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“Los que igual se merecen los aplausos son los viejos”

Blas Fernández | 5 de marzo de 2015 a las 5:00

Genís Segarra y Carlos Ballesteros, Hidrogenesse. / Foto: Alicia Aguilera

Genís Segarra y Carlos Ballesteros, Hidrogenesse. / Foto: Alicia Aguilera

Durante un tiempo, Astrud e Hidrogenesse convivieron en la escena nacional como sendas muestras atípicas de un pop facturado desde parámetros insobornablemente artísticos. Integrante de ambas formaciones barcelonesas, Genís Segarra acabó decantándose por la segunda, en la que comparte ideas, gustos y protagonismo con su pareja, Carlos Ballesteros. Juntos ya habían facturado otros discos tan notables como inclasificables -en esa lista figuran títulos como Animalitos (2007) y Bestiola (2008)-, pero en 2012 dieron la campanada con Un dígito binario dudoso. Recital para Alan Turing, un álbum creado con motivo del centenario del nacimiento del matemático inglés, padre de la computación electrónica. Fue aquél un encargo directo del entonces director del Centro de las Artes de Sevilla, Jesús Alcaide, como parte de un proyecto mayor que nunca vio la luz. A Alcaide se lo llevaron de Sevilla los vaivenes políticos, pero a Hidrogenesse los trae su nuevo disco, Roma.

-Parece que el de Roma fue un proceso accidentado: se mezclan canciones escritas a lo largo de seis años que nunca llegaban a grabar…

-Pasó que, a veces, desde que tienes una idea hasta que la llevas a cabo, es todo muy fluido y fácil. Y otras veces, no. En este caso, desde que empezamos a pensar en la canciones y comenzamos a escribirlas ya las veíamos. Pero luego viene lo demás: terminarlas y grabarlas. En ocasiones no encontrábamos la manera de hacerlas sonar, de darles la forma que imaginábamos o deseábamos. Pero también nos salían otros proyectos y compromisos. Así que siempre terminábamos aplazándolo. No descartándolo, pero sí pensando bueno, ya lo haremos. Aunque nunca nos olvidábamos de esas canciones y, de hecho, llegamos a tocarlas en directo durante esos años. También en los ensayos, para ver si seguían gustándonos. Así que no es que estuvieran guardadas en un cajón.

-¿De ahí el carácter caótico del disco que ustedes mismos apuntan?

-No lo sé. Ese carácter es algo buscado. Queríamos que sonara como esa impresión que nos dio Roma cuando la visitamos juntos por primera vez: un collage en tres dimensiones, una ciudad caótica no sólo por la cantidad de gente, por la locura del tráfico, por los ruidos… Sino también porque al lado o encima de un edificio del siglo I te encuentras otro del XII y otro de los años 50. Todo como amalgamado en ese poco espacio, en una ciudad pequeña. Nos daba la impresión de estar caminando por un collage en 3D hecho con diferentes partes del mundo y de la Historia. Y queríamos que el disco fuese así de caótico. No creo que eso sea fruto de que las canciones hayan sufrido cambios a lo largo del tiempo, que quizás también, sino de nuestra voluntad de hacer un disco así, que no fuera plano, lineal.

-En cierto modo, resulta paradójico. Venían de hacer un disco conceptual sobre la vida de Alan Turing y, huyendo del concepto, adoptaron la idea de Roma como eje.

-Pero en Roma las canciones no parten de ningún concepto previo. Cada una es una historia diferente. Roma era la idea que las agrupaba y les daba sentido, inspirando incluso qué tipo de sonido queríamos. Es el paraguas que las cubre a todas. En el caso de Un dígito binario dudoso era al revés: las canciones iban saliendo de la biografía de Alan Turing. Aunque, en el fondo, da igual el tema, es cómo lo enfocas y lo que consigues hacer lo que da sentido y valor a una canción. Puedes hacer canciones maravillosas sobre temas sin importancia ni para ti ni para los demás o canciones aburridísimas sobre temas de relevancia mundial.

-Creo que les sorprendió la proyección que llegó a cobrar Un dígito binario dudoso. En un texto introductorio a Roma en su web llegan a calificar su acogida como exagerada

-Es que la vivimos como exagerada, sí. Hicimos este disco para un proyecto que se cayó, un proyecto que se iba a hacer en el Centro de la Artes de Sevilla y que finalmente no salió. Pero a nosotros nos apeteció llevarlo a cabo aunque ya nadie nos lo pedía. Y lo hicimos bastante rápido.

