El viraje electrónico de Balago

Blas Fernández | 14 de junio de 2013 a las 5:00

Ah, las etiquetas… En Introspective (2007), aquel estupendo documental de Aram Garriga sobre el post-rock, Jan St. Werner, de Mouse On Mars, se quejaba de las múltiples cubetas ordenadas por géneros a las que iban a parar sus títulos en las tiendas de discos. “Sí, es verdad -dice hoy David Crespo, del grupo catalán Balago-. A nosotros con cada nuevo álbum nos han puesto una diferente. Supongo que no se sabe bien dónde ubicarnos”.

Balago, ahora en formato de trío, completado por su hermano Roger y Guim Serradesanferm tras algunos cambios en la formación, llega este viernes a Sevilla para actuar en el ciclo Electrochock(US). Y lo hace con un flamante trabajo bajo el brazo, Darder (Foehn Records, 2013), su quinto álbum, de nuevo empeñado en dificultar las adjetivaciones orientativas. “Hace cincuenta años la música estaba más definida -apunta-. Estaba el pop, el jazz, el rock, el blues… No se mezclaba tanto, no había un tipo haciendo jazz, por ejemplo, con un sampler y dos sintetizadores. Me parece correcto, porque creo que se trata de situar al público. Pero a menudo recuerdo una entrevista muy graciosa a Kurt Cobain en la que le preguntaban cuál era el estilo de Nirvana. El tío contestaba dando una lista de veinte diferentes. Se estaba riendo del entrevistador”.

Asociado al post-rock con su álbum de debut (Erm, 2001), Balago ejemplifica esa saludable dinámica de redefinición con cada nuevo capítulo. En el caso de Darder, su discográfica apunta términos como post-dubstep, dark ambient, krautrock etéreo y hasta kosmische melancólico. Lo cierto, matices al margen, es que aquí cabe hablar de paisajismo sonoro y, atendiendo a la evolución plasmada en títulos como El segon pis (2004), D’aquii (2008) y Extractes d’un diari (2010), de una paulatina apuesta por posiciones cada vez más electrónicas. “En el fondo -asume Crespo- yo soy guitarrista, y en principio la idea era mezclar guitarras y electrónica. Pero luego resulta que Balago se reinventa con cada disco y, si te fijas, no hay dos iguales, aunque todos tengan algo en común. En el segundo ya explotamos más la electrónica, pero a la vez metimos elementos acústicos, algo que no habíamos hecho en el primero. En el tercero todavía había guitarras, aunque comencé a darle más importancia a los samplers y sintetizadores. Y en los dos últimos, en efecto, hemos ido pasando de lo orgánico a lo robótico”.

No hay un porqué claro que explique este viraje, insiste el músico, omnívoro degustador de platos diversos, “enamorado de la discografía de Low” y, al tiempo, fan visceral de Depeche Mode. “Quizás si hubiéramos empezado sólo con electrónica ahora estaríamos con las guitarras -reflexiona con humor-. No es premeditado, sencillamente vas viendo qué se queda y qué no. Probablemente, en estos dos últimos discos, llegó un momento en el que me sentía muy a gusto trabajando sobre todo con el sampler. Fue algo que descubrí hace muchos años escuchando discos de hip-hop y a grupos como Disco Inferno, que es una banda que me marcó de por vida. Me gusta todo, pero hay que saber picotear y coger lo que te atrae de cada grupo o estilo, llevarlo a tu terreno y filtrarlo para que suene personal. Pero no es una evolución premeditada, no sé cómo he llegado aquí. Creo que en la adolescencia, allá por los 16 ó 17 años, descubrí a Depeche Mode y se convirtió en el grupo más importante de mi vida. Aún tengo esa imagen de los tres tocando el Violator en el Palau Sant Jordi. Era como… ¡guau!“.

Prolífico compositor para la pantalla y la escena -¿recuerda la cortinilla de la distribuidora cinematográfica DeAplaneta? Es suya-, Crespo ha firmado bandas sonoras de largometrajes como Pudor (Tristán y David Ulloa, 2007), El rey de la montaña (Gonzalo López-Gallego, 2007) o La plaga (Neus Ballús, 2013), amén de músicas para cortos, documentales y espectáculos de danza contemporánea -durante ocho años fue el compositor de cabecera de la compañía Erre que Erre-. Sin embargo, y pese a las cualidades que en ese sentido expone Darder, se resiste a asumir conceptos desgastados. “Nunca hemos buscado sonar a cine, hacer bandas sonoras imaginarias para películas inexistentes -afirma-. Hacemos música para escuchar, cuando quieras y como quieras. Pero la prensa rápidamente nos situó ahí. Y yo, viendo mi carrera posterior, casi que tengo que agradecerlo. A base de ese tipo de artículos creo que algún director se convenció y me llamó”.

De su concierto de esta noche -“todo Darder con un par de canciones de Extractes d’un diari por ahí en medio”-, señala Crespo un detalle que da para otra entrevista, como mínimo. “Nada de ordenador en directo. Es algo que decidimos hace tiempo. Recuerdo un concierto de Tortoise en el que hubo un momento de pausa, con cada uno de ellos toqueteando el ordenador, supongo que cargando algo para el siguiente tema, y John McEntire, creo, dijo “están mirando el Messenger”. Eso resume un poco el hecho de por qué no los llevamos en directo: no es bonito para alguien que paga por un concierto ver a tres tíos con ordenadores. No sé qué estás haciendo, no sé si sólo estás dándole al play… Nosotros queremos ser como los grupos de los 90, como Laika o Diabologum, vamos con nuestros dos samplers Akai antiguos, nuestra Roland SP 404 y dos teclados midi. Creo que así el directo es más atractivo, enérgico y simpático. Y cabe la posibilidad de equivocación, porque aunque todo sea electrónico, estamos tocando”.

Balago actúa esta noche a las 22:30 en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (c/Madre de Dios, 1). Entradas a 6 euros. 3 euros para la comunidad universitaria.

  • Ortega

    Me apunto.

    Por cierto, Blas, ¿qué tal estuvo el concierto de ayer de Jacob?

    Un saludo

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