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Adiós a Mario Pacheco

Blas Fernández | 26 de noviembre de 2010 a las 17:32

Foto: EFE

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Charlé con él por última vez hará poco menos de un año. Me telefoneó, con el jocoso aire de complicidad que dejan el paso y el poso del tiempo, para explicarme por qué en su opinión cierta cantaora, con nuevo disco bajo el brazo e inmersa en una gira promocional, no debía ser entrevistada en Sevilla por críticos de flamenco, ésos que en su mayoría, poco tiempo atrás, la habían puesto a caer de un burro. Me pidió que lo hiciera yo, que ya la había tratado en otra ocasión, o que al menos derivara la entrevista a algún periodista -insistió: periodista- sin orejeras ni prejuicios. Finalmente, y ante la sobrecarga de trabajo, optamos por lo segundo.

Así fue la última vez, ya digo, que hablé con Mario Pacheco. La conversación me ha vuelto hoy a la memoria emergiendo desde la profundidad de un recuerdo no almacenado en su día como decisivo, fragmentada, discontinua, finalmente ensamblada por la sorpresa y el dolor que me ha provocado la inesperada noticia de su muerte a los 60 años, víctima del cáncer.

Mario será recordado, y con razón, como el hombre que al frente de Nuevos Medios propició el renacimiento de Pata Negra; como el impulsor de aquellos primeros y esplendorosos Ketama; como el aval de Enrique Morente ante otras audiencias; como el artífice, en definitiva, de aquel movimiento de jóvenes flamencos que marcó un cambio de paradigma, haciendo que no pocos aficionados al rock se acercaran al género y que los seguidores más abiertos de éste prestaran algo más de atención, y con algo más de seriedad, a quienes desde atrás venían empujando.

Ante tal evidencia, reforzada por la legendaria aureola del Mario fotógrafo, el hombre que inmortalizó el gesto de Camarón en la portada de La leyenda del tiempo, corremos el riesgo de pasar por alto otra realidad: el exquisito papel que Mario y Nuevos Medios -¿se entenderá en el futuro lo uno sin lo otro?- desempeñaron en la historia de la música pop española. Quiero decir que no sería justo olvidar quién apostó por rescatar del olvido a Vainica Doble; quién dio cuartel a La Mode y a aquella deliciosa secuela llamada Pop Decó; quién confió en el talento de Golpes Bajos o quién promovió la aventura discográfica de Dogo y Los Mercenarios, entre tantos y tantos otros.

Hubo cosas de Mario que nunca entendí -¿cómo era posible que, incluso ya en el siglo XXI, un sello discográfico como Nuevos Medios no dispusiera de una triste página web?- y posturas que no compartí -como promotor y directivo de la Unión Fonográfica Independiente, algunas de sus opiniones respecto al devenir de la industria discográfica me parecieron erráticas-. Tampoco puedo decir que fuera su amigo. Si acaso, sólo, un viejo conocido. Pero sí que sentía por él el aprecio y el respeto que la vida me enseñó a dispensarle a quien trabaja con amor hasta dar forma a sus sueños. De ahí, seguro, esta sincera tristeza.

  • Paco

    Muchas Gracias Blas por tu artículo y tus comentarios. D.E.P