Enhorabuena a los cuatro

Blas Fernández | 26 de octubre de 2014 a las 5:00

Foto: Álvaro Soto

Foto: Álvaro Soto

perspectiva_blogPerspectiva caballera. Sr. Chinarro. VEEMMM. Pop. CD / DD

Seguidores de largo recorrido de Antonio Luque manifiestan un indisimulado alborozo: se ha corrido la voz de que en Perspectiva caballera, décimo quinto álbum de Sr. Chinarro, vuelve el músico sevillano a la oscuridad y el cripticismo, a los modos y formas de su primera etapa –en justicia, tan dilatada y con títulos tan distintos entre sí que agruparlos bajo un mismo epígrafe daría tanta grima como rimar con tiempos verbales– y ya tenemos el rumor convertido en argumento para un considerable porcentaje de reseñas y hasta en eje principal de entrevistas varias. Entrevistas, por qué no, en las que incluso el propio entrevistado da la razón a los sucesivos entrevistadores, que olvidan, sortean  o ignoran la nunca caprichosa inclinación del personaje a decir mañana Luque donde hoy digo Antonio. Así que, más allá de la perezosa y proverbial inercia tan propia del gremio, ¿hay base firme para sustentar semejante coincidencia de opiniones? Francamente: yo no la aprecio.

Tras probar con variopintas formaciones y diversos resultados –aunque sin escatimarnos nunca un puñado de canciones enormes, genuina marca de la casa–, en Perspectiva caballera Luque reúne a la banda, esa base de  núcleo duro que tras El fuego amigo (2005), el álbum con el arrancara aquella etapa de línea clara, abundaría en los nuevos acentos que el cuerpo le pedía durante tres títulos consecutivos: El mundo según (2006), Ronroneando (2008) y Presidente (2011). Una gran banda: el multinstrumentista y productor Jordi Gil y la ultracompacta sección rítmica de Maga, Javier Vega al bajo y Pablo Cabra a la batería; solvencia y talento al servicio, pero también al contrapeso, de la torrencial inspiración chinarra.

Si El fuego amigo le proporcionó a Luque el método –consecuencia aplicada de una tardía asunción de su condición de músico profesional–, aquellos títulos posteriores lo desarrollaron hasta sus últimas consecuencias, incluso infringiendo en el empeño una norma confesa: no reiterar nunca la fórmula más allá de un par de títulos –la siembra de la nueva semilla en uno y la recolección de la fructífera cosecha en otro–. Esa dinámica explica por si sola el cambio de rumbo (y de banda, una vez más) en un título como ¡Menos samba! (2012) y la pérdida aparente de éste en Enhorabuena a los cuatro (2013), quizás el más  desnortado –aunque, como siempre, con cortes acordes al reconocido talento de Luque como letrista excepcional– en tan extensa discografía.

Tras la endeblez de aquel último capítulo –que, según su sello editor, funcionó particularmente bien en el mercado nacional, al menos teniendo en cuenta las cifras que éste suele gastar–, se imponía con urgencia una necesaria reconsideración al objeto de mantener un estatus ganado a pulso; replanteamiento que nuestro hombre, como suele ser habitual en él, acomete sin reparos, aunque ello conlleve el abandono de la discográfica que facilitó su despegue comercial, Mushroom Pillow, y la puesta en marcha de una propia, Veemmm. Una idea, por cierto, ante la que siempre, convencido de que en este negocio el músico sólo debe preocuparse de su música, se había mostrado reacio.

Éstos vendrían a ser los mimbres con que se teje el hermoso cesto de Perspectiva caballera, un álbum más cercano en musicalidad, que no en sonoridad, a los tres discos inmediatamente posteriores a El fuego amigo que a cualquiera de sus predecesores. Y es lógico: sus artífices, incluidas las aportaciones a la guitarra de un finísimo Israel Diezma, son los mismos.

Frente un escritor que apostó en sus últimos trabajos por primar la claridad sin perder el aliento poético –valga como esplendoroso ejemplo aquella Los amores reñidos de Ronroneando–, queda quizás la impresión de reencuentro con aquel otro Luque abierto a las interpretaciones del oyente. Aunque puede que sólo sea eso, un truco de perspectiva: ¿Dejó de serlo en algún momento? ¿Tan críptico, por contra, resulta aquí?

Dejemos en esta ocasión los textos de Luque en un segundo plano –de segundas lecturas están llenos, aunque líneas como La modelo se fue con el pintor / La brocha gorda y cuanto más mejor (El gato de S) no resulten particularmente indescifrables– y celebremos el equilibrio conjunto de esta brillante colección de canciones, presta a engrosar el abultado canon de clásicos chinarros.

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