-Ésa es otra paradoja: de un encargo surge el que para muchos, y sin demérito de los demás, es su mejor disco.

-Pero nosotros, desde dentro, nunca lo vimos así. De hecho, pensábamos que iba a ser un disco menor, algo que habíamos creado ex profeso para una cosa concreta. Sí que quedamos muy contentos con el resultado, nos dio mucho trabajo y éramos conscientes de que iba a quedar algo muy chulo, pero vivimos todo aquello como exagerado.

-¿Y a qué tipo de reflexión les lleva eso? Me refiero, claro, al hecho de que de un encargo nazca un disco tan valorado.

-Podemos reflexionar muchas cosas, pero el artista siempre tiene la razón. Y si te digo que ése no es nuestro mejor disco, puedes creerme o no, pero yo tengo la razón [risas]. Creo que lo puedo valorar con más criterio que los demás. Pero sí, estamos muy contentos con Un dígito binario dudoso, tanto por el disco mismo como por los conciertos que nos proporcionó, las críticas, los premios, la reacción del público… De hecho, creo que ahora que hemos sacado Roma estamos rentabilizando lo mucho que gustó el anterior disco. Los medios nos prestáis más atención, viene más gente a los conciertos, y creo que en parte es mérito de este nuevo disco, pero también de que la fama nos precede, por decirlo de alguna manera. Así que no tengo nada en contra de ese disco, me encantan sus canciones y las seguimos haciendo en directo, pero pusimos ahí la palabra exagerada porque la reacción de la gente nos pareció eso, exagerada.

-Me sorprende cómo en ocasiones el ámbito de la música pop se anticipa al reconocimiento de la oficialidad cultural. En su día, Lagartija Nick dedicó un disco a Val del Omar cuando casi nadie recordaba la obra del artista granadino. Ustedes hicieron lo mismo con Alan Turing.

-Y en nuestro caso, ni siquiera se trataba de un artista, sino de un científico. A la cultura no parecía interesarle Alan Turing porque no era de su mundo, así que resultaba aún más raro llevar al terreno de las canciones, de la música, a una figura así. Pero, qué sé yo, funcionó. Turing era un nombre muy desconocido, pero andábamos tan metidos en el tema del centenario de su nacimiento que nos parecía que éramos unos más de los que trabajábamos en ello, ya fuera con una exposición, un libro, un cuadro…

-Tras Val del Omar, Antonio Arias, de Lagartija Nick, ha grabado dos discos en solitario adaptando textos de poesía científica. Quizás ciencia y arte no estén tan lejos…

-Eso es lo que también descubrimos nosotros al hacer Un dígito binario dudoso. Parte de la sorpresa fue actuar en simposios de divulgación científica o que nos entrevistaran en medios especializados en ciencia. Ese público, más que de científicos, era de gente dedicada a la divulgación. Y estaban encantados: les parecía una manera fácil, agradable y acertada de explicar cuestiones científicas que a ellos, como divulgadores, les cuesta hacer llegar a la gente.

-Volvamos a Roma, origen y final del nuevo disco. El detonante fue un viaje y, años después, cerraron allí el círculo…

-Yo recordaba haber ido a Roma de pequeño, pero Carlos no había estado nunca. Hay muchas ciudades bonitas en el mundo, pero Roma es otra cosa. Fuimos en 2009 o 2010, no recuerdo, y nos dio mucha energía. De hecho, creo que cuando estamos de viaje, fuera de Barcelona, siempre estamos componiendo. Es de viaje cuando se nos ocurren ideas, letras, títulos… Canciones que tenemos que grabar algún día. Cuando fuimos juntos la primera vez ya teníamos escritas algunas de estas canciones, Elizabeth Taylor, Dos tontos muy tontos, Moix… Pero allí fue donde decidimos que eso se tenía que llamar Roma, que tenía que ser un disco muy ambicioso, que nos diera mucho trabajo, un proyecto de largo recorrido. Cuando ya habíamos publicado y girado el disco de Turing por todos lados, en ese momento nos dijimos que ya no había excusas y que había que ponerse con él.

