Cosecha 2014

Blas Fernández | 28 de diciembre de 2014 a las 5:00

Repita conmigo: soy un oyente formado y me traen al pairo las listas de lo mejor del año que, con atosigante profusión, florecen cada Navidad en las publicaciones más diversas. Y en cualquier caso, si no se considera tal, el mero hecho de estar leyendo sobre música ya lo sitúa en un buen camino.

Si es lector asiduo, ya sabrá que en La Ventana Pop huimos ante la mera idea de sentar cátedra y establecer jerarquías en torno a un terreno tan amplio, definitivamente inabarcable, como el de la música pop de nuestra época. Hace años que preferimos recomendar hallazgos con el ánimo de compartirlos y, si hay consenso, de sancionar desde nuestra afición-adicción aquello que ya es de dominio público. En un intento de abrir el abanico, desde el pasado 2013 lo hacemos, además, pidiendo a varios compañeros de Redacción caracterizados por su filiación melómana una relación de títulos que, por una u otra razón, les han calado de manera especial. Algunos, inevitable y significativamente, se repiten.

Esa selección es, claro, la que sigue. A la que usted, si le place, puede sumarse en los comentarios. ¡Buena cosecha!

mark_kozelek

La selección de Manuel Barea (Redactor Jefe del Grupo Joly, Sección Andalucía)

Sun-kil-moon---BenjiSun Kil Moon. Benji. Caldo Verde.
Mark Kozelek nos ha calado este año hasta el tuétano con un disco sobre la muerte y el amor. Ya sólo el tema que abre, Carissa, nos muestra que no estamos ante otro disco más, sino que la cosa va en serio y que nos acompañará hasta el final de nuestros días. Sobre Benji no se acumulará el polvo del olvido. Porque a un tipo que rinde homenaje a sus padres con canciones como I can’t live without my mother’s love y I love my dad sólo se le puede estar agradecido. Y escucharlo una y otra vez.
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ty_segallTy Segall. Manipulator. Drag City.
Es un fan del rock, un arqueólogo incansable dispuesto a legar algún día su clásico, el disco por el que será recordado. En ello anda, y con Manipulator se ha acercado bastante. En su haber tiene que Ty Segall suena a Ty Segall, que los riffs de guitarra de Ty Segall son de Ty Segall. Además, en este disco está Feel, una de las canciones del año. Si aún no la has oído, ya estás tardando

parquetParquet Courts. Sunbathing Animal. What’s Your Rupture.
Cancionero punk-rock neoyorquino. Pero sonando originales, muy lejos del remedo en el que otros han patinado al empeñarse en querer ser los Televisión o los Modern Lovers del siglo XXI, un afán tan absurdo como imposible. Esta banda de Brooklyn, con el modelo Pavement como referente de la independencia sin pose, ha entregado en 2014 un gran segundo disco para alimentar la adicción que nos crearon con Light Up Gold. Así que nos hemos quitado de encima el síndrome de abstinencia y hemos disfrutado en el rincón más confortable del garaje.
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stephenStephen Malkmus & The Jicks. Wig Out At Jagbags. Domino.
¿Podemos, aunque sea por una vez, no citar a Pavement? Ya está, ya lo hemos hecho. Es inevitable. El bueno de Malkmus debe estar harto. Pero es que algunos seguimos aún bajo los efectos de la onda expansiva de aquella bomba indie de los noventa. El genio manufactura aquí otro disco sólo para fans incombustibles (tirando a miembros de secta, vamos) con sus Jicks dejándose dominar por la música, jugando con ella, descuajaringando el pentagrama con melodías a punto de descomponerse sin hacerlo del todo con ese espíritu y actitud naif tan del gusto de SM. Un disco optimista. Que con la que está cayendo se agradece.
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chainChain & The Gang. Minimum Rock’n’roll. Radical Elite.
Ian Svenonius mamó rock. Notamos esa crianza en Nation of Ulises y Make Up. Y lo seguimos haciendo con Chain & The Gang, banda con la que Svenonius sigue empeñado, con bastante más chufla que trascendencia, en demostrar que lo que la mayoría conoce por rock es una música inocua, institucionalizada y bien empaquetada por las corporaciones y multinacionales para hacer caja. Así que lo suyo es sonido seminal –genuino y auténtico-. Por supuesto que no es uno de los diez discos de 2014, ni siquiera está entre los cincuenta primeros. ¿Y qué más da? Aparece en esta lista por diferente, por la forma que tienen Chain & The Gang de entender esta música y, lo que de verdad importa, de ofrecérnosla.
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spoonSpoon. They Want My Soul. Anti.
Cuando hacen canciones… Y con este disco, otra vez, las han hecho. Muchos fruncieron el ceño con el anterior, Transference, y sin duda serán los mismos a los que They Want My Soul les habrá puesto los ojos como platos y abierto las orejas de par en par. Al grupo que ya nos ha legado gemas como Sister Jack o Cherry Bomb -por citar sólo dos ejemplos mayores- no se le iba a olvidar componer e interpretar canciones así como así.
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conorConor Oberst. Upside Down Mountain. Nonesuch.
Hay una música que te coloca en el centro del escenario, delante del decorado. Es la banda sonora de tu película, que jamás verá nadie. Suenan canciones otoñales en un atardecer en blanco y negro, un gris vespertino que antecede a una noche en solitario, una madrugada insomne en un territorio propio, único, exclusivo, a salvo de injerencias, inexpugnable. Hasta que notas que empieza a clarear otro día más por encima de los edificios y entonces vuelves a pinchar Upside Down Mountain y subes el volumen.
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cometComet Gain. Paperback Ghosts. Fortuna Pop!
Rematadamente mal tienen que hacerlo David Feck –aka Charlie Damage- y sus compinches para impedir que servidor no incluya un disco suyo en su (muy personal) lista del año. Paperback Ghosts está aquí porque CG es una debilidad, así de claro, pero sobre todo porque, igual que una de esas amistades de las buenas, acude al reencuentro sabiendo lo que uno espera de ellas, sin temor a la decepción ni al fraude. Llegó en verano, allá por julio. Caramelo pop para la segunda parte de 2014.
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blackThe Black Keys. Turn Blue. Nonesuch.
Uh, uh ¿El último de los Black Keys en esta selección? ¿Seguro? ¡Pues sí! ¿Y su blues rock descarnado, dónde está? Las comisuras de los labios se vinieron abajo y las miradas tornaron en despiste y hasta en desprecio. ¿Qué habían hecho Dan Auerbach y Patrick Carney? Pues su álbum vacilón. ¿Qué quería el personal? ¿El Camino Segunda Parte, otro Lonely Boy? ¡Pues no! Cucharadas soperas de Motown y Stax, gotas de Stones, briznas de psicodelia… Un cóctel para quien quiera saborearlo. Y repetir. Los Black Keys no desean más fans. ¿Y menos? Sólo los justos, los que se quedan a escucharlos.

