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Del agosto calmo al otoño del Cuco

fperez | 25 de septiembre de 2015 a las 12:16

Quien esto escribe es de tomarse vacaciones tardías, es decir, en septiembre. Suele hacerlo así porque agosto es habitualmente el mes estrella de los sucesos (y porque se viaja más barato y con menos gente, claro). Algunos dirán que la falta de temas de la agenda política hace que la crónica negra se magnifique ante la sequía informativa de otras áreas, pero si repasan los últimos agostos encontrarán crímenes bestiales que han marcado la lista de temas de la prensa local, y a veces de la nacional. El asesinato de una niña de 7 años alcanzada por una bala perdida en las Tres Mil Viviendas en 2013; el de un boliviano cuyo cuerpo fue envuelto en mantas y escondido en un armario en la calle Feria, en 2014; el de una profesora norteamericana que fue descuartizada y tirada al río en trozos, en 2010; o dos crímenes seguidos en menos de una semana en Su Eminencia, en 2012, son algunos buenos ejemplos de ello.

Aseguran los psiquiatras que el calor, o más bien los cambios bruscos de temperatura, inciden directamente en el aumento de los homicidios. Quizás por eso el agosto de 2015 ha sido tranquilo, porque hizo bastante menos calor que en julio, un mes habitualmente menos prolífico en truculencias. Fuera porque se superaban los cuarenta grados día sí y día también o simple coincidencia, lo cierto es que julio dejó un rosario de barbaridades dignas de entrar en la historia negra de Sevilla: el asesinato de una limpiadora de Nervión Plaza presuntamente por un menor de 14 años; las violaciones en serie cometidas presuntamente por otro menor de 17 años; el crimen de un cura en la puerta de su casa a manos del marido de su sobrina o la muerte de otro menor de edad por una pelea de fútbol en el Viso del Alcor. Todo eso concentrado en apenas diez días.

En agosto, en cambio, la ciudad estuvo en calma. Tampoco septiembre está siendo especialmente fuerte, aunque sí han llegado ya noticias propias del inicio del curso judicial. Verbigracia, el feo asunto de las oposiciones de la Policía Local, con 37 agentes procesados por presunto enchufismo y con el cuello del superintendente Juan José García esperando el hachazo del verdugo. ¿Que por qué no ha rodado ya su cabeza? Oficialmente por el respeto a la presunción de inocencia, pero vaya a saber si el castigo ha sido tan blando porque García, que era el presidente del tribunal, maneje cierta información comprometedora.

A falta de noticias actuales, las cadenas de televisión han recurrido de nuevo a un clásico que saben que nunca falla en las audiencias para empezar el otoño: el caso Marta del Castillo. Tanto da que hayan pasado ya seis años y medio y que ninguna de las informaciones sea relevante para lo único que importa ya, que es encontrar el cuerpo de la adolescente. Primero sacaron el testimonio de un supuesto infiltrado en la familia del Cuco y luego buscaron al que fuera menor condenado por encubrir el crimen por los veladores de Pino Montano hasta dar con él y hacer que se liara a mamporros con un periodista de Antena 3. El vídeo lo dice todo: el Cuco tapándose el rostro con un pañuelo, unas gafas de sol y una gorra, fuera de sí, lanzando puñetazos y patadas, gritando que se va a llevar a quien sea al “barrio de los pallá” y con la madre volando (y aterrizando) por intentar sujetarlo. Luego, más calmado, atendió a las preguntas de otra periodista de Telecinco y dio sus impresiones sobre el caso. Eso sí, sin quitarse el atuendo de bandolero. Que también es casualidad que, aún en verano, llevara consigo el pañuelo para taparse la cara ante las cámaras.

El Cuco es el niñato que aparece en el vídeo, un tipejo sin educación alguna criado en una familia capaz de llamar “la Penitas” a la madre de Marta (así salía en la grabación del supuesto infiltrado) y de decir que el abuelo de la víctima se merecía una paliza. Un ser despreciable, carne de cañón, que ya ha pasado por el reformatorio. Si sigue dándole hostias al primero que se encuentra por la calle, se admiten apuestas a cuánto tarda en pisar la cárcel, que ya es mayor de edad. Ahora bien, no ha de olvidarse que ese personaje ya ha cumplido su condena y tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a tomarse un café con su madre, o con quien quiera, en cualquier terraza de cualquier bar, sin que nadie tenga que recordarle su pasado. Eso sí, el vídeo ha reventado las audiencias.