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Pasado y futuro en Territorios

Blas Fernández | 23 de mayo de 2011 a las 11:30

En buena medida abandonado a su suerte (presupuestaria) por esas mismas administraciones que han venido ondeando su nombre como otro cansino gancho electoral más durante la última y agitada campaña, el festival Territorios se enfrentaba en su XIV edición a una prueba de fuego real que dilucidaría sus auténticas posibilidades de supervivencia en años venideros. La apuesta, ya se ha dicho, pasaba por hacer del público la lógica y razonable base de sustentación de su oferta, de manera que sea éste el que lo soporte de forma efectiva en una época en la que el dinero público se retira, o eso dicen, a otros frentes según parece más urgentes que la cultura.

La fórmula, debieron pensar sus organizadores, pasaba por fraguar un cartel de cierto tirón popular –el que permitieran los recursos manejados– con unos precios de entradas y abonos francamente atractivos. Y esa fórmula, pese a los peros, ha funcionado: la jornada del viernes se rozaron los 14.000 espectadores –el año pasado fueron 5.000–; la del sábado, aun con menos público, superó de manera holgada los 10.000.

Los peros antes aludidos son al menos de dos tipos. El primero se refiere a la infraestructura del festival y denota que, de seguir por esta línea de crecimiento, el Monasterio de la Cartuja, sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, la Universidad Internacional de Andalucía y el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, ha dejado ya de ser su marco idóneo. La razón es simple: no sólo no se cabe, sino que el acceso a determinados escenarios, en concreto los ubicados en la zona de las chimeneas y el jardín de acceso al CAAC, plantean serios problemas de comodidad y, en el peor de los casos, hasta de seguridad. Es éste, en definitiva, un marco desbordado.

El segundo punto se refiere al cartel en sí mismo, a la materia sonora que modela el perfil del festival, y en el que a excepción de algunos nombres nacionales concretos –Sr. Chinarro, Vetusta Morla, Russian Red…– nos encontramos con una propuesta, digamos, envejecida: ninguno de los artistas presentes defiende un disco reciente; se recurre a viejos conocidos de Territorios y a bandas en oferta. Ello no quiere decir en ningún caso que su presencia no resulte de interés, pero puede también que ésa no sea la manera de proyectar la imagen del festival hacia la deseada (por todos) primera división.

Si de lo que se trataba, en cualquier caso, era de lograr el respaldo del respetable para ponerlo encima de la mesa en próximas negociaciones –ojo: es sólo una hipótesis–, entonces no caben mayores objeciones. Pero si lo que se pretende es otra y mayor proyección, entonces hay que cuidar el cartel como principal, aunque no único, punto de partida.

Así las cosas, y centrado ya por último en esa materia sonora, la segunda y última jornada del festival deparó para quien suscribe aislados momentos de interés y otros tantos entre el dejà vu y la inopia. Tote King y Mala Rodríguez, por ejemplo, ofrecieron ambos conciertos a la altura de las expectativas, pero con mínimas variaciones –ahora yo no uso banda; pues ahora yo sí– respecto a lo visto en otras ocasiones, sin apuntar siquiera cuáles pueden ser las líneas maestras de sus futuros inmediatos.

Neil Hannon, aun representando solo la Divina comedia, tal como ha venido haciendo durante los últimos tiempos, cumple con su papel de ácido crooner del desapego. A quien le importan sus canciones, le importan casi igual más o menos arregladas. No faltan las bromas, tampoco a costa de The Human League y una versión del celebérrimo Don’t You Want Me de éstos. Y a broma, en efecto, suena la actuación de los de Sheffield, sólo legible en clave kitsch y una vez superada, o apartada, la pregunta sobre la idoneidad de ciertos retornos.

¿Cabe ahí también la vuelta de Orbital? No: anunciar su concierto como DJ Set tenía su razón de ser, y no porque los hermanos Harnoll pincharan, sino porque plantearon su actuación, en efecto, como un contundente continuo cuya razón de ser no era otra que la pista de baile. ¿Antiguo? ¿Noventista? De veras, ¿le importaba algo eso a los miles que bailaban a esa hora? Otra pregunta: ¿cabe entonces la misma deducción para argumentar y defender el concierto de Klaxons? No, tampoco: suenan más antiguos que Orbital y bordean el aburrimiento. El hype no sabe, no supo, de temazos.

