Bruce Springsteen, oficio y actitud

Blas Fernández | 9 de mayo de 2012 a las 12:32

Bruce Springsteen, flanqueado por Nils Lofgren y Steve Van Zandt, en el concierto ofrecido en Sevilla en julio de 2009. / Juan Carlos Muñoz

Ahora que en los ambientes melómanos se habla tanto de Todos te quieren cuando estás muerto, el divertido y revelador libro de entrevistas de Neil Strauss, publicado en España por Contraediciones, quizás resulte pertinente recordar un encuentro entre el incisivo periodista musical y Bruce Springsteen. A saber: se citan en los estudios de Sony en Manhattan, se largan pronto a un bar y, sin perder la compostura, terminan cocidos en cerveza y tequila antes de que el músico acabe firmando un autógrafo a un policía en su libreta de multas.

En el breve fragmento rescatado por Strauss para el volumen, Springsteen queda felizmente bosquejado como una estrella cercana, alguien que, “a diferencia de muchos músicos a los que he entrevistado”, mantiene “los pies en el suelo a pesar del éxito”.

El entrevistador, nada sospechoso de complacencia –basta leerlo para comprenderlo–, sucumbe al efecto Bruce y asume el credo del músico, quien le explica que, sin desdeñar los sueños de chicas y coches, se metió en esto por “formar parte de la vida de la gente” y con la esperanza de que ello pudiera resultar “de alguna utilidad”.

En resumen: no sabemos con certeza quién es Bruce Springsteen –por más que se acerquen, tampoco lo saben los miles de fieles devotos de la fe en el springstianismo, ésos capaces de recordar en qué concierto y a qué hora revisó el músico una canción que no tocaba desde hacía diez años–, pero (casi) todos reconocemos en esa misma estampa a uno de los contados iconos del rock capaces de reinar en el mainstream –el de verdad: ése que llena estadios en serie– sin perder la venia, o al menos la simpatía, de ese otro público, digamos, especializado.

¿Por qué? La pregunta del millón tiene presumible respuesta, otra vez, en el concierto que el músico norteamericano ofrecerá el próximo domingo en el Estadio de La Cartuja de Sevilla, punto de partida del tramo europeo en la gira de presentación –es un decir, una convención– del decimoséptimo álbum en estudio de su discografía, Wrecking Ball, publicado a comienzos del pasado mes de marzo.

¿El disco? Bueno, oiga: es Springsteen. Supera con creces la mera excusa que mantiene pertinentemente engrasado ese preciso y rentable engranaje de las macrogiras –antaño, de stadium-rock; hoy, por lo general, de stadium-show a secas–, pero queda al menos tan lejos de lo más imponente de su repertorio –digamos, aun a riesgo de acampar en lugar común, entre Greetings from Asbury Park, N. J. (1973) y Born in the U.S.A. (1984)– como lo estuvo en su día Working On A Dream, el todavía así notable álbum que lo trajo por primera vez a Sevilla, al mismo escenario, el 28 de julio de 2009.

¿Restó aquel detalle algún grado de intensidad o emoción a la cita? No. Fue un concierto memorable, una noche redonda construida sin artificios, con sudor –qué calor, ¿recuerda?–, repertorio y ese oficio de incondicional entrega que caracteriza tanto a Springsteen como a su E Street Band, extrañas entidades capaces de acelerar el tiempo y conseguir que tres horas, o más, pasen en un santiamén; que los estadios encojan por arte de magia y reduzcan sus dimensiones a las de un vetusto club de rock’n’roll.

Wrecking Ball juega la carta de un, más que comprensible, necesario enojo político y recluta con acierto para su mano sonoridades que el imaginario pop asocia con posturas de resistencia –salvo el meloso acercamiento al R&B en Rocky Ground, es el folk, la aureola de aquel Pete Seeger homenajeado en We Shall Overcome (2006)–, pero todo resulta a la postre tan formal, tan presumible –¿tan ajustado a la necesidad de satisfacer a enormes audiencias?–, que su onda expansiva apenas sacude la superficie de un terreno años atrás excavado a conciencia –la profundidad de The River (1980) o el páramo de Nebraska (1982), por ejemplo–.

