El banco de pruebas de Herbert

Blas Fernández | 30 de mayo de 2008 a las 18:09

The Matthew Herbert Big Band

Foto: Juan Carlos Muñoz

The Matthew Herbert Big Band
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XI Festival Territorios. Fecha: Jueves 29. Lugar: Fundación Tres Culturas. Aforo: Algo más de tres cuartos de entrada.

Cuando en 2003 Matthew Herbert publicó Goodbye Swingtime, álbum firmado por The Matthew Herbert Big Band, muchos de sus seguidores se sintieron decepcionados. Su anunciado acercamiento al jazz se distanciaba de otros tratamientos electrónicos al uso –entiéndase el amplio arco que puede abarcar desde el colectivo berlinés Jazzanova a los proyectos de la escudería Jazzland de Bugee Wesseltoft– para proponer otro tipo de encuentro, si acaso sólo equiparable al efectuado en títulos previos por la fenomenal Cinematic Orchestra.

La desilusión de aquellos aficionados era comprensible en parte, pues en Goodbye Swingtime no quedaba rastro aparente del mago de la electrónica que había revolucionado el ámbito del house experimental desde discos angulares como Around The House (1998), pergeñado junto a su entonces novia Dani Siciliano, Bodily Functions (2001) o el doble recopilatorio de remezclas Secondhand Sounds (2002).

El planteamiento de Herbert, en ocasiones definido como un hombre del Dogma trasladado al ámbito musical y capaz de facturar discos conceptuales a partir de preceptos temáticos –sonidos corporales muestreados, samples de ruidos provocados por la manipulación de verduras, frutas y hortalizas…–, era otro: crear una de esas big bands que tanto lo fascinaron durante la adolescencia, componer para ella una música que desbordaba considerablemente el ámbito estilístico asociado a tal tipo de formación y filtrar el resultado a través de herramientas electrónicas.

El fruto de aquella idea fue un disco con vocación de clásico que aún gana a cada escucha y que ahora parece llamado a encontrar continuación en un segundo volumen, según se desprende de lo avisado por el propio Herbert ayer desde el escenario de la Fundación Tres Culturas.

Así que por fin consiguió Territorios, tras años de intentos fallidos, incluir en su cartel a The Matthew Herbert Big Band –como DJ ya lo tuvo en el Teatro Central–. Lo paradójico es que la espera haya servido justo para adelantarnos en el tiempo y conocer antes de su publicación el grueso del material que figurará en el nuevo disco.

En torno a él giró el concierto –sólo ocasionalmente dedicado a revisar piezas del primero, como una brillante The Battle–, armado con el modus operandi ya conocido: gran y esplendida banda (17 músicos, incluyendo metales, sección rítmica y director) y voz (Eska Mtungwazi, de volumen medio quizás, pero de una maleabilidad desorbitada) manipulados en tiempo real por Herbert.

De este invento maravilla tanto la capacidad de Mtungwazi para no perder ni una sola vez el hilo aun cuando Herbert la samplea y superpone lo registrado mientras ella sigue cantando –no debe ser nada fácil– y su aplomo para mantener todo un repertorio –en el primer disco las voces se las repartían varios ilustres invitados– como el brío de la banda y la inequívoca vocación del cerebro del asunto por seguir avanzando, innovando e investigando en un terreno que no sabe de límites ni barreras. Intenso y hermoso concierto, sí.

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