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El espectáculo fue la música

Blas Fernández | 1 de octubre de 2010 a las 11:57

Foto: Antonio Pizarro

Foto: Antonio Pizarro

U2. 360º Tour. Lugar: Estadio de la Cartuja. Fecha: Jueves 30. Formación: Bono (voz); The Edge (guitarra); Adam Clayton (bajo); Larry Mullen (batería). Grupo telonero: Interpol. Diseño y dirección escénica: Willie Williams. Director de producción: Jake Berry. Diseño de sonido: Joe O’Herlihy. Aforo: En torno a 80.000 espectadores.

Penúltimo paradigma de la conversión en mero espectáculo de aquello que antaño se entendió como música, el 360º Tour de U2 amenazaba con ejemplificar como pocos macroconciertos de rock la disyuntiva entre apostar por lo que pudiera quedar de autenticidad en el negocio -a poco que uno rasque, mucho más de lo que el mainstream deja entrever- o hacerlo en exclusiva por el negocio mismo.

U2 parecía haber resuelto esa duda hace tiempo. En la misma medida en que sus giras se tornaban más y más espectaculares, sus discos se hacían menos y menos emocionantes; en el peor de los casos, simples y desprejuiciadas excusas, sin asomo alguno de culpa -por otro lado, un sentimiento tan cristiano como el propio Bono-, para mantener en marcha el muy rentable engranaje de su particular never ending tour.

Con aquella de Zoo TV, iniciada en 1992, como definitivo punto de inflexión en el uso aplicado de la tecnología sobre los escenarios musicales -todo un hito en su día, decisivo e influyente-, esta escalada de espectacularidad parecía forzar una suerte de listón que la banda debía superar con cada nueva gira. Todo debía venderse así como más grande, más llamativo, más deslumbrante y más cargado de parafernalia.

La música podía reclamar su protagonismo, como quizás ocurrió en los conciertos de Elevation, pero la tónica era ya otra: el repertorio canónico, el de las canciones auténticamente relevantes, llevaba tiempo cerrado; a falta de nuevos clásicos, y qué falta hacen, el acento se ponía pues en el espectáculo.

A escasas fechas de terminar la accidentada segunda vuelta de su apartado europeo, huelga general coincidiendo con la primera fecha sevillana anunciada y espalda lesionada de Bono incluida, y antes de hacer la maleta la próxima primavera rumbo a las Américas, se diría que este 360º Tour de los presuntos prodigios tecnológicos llegaba al Estadio de la Cartuja dispuesto a descargar toda su calculada artillería de artificios. ¿O no?

Con Bowie a modo de introducción y la pantalla circular gigante emitiendo en directo el paseíllo desde los túneles al escenario, a las diez menos diez, tempraneros y puntuales, ya estaban los dublineses sobre el distintivo escenario diseñado por Willie Williams y Mark Fisher, el leit motiv de esos 360º.

Beatiful Day para abrir boca, a toda tralla y, sin solución de continuidad, de día a día: New Year’s Day, uno de aquellos grandes, grandes himnos de los 80. Ni siquiera hizo falta esperar a que sonara una contundente Get On Your Boots para concluir que el prodigio estaba en la tecnología, sí, pero no en la maliciosa medida en que pudiera intuirse: el inteligente diseño de Williams y Fisher resalta justo la presencia de la banda, de esos cuatro tipos ya algo más que talluditos, convertidos en el auténtico foco de atención. El empacho tecnológico queda atrás; el único espectáculo está en el grupo.

Mysterious Ways se muestra igual de vibrante y seductora que recién salida de aquel magistral Achtung Baby (el evangelio U2 según San Brian Eno, palabras mayores); Elevation provoca los lógicos subidones entre el abigarrado respetable y, a quien San Eno se la dé San Wim Wenders se la bendiga, Until The End of The World revive otra vez aquel glorioso pasado. Hermosa y directa.

El ritmo para un poco con la plática de Bono, que, superado sus problemas de salud, se confiesa “afortunado de estar aquí con mis tres amigos” y felicita a la parroquia por el Mundial de Fútbol, lo que le sirve de excusa para hacer una presentación ad hoc, inevitablemente en broma, de los miembros de la banda.