vicVic Godard & Subway Sect. 1979 Now! Music As Usual.
Y cerremos cumpliendo con la llamada de las costumbres y la tradición. Son las fechas. Este es el regalo de este año para tu ser querido pureta -como quien suscribe- que se emocionará al tener en sus manos la obra northern soul de este crooner punk que se deshizo sin traumas del corsé de cuero, imperdibles y tachuelas. Elegancia. Produce Edwyn Collins, fan en sus años de adolescencia, y siempre, de los Subway Sect. Y si regalas el vinilo -la portada es una preciosidad- tendrás a tu novio, marido, amante o cuñado favorito entregado durante todo 2015.
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chencho

La selección de Manuel J. Lombardo (Crítico de cine del Grupo Joly)

brian_eno_y_karl_hyde_somedBrian Eno & Karl Hyde. Someday World. Warp.
Brian Eno sigue buscando cómplices en su insaciable voracidad creativa, compañeros de viaje para reinventarse o camuflarse de un proyecto a otro. Aquí lo hace con Karl Hyde, de Underworld, y el resultado, con un punto ligeramente anacrónico y ochenteno (¿quién dijo Thomas Dolby?), es pura energía, electrónica analógica de alto voltaje que incluye un puñado de himnos como Daddy’s car, Witnesss o el que para un servidor es el mejor tema de la temporada, Strip it down. En 2014 sacaron otro disco estupendo, High Life, pero no es tan bueno como éste.
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ChenchoChencho Fernández. Dadá estuvo aquí. Fun Club Records.
A Chencho se le conoce sin conocerlo, sin ser su amigo-de-toda-la-vida. Mucho mejor a través de este repertorio macerado por el tiempo que por todas esas horas de calle que, sin cruzarnos, hemos compartido en la ciudad. Lo generacional se impone en estas canciones de impronta clásica sin demasiada pose ni excesiva melancolía, de manera natural. Bueno, algo de afectación rockera sí que hay en esa manera de cantar, pero todo forma parte del pacto, de la complicidad, de un universo urbano y soñador que Fernández sabe convertir en temas que sobrevivirán a su época.
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grouper_ruinsGrouper. Ruins. Kranky.
Llegamos tarde a Grouper, pero llegamos, para quedarnos. Canciones de una sencillez minimalista desarmante, un piano tembloroso y la voz susurrante de Liz Harris, melancolía indie pasada por el interior de Portugal, donde, al parecer, se grabó este disco, como quien no quiere la cosa, entre el croar de las ranas y el crujir de los suelos de madera.
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HarryHarry Dean Stanton. Partly Fiction. Omnivore.
Lo dice David Lynch y va a misa: “Harry Dean Stanton tiene una de las mejores voces que he oído nunca. Él canta desde el nivel del alma. La manera en la que canta estas canciones, especialmente su versión de Everybody is talkin’, me abre el corazón y me hace llorar”. Pues eso, en el sofá de su casa de Los Ángeles, con su armónica, acompañado por la guitarra de Jamie James, desnudando y mejorando algunos clásicos americanos o aquella Canción mixteca de París, Texas. 88 años de genio y figura.
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Monde-Musical-TruffautLe Monde Musical de François Truffaut. Cofre 5 CD. Universal France.
Si un cofre con la totalidad de las músicas de las películas de Truffaut no está entre nuestras preferencias del año, no sé muy bien qué podría estarlo. De la luminosidad melancólica de Los 400 golpes (Constantin) al dramatismo elegíaco del mejor Delerue (La mujer de al lado), del espíritu lúdico de Duhamel (Domicilio conyugal) al romanticismo nupcial y futurista de Herrmann (La novia vestía de negro, Fahrenheit 451), de la recuperación de Jaubert (Adèle H., La chambre verte) o Vivaldi (L’enfant sauvage) a ese amor en fuga cantado por Alain Souchon, esta caja contiene algunos de los mejores recuerdos musicales de mi memoria cinéfila.