-Y terminaron de cuadrarlo durante una estancia en la Real Academia de España…

-Lo de la Real Academia de España en Roma es una cosa como muy del XIX: todos los artista de la época tenían que ir allí, ver las ruinas, las antigüedades, el arte… Y eso, de algún modo, se ha mantenido. Roma sigue siendo útil para ellos aunque los artistas de ahora hagan vídeo, cómics o performance. Uno de los artistas que entonces estaba allí, Aníbal Santaella, un chico sevillano que crea universos virtuales en el ordenador, nos invitó. Él estaba en Roma replicando ruinas y dándoles una nueva vida, y nos pidió que pusiéramos música a ese trabajo. Aprovechamos la invitación para cerrar el ciclo y terminar Roma, para dejar fijadas todas las canciones y grabarlas al volver.

-Cita términos como antigüedad, ruinas… Hay una hermosa canción en Roma titulada A los viejos. ¿Es un sincero reconocimiento al legado que nos precede o un guiño a la lejanía de la juventud?

-Es lo primero. Nos encanta que pase el tiempo. Si a una cosa que nos gusta le echas diez años encima, nos gusta más. Y si le echas cien, nos gusta más aún siendo la misma cosa. No tenemos ningún problema con hacernos mayores, con envejecer. El tema no es envejecer nosotros, sino celebrar que los pioneros que han hecho cosas importantes, interesantes, relevantes, entretenidas o bonitas siguen vivos en sus obras. Puede que veas a los viejos como una versión decadente de ti mismo, como el final de algo, así que pensamos en hacer una canción para que la gente los viera como algo maravilloso, como estrellas del pop a las que hay que seguir y admirar, gastarse el dinero en ellas y hacerles ofrendas.

-Ésa es una percepción que rara vez casa con la juventud. No digo que sea imposible, pero sí rara.

-Sí, pero no sólo le ocurre a la gente joven, también a la mayor. Parece que todo lo joven es siempre más interesante. Siempre tiene más éxito lo nuevo. También fue como una rabieta que nos dio cuando hace unos años se puso muy de moda hacer conciertos de música pop para niños. Algo que ocurría simplemente porque nuestra generación, la del indie, había crecido y tenido hijos, y quería llevar a sus hijos a conciertos. A la tercera vez que nos propusieron participar en un concierto para niños se nos ocurrió hacer lo contrario. Dejemos tranquilos a los niños, que todavía tienen toda la vida para disfrutar. Los que igual se merecen los aplausos son los viejos.

-Pronto parten de gira hacia América. ¿Están los grupos españoles intentando descubrir allí otra vez El Dorado?

-Creo que en parte es porque nosotros, en España, estamos en un momento económico bajo, mientras que algunos países hispanoamericanos están en un momento de bonanza económica. Eso hace que a ellos les resulte viable y rentable tener allí a bandas españolas. Hace años que estamos en esto y siempre era como imposible o muy difícil que alguien se atreviera a llevarte. Aunque parece que eso está cambiando. Igual es un espejismo, algo puntual, y no nos vuelve a pasar más. Pero, bueno, ya hemos ido dos veces a México y este año vamos a Argentina, a Chile, a Perú y, quizás también, a Uruguay y Colombia.

-Lo extraño, quizás, es que no haya existido una mayor conexión histórica entre las dos escenas con el mismo idioma a uno y otro lado del Atlántico.

-Porque América está muy lejos. Ahora que todo el mundo tiene internet y las generaciones más jóvenes ni siquiera usan discos, todo le llega a la vez a todo el mundo. Es un poco caótico. El público de allí pueden poner a Hidrogenesse al lado de un grupo que ya ha desparecido y al lado de otro con un éxito masivo. Pero para ellos es lo mismo. Son grupos españoles que me gustan. No distinguen si son indies o mainstream; si son actuales o han desparecidos; si la canción que les gusta es de este año o de hace quince. Todo es presente y accesible en el momento. Igual eso es lo que hace que de repente ahora haya más público allí. Ya no depende de que nadie esté promocionando un disco, de que haya allí una discográfica apostando por ti. Igual es un público que te confunde con grupos masivos o desaparecidos, o al que le gusta de ti algo que pasó hace veinte años. Da igual, vas mañana y no hay ninguna diferencia, porque no fue hace veinte años: lo han escuchado hoy.

Hidrogenesse presenta Roma este viernes 6 en la sala Farándula de Algeciras y el sábado 7 en la sala Obbio de Sevilla.

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