De nuevo en faena, I Still Haven’t Found What I’m Looking For perfila el, al parecer, inevitable tramo de relax y buenas intenciones (Mercy, In a Little While, Miss Sarajevo…), hasta que la pantalla de leds, literalmente, se estira de arriba a abajo quedando a un par de metros de The Edge, Clayton y Mullen (Bono para entonces anda elevado entre el público; la cercanía y eso…).

Pero el otro otro relax, vía guiño a Frankie Goes To Hollywood, llega tras Vertigo, con Crazy Tonight, su confeti virtual sobre la pantalla y Mullen aporreando un tamtam. Hemos salido del valle y esto va otra vez hacia arriba. ¿Quedan dudas? Pues ahí va, de vuelta a los 80, Sunday Bloody Sunday, robusta, pétrea, enorme.

Pese a lo previsible de la estructura del concierto, y por más que el control de los tiempos denote lo evidente -rodaje o veteranía, lo que prefiera-, lo cierto es que éste funciona más allá de la entrega de los fans. Incluso cuando los números se repiten: Walk On y la dedicatoria a la enclaustrada activista birmana Aung San Suu Kyi.

Es la primera despedida en falso (23:24), pues tras un mensaje de Desmond Tutu proyectado en la pantalla, mensaje con conciencia, llega One, la primera de las últimas. Bono entona el celebérrimo Amazing Grace, fundido vía The Edge, el anti-riff, con Where The Streets Have No Name. El apoteosis uidista. Rozando ya la medianoche, Ultraviolet y With or Without You saben a despedida. También a constatación: pese a las filias y fobias, desmesuradas simpatías y viscerales antipatías, hay que reconocer que U2 no apuesta, o al menos no lo hace en exclusiva, a la carta de la espectacularidad. Aquí hay música, de hace años, sí, pero todavía contagiosa. Ovación.

PD1: No es que Bono no resulte forzosamente cargante, que sus arengas y proclamas por la paz, el entendimiento y la solidaridad universal no figuren a estas alturas en el imaginario colectivo como una parodia digna de Muchada Nuí; es que la conjunción de un algo más que inteligente diseño de escenario, repertorio y actitud de disfrute por parte de la banda conjugó una rara ocasión: el de anoche fue un buen concierto.

PD2: La elección de los neoyorquinos Interpol como teloneros no tuvo ni mayor ni menor importancia. Practicantes del ya bastante agotado revival post-punk, las canciones de sus correctos cuatro discos mantienen por ello mismo alguna remota conexión estilística con los lejanos y ciertamente atractivos inicios de U2. Cumplidores en su no muy agradecido papel, pero sin echar el resto, su concierto entretuvo como podría hacerlo un hilo musical. En distancias cortas sería otra cosa.

  • Pinto

    1.-Concierto para gente que no va a conciertos

    2.-Desde esta Ventana siempre se apuesta por la innovación musical, buscar nuevas sonoridades y contextos, y ahora sales con el f”ormidable estado de forma de canciones made in 80-90″. Tocadas mil veces igual, sin matices ad nauseam. No lo entiendo

    3.-¿Entonces a partir de ahora hay que prestar atención al diseño del escenario?

    4.-Cargante para Bono es poco. Falso filántopo engañabobos, más bien

    Saludos

  • Blas Fernández

    Hola Pinto. Quizás me equivoque, pero creo entender tu ¿desconcierto? Si estoy en lo cierto, sólo si lo estoy, quizás las siguientes líneas aclaren algo más lo ya expuesto en el texto de ahí arriba.

    Las críticas de macroconciertos de música pop -a poco que uno lo piense, cargados de similitudes con la ópera de épocas pretéritas: música+teatralidad+espectacularidad- forman parte de mi tarea como crítico musical en los diarios del Grupo Joly, donde, tras pasar una década como redactor de Cultura en la edición impresa de Diario de de Sevilla, trabajo desde hace un año en la coordinación y edición de información cultural para seis de las nueve cabeceras digitales del grupo.

    Igual que cubrí el concierto de U2 en La Cartuja, antes hice lo propio con Bruce Springsteen (http://blogs.grupojoly.com/ventana-pop/2009/07/29/el-calor-y-el-factor-humano/), Madonna (http://blogs.grupojoly.com/ventana-pop/2008/09/17/like-a-business/) o AC/DC (http://blogs.grupojoly.com/ventana-pop/2010/06/27/eficiente-y-previsible-como-un-tren-britanico/).