Sustituido Horace Andy –baja por neumonia– por un Prince Malachi cumplidor pero lejano al genuino interés que pudiera despertar el veterano explorador dub, servidor se concentra, es un decir, a vuela pluma en opciones de contrastada o presumible solvencia: Javiera Mena encandila a una audiencia con ganas de diversión; El Columpio Asesino pasa sobre la suya, agradecida, como una apisonadora y Femi Kuti & The Positive Force firma el concierto más impecable, físico y demoledor de la jornada.

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  • Enrique Muñoz García

    En definitiva, Territorios tendrá que plantearse muy mucho su entorno, e incluso si fuera necesario el cambio de ubicación, por lo menos si quiere mantener una imagen seria de cara a la prensa y al público más maduro. Otra cosa distinta es que quiera conformarse con cubrir las espectativas de un público adolescente, más preocupado por el asunto del desfogue corporal que por nombres concretos de artistas.
    La existencia de incontables y por otro lado lógicas barreras arquitectónicas en un marco preexistente, el recorrido bestial entre escenarios y el botellódromo en la entrada de este año, hacen prácticamente milagrosa la inexistencia de esguinces, torceduras y caidas.

  • manoloDomínguez

    con esto de los festivales en sevilla (y del territorios en particular) siempre se habla de las subvenciones, del abandono del interés del ayuntamiento y de un montón de especulaciones que nunca terminan de ir al grano y siempre me dejan a medias.

    vale, sí, recorte de subvención, pero ¿cuál ha tenido concretamente territorios este año? yo creo que daría una visión más exacta de lo que estamos hablando.

  • Blas Fernández

    Ya se ha publicado, Manolo. El recorte reconocido es de 50.000 euros respecto al año anterior, lo que dejaría un presupuesto de 1.150.0000 euros en la edición de 2011. Ojo: es el recorte reconocido oficialmente. Sospecho que ha sido mayor.

  • Joel "JoU" Lozano

    Comparto completamente la opinión sobre el problema del espacio y accesos, pero concretando más.

    Primero, la entrada por Americo Vespucio a priori me pareció buena… hasta que llegué a las taquillas. Ponerlas en un lado en vez de transversalmente (dejando espacio para pasar, claro) hacía que los poseedores de entradas tuvieran que atravesar la espesa cola que gran parte del tiempo ocupaba la calle a lo ancho.

    Por otro lado, el arco de entrada al convento se hacía impracticable en muchos momentos, y me hizo recordar famosos festivales germanos que acabarón mal por problemas de acceso (si bien que este arco era más corto).

    En cuanto a los conciertos, no me suelen gustar mucho los festivales donde se pisan más de 3 grupos a la vez (si no me gustaran tantos estilos, no tendría esos problemas), lo que hizo que sumado a la poca fluidez dentro del recinto apenas viera el viernes a Vestuta Morla, King Midas Sound (agradable descubrimiento) y a los buscados Asian Dub Foundation (si bien el cansancio del paso por Encarnación previo me pasó factura y no aguanté a 2manyDJs).

    También comparto la visión de “grupos envejecidos”, por mucho que me gusten. La representación sevillana está bien, pero parece que solo existen en Sevilla Tote y SFDK que, por mucha calidad que tengan, cansan por repetición.

    Realmente siempre me ha gustado el Territorios Sevilla por su variedad y ciclo de varios findes de conciertos (el de Daedelus en solitario hace varios años fué un lujo de comodidad y cercania) y si la idea es mutarlo en festival maratoniano, espero que la elección del sitio e infraestructuras mejore.

    Salu2 a to2

    P.D.: perdonen la longitud del texto, si no es twitter se vé que no me controlo ;).

  • ana

    Toda la razón, Blas.

  • Juanjo Olmo

    Siento discrepar.
    No me parece que aumentar el numero de espectadores sea sintoma de triunfo. Menos aun cuando la percepción que ha quedado entre los asistentes(con los que he tenido ocasión de hablar) ha sido nefasta. El aumento de público no puede ser excusa para la mala gestión del espacio. Vease el ejemplo de Sonar por ejemplo. Mucha más gente en espacios que presentan problemas similares(en cuanto a entrada y demás) resueltos con mucha más soltura.
    Lo siento pero el festival me pareció un desproposito.
    Lo unico reseñable en m opinion fue King Midas Sound, que poca gente pudo ver, ya que le impedian la entrada cuando el espacio estaba al 50 o 60%.
    Vergonzoso!

