hacerlo así porque agosto es habitualmente el mes estrella de los sucesos (y porque se viaja más barato y con menos gente, claro). Algunos dirán que la falta de temas de la agenda política hace que la crónica negra se magnifique ante la sequía informativa de otras áreas, pero si repasan los últimos agostos encontrarán crímenes bestiales que han marcado la lista de temas de la prensa local, y a veces de la nacional. El asesinato de una niña de 7 años alcanzada por una bala perdida en las Tres Mil Viviendas en 2013; el de un boliviano cuyo cuerpo fue envuelto en mantas y escondido en un armario en la calle Feria, en 2014; el de una profesora norteamericana que fue descuartizada y tirada al río en trozos, en 2010; o dos crímenes seguidos en menos de una semana en Su Eminencia, en 2012, son algunos buenos ejemplos de ello.

Aseguran los psiquiatras que el calor, o más bien los cambios bruscos de temperatura, inciden directamente en el aumento de los homicidios. Quizás por eso el agosto de 2015 ha sido tranquilo, porque hizo bastante menos calor que en julio, un mes habitualmente menos prolífico en truculencias. Fuera porque se superaban los cuarenta grados día sí y día también o simple coincidencia, lo cierto es que julio dejó un rosario de barbaridades dignas de entrar en la historia negra de Sevilla: el asesinato de una limpiadora de Nervión Plaza presuntamente por un menor de 14 años; las violaciones en serie cometidas presuntamente por otro menor de 17 años; el crimen de un cura en la puerta de su casa a manos del marido de su sobrina o la muerte de otro menor de edad por una pelea de fútbol en el Viso del Alcor. Todo eso concentrado en apenas diez días.

En agosto, en cambio, la ciudad estuvo en calma. Tampoco septiembre está siendo especialmente fuerte, aunque sí han llegado ya noticias propias del inicio del curso judicial. Verbigracia, el feo asunto de las oposiciones de la Policía Local, con 37 agentes procesados por presunto enchufismo y con el cuello del superintendente Juan José García esperando el hachazo del verdugo. ¿Que por qué no ha rodado ya su cabeza? Oficialmente por el respeto a la presunción de inocencia, pero vaya a saber si el castigo ha sido tan blando porque García, que era el presidente del tribunal, maneje cierta información comprometedora.

A falta de noticias actuales, las cadenas de televisión han recurrido de nuevo a un clásico que saben que nunca falla en las audiencias para empezar el otoño: el caso Marta del Castillo. Tanto da que hayan pasado ya seis años y medio y que ninguna de las informaciones sea relevante para lo único que importa ya, que es encontrar el cuerpo de la adolescente. Primero sacaron el testimonio de un supuesto infiltrado en la familia del Cuco y luego buscaron al que fuera menor condenado por encubrir el crimen por los veladores de Pino Montano hasta dar con él y hacer que se liara a mamporros con un periodista de Antena 3. El vídeo lo dice todo: el Cuco tapándose el rostro con un pañuelo, unas gafas de sol y una gorra, fuera de sí, lanzando puñetazos y patadas, gritando que se va a llevar a quien sea al “barrio de los pallá” y con la madre volando (y aterrizando) por intentar sujetarlo. Luego, más calmado, atendió a las preguntas de otra periodista de Telecinco y dio sus impresiones sobre el caso. Eso sí, sin quitarse el atuendo de bandolero. Que también es casualidad que, aún en verano, llevara consigo el pañuelo para taparse la cara ante las cámaras.

El Cuco es el niñato que aparece en el vídeo, un tipejo sin educación alguna criado en una familia capaz de llamar “la Penitas” a la madre de Marta (así salía en la grabación del supuesto infiltrado) y de decir que el abuelo de la víctima se merecía una paliza. Un ser despreciable, carne de cañón, que ya ha pasado por el reformatorio. Si sigue dándole hostias al primero que se encuentra por la calle, se admiten apuestas a cuánto tarda en pisar la cárcel, que ya es mayor de edad. Ahora bien, no ha de olvidarse que ese personaje ya ha cumplido su condena y tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a tomarse un café con su madre, o con quien quiera, en cualquier terraza de cualquier bar, sin que nadie tenga que recordarle su pasado. Eso sí, el vídeo ha reventado las audiencias.