Archivos para el tag ‘zoido’

Zoido no vio ‘El acorazado Potemkin’

fperez | 26 de diciembre de 2017 a las 19:46

EN el primero de los cinco episodios que componen El acorazado Potemkin, un grupo de marineros inician una revolución porque se niegan a comer la carne con gusanos que se sirve en el barco. No lo hacen por las duras condiciones de la vida militar, ni por la guerra ruso-japonesa en la que el buque estaba participando. No, los soldados se rebelan por la comida. Cierto es que es del año 1925, que es muda y que puede atragantarse más que la carne putrefacta que aparece en la pantalla, pero no hubiera estado de más que alguien en el Ministerio del Interior –¿por qué no el propio Juan Ignacio Zoido?– hubiera visto la película antes de elaborar el menú de Nochebuena que se les sirvió a los policías y guardias civiles destinados en Cataluña.

De nada sirve que el ministro anuncie una investigación interna cuando ha visto que el Twitter se llena de fotos de platos que no se servirían ni en un comedor social. Imágenes en las que aparecen unos espaguetis en los que se enreda un único mejillón, unas croquetas y un bacalao que parecen fritos hace semanas y unos dulces de Navidad que estaban anunciados pero nunca llegaron. Un menú mucho peor que el de los hospitales y el de las cárceles, que en estos días especiales sirven al menos consomé y crema de marisco. Ni los detenidos comen peor que los policías en Cataluña, de los que nadie parece haberse preocupado. Los que estaban en el Piolín descubrieron gusanos en la ensalada, como los marineros del Potemkin. Interior retiró el Piolín, pero mantiene otro barco, el Rhapsody, que no es ningún crucero de lujo.

El menú navideño de los agentes revela una auténtica despreocupación del Gobierno por una tropa que lleva meses lejos de casa y se ve obligada a pasar las fiestas sin la compañía de su familia. Nada explica que se les sirviera un rancho tan cutre. La indignación entre los agentes es máxima. Al menos, ya saben que la Nochevieja la pasarán en casa.

Nihil prius Sevilla

fperez | 28 de abril de 2016 a las 19:22

JOSE BARRANCA

La marcha de José Barranca es una mala noticia para la ciudad. Se va un tipo crítico, que no le costaba un duro al Ayuntamiento y que no tuvo reparos en sacarle las vergüenzas al gobierno de Juan Ignacio Zoido, el alcalde que lo nombró. Juan Espadas ha preferido dejarlo morir por inacción, no echarle cuenta, no responderle a sus peticiones y marearlo para no recibirlo durante más de dos meses. Hasta que se ha cansado. Barranca, hombre de acción (recuerda su pasado como militar de Caballería cada vez que tiene ocasión), no ha podido aguantar más la farsa a la que el gobierno local había sometido la Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones.

Con Barranca se va un ciudadano que cogía su bicicleta y se daba una vuelta por la Cartuja para reflejar una verdad como un templo: que el legado de la Expo 92 está que da asco. O se acercaba a las puertas del cementerio y recogía en sus informes que un camposanto como el de San Fernando no puede tener una entrada con unos puestos de flores horteras con coronas con los escudos del Betis y del Sevilla. O alertaba de que el paseo Juan Carlos I necesita urgentemente una reforma porque cuando no es un vertedero es un campamento de indigentes. O se iba libreta en mano a contar los treinta y tantos baches de la calle Cuna. O exponía que los ciclistas se han hecho los dueños de la avenida de la Constitución, o que hay tantos veladores en algunas calles que no se puede pasar por ellas, o tantas y tantas cosas que le hacen falta a la ciudad.

A Barranca le dieron palos desde el principio por su condición de militar. Hubo quien le llamó golpista y se ausentaba de los plenos en los que relataba las carencias de la ciudad. En su cerrazón, los partidos que lo criticaron no supieron aprovechar que, en la práctica, fue una especie de caballo de Troya del PP y que criticó con fuerza, y con argumentos, muchas de las políticas de Zoido. También atacó a la Junta, claro. Como hubiera hecho con el gobierno de Espadas si lo hubieran dejado.