El misterio de Springsteen no reside tanto pues en cómo perfilar y solventar directos hercúleos –con esa actitud de ganarse el sueldo que le paga el respetable, su repertorio y la compañía de Steve Van Zandt, Nils Lofgren, Roy Bittan, Charlie Giordano, Garry Tallent y Max Weinberg, la apuesta de partida es a caballo ganador–, sino en su facilidad para fascinar desde las tablas, pese a los tics reiterados noche tras noche, tanto a quien se sospecha conocedor del trasfondo del business como a quien no ha comprado un disco de rock en su santa vida.

Un dato innecesario para unos y otros, pero ineludible: la gira de Wrecking Ball, iniciada el pasado 19 de marzo en el Philips Arena de Atlanta (Georgia), y con parada en Europa hasta el 31 de julio –incluidos conciertos en Las Palmas (15 de mayo), Barcelona (17 y 18 del mismo mes), San Sebastián (2 de junio) y Madrid (17 de junio)– es la primera de Springsteen tras la muerte a mediados de junio de 2011 de Clarence Clemmons, el emblemático saxofonista de la E Street Band.

Su puesto lo ocupa ahora su sobrino, Jake Clemmons, pero su saxo aún suena en Wrecking Ball. El productor del álbum, Ron Aniello, rescató tomas en directo para insertarlo. Dicen que Springsteen, al escucharlo, lloró. Y eso también encaja con la genial intuición de Neil Strauss.

(Artículo publicado hoy en Diario de Sevilla)

Sorpresas con Pony Bravo

Blas Fernández | 4 de mayo de 2012 a las 7:09

Pony con pony. / Foto: Celia Macías

“Pues sí: va a haber invitados, músicos de aquí con los que estamos trabajando. Pero queremos mantener la sorpresa”, dice Daniel Alonso, teclista y cantante de Pony Bravo, guardando el suspense respecto a su concierto de esta noche en el Teatro Central. La banda sevillana -completada por Darío del Moral, Javier Rivera y Pablo Peña- ofrece una actuación encuadrada dentro de los actos de celebración del vigésimo aniversario del espacio escénico de la Isla de la Cartuja, una ocasión que el cuarteto aprovechará para presentar, junto al repertorio formado por los temas de sus dos discos, algunas nuevas canciones. “Habrá sorpresas y canciones nuevas -avisa Alonso-. El Central es un sitio que te permite hacer cosas diferentes a las que harías en un escenario normal. Y además, es que nos hace ilusión presentar los temas nuevos en Sevilla”.

La mayoría de esas canciones inéditas, las que conformarán el tercer álbum del grupo tras Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias (2008) y Un gramo de fe (2010), permanecen aún en fase embrionaria, en pleno proceso de construcción. “Llevamos ya unos meses trabajando en el nuevo disco. Estamos en esa etapa de investigación previa y de mucho local de ensayo. Aún no hay fecha para grabar, pero sí que tenemos pensado entrar en agosto con Raúl en el estudio. Serán grabaciones que nos servirán como calentamiento para ver qué tipo de producción vamos a darle a las canciones. Creo que mientras más tiempo inviertas en trabajar con la persona que te va a grabar, más interesante será luego el resultado”, dice Alonso en referencia a Raúl Pérez, responsable tras la mesa mezcla de los Estudios La Mina de los dos discos del grupo (y de buena parte de lo mejor salido de la escena independiente sevillana durante los últimos años).

