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Historia de una multa

fperez | 1 de agosto de 2016 a las 18:39

QUIEN esto firma no es demasiado partidario del uso de la primera persona en textos periodísticos, pero hoy se va a conceder esa licencia por tratarse de una historia vivida, o más bien sufrida, por él. Una experiencia que le ha hecho plantearse una reflexión sobre el proceso de notificación de multas del Ayuntamiento de Sevilla, y si lo que le ha pasado es fruto de un mero error puntual o si por el contrario es producto de un sistema establecido para conseguir la mayor recaudación posible. Cambiemos, pues, de estilo.

La tarde del 12 de abril, martes de Feria, aparqué el coche en la calle Marqués de Paradas. Tenía metido en la cabeza que éste era el festivo que el Ayuntamiento había establecido este año a cambio del día de San Fernando, cuando en realidad se trataba del día siguiente, el miércoles 13. Así que dejé el vehículo aparcado en un lugar regularizado con la zona azul y me marché sin pagar creyendo que por ser festivo estaba exento. Cuando regresé, obviamente, tenía la multa puesta en el parabrisas.

La notificación no llegó a mi domicilio hasta mediados de julio. En el sobre de la Agencia Tributaria me llamó la atención que había dos sellos con unas horas apuntadas con un bolígrafo azul. Eran los días en los que el cartero se había pasado por mi casa y, viendo que no había nadie en ella, se había marchado llevándose la multa. El primero de los sellos llevaba la fecha del 13 de junio de 2016 y una anotación a mano que indicaba que la visita del cartero había sido a las 10:09. El segundo había sido el día siguiente, 14 de junio, a
las 13:11. Como no se veía bien el 4 del 14 del sello, el cartero lo remarcó con el mismo bolígrafo con el que firmó y apuntó la hora.

Sabiendo que se trataba de la multa de zona azul de aquel día de Feria, abrí el sobre y miré, confiado, el plazo en el que podía pagar con la reducción del pronto pago. Mi sorpresa fue que la fecha límite era el 29 de junio de 2016. Es decir, dos semanas antes de que hubiera recibido por fin la notificación. Ninguna de las dos veces que el cartero había estado ante mi buzón había dejado papel alguno avisando de que había pasado por allí. Simplemente había apuntado fecha y hora en el sobre y se lo había vuelto a llevar consigo. Otras veces me han dejado un aviso de Correos en el que se me indica que tengo una carta del Ayuntamiento en la oficina más próxima, y que puedo recogerla en un plazo y horario que explican a continuación.

En esta ocasión, sólo hubiera podido recoger la multa en plazo para poder pagarla con la bonificación del 50% si me hubiera encontrado en mi domicilio cuando el cartero fue a llevar la carta. Después, éste dejó pasar un mes para depositar el sobre en el buzón, provocando así que sobrepasara el plazo para abonar sólo la mitad del importe de la multa.

Llegué a plantearme pagar la sanción íntegra, pensando que cualquier batalla contra la Agencia Tributaria local no sólo sería en vano sino que además implicaría la pérdida de una mañana de oficina en oficina. Decidí no hacerlo. No ya por los 70 euros que era el importe íntegro, sino porque la manera en la que había sido notificada merecía al menos una explicación. Así que fui a una de las oficinas de Hacienda del Ayuntamiento de Sevilla y expliqué, muy sucintamente, lo que había pasado. “Buenos días, mire, he recibido una multa de zona azul, y me ha sido notificada después de que hubiera expirado el plazo para poder pagarla con la reducción por pronto pago”. No detallé más. Al funcionario no le hablé de los sellos del cartero, ni de las fechas, ni de que no había dejado ningún aviso…

“¿Tiene usted la multa ahí?”, me preguntó. Se la entregué. Introdujo unos datos en el ordenador y, acto seguido, me dijo:“Le imprimo una hoja de pago con la bonificación del 50%. Tiene usted hasta el 11 de agosto para pagarla en cualquier entidad bancaria”. Sin tener que dar más explicaciones, ni formular alegaciones ni rellenar pliegos de descargos, salí de la oficina de Hacienda con una multa de 35 euros en vez de 70, y con la sólida impresión de que no era el primero al que le notificaban tarde una multa. Salí convencido de que el sistema de notificaciones está establecido de esa forma porque, de cada cien multas, habrá un porcentaje importante de gente que, por desconocimiento o simple desgana, no vaya a reclamar. Hagan sus propios cálculos. Verán que así resulta más fácil cuadrar los presupuestos del Ayuntamiento.