Porque a Barranca se le puede acusar de que sus memorias anuales son algo desordenadas, que la escritura no es su fuerte y que a veces asume un cierto tono pregoneril cuando declama su amor por la ciudad que quizás sobre en un informe de una comisión de sugerencias. Pero lo cierto es que el hombre se ha pasado cuatro años diciendo verdades como puños. Ha sido, por ejemplo, el único representante público que ha tenido la valentía de llamar “mafia” al grupo de taxistas que siguen imponiendo su ley en el aeropuerto de San Pablo, año tras año y gobierno tras gobierno sin que ninguno haga nada. O de definir al sindicato mayoritario de la Policía Local como “un mal endémico” y como “el grupo de señores acomodados que hacen la vida imposible a la corporación”, después de que criticara abiertamente que los agentes municipales llevaran a cabo una serie de protestas estrambóticas, como la de pasearse en burro por la puerta del Ayuntamiento o realizar el trabajo con unas mascarillas puestas en la cara. “Cuando un señor de uniforme se pone una mascarilla cae en la astracanada. Difícilmente puede ejercer así la autoridad”, dijo.

POLICIA-LOCAL-SEVILLA-EN-BURRO

No es cuestión de hacer aquí un lapidario de Barranca porque frases como ésta pudo pronunciar más de mil a lo largo de sus cuatro años como Defensor del Ciudadano. Harían falta siete u ocho blogs bastante más activos que éste para recogerlas todas. Eso sí, a ninguna de ellas le faltó sentido y todas tuvieron una puntería acertadísima. Muchas molestaron a sus receptores, lo que supone la mejor prueba de que su trabajo estuvo bien hecho. No fue un Defensor cómodo y así lo ha demostrado hasta en su manera de irse, que ha tenido que ser por correo electrónico porque no lo han querido recibir. Sirva su lema de estos cuatro años como título de esta entrada. Recuerden: Nihil prius Sevilla.

 

La caótica Semana Santa de la Policía Local

fperez | 7 de abril de 2015 a las 12:53

IMG-20150401-WA0021

Foto: Carolina García

 

El dispositivo de seguridad de la Semana Santa de Sevilla, en la parte que afecta a la Policía Local, ha sido un absoluto caos. Sólo hay que mirar las dos fotografías que se adjuntan a esta entrada para darse cuenta de que algo ha fallado si dos contenedores de basura y una valla son los que se encargan de cortar el tráfico en una calle. Donde no había policías, el Ayuntamiento recurrió a los chicos de Protección Civil, voluntariosos pero nada expertos en estas lides (por no sacar un debate sobre la legalidad del asunto), y si no, directamente al mobiliario urbano. Esa carencia de agentes obligó también a desmontar el dispositivo de seguridad previsto para la Madrugada en la zona de la Encarnación. Y, si queda alguien en el mundo que aún no lo sepa, fue allí donde se originó una pelea que derivó en hasta cuatro estampidas que destrozaron el cortejo del Silencio en las calles Cuna, Orfila y Javier Lasso de la Vega.

La clave del asunto pasa por el déficit de plantilla que sufre la Policía Local desde hace ya muchos años. Zoido se encargó de prometer que incrementaría la plantilla en 300 nuevos agentes (primero dijo 500 pero luego rebajó la cifra), pero el mandato se pasa y de momento el número de plazas que ha convocado en estos cuatro años ha sido cero. En años anteriores, para paliar la carencia de personal, el Ayuntamiento sacaba a toda la plantilla de la Policía Local a la calle en Semana Santa a base de productividades. Esto, evidentemente, tiene un coste bastante elevado, pero si no hay agentes, hay que recurrir a las horas extra de los que están disponibles. Porque dejar la ciudad con pocos efectivos es un riesgo, como este año ha vuelto a quedar demostrado.