¿Se atreve Alonso a adelantar cómo será ese nuevo trabajo? Parece difícil, todavía. “Con cada disco hemos intentado avanzar un poco en nuestro lenguaje, pero ése es un proceso misterioso y a veces incluso caótico -reconoce-. Antes de cada nuevo demo o de cada ensayo hablamos mucho al respecto, para ponernos de acuerdo entre nosotros y definir una línea. Pero siempre hay un elemento incontrolable en todo eso, en el salto que uno pueda dar, hacia atrás o hacia adelante, que no siempre se acierta”.

“La filosofía de Pony Bravo siempre ha estado basada en la investigación de la música popular, algo que puede sonar un poco pedante, pero que es así -añade Alonso-. En ese sentido será, supongo, un disco continuista, porque uno no puede escapar de cómo le salen las cosas, pero también habrá aspectos nuevos, espero. Ése es al menos el intento”.

La continuidad se concretaría, explica el músico, en esa ya bien conocida vocación exploratoria de “la cultura andaluza, de su iconografía, del flamenco; también en nuestro gusto por el krautrock o por el reggae“. ¿La novedad? “Las nuevas influencias a la hora de componer -comenta-. A mí cada vez me gusta más Jonathan Richman, o Dub Narcotic, que a todos nos atrae por cómo tratan el dub. Y seguimos escuchando muchas cosas de Can, de Talking Heads. O grupos como Devo, que cada vez nos interesan más por su humor, porque también estamos intentando integrar corrientes de humor que se han trabajado en el rock anglosajón, engarzarlas en una tradición local”.

Como prueba de lo último, valga el encendido elogio dedicado recientemente por Alonso a No me pises que llevo chanclas en el periódico El Diagonal. “Por un lado, el humor parece más necesario que nunca, pero por el otro convivimos con un componente de dureza que te hace muy difícil hablar de economía o de política como podrías hacerlo hace un par de años -abunda-. Todo está más cerca. Quizás por eso sea más interesante, quizás por eso estamos intentando no huir de ciertas temáticas porque sean más complejas o nos den miedo. Siempre es más fácil escribir de las anécdotas cotidianas, pero si no corres algo de riesgo el proyecto no merece la pena. De todos modos,  no puedes olvidarte del marco, que es un grupo de rock. Y uno accede a veces a la música rock buscando un cierto tipo de felicidad… Si lo conviertes en un documental o en algo muy serio, puede perder su fuerza”.

Ellos, parece, las mantienen intactas. Desde su asalto a la escena nacional hace ahora cuatro años, un desembarco reforzado en su inmediatez y propagación por el uso de licencencias Creative Commons y la consiguiente libre descarga de sus trabajos, el grupo sevillano no para. A sus numerosos conciertos dentro y fuera del país suman la banda paralela Fiera -con un álbum, Déjese llevar, publicado en 2010 y otro también en proceso de creación- y la labor efectuada desde su propio sello discográfico y agencia de management, El Rancho Casa de Discos. “Son proyectos como los que llevamos a cabo con la compañía Mopa, con Mansilla y Los Espías, con Lumineón… Y son colaboraciones muy distintas, componer la música para una pieza coreográfica , hacer un vídeo o tareas de comunicación y prensa. Es puro intercambio: hay que aprovechar las capacidades de cada uno para sacarlo todo adelante”, afirma.

Entre esos proyectos también se cuenta la composición de la banda sonora de Carmina o revienta, el debut como director del actor Paco León, estrenada en el reciente Festival de Cine Español de Málaga y galardonada con el premio del público en su sección oficial. “Conocíamos la trayectoria de Paco León desde sus tiempos como bailarín de danza contemporánea -recuerda Alonso-. En la productora de la película estaban buscando un enfoque tradicionalista de la cultura andaluza, pero dándole a los personajes una mirada contemporánea, alejada de los localismos. Paco, de hecho, nos comentó que por ese motivo no quería utilizar flamenco en la banda sonora. Así que la conexión fue rápida, porque nosotros intentamos hacer algo parecido, y desde el principio lo vimos claro”.

