Shotta, rap sin miedo

Blas Fernández | 20 de octubre de 2011 a las 7:20

“En realidad –dice Ignacio González Rodríguez, más conocido por Shotta–, por un lado estaban Sólo Los Solo y por el otro el resto”. En realidad, la pregunta aludía a la idea de un rap español a dos velocidades, la que marcaban los autores de Retorno al principio y otros ilustres francotiradores –entre ellos, Tote King, Mala Rodríguez, La Puta Opepé o los nunca suficientemente reconocidos Hippaly– y la de los demás, aparentemente abonados a senderos más transitados y hasta colapsados.

“Creo que hay grupos que tienen un estilo tan marcado que no consiguen verse fuera de él. Y es algo auténtico. Llevan años haciéndolo, les funciona y les gusta –considera Shotta–. Pero otros prueban cosas nuevas, como cuando se pone de moda lo de tocar con banda y hacer cosas que suenan a jazz o a rock. Hay gente que se atreve y otra que no, y quiero pensar que no es por miedo, sino porque no saben hacerlo de otra manera. No sé qué sentido puede tener el miedo en la música. O a lo mejor es que no escuchan mucha. Sí, puede ser eso”.

Puede ser. Al menos, en la misma medida en que el rapero sevillano se demuestra melómano y ajeno a ese temor. Tan dispuesto que deja en manos del mencionado Griffi todas las bases de su tercer álbum (y medio), Profundo (BOA). Tras colaborar con él y con su hermano, Manuel González Rodríguez, alias Tote King, en el último proyecto del catalán, Chacho Brodas, las ganas de trabajar juntos cuajan en un álbum sorprendente por su pegada (sonido gordo, pero gordo, gordo) y musicalidad.

“No hay nada que se parezca a lo que hace Griffi –glosa Shotta–. Cuando mi hermano y yo grabamos Tu madre es una foca es evidente que estábamos en otra onda, más bombo-caja, por así decirlo. Luego lo conocimos, flipamos con su manera de trabajar y nos hicimos fans de Sólo Los Solo. Mucho después empezamos a hacer canciones con él y flipamos con cómo sonábamos encima de su música. Ese primer contacto me sirvió además para darme cuenta de que conectábamos, de que tenemos personalidades parecidas. Pensamos en hacer algo juntos para Sangre –recuerda Shotta en referencia a su segundo disco con nombre propio–, pero al final no pudimos: él quería sacarlo con su propio sello discográfico y yo tenía un contrato que me lo impedía. Pero esta vez dijimos ahora  vamos a hacerlo”.

Dicho y (esta vez) hecho. Profundo aglutina catorce cortes que esquivan la previsión tanto en la lírica –si hay lugares comunes en el género, aquí terminan por tratarse con humor– como en el armazón que la sustenta, fraguado con samples extraídos de bandas sonoras de películas ochenteras, ecos orientalizantes y hasta algunos graves propios del dubstep.

“Hay como ocho o nueve bases que se han quedado fuera. Eran las más experimentales, las del Griffi más raro –concede Shotta–. Muy guapas, claro, pero a mí, para rapear, me hacen falta bases que me lleguen. Es como todo. Cuando los MC y los productores nos ponemos a hacer un disco siempre se quedan un montón de bases fuera. Y tiene que ser así. Si no, es que te has quedado con bases que no te gustaban, que no has sabido elegir. Tienes que tener 20 ó 25 instrumentales y a partir de ahí escoger los que te inspiren, los que saquen lo que llevas dentro”.

O que cuadren, en todos los sentidos, con lo que el MC ya ha concretado palabra por palabra. “En algunos casos encajo letras ya hechas sobre las bases y en otros es lo contrario, coges la base y te sale la letra del tirón. Yo estoy apuntando cosas todo el rato –cofiesa Shotta–, en el móvil, en cualquier papel… Son frases que después uso en las canciones y que en principio a lo mejor no guardan mucha relación entre sí, pero les doy sentido. No me gusta escribir pensando en voy a hablar de esto o de lo otro, sino de manera más libre”.

La concesión a un lugar común: el corte Viene la Policía. “Cuando lo estaba haciendo ya era consciente –sonríe–, pero quedaba tan bien con la base, con esas sirenas… Era como una película. De todos modos, no es para nada el rollo Fuck The Police!, sino más como una fiesta. ¡Que no pare la fiesta! En la calle hay cosas más importantes que hacer que andar quitándole el polen a los chavales”.

Y otro punto de humor y pique sano. Su hermano Tote convirtió Botines en uno de los temas más celebrados de su discografía y ahora llega Shotta y se descuelga con Yo voy en chanclas, de lo mejor de un disco que progresa con cada corte. ¿Chanclas contra botines? “No, es que yo voy muy suelto. Quiero decir, que voy más suelto con chanclas que con botines”, bromea sin querer abundar.

¿Harto de comparaciones, verdad? “Sí –rotundo pero afable–, deberían preguntarle más a él por mí”. Le pregunto por sus gustos comunes. “Musicales –dice–, casi los mismos. Siempre he estado muy influido por él. Al fin y al cabo, es lo que te pone tu hermano mayor, y lo miras con otros ojos que eso que te pone otra persona. Luego, cuando creces, desarrollas otros gustos que a lo mejor él no tiene. Por ejemplo, a mi hermano no le gusta el drum’n’bass y yo oigo cosas que me parecen muy interesantes”.

Tras el despliegue de medios de Profundo, queda la incógnita, bendita y para algunos apellidos parece ya que proverbial, de qué hacer en una próxima entrega. “También yo lo he pensado –reconoce Shotta–. A Griffi todo el mundo lo tiene en un pedestal. Así que, ¿ahora qué hago? No lo sé, la verdad”.

De momento, con Griffi, lo veremos en esos “festivales grandes que tanto nos gustan, como Monegros o Territorios”. ¿Territorios? ¿Ya está confirmado? “Vaya, se me ha escapado la vacilada. ¿Mira que si al final no voy?”.

Nada mejor para entretener la espera que la escucha del álbum y los clips que lo acompañan. De momento está disponible el del tema que da título al disco, filmado y firmado por Ernesto Cabeza. “Nos fuimos a Indonesia a grabar el videoclip de Profundo –cuenta Shotta–. Estuvimos una semana  con los 2.000 euros que nos pagó el sello. Nos gastamos 1.400 en los billetes y el resto para dormir y comer, que allí es muy barato. Bueno, algo tuvimos que poner de nuestro bolsillo… Nada de equipazos: él y yo. En el de Sangre nos gastamos 6.000 euros y no me gustó tanto. Porque te puedes gastar un dineral en equipo y en todo lo demás, pero cuando las cosas salen mejor es porque hay conexión e ilusión”.


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