Mica-levi-Under-the-skinMica Levi. Under the skin. Milan.
Este disco no gusta, no puede gustar, no está hecho para gustar. Es música que viene, literalmente, de otro planeta, como la Scarlett Johansson de vinilo de la película de Glazer. Es materia sonora, zumbido arcano, tribalismo futurista, ansiedad cósmica materializada en acordes turbios, texturas sucias y ritmos machacones. Mica Levi, Micachu para los amigos, se destapa como la última esperanza blanca para la música de cine porque, precisamente, no hace música de cine.
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Owen-pallett-In-conflictOwen Pallett. In conflict. Domino / Secret City.
Los discos de Pallett, en Final Fantasy y ahora bajo su nombre, tienen siempre algo de excesivo, melodramático y barroco, como si el canadiense quisiera meter toda su sabiduría musical de conservatorio en el interior de canciones pop de consumo inmediato y ánimo adolescente. La épica de In conflict se saborea por capas, desentrañando su compleja arquitectura musical a cada nueva escucha, leyendo los contrapuntos, los ritmos y los timbres sin prestar demasiada atención a la letra.
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radiorewriteSteve Reich. Radio Rewrite. Nonesuch.
Después de convertir en música (funeraria, aunque siempre minimalista) los ecos sonoros del 11-S en WTC 9/11, Steve Reich devuelve a sus hijos y herederos parte de su propio legado, en este caso componiendo una pieza a partir de temas de Radiohead e invitando a su guitarrista y compositor Jonny Greenwood a que tome el relevo de Pat Metheny en la ejecución de una de sus piezas más celebradas, Electric Counterpoint. Lento y rápido son las indicaciones básicas para la formación Alarm Will Sound y para la pianista Vicky Chow, brillante en los loops eternos del Piano Counterpoint.

Silvia-Pérez-granadaSilvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró. granada. Universal.
Aún a riesgo de saturación por sobreexposición, este disco, prolongación natural de aquel 11 de noviembre en clave mucho más depurada (Raül Fernández sabe lo que se hace a las guitarras), no sólo nos conmueve por la voz portentosa, trémula y melismática de Silvia Pérez Cruz o por la cuidada y poco ortodoxa selección del repertorio (Pla, Cohen, Morente, Bonet, Paez, Piaf o Schumann), sino por su sofisticada concepción de lo que es hacer versiones con personalidad, yendo al hueso y al núcleo de los temas originales para, en ocasiones, llegar incluso a mejorarlos, con perdón. Menudo sacrilegio.
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Sun-kil-moon---BenjiSun Kil Moon. Benji. Caldo Verde.
Hasta Malmö (Suecia) tuve que irme para descubrir la hondura de este disco y reencontrarme con Mark Kozelek, a quien había perdido la pista, otra más, desde la disolución de Red House Painters. En aquel concierto de apenas una hora Kozelek se mostró irónico y secote, en su estilo, pero las canciones de Benji iban desgranando, una a una, el relato íntimo de una Norteamérica profunda, sentida y herida, la de un tipo que recuerda a sus amigos y familiares muertos, un tipo que ya casi no canta, un auténtico narrador, un cronista.
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La selección de Francisco Camero (Redactor de Cultura de Diario de Sevilla)