Daniel dice que la película, como al resto de integrantes de Pony Bravo, le ha “gustado muchísimo”, pero descarta la publicación autónoma de la banda sonora. “No, porque no se trataba de hacer canciones. Ése no era el enfoque -explica-. Era algo más… Invisible. Se trataba hacer instrumentales en apoyo a las escenas, a su servicio. Así que no tenemos intención de editarlo como algo aparte, porque nos gusta así, integrada en la propia película. No tiene sentido verlo de otro modo”.

Pony Bravo actúa esta noche a las 22:00 en el Teatro Central. Las entradas cuestan 15 euros en taquilla y 12 euros en venta anticipada.

Aviso: en La Ventana Pop disponemos de dos entradas dobles para el concierto de esta noche y de dos copias en vinilo de Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias. Se llevarán ambos lotes (dos entradas más disco) los dos primeros comentarios a esta entrada en el blog que contesten correctamente a esta sencilla pregunta: ¿en qué grupo anterior a Pony Bravo militaron Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera?

Recuerde que tras enviar el comentario tiene que mandar a su vez un correo con su nombre completo y DNI a bfernandez@grupojoly.com

Los agraciados podrán recoger sus entradas en la taquilla del Teatro Central antes del del concierto. Los discos deberán recogerse en la redacción de Diario de Sevilla (c/Rioja 14-16) de lunes a jueves de 10:00 a 13:00 y de 16:30 a 18:30. Suerte.

Nocturama anticrisis

Blas Fernández | 3 de mayo de 2012 a las 13:02

En la imagen, los iruñeses Lisabö.

Los Punsetes, La Casa Azul, Espanto, Bertrand Bescht, Antonia Font, Las Buenas Noches, Nudozurdo, Sr. Chinarro, Lisabö, Josh Rouse, Iván Ferreiro… Suma y sigue: Nocturama, el ciclo de actuaciones musicales programado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) durante el estío hispalense, alcanza su VIII edición con uno de los mejores carteles de su historia y manteniendo las entradas a precios asequibles. Se venderán a 6 euros (apenas un euro más que el pasado año) y sólo en el caso de La Casa Azul, debido a su elevado caché (Green Ufos coproduce el concierto con la sala Obbio), subirá hasta los 10.

Perfecto ejemplo de colaboración público-privada, rentable para ambos partícipes, en Nocturama el CAAC pone las instalaciones y el equipamiento y dos promotoras locales, Green Ufos (en el cartel de julio) y La Suite (en el de agosto), planean la programación y corren el riesgo económico. Cada vez menor, dicho sea de paso, gracias a la raigambre que el ciclo, convertido ya en un clásico del verano local, ha conseguido durante estos años.

La Casa AzulUna novedad, ya vislumbrada en ediciones anteriores: la parcelación por procedencia (julio para los internacionales y agosto para los nacionales), salta definitivamente por los aires. “Puede que estemos en crisis, pero los cachés de los grupos siguen subiendo, y en esas condiciones nos resulta imposible centrarnos exclusivamente en grupos de fuera”, ha explicado esta misma mañana en la presentación del cartel Rafa López, de la promotora Green Ufos, quien ha añadido que, habida cuenta de la expectación, “Nocturama ha calado hondo entre el público local, prueba de que el trabajo de años anteriores se ha hecho bien”. Por su parte, David Linde, de La Suite, ha agradecido al CAAC y a su director, Juan Antonio Álvarez Reyes, el hecho de que “un ciclo así persista en estas condiciones económicas”.

Nocturama arrancará este año el miércoles 27 de junio en su ubicación habitual, el Patio del Padre Nuestro, con la actuación de los suecos  MF/MB/ y presentará su primer plato fuerte dos días después con madrileños Los Punsetes, a punto de poner en circulación su tercer álbum. La Casa Azul, como ya se rumoreaba en los mentideros digitales, actuará el 4 de julio, mientras que la banda belga Mièle lo hará el jueves 5.

