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La destilería de Kurt Wagner

Blas Fernández | 8 de octubre de 2008 a las 12:18

OH (OHIO). Lambchop. City Slang. Rock. CD

Que Kurt Wagner sigue en estado de gracia es una evidencia. Lo constata esa maravilla que abre la última entrega en la ya larga, muy larga, trayectoria de Lambchop, Ohio, una canción queda, de delicadeza extrema, que acaba adquiriendo consistencia en su propia evanescencia (parece un trabalenguas contradictorio, pero haga la prueba).

Tras semejante introducción, el ánimo parece ya predispuesto a encarar el desfile de emociones que OH (Ohio), el disco, nos reserva, a la altura -no es una sorpresa, estamos malacostumbrados- de títulos como How I Quit Smooking (1996), Nixon (2000), el apabullante doble Aw C’mon / No, You C’mon (2004) o el celebrado Damage (2006), por citar sólo algunos entre tan excelsa discografía, ésa que ha convertido a Wagner, y por extensión a Lambchop, en el gurú de cierto rock norteamericano con epicentro en Nashville. Cambian, y también ha sido un zigzagueo habitual, los matices, esos sucesivos devaneos ahora con el country, luego con el soul o, más tarde, con los guiños al Nick Drake de Bryter Layter.

La antaño numerosísima formación queda reducida a un núcleo duro -amén de Wagner, Tony Crow (piano), William Tyler (guitarra), Matt Swanson (bajo), Alex McManus (guitarra), Ryan Norris (teclados y guitarra) y Scott Martin (batería)- que apunta ahora a un sonido esencialista, en el que piano y guitarra acaparan protagonismo -ni rastro de orquestaciones- en competencia directa con la voz del jefe -por cierto, cada vez más parecida, aunque más grave, a la del Cat Stevens de Tea for the Tillerman-. El resultado destila esa agradable apariencia de sencillez, de sobriedad, en la que, sin embargo, uno puede pasarse horas de escucha desentrañando los trucos de veterano del maestro Wagner.

La tónica general es la que marca Ohio, la canción, medios tiempos que van ganando en robustez -el andamiaje es preciso- a medida que el disco rueda y se suceden canciones como Slipped Dissolved and Loosed, I’m Thinking of a Number, A Hold of You, Of Raymond, Please Rise, Close Up o la hermosa declaración de principios de I Believe in You.

Apenas tres cortes -uno de ellos, Popeye, sólo parcialmente- escapan de tan melancólico influjo, aunque cuando lo hacen es para dejarte boquiabierto: National Talk Like a Pirate Day y Sharing a Gibson With Martin Luther King Jr., con sus soterrados duelos entre guitarra y piano.

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