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El apocalipsis no es el final

Blas Fernández | 17 de marzo de 2010 a las 9:59

pantha

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Black Noise. Pantha du Prince. Rough Trade. Electrónica. CD

Teniendo en cuenta que el alemán Hendrick Weber desliza en largo un nuevo capítulo de su discografía con una cadencia acostumbrada de tres años -en 2004 apareció su recomendable debut como Pantha du Prince, Diamond Daze; en 2007, el sobresaliente The Bliss-, pocas elucubraciones caben sobre la vigencia conceptual del argumento en torno al cual pivota este fenomenal Black Noise.

Tres años de calor y sequías, de lluvias torrenciales e inundaciones, de terremotos, tsunamis y traicioneros ciclones a destiempo. ¿Pachamama cabreada? ¿Gaia enfurecida? ¿Cameron? ¿Emmerich? Vamos, vamos. Despejemos la sintomatología catastrófica de cualquier superficial connotación new age, qué menos, aunque no dejemos de atender a la intuición, aviso para navegantes más allá de las aisladas certezas coincidentes que, quizás, la ciencia se encargue de relacionar algún día.

Ciencia -de las permutaciones- e intuición -el presentimiento de la hecatombe; el black noise que, en llamativa teoría, avisa a los animales dotados de la cercanía del desastre- se funden en un disco de sorprendente lirismo. Al menos, tratando del sombrío tema del que trata…

En contraposición a obras tan notables del pasado año -el inquietante, y fascinante, By The Throat de Ben Frost, sin ir más lejos-, Black Noise se distancia del inevitable zeitgeist: aquí es la calma la que anuncia la tempestad. Y no es calma chicha: sus once cortes proponen complejas, robustas y bien armadas estructuras techno-house, sólo que lo que las sobrevuela, delicias melódicas rellenas de arreglos con vocación orfebre, tiende a la ensoñación ambient, a una melancólica deriva contemplativa, se diría que nostálgica con antelación.

Hay quien le reprocha a este Weber cierta leve inclinación hacia lo indie, más allá de su paso a Rough Trade o de la colaboración de Tyler Pope, bajista de !!!, concretada en la puntual participación de Noah Lennox -alias Panda Bear y, como ya sabe, integrante de Animal Collective-, coautor al alimón del estupendo corte vocal Stick to My Side. No sé, quizás la pega responda a esas cosas de los fundamentalistas, tan reacios a la lógica y natural conexión entre géneros; los mismos que a lo peor obvian el legado agazapado en líneas melódicas como las de Satellite Sniper, ésas que podrían reunir en un remoto punto del espacio-tiempo a Banco de Gaia, CJ Bolland, Apparat o Four Tet: todos distintos; todos víctimas en algún momento de su trayectoria de algún irrefrenable arrebato pop.

Weber no juega a dos bandas, no, se sirve de éstas y de otras -aquí el tribalismo se filtra, mucho más que en Shackleton, pongamos por caso, mediante el uso comedido de sonoridades antaño exóticas- para configurar con destreza e inspiración su deslumbrante fresco pre caos.

¿La carta en la manga? ¿El truco para levitar sobre terreno tan pantanoso sin hundir los pies en el fango? Puede que otra intuición: el final no será tal, aunque ninguno de nosotros esté aquí para verlo.

Ahí les dejo un clip de Stick to my Side…

  • Vidal

    ¿Ha escuchado ya el remix que ha hecho Four Tet de, precisamente, “Stick to my side”, don Blas?
    Es una barbaridad:

  • […] de fijación. Ya estaban presentes, y de forma recurrente, en su anterior álbum, aquel fantástico Black Noise (2010) con el que amplió de manera considerable su círculo de rendidos adeptos -otro disco, por […]