IMG-20150401-WA0017

¿Por qué la Semana Santa de 2015 ha sido diferente a la de otros años anteriores, si el número de policías era similar? Básicamente porque el Ayuntamiento lleva tiempo racaneando (dicen los policías, claro) el dinero de las productividades de la Policía Local y muchos de los agentes no han estado dispuestos a ‘vender’ sus días de descanso. A ello se le ha sumado el problema que existe desde hace año y medio en la unidad de Tráfico-Motoristas, la más numerosa del cuerpo. Estos agentes mantienen, desde la muerte en accidente de uno de ellos, un conflicto con el Consistorio, al que le reclaman una serie de complementos por el riesgo que implica el trabajo en moto. Al no encontrar respuesta por parte del Ayuntamiento, estos policías se han negado a hacer horas extraordinarias.

Esta decisión ha provocado que las labores de acompañamiento de cofradías que venían desde fuera del centro (que siempre eran traídas al casco histórico por agentes de Motoristas) las hayan tenido que hacer este año otras unidades, o directamente los de Protección Civil. Estos voluntarios iban a estar destinados en los pasillos de la carrera oficial, pero al ser enviados al extrarradio a acompañar a las hermandades, el Ayuntamiento tuvo que recurrir de nuevo a los policías locales para los pasillos. ¿Cómo lo hizo? Obviamente no podía fabricarse policías de la nada, así que tenía que quitarlos de un servicio previsto para poder llevarlos a la carrera oficial. La Jefatura decidió desmontar uno de los llamados niveles, concretamente el nivel 2. Estos niveles son un dispositivo preventivo compuesto por varios policías locales que recorren una zona del centro y comprueban que no hay coches mal aparcados en el itinerario de las cofradías, que no hay gente celebrando una botellona en estas calles o que no hay venta ambulante ilegal, entre otros asuntos.

El centro se divide en varias zonas (niveles) y cada una de ellas tiene un número. El nivel 2 es la Encarnación y su entorno. La tarde del Jueves Santo, el Ayuntamiento decidió desmontar el nivel 2. Así lo ha denunciado en rueda de prensa el presidente del Sindicato Profesional de Policías Municipales de España (Sppme) en Sevilla, Manuel Bustelo. Nadie impedía, por tanto, a decenas de jóvenes cargados con lotes reunirse a beber en la plaza mayor de las Setas. La versión municipal es bien distinta. El Ayuntamiento sostiene que había siete policías sólo para esta zona del centro, y que fueron precisamente éstos los que acudieron a la reyerta que originó las carreras. También niega que se desactivara ninguno de los servicios previstos, asegura que el nivel 2 al que se refiere el sindicato recoge todas las vías de evacuación del centro y no sólo el entorno de la Encarnación, y afirma que sólo hubo cuatro voluntarios de Protección Civil regulando el tráfico los primeros días de la semana.

En cualquier caso, los incidentes desbordaron a la Policía Local porque, además, todo ocurrió en menos de una hora. Entre las 3:49 y las 4:45 hubo una pelea en Gallos con avalancha hacia Matahacas, por donde pasaba los Gitanos; otra en el Capote, con dos personas arrojadas al río; la reyerta de las Setas, que causó cuatro estampidas y arrolló al Silencio, donde dos niños resultaron heridos y otros dos se perdieron; y un escape de gas en la calle Feria, con un trabajador herido que obligó a cambiar el recorrido de la Macarena.

A alguien le debió parecer que esto no era nada, puesto que el Sábado Santo se volvió a desmontar el nivel 2. Afortunadamente, el balance de la Madrugada (al que hay que sumar un nazareno del Silencio con la clavícula rota) es escaso para lo que podía haber ocurrido. Que el alcalde, Juan Ignacio Zoido, admita que hubo falta de prevención no deja de ser reconocer una evidencia pero al menos está bien que lo haga. Que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, anuncie que habrá más vigilancia el año que viene, si los ciudadanos revalidan su confianza en el gobierno actual en las urnas… Quizás también debería explicar cómo tiene pensado hacerlo, porque con los policías que hay es difícil.