El miércoles 11 contaremos con doble cartel: Espanto, uno de los secretos mejor guardados del pop nacional, y Doble Pletina. Doble será también el programa del jueves 12, centrado en artistas del sello germano Tapete: Jack Beauregard y Salim Nourallah. El francés Bertrand Betsch actuará el miércoles 18, mientras que al día siguiente lo harán los mallorquines Antonia Font y los castellonenses Pleasant Dreams.

Por primera vez en España, el ciclo presentará el miércoles 25 la actuación del belga Benjamin Schoos, seguido el 26 por el dúo femenino finlandés LCMDF y el sábado 28, cerrando julio, por el músico sueco Christian Kjellvander.

Ya en agosto, Nocturama continuará sus actividades el miércoles 1 con el concierto de los sevillanos Las Buenas Noches, ausentes de los escenarios locales durante una larga temporada, y continuará al día siguiente con los madrileños Nudozurdo, caídos del cartel del pasado año por enfermedad de uno de los integrantes.

Repetirán en Nocturama Hola a Todo el Mundo, el miércoles 8, y el sevillano Antonio Luque, Sr. Chinarro (jueves 9), que vuelve al ciclo tras participar en su primera edición. El miércoles 15 marca en el calendario otra cita de particular interés, la que los espectadores del encuentro tendrán con los iruñeses Lisabö.

Los granadinos Niños Mutantes actuarán el jueves 16; el norteamericano afincado en Valencia Josh Rouse hará lo propio junto a The Long Vacations el miércoles 22 y a The New Raemon lo veremos el jueves 23. Ya en los últimos días del ciclo, el ex vocalista de Los Piratas Iván Ferreiro presentará su nuevo álbum el miércoles 29, mientras que el fin de fiesta lo pondrá Doctor Explosión, clásicos incombustibles, el jueves 30.

Desaparecidas las proyecciones cinematográficas desde el 2009 -sí, a consecuencia de la crisis- se mantendrán no obstante las visitas a las exposiciones del CAAC, accesibles con la misma entrada de los conciertos, y se sumarán una serie de instalaciones audiovisuales “de los años 60 y 70, fundamentalmente de artistas norteamericanos” cuyos detalles guarda Álvarez Reyes hasta la presentación del cartel del centro para los próximos meses.

Las localidades para los conciertos de agosto, amén de en la taquilla del CAAC, podrán adquirirse online en la web de La Suite. Las de julio se podrán comprar sólo en la taquilla del centro, con excepción del concierto de La Casa Azul, que también se pondrán a la venta a través de ticketea.com.

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Diálogos de igual a igual

Blas Fernández | 25 de abril de 2012 a las 23:18

Folila. Amadou & Mariam. Becasue / Nonesuch. Folk / Pop / Rock. LP / CD

Cuando Manu Chao produjo en 2006 aquel estupendo álbum titulado Dimanche a Bamako consiguió al menos dos cosas: una, un disco vibrante y sorprendente; dos, hacer visibles a Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia, músicos con largo recorrido previo, más allá de ese gueto mercantil ambiguamente denominado world-music –tradúzcase como música para turistas bienintencionados–.

Acostumbrado a burlar esa visión reduccionista que, miope, endosa la etiqueta de exótica a las sonoridades en apariencia ajenas al canon occidental –paradójicamente construido en buena parte gracias a ellas–, Chao, como otros antes y después, sirvió de padrino a la pareja malí para descubrir a otros públicos aquello que África ya lleva décadas originando por sí misma: una música que no por enraizada deja en ningún caso, y para lástima de los defensores de no se sabe bien qué esencias, de dialogar con su tiempo.

Damon Albarn (Blur), otro enamorado de la música africana, recogió el testigo dos años después al producir para Amadou & Mariam el igualmente recomendable Welcome to Mali, un título que, como su antecesor, aunaba con perfecta naturalidad pop y africanismo.

