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Kid Koala, en el Central

Blas Fernández | 2 de octubre de 2008 a las 14:32

Como ya avanzamos ayer en Diario de Sevilla, el encargado de amenizar la tradicional fiesta de inauguración de la temporada en el Teatro Central, el próximo día 17, será Kid Koala, quien además compartirá escenario con uno de los mejores turntablistas nacionales del momento, DJ2D2.

Koala (Eric San, Vancouver, 1975), que dentro de su gira española pasará también por Bilbao, Barcelona y Madrid (cuidado con las fechas que da en su MySpace: están equivocadas), siempre me ha parecido uno de los DJ’s creativos más finos y originales. Por supuesto que también lo son algunos de sus mejores amigos (Cut Chemist, DJ Shadow, Q-Bert, DJ Yoda…), pero su particular interés por el jazz parece haberle conferido un modus operandi que ha terminado por generar una peculiar voz propia. ¿Una muestra?

[myspace]http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=7248591&searchid=008aeb00-c907-4d5a-aa84-c2243afa4a6b[/myspace]

Como en el caso de los antes mencionados, unos en mayor y otros en menor medida, Koala huye de la pirueta, aunque puede hacer todas las que le vengan en gana, y se concentra en explorar lo imprevisible. ¿A quién, si no, se le podría haber ocurrido una cosa como ésta?

¿Se ha quedado patidifuso? Pues sospecho que no es nada en comparación con lo que nos espera. Ya sabe, el viernes 17 en el Teatro Central de Sevilla y con las entradas a 14 euros.

  • orbite

    Patidifuso no sé; encantado seguro!
    Además Moon River, ah, que bueno, sí. (y yo que pensaba que la versión de Neil Hannon era buena)

    Bueno, pues gracias a esta siempre labor suya, se me verá el palmito en el Central.

    Saludos, don Blas.

  • Camerismo

    Tiene uno ya la cabeza regular. Al ver el vídeo, especialmente el del momento “Moon River”, he recordado que pude escuchar el final de una sesión de este muchacho en el Primavera Sound del año pasado. Se ve que reserva este momento, ciertamente llamativo, para un cierre de traca. Y funciona, vaya si funciona. Fueron diez minutos hipnóticos y -uf, qué sentimiento de culpa- absolutamente divertidos. Incluso los asistentes profesionales de festivales, los rastreadores de huellas de Beach Boys incluso en las nuevas canciones de Peret (para entendernos), parecían estar disfrutando. Incluso reían.