Caligrafía creativa

Blas Fernández | 19 de enero de 2014 a las 5:00

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five_spanish_songs_coverDestroyer: Five Spanish Songs. Pop / Rock. Dead Oceans / Popstock! CD-EP /12″ / DD

El hecho de que el canadiense Daniel Bejar (Vancouver, 1972) ya hubiera dedicado con anterioridad algún que otro piropo a la música de Antonio Luque, Sr. Chinarro, no restó ni un ápice de sorpresa al anuncio, realizado en los últimos meses del pasado 2013, de la publicación de un epé íntegramente dedicado a versionar canciones del sevillano. El exintegrante de The New Pornographers -uno de los varios proyectos colectivos en los que estuvo implicado mientras trenzaba su carrera en solitario como Destroyer- es hijo de emigrantes españoles y ha pasado largas temporadas en el país, y aunque, según él mismo reconoce, eso no le ha reportado un vasto conocimiento de la historia del pop en castellano, sí que le ha servido al menos para quedar atrapado en la larga y deslumbrante discografía chinarra.

Queda claro desde el minuto uno que Five Spanish Songs desprende admiración y fascinación por las canciones de Luque -digámoslo una vez más: uno de los mejores letristas del rock nacional de las dos últimas décadas-, pero no es menos cierto que, a la postre, se desvela también como una perfecta coartada argumental para despresurizarse frente al éxito de Kaputt (2011), su décimo disco como Destroyer, con un brillante ejercicio de caligrafía creativa.

Aun a riesgo de equivocarse, valdrá la pena apuntar que quizás Bejar sea uno de esos músicos inquietos, quizás como el propio Luque, a los que no seduzca la idea de reiterar una fórmula por el mero hecho de haber demostrado antes su eficacia. Y, quizás, la distancia que separa la elaborada inmediatez de Five Spanish Songs del sofisticado empaque de Kaputt -rendida ensoñación del soft-rock norteamericano de los últimos 70 y cierto elegante pop británico de los primeros 80- pueda leerse justo en esa clave.

Si Bejar ha sentido el presumible peso de la responsabilidad de enfrentarse al repertorio de un autor de culto -asunto improbable a tenor del público potencial del disco, mayoritariamente no hispanohablante- lo ha disimulado a la perfección, pues se le nota ligero y a gusto, tan encantado de moldear el material ajeno como lo estaría un chiquillo frente a una tableta de plastilina nueva: elige y rehace, dando a cada una de éstas cinco canciones españolas una forma completamente nueva.

María de las Nieves, incluida en 2011 en Presidente, es la única que conserva parte de su aura inicial, aunque acelerando algo el tempo respecto a la original para hacerla fluir de manera menos solemne y más perezosa. Del montón, procedente de El mundo según (2006), pierde su aire de rumba para acercarse al swing, aunque manteniendo intacta esa melodía que, en el fantástico estribillo, se sobrepone frente a cualquier género.

Asombrosa resulta la relectura de El rito, de El fuego amigo (2005), que torna su primitivo aire aflamencado -allí dejó su impronta Enrique Morente en una inesperada y celebrada aparición- por unas guitarras de corte stoniano que la propulsan con el empuje de un cohete. No menos llamativa luce Babieca, también de Presidente, vitaminada con bongos atómicos, cuerdas vibrantes y guitarra nerviosa. Y para el final, claro, Bye Bye, de Sr. Chinarro (1994), única incursión en el Luque anterior a la línea clara, aquí dibujada con la austeridad de una acústica apenas salpicada por leves apuntes eléctricos.

Flanqueado por compañeros de confianza -entre otros, John Collins (The New Pornographers) y Josh Wells (Black Mountain)-, a Bejar le nace un disco hermoso al que, tras la escucha, sólo cabe hacerle un reproche: ¿Por qué cinco, si le daba para un álbum completo?