Con tan ilustres precedentes, y se supone que no pocos contactos, Folila nos devuelve ahora al dúo en un nuevo capítulo de premeditada proyección internacional, quizás el más ambicioso, atendiendo al despliegue de músicos y medios, de cuantos Amadou & Mariam han firmado hasta la fecha.

Facturado a caballo entre Nueva York, Bamako y París, Folila (música en bambara) reúne a una considerable nómina de colaboradores que incluye, entre otros, a Tunde Adebimpe y Kip Malone (TV On The Radio), Victor Axelrod (Antibalas), Jake Shears (Scissor Sisters), Amp Fidler, Santigold, el francés Bertrand Cantat (Noir Désir) o el mismísimo Toumani Diabate.

El gozoso resultado es un disco más físico, más orgánico, más musculoso que Dimanche a Bamako o Welcome to Mali, y en el que la única concesión al público del norte –las voces en inglés o francés replicando al bambara dentro de la clásica estructura de llamada y respuesta– puede leerse también como mera consecuencia lógica de la procedencia de los invitados.

El resto, si no música africana de hoy en sentido estricto, es como mínimo lo antes apuntado: puro diálogo de igual a igual, o aun con algo de predominio malí, desarrollado en un incontestable listado de arrolladoras o hermosas canciones, construidas ya sea escarbando en los remotos ancestros del blues –y de eso en Mali saben lo suyo–, disparando andanadas de afrobeat o irresistibles píldoras de pop vitaminado (la prueba del nueve: la británica Ebony Bones dando la réplica a Mariam en la saltarina C’est pas facile pour les aigles).

Ahí le dejo el clip de Wily kataso (con Adebimpe y Malone)

Sundae: ‘Verano / Invierno’

Blas Fernández | 25 de abril de 2012 a las 10:56

http://vimeo.com/40932013

Un clip de Yago Partal y Antonio Gómez, de la productora Nieve, para el grupo sevillano Sundae, cuyos pasos pueden seguir aquí y aquí.

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M. Ward en bucle infinito

Blas Fernández | 19 de abril de 2012 a las 7:21

A Wasteland Companion. M. Ward. Merge. Rock. LP / CD

La trayectoria de M. Ward (Matthew Stephen Ward, 1974) es sin duda de ésas que dejan poso y crecen en proyección gracias al descubrimiento individual, luego compartido con generosidad e indisimulado gozo.

Cuando el norteamericano debutó en solitario en 1999 con Duet for Guitars #2, un disco amparado por ese otro gigante llamado Howe Gelb, apenas se podía sospechar sin embargo que el también ex integrante de Rodriguez terminaría por protagonizar una de las discografías más atípicas y personales, con intransferible sello propio, en el vasto, inabarcable panorama de ese rock contaminado de folk, en el sentido más amplio, que con el cambio de siglo cobró en Estados Unidos nuevos y diversificados bríos.

Pero fue con End of Amnesia, publicado un par de años después, cuando Ward inició un secreto ascenso hacia la cumbre retransmitido boca a boca. Y así, para cuando en 2009 llegó el monumental Hold Time, tras títulos tan memorables y decisivos como Transfiguration of Vincent (2003), Transistor Radio (2005) y Post-War (2006), nuestro hombre se había convertido ya en un ineludible must con presencia, además, multiplicada en proyectos paralelos con desigual puntería y acogida (She & Him, con la actriz Zooey Deschanel, y Monsters of Folk).

Es en este agitado estado de cosas donde se fragua A Wasteland Companion, registrado a salto de mata en un largo rosario de diferentes estudios y con un amplio plantel de colaboraciones (la propia Zooey, el mencionado Gelb, Steve Shelley de Sonic Youth…). Tan, en apariencia, azarosa gestación contrasta sin embargo con la placidez y hasta simplicidad que su escucha depara: éste de ahora resulta un M. Ward más cercano, igual de íntimo, pero más accesible, menos hermético.