La Madrugada de Berlanga

fperez | 19 de marzo de 2015 a las 10:59

_MG_0106

Mucho se ha debido contener esta mañana Juan Ignacio Zoido cuando ha presentado el dispositivo de seguridad de Semana Santa. Si llega a decir lo que piensa, igual era ahora trending topic mundial. No debe ser muy agradable ir a una reunión que debería ser un mero trámite (se supone que hay un trabajo de meses detrás) y encontrarse con que los horarios de la Madrugada que le ha enviado el Consejo de Cofradías al Cecop no cuadran. Zoido ha mantenido el tipo, no ha sido excesivamente crítico y ha instado al Consejo a que encuentre cuanto antes una solución porque, de lo contrario, ni la Policía ni el Ayuntamiento pueden hacer nada por evitar el lío en la Madrugada. Lo del lío, obviamente, no lo ha dicho así.

Anoche, los responsables del Cecop se debieron frotar los ojos cuando, al analizar los cronogramas de paso de cada cofradía, vieron que la cruz de guía del Silencio tenía previsto llegar a las 4:14 horas al cruce de San Miguel con Trajano, y que el palio de la Macarena no pasaba por allí hasta las 4:35. Es decir, un parón de 21 minutos como mínimo, con el problema añadido de que el Gran Poder viene este año detrás del Silencio e impide a la Macarena correr más. Valga el topicazo de la pescadilla que se muerde la cola para definir el tapón monumental que puede formarse. Por no hablar del riesgo para la seguridad que puede suponer que miles de nazarenos tengan que constreñirse en un círculo de unos dos kilómetros, por el que el público difícilmente tendrá posibilidades de cruzar las tres cofradías.

Lo peor es que todo esto se sabía, que de nada han servido acuerdos previos entre hermandades ni inútiles cabildos de tomas de hora. Se sabía que se ampliaba el tiempo de paso de la Macarena y se sabía, porque todos los años pasa, que el Silencio ha de esperar algunos minutos en Lasso de la Vega a que pase la Macarena. Y si alguien no lo sabía, los periódicos locales llevan semanas llenando sus páginas con el asunto y a quienes corresponda les ha dado tiempo de sobra de informarse. Es increíble que nadie del Consejo le haya preguntado a la Policía o al Ayuntamiento qué pensaba del cambio de recorrido del Gran Poder en todos estos meses. Como no es serio que ahora, con los programas de mano ya impresos y los inviables horarios ya aprobados por el Consejo, se esté estudiando volver al modelo del año pasado.

Ni Berlanga lo habría filmado mejor. El Consejo de Cofradías queda a la altura del betún mandando a deshoras una propuesta imposible al Cecop, que se creó precisamente para coordinar todos los servicios de seguridad después de la noche de las carreritas del año 2000. Desde entonces, a las autoridades se les había llenado la boca hablando de la coordinación, del trabajo en equipo y de lo engrasada que estaba la maquinaria de la seguridad en la Semana Santa. Hoy se ha tirado por la borda el trabajo de tantos años.

 

 

A la ‘mafia’ se le multa menos

fperez | 8 de marzo de 2015 a las 18:56

pic-20120619082233S5114P5

El Ayuntamiento de Sevilla ha impuesto una multa de 1.380 euros a un taxista que no presentó una vida laboral actualizada ante el Instituto del Taxi. Sin ese documento, no superó la revisión anual de la licencia, y fue sorprendido por la Policía Local, que lógicamente lo denunció. La conducta debe ser sancionada como infracción que es. Más discutible es el importe de la multa. Casi 1.400 euros por no llevar un papel actualizado parece una cuantía más que desproporcionada. Máxime cuando el conductor tiene acreditadas 85 visitas al médico y tres operaciones en el plazo de un año y medio, que sin embargo, responde el Ayuntamiento, no le impidieron prestar servicio en el taxi.

