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Hoy hay fiesta en las Tres Mil

fperez | 7 de julio de 2016 a las 19:49

Hoy es día de fiesta. Así comenzaba la canción de una serie infantil de los años ochenta, hecha con muñecos. Se titulaba Los Aurones, aunque todo el mundo la recuerde como Poti Poti, el nombre de su principal personaje, una especie de dragón que siempre estaba hambriento y convertía en fruta a los villanos. Hoy se ha conocido que la Audiencia de Sevilla ha condenado a cuatro policías por entrar en pisos de las Tres Mil Viviendas sin órdenes judiciales para detener a delincuentes mucho peores que los del poblado aurón. Y eso es un motivo de fiesta (y gorda) en Las Vegas, Murillo y demás rincones degradados del Polígono Sur. Esta noche, traficantes de droga y de armas, atracadores, ladrones, yonquis y camellos brindarán (y quizás disparen al aire) por la decisión judicial. Y por la inhabilitación de algunos de los mejores policías de Sevilla, a juzgar por sus hojas de servicio y por las cruces al mérito policial con distintivo rojo cosechadas por intervenciones en las que se jugaron la vida.

Hay quien dice que destacaron demasiado. Que un par de policías nacionales dejaron en evidencia a unidades enteras reventando las estadísticas de detenidos y de reclamados judiciales que eran apresados siempre por la misma pareja. Que se parecían demasiado a Harry Callahan y Frank Serpico. La UCOT (unidad que en Sevilla ejerce la función de asuntos internos) dio más credibilidad a la palabra de una traficante de drogas que a la de los propios agentes. Aquella denuncia inició una investigación que ha terminado con una condena severa para los policías. Por medio pasaron por una suspensión de empleo y sueldo que se mantuvo durante año y medio y sólo se levantó después de que iniciaran una huelga de hambre en la puerta de la Jefatura Superior.

La Justicia ha considerado probado que cruzaron una línea roja, la de entrar en los pisos sin órdenes de registro. Si lo hicieron, dentro nunca encontraron a una anciana viendo la televisión, sino a delincuentes que figuraban entre los más buscados de la ciudad. Tanto, que las paredes de las Tres Mil Viviendas se llenaron de pintadas contra estos dos agentes, a los que en el submundo conocían con los sobrenombres de Nazi y Corrupto. “Tus muertos, corrusto (sic)” o “Nazi cabrón” se ha podido leer hasta hace bien poco en los muros de Las Vegas. Hoy, los que pintaron aquello, se felicitan por la condena de la Sección Séptima.

Ya lo hicieron cuando la Jefatura los suspendió de empleo y sueldo tras la denuncia que dio origen al caso. “No se puede usted hacer una idea del cabreo que produce a los vecinos tener que oír a diario los comentarios de los delincuentes y el desorbitado regocijo del que disfrutan”, escribió entonces el presidente de la asociación de vecinos Martínez Montañés, Rafael Pertegal, en una carta dirigida al jefe superior. La indignación vecinal debe ser proporcional a la que ha generado la sentencia de la Sección Séptima en el seno de la Policía. En los chats y foros de agentes hay cientos de muestras de apoyo a sus compañeros condenados, y no se descarta que en los próximos días se celebre alguna concentración de protesta.

Por si les faltaba algún motivo para la fiesta, sepan los señores traficantes y atracadores de las Tres Mil que la Fiscalía ha solicitado el bloqueo de las cuentas corrientes y el embargo de los bienes de los policías, para que así puedan responder al pago de las multas. La misma Fiscalía que pidió que se le devolvieran más de 500.000 euros intervenidos al clan de los Perla, ese que mató a una niña de siete años en una calle del barrio hace tres veranos, porque no se consideró probado que el dinero procediera de la venta de droga. Con parte de esa cantidad (los ahorros de la familia, según los Perla), pagaron a la familia de la víctima para llegar a uno de los pactos más vergonzosos de la historia de la Justicia sevillana. Pero esa ya es otra historia. Y otro motivo para brindar.

¿Habrá sanción para uno de Asuntos Internos?

fperez | 5 de agosto de 2015 a las 5:00

Hay cierta curiosidad entre los policías de Sevilla por saber cómo se cerrará el expediente disciplinario que se le ha abierto al inspector jefe de Asuntos Internos al que le robaron un revólver reglamentario en los aparcamientos del Carrefour San Pablo. Si hubo negligencia por su parte o no en la custodia de su arma oficial es algo que el instructor del expediente tendrá que decidir estudiando la versión del policía y las distintas pruebas que se puedan reunir durante la instrucción.

Según la denuncia del inspector jefe, éste admite que suelta el bolso con el arma en el asiento trasero de su vehículo, que además deja abierto y con el motor encendido porque había un familiar (que en ningún momento se identifica en la denuncia). Se trata de un instante, el que transcurre entre dejar la compra en el maletero del coche y devolver el carro a su anclaje, pero lo cierto es que se desentiende del revólver. Unos segundos sí, pero lo suficiente para que alguien pudiera hacerse con el arma –que estaba cargada con cinco cartuchos– sin que ni él ni su familiar que estaba dentro del coche pudieran identificarlo, ni siquiera aportar una mínima descripción de su aspecto o de su ropa.

Por esta conducta, cualquier policía nacional sería sancionado con una suspensión de empleo y sueldo casi de manera inmediata. Máxime teniendo en cuenta que en Sevilla se castiga habitualmente a funcionarios de este cuerpo por cuestiones mucho más nimias, como no llevar puesta la gorra, por ejemplo. Ocurre que la Unidad de CoordinaciónOperativa Territorial (UCOT), a la que pertenece el inspector jefe, es, junto con Régimen Disciplinario, la herramienta de la Jefatura y de la Dirección General de la Policía para sancionar las faltas cometidas por el resto de agentes del cuerpo.

De ahí que sean muchos los que duden de que al final del expediente haya una sanción justa, o al menos similar a la que sufriría cualquier otro agente en su misma situación. El caso recuerda a aquel episodio de la tercera temporada de The Wire en el que desaparece la pistola de un detective y los jefes ponen a todo el departamento a buscarla, por delante incluso de la investigación de homicidios. Afortunadamente el revólver fue robado por un ladrón habitual que posiblemente ni sabría que se llevaba el bolso de un policía. Eso le convertía en el hombre más buscado de Sevilla.