En el proceso se pierde ese algo que en trabajos anteriores provocaba, directamente, fascinación. Pero, ojo, A Wasteland Companion sigue siendo en cualquier caso un disco mayúsculo tejido con esos mismos mimbres antiguos arrancados a la tierra y trenzados en clave urbana –A Wasteland Companion, la canción, podría ser puro blues rural edulcorado por una sensibilidad aquí cercana al Tin Pan Alley–.

En el séptimo álbum de Ward hay versiones –una preciosa relectura del Sweetheart de Daniel Johnston y la tantas veces recreada I Get Ideas–; homenajes –a Big Star en la preciosa y emotiva Clean Slate con que se abre el disco– y cortes de esos que emboban en su perfecta representación simétrica de la felicidad sonora –Primitive Girl, Me and My Shadow o la brumosa Watch The Show–; hay, nos tiene acostumbrados, un puntillista trabajo en las seis cuerdas –preferentemente, acústica– y, otra vez, una absoluta adscripción a los géneros clásicos como única forma posible de reinterpretarlos y trascenderlos.

Parece un disco, si no menor, todavía a un paso de los grandes logros de Ward, pero escuchado una vez, ya no podrá sino repetirlo en un bucle infinito dando la razón al tema que lo cierra: Pure Joy, en efecto.

Recuerde que puede escuchar íntegro A Wasteland Companion en Soundcloud.

Ahí le dejo el bonito vídeo, dirigido por Joel Trussell, de The First Time I Ran Away.

Veinte años de esplendor

Blas Fernández | 12 de abril de 2012 a las 7:25

Vers les lueurs. Dominique A. Wagram. Pop / Rock. LP / CD

Parece obvio que ningún músico de largo recorrido, más allá del talento de cada cual y de los mínimos exigibles que marca el oficio, mantiene el mismo nivel de inspiración durante toda su trayectoria. Piense, por ejemplo, en el Neil Young de comienzos de los 80, buscando en una maraña de discos genéricos –los devaneos electrónicos en Trans (1982), el rockabilly en Everybody’s Rockin’ (1983)…– una nueva identidad con la que sacudirse la modorra de la inercia; probando con mayor o menor fortuna, pero probando.

La carrera de Dominique Ané (Provins, 1968) tiene también mucho de prueba, de cambio de registro aun cuando éste se produzca dentro de unos márgenes perfectamente identificables –la prodigiosa musculatura de su voz, su infinita capacidad de conmoción–, pero apenas nada de error. Algo, en el fondo, tan sorprendente como el mecanismo celeste que devuelve la gracia al artista en hora bajas.

La discografía de monsieur A, veinte años después de la publicación de su primer álbum, La Fossette, perfila y visibiliza esa búsqueda de la sorpresa, esa necesidad de ser amable con su público ofreciéndole algo nuevo, distinto, como él mismo nos recordó hace años en estas páginas.

De la incontenible rabia de Remué (1999) saltó Dominique a la dulzura de Auguri (2001), se arropó con una orquesta en Tout Sera Comme Avant (2004) y exploró las posibilidades del pop de cámara en el no menos espléndido L’Horizon (2006). Plasmó además lo hercúleo de su directo en Sur nos forces motrices (2007), pero, sí, también frenó: La musique / La Matière (2009), sin ser ni de lejos un mal disco, nos devolvió la imagen del francés más preocupado por no repetirse, al menos en apariencia, que fluyendo con la naturalidad acostumbrada.

Las variables del mecanismo celeste se antojan infinitas y vaya usted a saber cuáles se combinan ahora para que Dominique A, después de ofrecernos su título quizás menos destacable, retorne al habitual resplandor con este décimo álbum, Vers les lueurs, desde el mismo momento de su aparición convertido en otro radiante jalón, de los más brillantes, en su imponente obra.