Sun-kil-moon---BenjiSun Kil Moon. Benji. Caldo Verde.
Triste o más bien agridulce y con sus sencillas, frágiles y honestas letras atravesadas por la idea -o el escalofrío- de la mortalidad, y no a pesar de todo esto, sino precisamente por ello, hermosísimo. Mark Kozelek lleva toda la vida sacando discos con la verdad por delante (ahí está el admirable legado que dejó con Red House Painters), y bajo la misma premisa de folk primordial y experiencia en carne viva llegó este sexto trabajo como Sun Kil Moon, para quien escribe el favorito sin duda de los que ha hecho bajo ese alias. En el centro, su voz, con ese fraseo tan característico, medio perezoso y a la vez casi torrencial; y arropándola, durante la mayor parte del tiempo, una guitarra acústica sin más: un hombre cantando sobre su madre, que envejece, que se hace cada vez más frágil y le da miedo (también a él), sobre su padre, al que tanto quiere y admira, sobre amigos que se fueron (y eso cómo se comprende), sobre la tarde en la que, de pequeño, vio en la televisión una de esas matanzas de instituto perpetrada por un niño americano completamente enajenado más: los títulos de las canciones -pura narrativa comprimida con aires de elegía- son más que elocuentes. Pero además Kozelek (rodeado aquí de amigos como Steve Shelley o Bonnie Prince Billy: cuidado) se atreve a vestir levemente su minimalismo radical añadiendo sobrios y precisos arreglos que añaden encanto a la escucha. Un disco escrito y cantado tan de verdad que condena a casi cualquier otro que se escuche inmediatamente después a sonar banal y artificioso.
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the_warThe War on Drugs. Lost in The Dream. Secretly Canadian.
Si a quien escribe esto alguien le hubiera dicho cuando tenía unos pocos años menos que en 2014 le iba a encantar un disco en la onda del rock tibio y suavecito de los 80, lleno de ecos de Fleetwood Mac o, por el amor de Dios, hasta los Dire Straits (con Springsteen habría tenido menos problemas y con Dylan, casi ninguno), si eso hubiera pasado, en plan “hola qué tal, soy el Fastasma de las Navidades Futuras, vente conmigo un momento, hombre, y mírate escuchando esto”, las risas habrían sido largas, épicas, legendarias: qué me estás contando. Pero todo el mundo se hace mayor, qué le vamos a hacer, está montado esto así. En fin, el disco está lleno de sentimiento y tiene canciones soberbias, preciosas, pero de verdad, pre-cio-sas.
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beckBeck. Morning Phase. Capitol.
A estas alturas, para servidor Beck será siempre antes el que hizo Odelay (1996) que el que sorprendió a prácticamente todos con Sea Change. Cualquier cosa que se diga aquí de Morning Phase la habrán leído ya con toda seguridad, entre otros motivos porque es evidente -y todo el mundo lo ha dicho- que este último disco se inscribe en un similar estado mental y se corresponde con los mismos propósitos de aquel precioso álbum de 2002 que necesitó algún tiempo para ser comprendido del todo. Ya no puede extrañar, pues, que el reciclador genialoide de saberes enciclopédicos y aires de enfant terrible consentido tenga también esa otra faceta, para la que se enfunda el traje de compositor-artesano pluscuamperfecto. Y de eso va Morning Phase: de Beck haciendo radiantes canciones de pop agridulce, perfecto para despertares perezosos. En todos los sentidos.
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afghanThe Afghan Whigs. Do to The Beast. Sub Pop.
Bastante desubicados en su momento (les tocó maniobrar en pleno estallido del grunge, y curiosamente dentro del sello-madre del cordero), los Afghan Whigs, el grupo del amigo Greg Dulli y compañía, sabían y mucho de urgencia y electricidad… pero lo suyo, como delataba su groove, la huella soulera en sus canciones, era otra cosa, más fina y también más vieja escuela. De modo que, sin ningún disco enorme o definitivo, dejaron un puñado de grandes y emocionantes canciones, se ganaron el respeto de muchos y acabaron por disolverse con un estatus difuso, ni para todos los públicos ni banda de culto pese a cierto cliché que los proclama Grandes Olvidados de los 90. Por eso su regreso 16 años después entrañaba realmente un riesgo. Y la papeleta la han resuelto que da gusto. Do to the Beast es noventero por los cuatro costados, pero no inmovilista (las curiosas vetas de nervioso math-rock de Matamoros, por ejemplo), y lo mejor es que, incluso siendo algo irregular, es un disco fantástico porque contiene todo un recorrido, diverso, entretenido, vibrante y lleno de curvas, acelerones, pausas y cambios de luminosidad, con sus pianos circunspectos, con su latido soul en los coros (y no sólo: Algiers, al comienzo, es de hecho Be My Baby de las Ronettes aunque luego la cosa vire hacia el western), y yendo siempre al grano, con intensidad, con pasión, con verdaderas descargas de energía. Rock, coño.
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mirafloresMiraflores. Miraflores. Happy Place Records.
La verdad es que uno ha escrito ya varias veces sobre Miraflores y ganas dan de entregarse al autoplagio sin vergüenza alguna. De modo que podría citarse un poco mecánicamente la tradición de rock infeccioso, visceral y saturado de rumores malsanos en la que se inscribe su música, esa que te mete el demonio en el cuerpo (Beasts of Bourbon, Birthday Party, Scientists, The Stooges, Suicide y demás grupos turbios, crudos y malencarados) y bebe además de cierta psicodelia (la más oscura, la más sucia); pero también se puede hablar de lo que significa Miraflores. Dado que estamos entre amigos y el tono es más relajado, servidor va a confesar que tuvo la fortuna de presenciar su primer, volcánico, imperfecto y totalmente memorable concierto en el Monkey Week de 2012: amor a primera vista. Lo que significa el grupo sevillano es que, aunque a veces parezca que no, que ya no, siempre habrá una buena razón para volver de nuevo al rock, a ese feeling incomparable, a esa adrenalina disparada a chorro. Es un recordatorio importante, al menos para uno, que de vez en cuando se siente algo desvinculado del rock, o aburrido de que generalmente se presente como tal lo que es, en realidad, pop (y el problema aquí no es el pop en sí, sino el rock como retórica, como sucedáneo, el quiero y no sé o no puedo). Miraflores, el álbum, es un gran disco que no captura del todo la fuerza que desata su música en directo. Pero no importa, sobre todo es un gran disco, a secas: un discazo.
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runRun the Jewels. Run the Jewels 2. Mass Appeal.
El asunto empezó prácticamente como un divertimento, una excusa para el colegueo, pero nada se puede prever en realidad, más aún cuando se juntan dos talentos (Killer Mike y El-P) y uno de ellos es, además, este último. Que es, sin lugar a dudas, una de las figuras más sólidas, complejas, consecuentes e interesantes del rap de los últimos tiempos, un productor bestial y personalísimo cuya propensión natural a los sonidos oscuros, densos y abigarrados le ha hurtado, inevitablemente, un mayor grado de visibilidad en una escena, la del rap de nuestros días, donde marca el paso a escala mayoritaria lo que Marsé llamaría, si a Marsé le interesase todo esto, una cierta tendencia al rap sonajero. El disco podría sonar justo después del publicado el año pasado, o entremezclados los temas de ambos, y no se apreciaría mucha diferencia; en esencia, es una continuación, bajos muy gordos, beats muy gordos, sintes elegantes y nocturnos, piezas ultracompactas y aguerridas pero concebidas con ánimo de disfrute gamberro. Pero no es exactamente lo mismo: hay algo difícil de localizar -quizá una exuberancia, quizá un feeling y un grosor casi de rock (electrónico), quizá el pulso clubero de algunos temas…- que lo hace mejor incluso que su puesta de largo.
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moodymannMoodymann. Moodymann. Mohagany.
Moodymann se escucha como un formidable pisto manchego, lo cual podría ser un inconveniente (el disco está lleno de saltos estilísticos, desde la odisea jazz-funk a lo Funkadelic/Gil Scott-Heron de Sloppy Cosmic al sentido deep house de Desire, pasando por el pop negro de vocación mainstream de Lyk U Use 2, la semioscuridad freak de temas como No o la aparente boutade de Born 2 Die, donde además de remezclarla, hace buena a Lana del Rey); pero no lo es (un inconveniente) precisamente por esto: porque ponga uno el disco a la altura que lo ponga, dan ganas de seguir escuchándolo, de continuar montado en la guasona montaña rusa del Parque de Atracciones de Detroit que es el último disco de Kenny Dixon Jr., que siempre ha ido a su bola, pasando de modas y tendencias de temporada, y más ahora que es un veterano respetado. Más cerca del espíritu soul, o del jazz, o del funk, en función del capricho o el humor de su autor, y siempre con especial maestría en su deep house sexy cuando no directamente tórrido, Moodymann: Premio al Disco Random del Año (no viene Kenny a recogerlo porque se ha quedado en su casa con las groupies de la portada).
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toddTodd Terje. It’s Album Time. Olsen.
Ahí lo ven en el dibujito de la portada, entre cócteles y teclas de piano: un cachondo. Tras una década ya pinchando, trabajando bajo varios alias, surfeando sobre la ola de cosmic disco llegada en los últimos años de Escandinavia y sobre todo editando impecables re-edits de antiguas perlas del pop y el rock y remezclas de coetáneos -servidor lo conoció vía Michael Mayer, que incluyó en Immer 2 la que hizo (Terje) de Lindstrøm, Another Station, gozo puro-, ahora da rienda suelta a su amor por los sonidos retro en su primer largo, que ya era hora y él lo sabía (eso es titular un disco con muy poquita vergüenza). El resultado es un álbum que se sabe ante todo cómico y naïf (él lo describió como “música de fondo para chiringuitos”), con música de ascensor de los años 60, easy listening con espíritu de Henry Mancini, ecos de Giorgio Moroder, videojuegos de coches, funk digital de camisa de flores y hasta una colaboración estelar de Bryan Ferry (que la cosa va de divertirse, pero eh, con elegancia), y con los sintes relampagueantes, los vapores cósmicos y los ritmos trotones marca de la casa. Es de los que conviene tener bien cerca en un día libre, justo antes de que empiece la modorra después de comer, para encarar la tarde con la actitud correcta.
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andyAndy Stott. Faith in Strangers. Modern Love.
Faith in Strangers es uno de esos discos electrónicos que parten de la abstracción, de la disolución de las formas y de un interés mucho más orientado hacia el sonido como fenómeno físico: las texturas, la manipulación de tonos, la superposición de voces, las hipnóticas matemáticas del ritmo… No se sabe muy bien qué es lo que inaugura la escucha con Time Away, pero si me dicen que es un barco partiendo desde (y hacia quién) sabe dónde en mitad de la noche, entre la bruma, yo me lo creo. El viaje que empieza ahí no es fácil ni amable, y reclama una escucha demorada y en las condiciones idóneas -la electrónica de sofá: nunca lo bastante bien ponderada-, pero contiene, de sobra, dosis de belleza e incluso algún agarradero de mayor concreción sonora (Faith in Strangers o la anonadante Violence) para justificar el esfuerzo; o el dejarse hacer. Entre aires de score cinematógrafico, con huellas de IDM, de techno casi deconstruido y del minimalismo que se estudia en los conservatorios, Stott, alejado ya del dub de Luxury Problems, se ha marcado un disco de belleza flotante y angustia urbana a partes iguales, una especie de sinfonía noise de las ruinas que son nuestro presente.