Pero más desmesurada parece esta cantidad aún si se compara con las sanciones que se imponen en Sevilla por cobros abusivos. La última de la que se tiene conocimiento es de hace dos años, cuando el Instituto del Taxi impuso una multa de 700 euros a un taxista que cobró 30 euros (ocho más de lo que marca la tarifa establecida) a un cliente por una carrera entre el aeropuerto de San Pablo y el hotel Zenit, en Triana. Aquel taxista también fue castigado por insultar a la persona que lo contrató y por entregar un recibo no oficial, es decir, sin el escudo del Ayuntamiento ni la licencia troquelada. Para el Instituto del Taxi, estas conductas suponen una falta grave, mientras que la del taxista que no presentó su vida laboral en tiempo y forma es una infracción muy grave, y por tanto, se castiga con el doble de multa.

Por qué el Ayuntamiento aplica este doble rasero es una pregunta para la que quien esto escribe no tiene respuesta. Como tampoco la encuentra a la de por qué el gobierno local, sea quien sea su alcalde, no quiere acabar con el problema del taxi en el aeropuerto. En la terminal de San Pablo un grupo de conductores lleva años imponiendo un monopolio que defienden con prácticas mafiosas. Así llamo el Defensor del Ciudadano en uno de sus informes a las amenazas y coacciones que sufren los taxistas que no pertenecen a la asociación mayoritaria en el aeropuerto cuando rinden arriba, como el sector llama a la parada de la terminal aérea.

Los profesionales del sector han sufrido pinchazos en las ruedas (véase la foto), lanzamiento de huevos y pintadas en sus vehículos, además de todo tipo de insultos. Hay conductores que han decidido afiliarse a la asociación del aeródromo porque la cuota les cuesta 60 euros al mes y cambiar las ruedas rajadas les supone un coste superior a los 400 euros cada vez que van a recoger a un cliente. Los taxistas del aeropuerto (insistimos en que no son todos, sino un grupo reducido) no sólo atacan a sus compañeros de Sevilla, puesto que también impiden prestar servicio a los de otras ciudades. Incluso han apedreado alguna vez el autobús público que hace la ruta entre el centro de la ciudad y el aeropuerto.

El Consistorio tolera estas prácticas. Ni Zoido en estos cuatro años ni Monteseirín en sus tres mandatos han hecho nada por acabar con los insultos, la extorsión y las amenazas. Es cierto que se impuso una tarifa única, pero no siempre se respeta. También lo es que a veces se refuerza la presencia policial en la terminal, pero esto termina suponiendo mayores controles a la salida de la misma y no se acaba con la violencia que hay dentro. Quizás se aplaca un poco y vuelve a resurgir tiempo después.

El perjudicado de todo esto no sólo es el sector sino también la clientela y, por ende, la ciudad. Quien firma esto entrevistó una vez a una estudiante Erasmus francesa que esperaba el autobús de línea porque cada vez que volvía a Sevilla le cobraban entre 40 y 60 euros desde el aeropuerto hasta la Macarena. En otra ocasión, cubrió un accidente de tráfico con un muerto en la Cartuja, en el que chocaron dos coches y una pieza de uno de ellos impactó contra un taxi que llevaba a unos viajeros. Cuando el juez que fue a levantar el cadáver tomó declaración a los clientes como testigos del siniestro, éstos le manifestaron que habían tomado el taxi en el aeropuerto y se dirigían a la estación de Santa Justa. Iban por la avenida de Carlos III, que según Google Maps está a ocho kilómetros de la terminal ferroviaria y a catorce del aeródromo. El juez quiso abrir diligencias al taxista por estafa pero no lo hizo porque causaría un perjuicio mayor a los afectados, al tener que obligarlos a venir a Sevilla para declarar.

El Ayuntamiento y el resto de instituciones no se cansan de intentar atraer turistas a Sevilla, pero se olvidan de que la primera imagen de la ciudad que tienen los que la visitan puede ser determinante. A veces esa primera impresión es la de un taxista desaseado, que conduce un vehículo poco limpio que le da un rodeo, que le cobra más de lo que marca la tarifa o que directamente le deja a unos cuantos kilómetros de su destino final. Ya dijimos que el nombre de este blog era una especie de homenaje a quienes se jugaban la vida en la calle, pero también podría servir de advertencia para aquellos turistas incautos que pisan por primera vez el aeropuerto de San Pablo y quieren subirse a un taxi.