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“Tengo muy claro dónde está la cultura que he mamado”

Blas Fernández | 22 de septiembre de 2010 a las 11:56

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“Cuando voy a Sevilla siempre me pongo de los nervios. Me ataco”, confiesa entre risas María Rodríguez, la misma Mala Rodríguez cuya rubrica marca cuatro discos que, a lo largo de la última década, ensanchan y redibujan el mapa del rap en español.

Esta vez la visita aporta argumentos añadidos a la excitación. María compartirá el viernes escenario con su amigo Raimundo Amador en la XVI Bienal de Flamenco –a partir de las 23:30 en el Auditorio Rocío Jurado–, y la responsabilidad la ilusiona y le pesa. “Por un lado me siento agradecida a la vida por poder seguir haciendo cosas distintas, diferentes, por poder llamar a otras puertas y presentarme a otro público –dice de su presencia en el festival–. Por otro, es bastante extraño que una artista como yo se presente ahí. Es curiosa la mezcla, pero bonita”.

Que Mala Rodríguez no hace flamenco es una evidencia, pero que la sonoridad, el aroma y, en ocasiones, hasta la métrica del género impregnan buena parte de las canciones de Lujo ibérico (2000), Alevosía (2003), Malamarismo (2007) y Dirty Bailarina (2010) es otra certeza que sólo escapa a quien no se haya tomado la molestia de escucharlas. “Creo que, simplemente, es algo cultural –considera María–. Es como cuando la gente utiliza unas ciertas especias para cocinar. Luego te das cuenta de cuántas similitudes tiene la cocina marroquí con la de aquí. Es ese modo de cantar, la manera de sentir, el modo en que se expresan los sentimientos”.

Gaditana por nacimiento y sevillana por crecimiento, a Mala Rodríguez le cuesta evocar su primer contacto con lo jondo. La razón es simple: estaba ahí desde el principio, antes del rap. Para ella el flamenco de su infancia era “ir en familia a Paterna, a sentarnos a ver quién canta. Aquellos festivales, las peñas, los sitios donde se muestra el cante… Y por supuesto, la música que suena en la casa”.

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En ese mismo mapa emocional figuran también nombres propios. “Me fascinó Carmen Linares la primera vez que la escuché. Y la Lole, que para mí es la mejor cantante del mundo. Me encanta su estilo, su sello único y maravilloso. Y las letras aquellas que tenían, muy pacíficas, que te llamaban la atención porque hablaban de otras cosas. No de sufrir y llorar, sino de esperanza y de alegría”.

En su biografía, confiesa, la presencia del flamenco no es una influencia “consciente”, sino una sombra que la acompaña en su proceso de autodescubrimiento. “Al hacerlo me encuentro con la persona que ha crecido entre Puerto Real, Bornos, San Fernando, Cádiz, Sevilla… –explica–. Todo lo que hay ahí, la comida, el olor, la música que suena, todo tiene ese aroma. Me parecería absurdo querer ir de algo que no eres. Cuando uno se acepta tal y como es siente una satisfacción muy grande. Y a pesar de que soy viajera, de que hago maletas continuamente y lo mismo me da vivir aquí que en Pekín, siempre sé de dónde vengo y tengo muy claro dónde está la cultura que he mamado y quién me ha dado esa teta”.

Sobre su compañero en el auditorio, con quien ya ha colaborado en varias ocasiones, se deshace en elogios. “Creo que es un genio, un gitano maravilloso. Lo amo –dice de Raimundo Amador–. Amo su interpretación del blues, cómo fluye y consigue hacer que todo sea lo mismo. Con su psicodelia, con su magia. Creo que es uno de los artistas más increíbles que ha tenido España, porque ha hecho algo muy, muy loco. ¿Quién iba a decir que este hombre iba a fundir ese blues con ese flamenco y hacerlo sonar a una misma cosa? Lo quiero, es una persona que ama la música, que me regala discos de Jimi Hendrix y de Lauryn Hill. Te puedes pegar horas hablando con él de música, tiene una cultura musical tremenda. En España tendríamos que estarle tan agradecidos al pueblo gitano que no entiendo cómo no hay más respeto por lo que han dejado aquí, en especial en Andalucía”.