benBen Frost. A U R O R A. Mute / Bedroom Community.
En una crítica que recoge Alex Ross en El ruido eterno, Georg Lukács señaló que el problema de Adorno (que tanto escribió de música) es que vivía permanentemente en una especie de “Gran Hotel Abismo desde cuya seguridad estetizada él contemplaba la agonía del hombre como si se tratara de un panorama alpino”. Y es fácil imaginar a Ben Frost, que con este disco culmina una trilogía ligada a esa tradición catastrofista que atravesó todas las vanguardias musicales del terrible siglo XX, asomado a un balcón en el Gran Hotel Abismo, sí. Pero en su mirada al caos, al desastre, al desquiciado mundo en el que vivimos no hay distancia ni altivez, sino dolor, sangre, comprensión y necesidad de esperanza: humanidad. Más que un disco, eso sí, es una experiencia para aventureros del sonido, porque su inclasificable mezcla de electroacústica de filiación académica, noise, ambient tenebroso, música industrial y hasta metal extremo sacude literalmente y por momentos casi agrede. En la misma medida en que acaba entregando a cambio, para todo aquel que entre a pecho descubierto en ese magma abrasivo y apocalíptico, una extraña y brutal forma de belleza que se parece mucho a la catarsis.
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dangelo

La selección de Pedro Moreno (Diseñador de Joly Digital)