    Son críticas-crónicas hechas en ocasiones para ambos soportes -papel/edición digital- o para alguno de los dos en exclusiva que luego suelo pasar al blog. Lo hago porque pienso que es una manera de mantener agrupado todo ese trabajo y facilita el acceso al mismo.

    Con ello no intento, en cualquier caso, justificar la presencia en él de supuestos dinosaurios presuntamente ajenos a esa línea de “innovación” a la que haces referencia. No creo que haga falta; pienso que se justifican por sí mismas.

    No fui al concierto de U2, no suelo hacerlo nunca, con la reseña ya escrita en mi cabeza. Albergaba, claro, mis lógicas prevenciones. La discografía de los dublineses dejó de interesarme tras ‘Achtung Baby’ -eso sí, menudo aldabonazo-, y lo digo con conocimiento de causa: he escuchado cada uno de los títulos posteriores -cosas también del trabajo, sí- y todos ellos, unos más y otros menos, me han parecido flojos, muy flojos.

    Eso no implica, sin embargo, que muchas de sus canciones me parecieran en su momento fantásticas y que, como he podido comprobar recientemente, aún me lo parezcan (tanto como prescindibles me resultan sus edulcorados baladones).

    La mayor prevención, no obstante, no venía por ahí, sino por la deriva de la “espectacularidad” que, como digo en la crítica, sus giras adoptaron a partir de los 90, tan en consonancia, por otro lado, con el “más grande” y “mas deslumbrante” que desde entonces domina el panorama de los macroconciertos.

    Y ahí, amigo Pinto, es donde me llevé la sorpresa, porque, aun sin dejar de ser un derroche de tecnología aplicada a la escenografía, lo que me parece que propone el ‘360º Tour’ es justo lo contrario, una vuelta al concepto de grupo, de banda, como foco de atención del concierto. Y ahí, querido Pinto, es donde observo y valoro la inteligencia del diseño del escenario, una vuelta de tuerca que, quizás, influya para bien en el futuro de las macrogiras.

    Desconozco si es la tónica del ‘360º Tour’ y ya digo que, en caso contrario, no sé qué rara conjunción pudo darse, pero el del pasado viernes fue un buen concierto. ¿Para gente que no va a conciertos? Ese matiz, con todos los respetos, me resulta un tanto ingenuo. ¿Hay 80.000 melómanos capaces de abarrotar el Estadio de la Cartuja? ¿Sí? ¿Y cuál es el nombre del grupo?

    Quizás el espectador medio de U2 no sea el que acuda a conciertos de pequeño o mediano formato -sólo quizás, quién sabe; a lo mejor nos llevábamos otra sorpresa-, pero hoy por hoy sí que es el espectador capaz de llenar grandes recintos.

    Sobre tu percepción de Bono, por último, no tengo nada que comentar, salvo que determinados asuntos prefiero tomármelos con humor.

    Saludos cordiales.

  • Ferjaga

    Calificar el debut de Interpol como “disco correcto” me parece cuanto menos poco acertado. No hablaré siquiera de mi gusto, pero “Turn on the Bright Lights” figura entre los 20 mejores discos de la década para muchas revistas especializadas, incluida Pitchfork.

  • Blas Fernández

    Ferjaga, huelga decir que estás en tu perfecto derecho, como Pitchfork, a considerar cualquiera de los discos de Interpol entre los más notables de la historia del rock. No es mi caso: me parecen discos correctos, pero demasiado lastrados por el reflejo del espejo en que se miran. Lo cual no impide, por otro lado, que en otras circunstacias pueda disfrutar de su direto.

    Por cierto, aprovecho para comentar que de una controversia como parece haber resultado ésta uno espera, si acaso, una polémica argumentada, no exabruptos y descalificaciones gratuitas hacia el objeto de la crítica, los seguidores de tal o cual grupo o el propio crítico. Las barbaridades son tónica habitual en los comentarios a las noticias de los medios generalistas, pero en un foro “especializado” uno confía en encontrar razones, no insultos.

    Eso explica, sin más, por qué opiniones como las de Pinto y Ferjaga encuentran hueco aquí y otras no. Saludos.