  • manoloDomínguez

    yo preguntaba más sobre cuanto era la subvención más que el presupuesto. pero vamos, en general son números que dan vértigo.

    el futuro del territorios ya se verá por donde va, pero a mí este formato batiburrillo de géneros no me gusta mucho. prefería el otro que separaba más por géneros. pero eso es algo personal.

  • Blas Fernández

    Joel y Juanjo: me ponéis los dientes largos al comentar vosotros también lo que os gustó King Midas Sound. Estaba entre lo que más me llamaba la atención, pero me los perdí porque no pude asistir el viernes. Otra vez será, espero.

    En otro orden de cosas, no creo que adjetivos como “nefasta” o “despropósito” sean los más justos para referirse al festival. Creo que hay aspectos absolutamente mejorables -los que cito en la crónica: cartel y acceso a determinados escenarios-, pero reconozco el valor del enorme esfuerzo que la organización ha hecho y está dispuesta a hacer para mantenerlo en pie. Una tarea nada fácil tal como están las cosas.

    Manolo, el porcentaje de dinero público en el presupuesto del festival fue del 68% en 2010. No tengo la cifra de la última edición.

  • Bleed

    Está claro que me hago mayor. Y empiezo a quejarme por casi todo (accesos al recinto, desinformación y confusión en las múltiples taquillas, coincidencia de demasiados conciertos de estilo similar, difícil movilidad en el entorno donde se celebró el festival, y que está claro no es el idóneo para tal aglomeración…). Pero tampoco es el peor organizado al que he asistido, Primavera Sound en Madrid se llevaba la palma.

    El cartel no lo incluyo entre los contras de Territorios. Con The Fall y The Divine Comedy prácticamente di por amortizado los pesares. En cuanto a The Human League, puede que ese sonido haya envejecido mal, pero creo que lo defendieron con autenticidad.

    Me atraía King Midas Sound, pero o sufrí problemas auditivos (por lo que leo al resto debe ser así) o sonoba un poco a culo. El hecho es que salí a mitad del mismo.

    Ah! y me divertí mucho con los Klaxons. Porque a eso va uno a un festival, no?

  • Vidal

    Y yo me pregunto, ¿todos estos que se quejan de los problemas de accesos (vamos a morir, etc) han estado alguna vez en el FIB desde que está tomado por los guiris? ¿Han pisado el Sónar de día? ¿Han estado alguna vez en ese Primavera Sound del Poble Espanyol en el que el acceso a uno de los escenarios se realizaba a través de una pasarela en la que cabía (a duras penas) una persona? ¿Han estado (por Dios bendito) alguna vez en Monegros? ¿Han salido de Sevilla, a fin de cuentas? Vamos a morir, repito.

  • Juanjo Olmo

    A Blas.
    Estoy totalmente de acuerdo en que el esfuerzo por mantener la oferta cultural en estos tiempos es mayor que hace unos años. Pero aún así hay que recordar la trayectoria del festival, que evidentemente se ha ido privatizando cada vez más y en mi opinión tomando un formato cada vez más eficiente(sobre todo economicamente). El paso de aquellos conciertos en las plazas a los primeros pasos en la cartuja(recuerdo a conciertos como el de tortoise, o los ciclos de cine). Este proceso hoy es practicamente imperceptible, no hay oferta más allá de la fiesta.
    Simplemete creo que se ha perdido algo más que el presupuesto.
    A vidal.
    Si que he estado en muchos de esos festivales. En mi opinion las cifras que manejan son incomparables a las de Territorios.No hay que olvidar que Territorios ha sido siempre un festival (relativamente) pequeño, y parece ser que la prioridad de este año era la de “crecer”, o al menos eso apuntaba un cartel expresamente (mal)diseñado para atraer a todo el público posible.
    Simplemente señalo que un festival que se habia manejado bastante bien hasta ahora, parece que comienza a caer en errores que otros ya apuntaban. Que lo hagan otros no es una excusa.

  • Pablo

    A mí lo que me sorprende es la cantidad de organizadores, programadores, promotores y críticos (frustrados) que hay en esta ciudad… Lee uno por ahí unas afirmaciones tan vehementes y unas opiniones tan fundadas en la realidad del festivaleo que parece impensable que en Sevilla no haya muchísimas más propuestas interesantes a las que acudir.