deanblunt_blackmetalDean Blunt. Black Metal. Rough Trade.
Más lúgrube y directo que The Redeemer, en Black Metal todo desde el packaging a la estructura del álbum pasando por el título juega con la idea de disco conceptual. Pero en el 50% de Hype Williams nunca nada es lo que parece, a menos que el concepto sea la deconstrucción genérica del dub, hip hop, techno, film score, jangle pop o post-punk pasado por el filtro onírico de Blunt, ese que otorga coherencia al caos y que sólo se revela tras sucesivas escuchas. Con dos partes diferenciadas por el centro que suponen los absorbentes 13 minutos de Forever y los casi 9 de la sinuosa X, que actúan como fuerzas atrayentes donde reposa el álbum, antes y después de estos más de 20 minutos se suceden diferentes piezas, viñetas o miniaturas, que crean la sensación de recorrido por distintos ambientes urbanos que van modulando nuestras emociones según el paisaje con el que nos topemos: algunos serán dulces, con frecuencia ásperos y las más de las veces hermosos pero extraños. Todo crea un entorno único e idóneo para que Blunt narre sus desventuras e impresiones, sórdidas en ocasiones, y se desenvuelva sin prejuicios con esa languidez característica suya que anestesia al oyente.
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cleaners_vol3Cleaners from Venus. Vol.3. Captured Tracks.
El destino de Martin Newell es no ser recordado como un genio del pop, aunque haya pocos que lo ameriten más que él. Siendo el secreto mejor guardado del DIY, operando incansable desde su casa, su singular obra durante 15 años como Cleaners from Venus ha sido poco explorada debido a que hasta no hace mucho era muy difícil rastrear sus canciones, desperdigadas como estaban en las cintas que vendía por el condado inglés de Essex, lejos de los canales de distribución comerciales. Su personal contienda contra el orden establecido y, sobre todo, la industria, reflejado en su congruente modo de vida, tampoco ha trascendido gran cosa, aunque algo puede leerse en el entrañable Lost in Music, una odisea pop de Giles Smith, compañero de andanzas en la segunda mitad de los 80. El primer disco de esta recopilación, Living with Victoria Grey, es probablemente el mejor de todos los que grabó. Newell parece estar más en forma que nunca en estas canciones, bien centrado en la composición y algo más preocupado del envoltorio sonoro, de que los matices e ingeniosos arreglos a lo arte povera no se pierdan en las grabaciones, remasterizadas con sumo cuidado por Captured Tracks para estas reediciones.
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dangelo_blackmessiD’Angelo & The Vanguard. Black Messiah. RCA.
Como Burial y Beyoncé el pasado curso, la sorpresa final de año no podría haber sido más grata. Tras 15 años y un proceso creativo enredadísimo, el influyente Voodoo, ya reconocida cumbre de la música negra, tiene continuación. La exigencia a la que D’Angelo ha sometido el proyecto, tras a un sinfín de crisis personales, renueva la confianza en el de Virginia como el sustituto natural de un ensimismado Prince, cuyo Art Oficcial Age mejora su imagen aunque siga lejos del mito. Bien pensado, éste podría ser el Sing o’ the Times de D’Angelo, por lo diverso de temas y géneros que afronta con tanta facilidad. La emoción embarga un primer contacto con el disco que impide centrarse en la riqueza de detalles, metales, percusiones, guitarras españolas, teclados manipulados, cambios de clave y hasta algún sitar que van meciendo plácidamente su escucha sin que se pueda hacer mucho más al respecto que volver a apretar play. Más comprometido que nunca con la política (los acontecimientos de Fergusson pesan bastante), sin renunciar el amor, D’Angelo, con el inquieto Questlove y el solicitadísimo Pino Palladino como principales escuderos, y asistido en lo lírico por Q-tip, subliman su propio legado retorciéndolo para exprimirle todo lo accesorio que quedaba, que tampoco era mucho. Para guardar junto a There’s a Riot Going On, Songs in the Key of Life, Curtis y Winter in America. Qué bueno es tenerle de vuelta a pleno rendimiento.
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madlib_gibbs_pinataFreddie Gibbs & Madlib. Piñata. Stones Throw Records.
Tras años a vueltas con el hip hop 2.0, experimental y abstracto, con mención especial para Lese Majesty de Shabazz Palace, algunos de los mejores discos publicados este 2014 han frenado un poco este ímpetu de avanzar tan propio del género. Piñata es un disco adictivo en el que un inspirado Madlib, algo domesticado, limita su habitual y loca paleta de beats para ajustarse con suma elegancia pero sin traicionarse (sirvan Deeper o Thuggin’ como ejemplo) a un siempre clásico Freddie Gibbs. De principio a fin, la colaboración en el disco surge sin ningún esfuerzo. Todo encaja a la perfección y sus distintos enfoques del género no entorpecen la labor,  sino que mejoran a cada una de las partes, sobre todo a Gibbs, algo más necesitado de prestigio. Sin necesidad de medirlo con la cima que fue Madvillainy (MF Doom y Gangster Gibbs podrían ser némesis), aquí ambos brillan junto a unos colaboradores de excepción que sin aportar mucho aparecen para testificar que aún surgen obran canónicas de relevancia para el hip hop.
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grouper_ruinsGrouper. Ruins. Kranky.
La esquiva Liz Harris deja entrar más luz que de costumbre en su nueva entrega sin renunciar a la ya habitual melancolía con la que aborda su obra desde su estreno en formato largo hace diez años. Menos fantasmal que otras veces, en Ruins despoja de capas y ambientaciones a esa voz que antes se perdía en la espesura, sintiéndose un disco más corpóreo, donde ya no es poco más que un espectro. No obstante, la naturaleza de Portugal, donde fue grabado, que se cuela por entre las delicadas notas de piano, prolongan el eco de ese tono de tristeza que deja aún más expuesta a una susurrante Harris. Lejos de servir de contrapunto al aislamiento de su autora, que se deja arrastrar por sus apenas dibujadas melodías en bucle, el paisaje que se intuye de fondo resulta bello al sugerirse aunque amenazante en el contexto del álbum. Evocando los pasajes más complejos e íntimos de Parallelograms de Linda Perhacs desde la simplificación de elementos, Ruins resuena con más intensidad cuando más mínimos y obsesivos son sus recursos, como es el caso de Holding, puntuada por una tormenta que expone aún más su vulnerabilidad.
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felakuti_vol3Fela Kuti. Vol.3. Knitting Factory.
Brian Eno, uno de los primeros en difundir en occidente la obra del nigeriano, se encarga en esta ocasión de presentar y seleccionar los álbumes que componen esta nueva caja recopilatoria, después de que Questlove y Ginger Baker hicieran lo propio en las dos anteriores ediciones. Una década completa de la vida creativa de Kuti está documentada aquí, dando cuenta de sus vaivenes emocionales, políticos y creativos, en discos tan famosos como Gentleman o Zombi, pero también en otros menos reconocidos aunque igual o más importantes, como I.T.T. o el favorito de Eno, Afrodisiac. La influencia de Kuti y el afrobeat, con su polirritmo psicodélico y su compromiso social, caló profundamente en la corriente de post-punk de finales de los 70 (por el lado de This Heat y sobre todo de The Pop Group), y no cuesta imaginarse por qué: nada sonaba tan a la contra, en fondo y forma, como esto. Asimilada ya por el común de los mortales hayan buceado o no en su obra, la música de Fela, unas veces marciana, otras completamente terrenal, pero siempre espiritual, ha trascendido a cualquier intento de encasillamiento espacio temporal para habitar en un universo propio del que también trata de escapar a través del ritual.

