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“Nadie sabe a dónde vamos, pero estamos todos en el mismo barco”

Blas Fernández | 24 de mayo de 2015 a las 5:00

Foto: Chema Moya (EFE)

Foto: Chema Moya (EFE)

Va para dos décadas que la mexicana Julieta Venegas (Tijuana, 1970), actuó por primera vez en España dentro de la gira conjunta Calaveras y diablitos, otro de esos periódicos intentos de conexión entre el público nacional y la efervescente escena pop hispanoamericana. Con formación musical académica y pasado en la banda punk Tijuana No!, defendía entonces su primer álbum, Aquí, una producción del versátil Gustavo Santaolalla que abría el camino a una discografía repleta de canciones definitivamente populares. El pasado día 5 publicaba Ese camino, sencillo de avance de un álbum, Algo sucede, en el que vuelve a rodearse de imponentes músicos –entre ellos, el chelista brasileño Jaques Morelenbaum–. El nuevo álbum, séptimo en estudio de su carrera, llegará al mercado el próximo 21 de agosto. Antes lo presentará en el Festival Starlite de Marbella y el ciclo Nocturama en Sevilla (días 4 y 6 del mismo mes, respectivamente).

Algo sucede… ¿Qué?

–Ja, ja, ja… Pues ése es el chiste. Estamos vivos, la vida sigue, pasan cosas buenas, cosas malas… Y siempre es un continuará. Siempre sucede algo.

–La primero que sucede es que uno comprueba cierto retorno a una sonoridad más familiar, más habitual en su discografía. Deja de lado ese acercamiento al pop electrónico que sustentaba su anterior trabajo, Los momentos

–Algo pasó en Los momentos… Comencé las canciones con el piano, luego metimos los sintetizadores y me quedé ahí. Fuimos armando el ambiente de ese disco con otra paleta de instrumentos. Y creo que al final quedó marcado porque no había acordeón. Había algunas guitarras acústicas, pero también más sonidos tipo secuenciados, aunque en realidad no lo eran. También hay ritmos muy derechos en Algo sucede, pero se nota la diferencia porque la instrumentación es más acústica. Es algo emocional, nunca sé explicar por qué utilizo unos instrumentos u otros. Las canciones son historias que luego vas vistiendo. Quizás también mi ánimo en Los momentos era más… Las letras, desde luego, no eran las más felices que he escrito en mi vida. Algo sucede es más luminoso. Le queda mejor una instrumentación acústica. Para mí, representa una alegría diferente.

–Cuenta con músicos notables, entre ellos Jaques Morelenbaum.

–Lo conocí cuando estaba buscando con quién hacer el Unplugged de MTV. Nunca se me había ocurrido mirar hacia Brasil buscando un productor. Quien me lo mencionó fue Gustavo Santaolalla. Le había dicho que buscaba a alguien que fuera arreglista pero que también tuviera la posibilidad de producir, alguien con quien pudiera colaborar. Y fue él quien me dijo ¿Por qué no hablas con Jaques Morelenbaum? Al final coprodujo el Unplugged e hizo los arreglos, en los que trabajamos juntos. De ahí quedamos superamigos y cuando he ido a Brasil ha tocado conmigo. Es un hombre muy generoso. Aparte de todos los proyectos que tiene, paralelos a su trabajo con Gilberto Gil, ahora está grabando su primer disco como solista. Pensaba que iba a ser imposible volver a trabajar con él en Algo sucede, pero aun así le dije te mando esto. Y me contestó diciendo que buscaba tiempo. Así que está en dos canciones, Porvenir y en Dos soledades.

–Y cuenta también con dos productores…

–Con Yamil Rezc ya trabajé en Los momentos. Es alguien muy joven que viene de la movida independiente mexicana. La otra parte de la producción fue Cachorro López, alguien con mucha experiencia en el rock argentino y también muy amigo mío. Creo que hice una combinación muy interesante de dos productores muy distintos. El disco es el resultado de haber trabajado con dos personas tan diferentes. Estuvo padre, entre México y Buenos Aires.

–Sucede también otra cosa: aborda en dos canciones, Explosión y Una respuesta, la difícil situación social y política mexicana. Los asesinatos, los desaparecidos… Supongo que son cuestiones tan sangrantes que resulta imposible sustraerse a ellas…

–Me costó mucho escribirlas. No fue fácil, pero me pareció importante hacerlo. Me dije que podía obviar el tema, mirar para otro lado y hacer otra canción de amor, quitarme eso de encima, que lo tenía como atravesado. Pensaba que igual no iba a lograr una canción que valiera como tal, pero necesitaba intentarlo. Es algo que está ahí presente todo el día, todo el tiempo, a todas horas, que hace ruido, que no se resuelve, que ni siquiera sabemos cómo lo vamos a resolver: la violencia que sigue creciendo, las desapariciones… Todos los días tenemos noticias así. Es una cantidad tan grande de dolor y violencia en la vida cotidiana… Por eso me decía que podía hacerme la tonta y no escribir estas canciones, pero no sabía si podría seguir tranquilamente con mi vida sin por lo menos intentarlo. Fue todo un reto. No suelo emparejar mis convicciones políticas o sociales con mi música. Escribo desde las emociones historias que tienen que ver con encuentros y desencuentros, pero estas canciones también están escritas desde la emoción. En el fondo, son dos canciones que no podía no escribir, que tienen que ver con México y con el dolor que siento, con esta nube que llevamos encima todos los mexicanos, que no sabemos siquiera para dónde va.

Foto: Gustavo Di Mario

Foto: Gustavo Di Mario

–En el estribillo de Explosión hay una pregunta clave: Dime si vas a permitir que esto suceda ante ti… ¿Cómo se llega a una situación así? ¿Cómo se convive con ella? ¿Cómo se reacciona?