¿Los veremos juntos el viernes? Seguro. “Claro que sí. Lo he invitado a que cante conmigo, a que suba al escenario. En el momento de más esquizofrenia quiero a Raimundo en el escenario”.

Tampoco se queda corta María hablando de otra de las voces invitadas en Dirty Bailarina, la cantaora Estrella Morente, partícipe en la canción Patito feo. “Eso fue demasiado, electricidad pura, amor. De las canciones más alucinantes que he hecho. Era un continuo ole, ole, ole… El estudio estaba lleno de mujeres y cuando apareció nos fundimos en un abrazo. Todas teníamos los pelos de punta. Fue maravilloso, uno de los regalos más bonitos: tener una canción con su arte”.

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Flamencos y raperos en armonía. Incluso en la salud y la enfermedad: ambos géneros comparten, al menos, la existencia de sectores intransigentes entre sus aficiones. “¿Y lo maravilloso que es ser indefinible? –pregunta afirmando–. Yo quiero eso. A mí, dejadme. Dejadme tranquila que yo no quiero ser nada, sólo un grano de maíz en el saco, una gota de agua, un poco de viento que pasa. Yo hago música, es mi arte. Cada persona tiene su manera propia de mirar el mundo, y yo ofrezco la mía”.

Lo dice quien no desdeña sacar los pies del plato canónico y embarcarse en proyectos con aire de reto, como el que le trajo por última vez a esta plaza, Ojo con la Mala, en el que cambiaba a su formación habitual, la misma que entre lo analógico y lo digital la acompañará el viernes, por la la Original Jazz Orquestra del Taller de Musics de Barcelona. ¿Alguna otra aventura marciana para el futuro inmediato? “No, marciana ya no, pero yankee sí -bromea-. De momento, voy otra vez a los Grammy, que eso para mí es lo más marciano que puede haber. Tú sabes, ¿no? Muy grande… Unos vestidos y unas caras y unas fotos y unas cosas… Y además, en Las Vegas. Tú sabes, Las Vegas, ¿no? Cuando ves a esas mujeres mayores superproducidas haciendo de vedettes… Para mí eso sí que es Marte”.

Otra de extraterrestres: la cara de su tío Paco al contemplar ese cartel tan hip-hop que para la Bienal 2010 han confeccionado Seleka, El Niño de las Pinturas, San y Suso 33. “Me quedo con su cara -vuelve a señalar con una comprensiva carcajada- diciendo Bah, esto ya no… Desde luego… Y yo diciéndole Pero mira, ¿no te parece fantástico que todo eso pueda ir junto? Porque al final somos andaluces, amamos el flamenco, y hay gente que ha seguido diversificando una toná y ha dado con otra cosa… Creo que es bueno que haya artistas jóvenes haciendo flamenco puro, como ellos lo llaman, porque si no, se perderá. Y animo a todo el mundo a que siga escuchando lo clásico. Que se siga haciendo una bonita seguiriya, una soleá, que eso no se deje de cantar. Que aunque a mí me llamen bastarda, eso no se deje de cantar”.

Hasta aquí la entrevista publicada hoy en la edición impresa de Diario de Sevilla y las cabeceras digitales del Grupo Joly. Les dejo un extra: el artículo de apertura que en 2002 escribí para el suplemento especial en torno a la XII edición de la Bienal de Flamenco (Bienal_2002_1 y Bienal_2002_2). Si tiene tiempo y le echa un vistazo sabrá el porqué (y quizás hasta le suene a algo publicado por ahí en estos últimos días…).

  • Roger Daltrey Jr.

    Qué me gusta a nivel de tía tu Mala de tu alma a mí también, Blasful. Tiene un puntito entre “Foxy” Courtney y “Macarrona” Winchester. El flamenco es puro sex and/or drugs, por ahí se salva esa esencia que tan nerviosa la pone, en mi renegada opinión. Escribe más, leñe. Un abrazo desde la trinchera fija discontinua de “y cuarto”.