lewis_amour_timesLewis Baloue. L’Amour / Romantic Times. Light in The Attic.
Aunque el misterio acerca de la existencia de Lewis fue desvelado finalmente por Lights in the Attics, el sello que reeditó su obra, el de sus canciones sigue intacto. La sensibilidad del canadiense Randall Wulff conecta sin fisuras con la de 2014, como si su música habitara en un planeta donde una hora equivale a varios años en la tierra. La voz de Lewis, tímida y fundiéndose con el fondo sonoro entre esas bellas notas de piano y guitarra apoyadas en huidizos pasajes de sintetizador, rima con el efecto de su imagen en la portada de L’Amour. Mientras que el primer disco encierra un testimonio críptico en lo lírico pero acogedor en lo musical sobre los efectos del amor como estado mental, en Romantic Times es su reverso lo que surge: un Lewis continuista pero menos espectral y vaporoso, al que se le nota más seguro y franco con sus emociones pero sin perder esa sugerente ingravidez que le define.
Escuche L’Amour en Spotify aquí.
Escuche Romantic Times en Spotify aquí.

fkatwigs_lp1FKA twigs. LP1. Young Turks.
Durante 2013 los dos EPs de FKA twigs jugaban con el enigma y no aclaraban la naturaleza del proyecto ni de sus creadores, que surgieron como de la nada con un viaje al futuro del pop que cuestionaba el estado emocional del presente sin desvelar su secreto. En 2014 la historia cambia cuando Tahliah Barnett da un paso al frente para ser el referente principal sobre el que pivota la idea, dando sobrada cuenta de su talento y magnetismo a lo largo de todo este LP1 en canciones como el improbable hit Two Weeks, la sensual Lights On o la confesional Kicks, que cierra el disco en todo lo alto. Enfocando más sobre el R&B digital pero aligerando lo avant de los EPs, y sin descuidar referentes mainstream, la expectación generada durante este año se satisface con este álbum que navega por la extrañeza de las relaciones a través de un envoltorio musical minimalista, rico en texturas y beats a cámara lenta, pero de muy intenso impacto.
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unwound_ratUnwound. Rat Conspiracy (Vol.2). The Numero Group.
Gracias a Numero Group, una vez más, el aficionado dispone de una revisión cronológica e impoluta, en ediciones muy cuidadas, del catálogo completo de una de los grupos más ignorados de los años 90. De las tres cajas publicadas hasta ahora, muy parejas en nivel y relevancia, destaca Rat Conspiracy. Es probable que el rock de Unwound, en un 2014 imbuido de la PC Music, el EDM, el trap y el dembow, esté para muchos algo fuera de radar. Sin embargo, parece poco cuestionable que su discurso, actitud y procedimientos están más vigentes que nunca gracias a Internet, el corporativismo y la nueva política. Además, para rematar, está lo más importante, su música. En Fake Train y New Plastic Ideas, aquí recopilados junto a un tercer LP de descartes y rarezas de esos años, dejan de lado su versión primigenia más directa y abrasiva en beneficio de una experimentación aún moderada, integrando nuevos procesos técnicos y creativos, que irían a más disco a disco, con el fin de sugerir de forma más precisa esa visión de un mundo neocapitalista indolente que les atormentaba a mediados de los 90 y en el que en estos días estamos más inmersos que nunca.
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walker_sunn_sousedScott Walker + Sunn o))). Soused. 4AD.
Dos entidades como Walker y Sunn o))) estaban predestinadas a encontrarse. Para muchos el problema con este disco ha sido encontrar exactamente lo que cualquiera esperaría de una colaboración de este calibre: densidad, extravagancia y monocromía. Sin embargo, es difícil no quedar hipnotizado por el fluir tan natural de la música contenida aquí, ejecutada por unos juguetones Sunn o))) sacudiéndose los límites de sus drones con riffs y arreglos inesperados, cortesía de Mark Warman, sobre la que se apoya Scott Walker, indiscutible alma y guía del proyecto, que lo lleva todo a su terreno. Sorprendentemente accesible, Soused no es la cima de ninguna de sus partes (especialmente de la de Walker), pero hay suficientes detalles e ideas en él como para que no quede todo en un mero ejercicio de fusión fría, siendo un gratificante recorrido por lo más hospitalario de ambos mundos. Scott Walker, a sus más de 70 años, se proclama definitivamente como caballero de lo oscuro al conquistar a Sunn o))) con la ayuda, otra vez, del productor Peter Walsh, que logra un empaque sonoro sólido y coherente que ensambla a la perfección con la obra de Walker desde aquel ya lejano Climate of Hunter.
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beck_blog