–Es este país que tenemos, es lo que construimos. Ha sido descuido, defectos que han ido creciendo, corrupción, descontrol… Somos un país muy grande que ha aumentado sus defectos al máximo. Tuvimos 70 años de PRI, el partido corrupto que impuso una opinión… Creo que muchos de nuestros defectos vienen de ahí. Y ahora que como ciudadanos nos toca tomar algún tipo de iniciativa, lo que nos preguntamos es cómo empezar. No lo sabemos. Es algo gigante. Sabes que todo esto tiene que cambiar por medio de una limpieza de las autoridades. ¿Y cómo se hace eso? Pues como ciudadano tienes que empezar a exigirlo, tienes que participar, tienes que votar. Son cosas que se han ido perdiendo. La gente se ha vuelto muy apática. Hay toda una nueva generación de chicos que dicen ¿pa qué? Es una cadena de cosas que han ido haciendo la situación cada vez más complicada. Nadie tiene la respuesta, ni yo ni los políticos… Ninguno sabe a dónde vamos, pero estamos todos en el mismo barco y a todos nos corresponde buscar esas respuestas y esas salidas. Poco a poco: tenemos que hacernos por lo menos una pregunta cada día. Y ya veremos cuándo nos llegarán las respuestas.

–¿Ha caído en la cuenta de que hace ya 17 años que actuó por primera vez en España, dentro de la gira Calaveras y diablitos?

–¡¡¡17 años!!! Ja, ja… Sí… Claro que lo recuerdo. Para mí fue algo importantísimo, la primera vez que venía a tocar y además con Aterciopelados, Fabulosos Cadillacs y Maldita Vecindad… Algo gigantesco, todo muy grande. Lo recuerdo con mucho cariño y cuando me encuentro con alguien que estuvo en esa gira da gusto hablarlo.

–Lo llamativo es que, a diferencia de otros tantos artistas pop hispanoamericanos, cuya suerte en el mercado español es a menudo fugaz, usted ha mantenido esa relación con España, esa presencia constante.

–Creo que ha sido suerte y también insistencia. Ahora vuelvo a España, aunque hace ya dos años que no venía. Pero sí, siempre procuramos venir e insistir. Es una cuestión de presencia. Si no vienes, la gente se olvida. Es la verdad. Es lo mismo que pasa en México con muchos grupos españoles. Estamos muy lejos, es difícil ir. Pero cuando logras tener esa relación…

–Quizás pequemos los españoles de ingenuidad al intuir una relación especial con su música: usted la tiene con todos los países hispanoamericanos. En Esperaba, por ejemplo, hay un bonito homenaje al rockero argentino Charly García

–Sí, ¡qué bueno que lo captaste! De hecho, toda la canción es un homenaje a Charly García. En realidad es una canción sobre la adolescencia y sobre encontrar un escape en la música. Y es una fantasía, porque yo no escuché a Charly García en mi adolescencia. Y me hubiera encantado. Me parece que la música es un escape: escuchar a Charly te puede transportar al lugar de donde es él.

–A eso me refería antes al hablarle de la difícil relación de muchos artistas americanos con España: siendo un veterano, García es prácticamente desconocido aquí. No digamos ya genta más joven, como la chilena Camila Moreno, una estrella ya, o los colombianos Pedrina y Río. ¿Nos estamos perdiendo muchas cosas interesantes?

–Ja, ja, ja… Pues no lo sé. A Camila y a Pedrina y Río los conocí igual que tú, por internet. Pero sí, hay un montón de artistas independientes. En Perú, por ejemplo, Kanaku y el Tigre… Todo el tiempo están surgiendo artistas nuevos muy lindos a los que no vas a escuchar en la radio. Tienes que buscarlos. En Argentina está Diosque, que tiene algo como ochentero bonito. O Dom la Nena, que es una brasileña que vive en París y que me recomendó una fan en Twitter… ¡Me encanta esto! Me hice yo superfan. Es como una combinación de Juana Molina con Lhasa [de Sela] que canta en francés, en portugués, en español… Lo más interesante hay que buscarlo siempre fuera del mainstream. Hay que escarbar en los blogs; así es como yo descubro muchas cosas.

–Hace poco me decían Hidrogenesse en una entrevista que ese descubrimiento que propicia internet tiene un curioso efecto secundario: todo se hace presente; aunque el artista lleve 20 años tocando, tú lo acabas de escuchar por primera vez ahora.

–Tal cual. Tienen toda la razón. Creo que ahora llegas a la música de una manera muy diferente. Nadie te la pone, te enteras de muchas más cosas y, simplemente, porque te gustó tal canción. Y no sabes muy bien si el grupo es conocido o no, si es de ahora o si es de antes. Pero para mí eso es parte del encanto. Tiene algo padre eso. Me gustan mucho internet, las redes sociales y las plataformas digitales. En teoría parece que los músicos tenemos que estar en contra, pero a mí me parece buenísimo que la música se globalice. Sí, se pierde el romance, ya no es como antes, que tenías que buscar el disco, ahora lo tienes ahí. ¿Pero qué mejor? Puedes escuchar a artistas de todo el mundo en el momento en que editan y suben su disco.

–Disfruta usted de una rara cualidad: se mueve con soltura en el gran mercado y, al tiempo, goza de la atención del público, digamos, independiente. ¿Cómo se hace?

–No lo sé [ríe]. Creo que las canciones que hago son música popular. Me identifico con cómo trabaja la gente que viene de la música independiente. Yo vengo de ahí. Aunque siempre he trabajado con una disquera, mi proceso creativo siempre ha sido algo muy personal, así que eso me hace identificarme más con la gente que viene de lo alternativo. Me gusta hacer canciones y, sí, soy como para todos los ambientes. Ja, ja, ja…