  • Pinto

    Piensa en esto: te regalan por tu cumpleaños un regalo. Cuando la persona que te lo entrega se acerca, ya divisas que debe ser un regalo fantástico, pq, inmediatamente, te fijas en el papel de maravillosos colores que lo envuelve. Tomas el regalo entre tus manos. Notas cómo la ilusión crece dentro de tí, porque es un regalo, además, a juzgar por su tamañao, espectacular, grandioso. A medida que lo abres, el color del papel va cambiando de tonalidad. Y hasta unos sutiles aromas se despreden del mismo. Estás ansioso por llegar hasta el contenido del regalo. Quitas una nueva capa de papel de regalo, esperando ver ya lo que hay dentro….Y descubres, un año más, que no es ni más ni menos, que el sempiterno bote de colonia Varón Dandy…

    Saludos!!

  • Fede

    Jajajajajaja!! Qué bueno!

  • Javier
  • Blas Fernández

    Je je… Ocurrente metáfora, señor Pinto, pero insisto: no-es-el-caso. Pese a que la mercadotecnia lo venda como el colmo de la “espectacularidad” -es sin duda parte del gancho que seduce a un significativo porcentaje de esos 80.000 espectadores-, el envoltorio no es ni tan deslumbrante ni tan apabullante. Es inteligente, y buena parte de esa inteligencia reside, precisamente, en no hacer del despliegue de medios su razón de ser.

    Otra cosa es que lo que vaya dentro sea Varon Dandy o Floïd, que es lo que utilizamos como tónico las personas de orden, pero ahí entran ya en juego otras consideraciones. Ya las expuse en la crítica, así que no me repetiré.

    Javier, ya había visto la columna que enlazas. Ayer, sin ir más lejos, la estuvimos comentando en la redacción. No siempre coincido con Manrique, como es lógico, pero es que me resulta tan de cajón…

  • Rafa

    Yo estoy de acuerdo con Pinto en los argumentos 1 y 4, de hecho, me ha parecido muy gracioso porque lo he comentado mil veces desde que terminó el concierto en una conversación tipo que vendría a ser así:

    – ¿Qué tal el concierto de U2?
    – No me ha gustado nada
    – ¿Cómo que no si el hijo de la paquita fue y dijo que ha sido el mejor concierto al que ha ido en su vida?
    – La última vez que el hijo de la paquita dijo es fue cuando vió a Alejandro Sanz…

    Lo que quiero decir es que evidentemente no es un concierto para gente a la que le guste mucho la música, siga las novedades, vayan a concierto regularmente etc. Es más para gente que si te “cuelas” delante suya en mitad del estadio te llama la atención porque él estaba antes porque ha llegado con antelación a ese sitio y ahora no ve… No me parece ni bien ni mal, pero tiene mucho de verdad la afirmación de que es un concierto para gente que no va a conciertos… casí más cargante que Bono son los comentarios posteriores al concierto tipo “El mejor concierto en el que estado en mi vida”.

    En cuanto a las pamplinas de Bono, la verdad que yo no podía dejar de imaginarme a Joaquín Reyes subido en el escenario diciendo “Rock-Compromiso” “Estrella del Rock – comprometido” e incluso esperaba que saliera de algún lado Carlinhos Brown en algún momento…

    Y bueno, hablando estrictamente del concierto, cierto es que hay temas que da gloria escucharlos en directo y que siempre emocionan (Sunday bloody sunday, Where the streets… sonaron muy bien, Elevation también, New Years day siempre es un temazo, aunque no me gustó mucho la interpretación) faltarón por otra parte algunos temas básicos (Pride (in the name of love)!!!!) y sobraron casí todos los temas del último disco.

    Pero por otra parte, para mi destacó más lo negativo que lo positivo:

    1. Cerrar con un tema semidesconocido no es propio de una gran stadium band… casi de novato y que dejó muy mal sabor de boca. sobró el último tema.

    2. Sabemos que Bono ama a todas las razas ¿Pero a los extraterrestres también? el video de los dos marcianitos induciendo a crear opinión del público con sus comentarios (“Ha sido una gran noche ¿verdad?”) fue realmente lamentable y patetico y el del final del todo con el muñeco silbando también.

    3. Iba Bono por Turquía dirección Burundi cuando se encontró un poblado… casi tan lamentable esta parte de comprometido como la parte rockera a la hora de decir que España había ganado el “jodido” mundial (oh, soy rockerisimo!! he dicho fucking!!) y como decir que él era Sergio Ramos (Jesús Navas también jugaba el mundial, Bono, miarma! y es más de aquí jeje)

    4. Noté algunas partes “pregrabadas” en concreto cuando Bono cogió la acústica y cuando se pasearon los 4 por la pasarela y el batería (“yo se que el del gorrito es The Edge, pero los otros dos no te creas muy bien que se quienes son xDDD” genial!!) cogió una especie de darbuca que casi no la tocaba y sonaba a tope.

