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Placa o Plomo

fperez | 25 de abril de 2018 a las 18:30

Hoy se ha registrado un nuevo tiroteo en Algeciras. La situación de tensión que viven los agentes de las Fuerzas de Seguridad en el Campo de Gibraltar es máxima. La zona se ha convertido en un territorio dominado por los narcos y los policías y guardias civiles luchan a duras penas contra el imperio de la droga. Lo que ocurre ahora en Algeciras, La Línea y otras localidades próximas ya ha ocurrido antes en Sevilla, ciudad en la que en los últimos años ha habido una decena de tiroteos con policías implicados.

Hace unos días publicamos este reportaje, que titulamos Placa o plomo, en el que recordamos estos casos. Uno de los agentes que resultó herido grave, y que estuvo a punto de perder la vida, sigue pendiente de recibir la medalla al mérito policial con distintivo rojo. Los demás sí han sido condecorados.

Hoy hay fiesta en las Tres Mil

fperez | 7 de julio de 2016 a las 19:49

Hoy es día de fiesta. Así comenzaba la canción de una serie infantil de los años ochenta, hecha con muñecos. Se titulaba Los Aurones, aunque todo el mundo la recuerde como Poti Poti, el nombre de su principal personaje, una especie de dragón que siempre estaba hambriento y convertía en fruta a los villanos. Hoy se ha conocido que la Audiencia de Sevilla ha condenado a cuatro policías por entrar en pisos de las Tres Mil Viviendas sin órdenes judiciales para detener a delincuentes mucho peores que los del poblado aurón. Y eso es un motivo de fiesta (y gorda) en Las Vegas, Murillo y demás rincones degradados del Polígono Sur. Esta noche, traficantes de droga y de armas, atracadores, ladrones, yonquis y camellos brindarán (y quizás disparen al aire) por la decisión judicial. Y por la inhabilitación de algunos de los mejores policías de Sevilla, a juzgar por sus hojas de servicio y por las cruces al mérito policial con distintivo rojo cosechadas por intervenciones en las que se jugaron la vida.

Hay quien dice que destacaron demasiado. Que un par de policías nacionales dejaron en evidencia a unidades enteras reventando las estadísticas de detenidos y de reclamados judiciales que eran apresados siempre por la misma pareja. Que se parecían demasiado a Harry Callahan y Frank Serpico. La UCOT (unidad que en Sevilla ejerce la función de asuntos internos) dio más credibilidad a la palabra de una traficante de drogas que a la de los propios agentes. Aquella denuncia inició una investigación que ha terminado con una condena severa para los policías. Por medio pasaron por una suspensión de empleo y sueldo que se mantuvo durante año y medio y sólo se levantó después de que iniciaran una huelga de hambre en la puerta de la Jefatura Superior.

La Justicia ha considerado probado que cruzaron una línea roja, la de entrar en los pisos sin órdenes de registro. Si lo hicieron, dentro nunca encontraron a una anciana viendo la televisión, sino a delincuentes que figuraban entre los más buscados de la ciudad. Tanto, que las paredes de las Tres Mil Viviendas se llenaron de pintadas contra estos dos agentes, a los que en el submundo conocían con los sobrenombres de Nazi y Corrupto. “Tus muertos, corrusto (sic)” o “Nazi cabrón” se ha podido leer hasta hace bien poco en los muros de Las Vegas. Hoy, los que pintaron aquello, se felicitan por la condena de la Sección Séptima.

Ya lo hicieron cuando la Jefatura los suspendió de empleo y sueldo tras la denuncia que dio origen al caso. “No se puede usted hacer una idea del cabreo que produce a los vecinos tener que oír a diario los comentarios de los delincuentes y el desorbitado regocijo del que disfrutan”, escribió entonces el presidente de la asociación de vecinos Martínez Montañés, Rafael Pertegal, en una carta dirigida al jefe superior. La indignación vecinal debe ser proporcional a la que ha generado la sentencia de la Sección Séptima en el seno de la Policía. En los chats y foros de agentes hay cientos de muestras de apoyo a sus compañeros condenados, y no se descarta que en los próximos días se celebre alguna concentración de protesta.

Por si les faltaba algún motivo para la fiesta, sepan los señores traficantes y atracadores de las Tres Mil que la Fiscalía ha solicitado el bloqueo de las cuentas corrientes y el embargo de los bienes de los policías, para que así puedan responder al pago de las multas. La misma Fiscalía que pidió que se le devolvieran más de 500.000 euros intervenidos al clan de los Perla, ese que mató a una niña de siete años en una calle del barrio hace tres veranos, porque no se consideró probado que el dinero procediera de la venta de droga. Con parte de esa cantidad (los ahorros de la familia, según los Perla), pagaron a la familia de la víctima para llegar a uno de los pactos más vergonzosos de la historia de la Justicia sevillana. Pero esa ya es otra historia. Y otro motivo para brindar.

Cargarse algo más que un cristal

fperez | 8 de octubre de 2015 a las 5:00

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Contaban en el Polígono Sur que quienes están atacando los autobuses de Tussam desde hace un par de semanas son un grupito de menores que van en bici, lanzan las piedras y salen huyendo. Dicen que son los mismos que hace unos meses derribaban los veladores de la avenida de la Paz. Lo hacen por el puro placer de destrozar cosas.

La Policía identificó ayer a uno de ellos. Tiene diez años de edad y, por tanto, carece de responsabilidad penal alguna. Si una piedra lanzada por él impactara en la cabeza de un viajero, el niño se iría tranquilamente a su casa, cortesía de la ley del menor. Algo parecido ocurrió hace años en el Vacie, cuando un menor que arrojaba piedras a la carretera hirió de gravedad a una niña que viajaba en coche con su padre.

El gamberrismo en Sevilla no se originó en las Tres Mil Viviendas, desde luego, pero corre el riesgo de que estos niñatos se carguen algo más que unas cuantas lunas. El Ayuntamiento ya ha anunciado que los autobuses tendrán vigilancia policial cuando pasen por el Polígono Sur. La noticia parece de hace veinte años, cuando policías de paisano viajaban en los vehículos para detener al responsable de una serie de atracos a mano armada y otras agresiones a los conductores de la empresa municipal de transportes.

Durante un tiempo, los autobuses dejaron de entrar en el barrio. Como lo hizo Lipasam, que sólo aprovechaba alguna redada de la Policía para retirar las montañas de basura. O como lo hizo Correos, después de que varios carteros sufrieran atracos. Las administraciones abandonaron el Polígono Sur, que se fue convirtiendo en el gueto que es ahora, al menos en algunos barrios como Las Vegas.

Cuando un chico del Polígono Sur lanza una piedra contra el 30, el 31 o el 32, la está lanzando contra su propio barrio y, sobre todo, contra un proyecto de sacarlo adelante que abanderan la Junta y el Ayuntamiento desde hace varios años (al Estado lo incluiremos cuando de verdad destine fondos para construir la comisaría de la Policía Nacional que los vecinos llevan 30 años reclamando) y que gestiona una de las pocas personas que inspiran confianza a los desencantados vecinos:la comisionada, María del Mar González.

Los últimos apedreamientos sólo le dan la razón a gente que conoce bien el barrio, como Rafael Pertegal, que lleva años diciendo que el trabajo con las familias es insuficiente, preguntándose que de qué sirve hacer un carril bici sin ciclistas, un magnífico café cultural si luego el flamenco se canta en torno a una candela o un maravilloso centro de servicios sociales si luego no se atienden nada más que a unas pocas personas al día.