La selección de Blas Fernández (Editor de Cultura de Joly Digital y autor del blog y el podcast La Ventana Pop)

beckBeck. Morning Phase. Capitol.
Ocupado durante seis años en proyectos de terceros y divertimentos varios, el güero, sereno y limpio, nos regalaba esta obra majestuosa entroncada en su hermosa calma, modos y motivos, con aquella otra de 2002, un entonces denostado Sea Change. En el fondo, la misma madera de clásico.
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ChenchoChencho Fernández. Dadá estuvo aquí. Fun Club Records.
Varias de las canciones del debut en solitario del antaño integrante de Sick Buzos, cual fantasmas en busca de redención, llevaban años rondando el purgatorio de las vidas que perdimos. Hasta que llegó su otra hora: la de una banda imponente, un productor mayúsculo y un protagonista rehecho a sí mismo.
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diveI Am Dive. Wolves. Foehn Records.
Si hace dos años Ghostwoods ya avisaba del inmenso potencial melancólico de la música del dúo integrado por Esteban Ruiz y José A. Pérez, Wolves, apenas su segunda entrega en largo, proyecta ahora esa carga de profundidad emocional más allá del proverbial imaginario de parajes helados. Se diría, sin miedo, que hacia un infinito paisaje espacial ante el que el oyente contempla absorto. Para prueba, el gospel cósmico de Departure.
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janeJane Weaver. The Silver Globe. Finders Keepers Records.
Pues sí, fue toda una sorpresa que, en su última entrega, la británica abandonara su habitual registro folkie para zarpar hacia otros territorios, no por ya explorados menos excitantes. Space-rock, psicodelia con guiños cinéfilos a la ciencia-ficción y pulso motorik  conforman un álbum tan adictivo como deslumbrante.
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lostLost Twin. The Mist. Squaring The Circle.
Más cerca por duración del EP que del álbum, el primer trabajo propio con edición comercial de Carlos R. Pinto desborda las categorías al uso con su fascinante e hipnótico tratado de electrónica abstracta, punta de lanza de una exuberante escena andaluza -atento, entre otros, a los malagueños Abrigo de pelos y Musemesis- más que preparada y dispuesta para continuar dando campanazos a lo largo de 2015.
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macMac DeMarco. Salad Days. Captured Tracks.
Si busca un álbum de pop pluscuamperfecto y acepta mi recomendación, escarbe en la difusa discografía del canadiense hasta dar con su tercer trabajo oficial firmado bajo nombre propio. Instrumentos de saldo e inspiración y oficio de primera: el clasicismo bien asimilado sirve, justo, para darle la vuelta al calcetín y que luzca como nuevo.
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montgomeryMontgomery. It’s Happening. Meridiana.
Con mayor o menor recorrido, los cuatro integrantes de Montgomery ya habían demostrado su talento y solvencia en otros proyectos previos. Sin embargo, es su feliz conjunción la que impulsa este debut, en simbiosis con el espectáculo de danza Welcome to The Montgomery Experience, hacia su condición de artefacto único y subyugante.
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mirafloresMiraflores. Miraflores. Happy Place Records.
Miraflores tiene dos partes, dos partes bien diferentes: una la de los turistas del rock’n’roll, dispuestos siempre a congratularse porque el muerto sigue vivo (¡qué manía!); otra, ésa donde viven Emilio R. Cascajosa, Javier Neria y sus secuaces, apasionados enciclopedistas dispuestos a poner en práctica todo lo aprendido con una sinceridad lacerante y desde una honestidad aplastante. Vitriolo, sí: bello vitriolo.
Podcast con la presentación del álbum aquí.
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robertRobert Wyatt. Different Every Time. Domino / PIAS.
¿Valen recopilatorios? Pues claro que valen, sobre todo si pasan por ser, aunque eso aún esté por ver, el punto y final a la larga, fructífera y singular trayectoria de un espíritu tan libre, ajeno a los corsés y limitaciones estilísticas como Robert Wyatt. El primero de estos dos discos revisa su trayectoria como integrante de Soft Machine y Matching Mole, así como sus decisivos álbumes con nombre propio; el segundo, exquisita condensación de múltiples colaboraciones dispersas, reúne más piezas de un puzle definitivamente irresoluble. Para escuchar boquiabierto.
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the_warThe War on Drugs. Lost in The Dream. Secretly Canadian.
Había quien no fiaba un euro por The War on Drugs tras la marcha de Kurt Vile, hoy triunfante en solitario, pero Adam Granduciel no parecía dispuesto a darles la razón a los reticentes. Al menos, eso se desprende del cuarto álbum de la banda, un inspirado rescate de aquellos años del soft-rock que sólo peca de canónico hasta que uno se descubre reescuchándolo en bucle y tarareando cada uno de sus cortes. Sinceramente: enorme.
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  • MJCarmona

    ¡Qué descubrimiento, Harry Dean Stanton! Se sale con el Blue Bayou. Menuda selección, señores. Gracias y enhorabuena.

  • zazu

    Estoy más perdida q el barco del arroz ahora mismo, pero me quedo con Fela Kuti (siempre llega tarde) y con Chencho Fernández y vuestra lectura de ese discazo atemporal. Me parece también curiosa la coincidencia con Sun Kil Moon. No he escuchado el disco, pero sé que ese tipo de hacedores de canciones se vuelven más y más brillantes con el tiempo.