    Como conclusión: No me gustó nada el concierto, disfrute en algunos momentos porque son U2 y temazos tienen, pero tampoco fueron “pa llorar”. Es la 2ª vez que veo a U2, la primera fue bastante mejor y esta sin duda va a ser la última a no ser que toquen en el Malandar…

    Cómo dijo Liam Gallagher cuando le contaron que U2 veían sus conciertos una vez terminados para buscar fallos “U2 se hacen muchas pajas mentales” y yo tuve esa sensación toda la noche.

  • Lcorso

    Yo iba con bastantes miedos similares (nunca han sido santo de mi devoción los macroconciertos) y salí con esa misma sensación: la música, fuera de la época que fuera, era lo fundamental. Comparto en gran medida tu crónica y estoy, sobre todo, de acuerdo en lo esencial: la tecnología en este concierto no es una prioridad sino, a pesar de toda su grandilocuencia y aparente megalomanía, un potente complemento para potenciar la música. Sinceramente, me alegra que alguien haga esa observación porque me parece un matiz realmente significativo, y es precisamente la ausencia de matices lo que lleva a la música por esos otros derroteros a los que tanto -y con razón en muchas ocasiones- se critica.

    y por cierto, todas las opiniones son respetables -eso por supuesto-, pero si hubieran tocado una abrumadora mayoría de canciones de su último disco y apenas clásicos se les estaría hinchando a palos igualmente por lo contrario. Y por favor, vamos a dejar un poco ya el manido tópico de que quienes van a un macroconcierto no pueden ser “auténticos” melómanos y que la música está SÓLO en los conciertos pequeños y grupos semidesconocidos. Obviamente hay un gran porcentaje de gente que va a ver a U2 porque son U2 y les da igual Until the end of the world que In a little while (y no es lo mismo, oigan, no es -ni mucho menos- lo mismo), pero qué quieren que les diga, yo cuando escucho música escucho la música que a a mí me dice algo y no la que me dicen desde diveros medios y/o industrias discográficas que debería decírmelo. Que también, en nombre del independientismo y la vanguardia, se nos cuelan auténticos engendros de vez en cuando.

    PD: pues a mí el Pop también me parece que tiene un buen puñado de canciones muy interesantes, Sr Fernández.

  • Blas Fernández

    Rafa, ¿Alejandro Sanz? ¿Quién es ese? Ahh, ya… El enemigo del Rey del Joropo. Bromas aparte, incluida esa de citar al clarividente, sereno y sensato Liam Gallagher como presunto esclarecedor de entuertos, gracias por tu opinión.

    Lo mismo le digo a usted, señor Corso: gracias por participar.

  • Rafa

    hombre, Liam Gallagher puede ser muchas cosas, pero si dice una verdad como un templo… dice una verdad como un templo.

  • juan mistake

    Sr. Pinto:
    No sabía como definir ese “concierto” hasta que leí hoy su primer comentario. Deacuerdo completamente en casi todo.
    Tengo gente cercana que lo primero que hizo al verme despues de dicho concierto fue hablarme del jodido escenario ¿es eso normal? Es como si hubieses ido a ver un concierto del desaparecido Rory Gallagher y te viene uno y lo primero que te dice: Joder! no veas los focos de colores que tenía!! bueno, y el repertorio que? porque tocó no?

    Lo que realmente me duele de este concierto, o de ese tipo de conciertos, concretamente de este, y de esta banda, es que te pones en la puerta del estadio y el 85% no sabe quien es Jimmmy Page..Pero bueno es un dolor personal.Esta claro que no se puede examinar a la gente en la puerta de un estadio, pero luego no me vayas de rockero/popero de toda la vida men!

    Por cierto, y al caso, Ben Harper es capaz de llenar recintos bastantes grandes y es bastante honesto con la música (su música) y nos evoca constantemente a épocas y personajes pasados.Y eso es de agradecer. La ultima vez que lo ví no recuerdo el escenario que llevaba, porque su música me absorvió tanto que olvide esos detalles para contarlos luego. :).

    Saludos Blas, enhobrabuena de nuevo por tu ventana.