Cimentado en su pericia como flamante escritor de canciones y en esa fiel y literal lectura de la interpretación, Vers les lueurs se saca de la manga una carta no por conocida menos efectiva: los arreglos que el pianista David Euverte escribe para un compacto quinteto de viento, encargado de mantener una continua tensión entre las eléctricas guitarras de Ané y Thomas Poli y todo lo demás.

Está el resplandor en las hermosas, emocionantes melodías, también, pero sobre todo en ese permanente contraste armónico. Ahí es donde el nuevo disco del francés se crece a cada corte –la tríada final, con Ce geste absent, la larga y densa Le convoi y Par les lueurs es simplemente desarmante– anunciándonos que el mejor Dominique A, y con él las musas que lo impulsan hacia arriba, hacia el esplendor, están de vuelta. Créame, no es poco cosa.

Ahí le dejo el clip de Rendez-Nous La Lumière

http://vimeo.com/38840009

Además, pueden ver en este enlace, vía Arte Live Web, el magnífico concierto con el que Dominique A presentó anoche Vers les lueurs en la Gáité Lyrique de París (empieza en el 5’36”).

De conciertos en Zemos98

Blas Fernández | 10 de abril de 2012 a las 17:42

En un reciente artículo para Diario de Sevilla ya escribí sobre la programación de la nueva edición, la número XIV, de Zemos98. Sin embargo, a la hora de redactar aquel texto aún no se conocían todos los detalles sobre el cartel del festival. De hecho, faltaba por anunciar una de las actuaciones que conformarían su siempre recomendable bloque musical.

Pocos días después se confirmó el nombre que faltaba, el de Tom Cary, encargados de abrir la tanda de conciertos el próximo viernes 13, a las 22:30, en la sede del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus, c/Madre de Dios).

Bien conocida en este blog, la banda malagueña resultó coganadora en 2008, junto a Pony Bravo, del concurso anual de grupos de rock convocado por la Consejería de Cultura. En su caso, aquel premio se sumaba a una larga lista de certámenes en los que Tom Cary consiguió subirse al podio, recaudando lo suficiente para financiar la grabación en Chicago, con producción de Steve Albini, de su primer álbum, el arrollador That’s Right! Clean Your Soul.

http://vimeo.com/2299288

El brutal videoclip de Energy Never Disappeared Only Got Transformed, dirigido por Jesús Hernández, dejaba sobradas pistas sobre el contenido de aquel álbum, trasladado al directo con similar o incluso mayor contundencia.

Tom Cary dispone ahora de un nuevo disco, Las Hidden Logics, en el que el grupo ha contado con Paco Loco como productor y en el que la demoledora apuesta por el ruido que caracteriza a la formación recibe una, ¡oh!, sutil vuelta de tuerca. Sí, hay algo de electrónica camp en este trabajo, de añeja electrónica incordiante, aunque en el fondo subyazca la misma rabia, entre malsana e inevitable, que se adueñaba del anterior álbum.

Las Hidden Logics se publica bajo licencia CC al amparo del veterano netlabel Miga, con el que Pablo Garrido, batería y vocalista de Tom Cary, mantiene una larga relación. Puede descargarlo íntegro aquí mismo.

Y no se deje confundir por los dos clips apropiacionistas de ahí arriba, el de Maximum Overdrive y el de Reverse (Intro). La Hidden Logics también tiene su vídeo de factura propia, a la altura del de Energy Never Disappeared Only Got Transformed. En este caso corresponde a la canción The Chasers y lo firma Alfredo López.

http://vimeo.com/39602797

Además, junto a Tom Cary, y como ya se comentó en su día, en el bloque musical de Zemos98 tendremos este año, el domingo día 15, una nueva edición de los Conciertos domésticos, actuaciones en espacios reducidos que en esta ocasión protagonizarán Le Parody (Tramallol, Pasaje Mallol nº 22, 17:00),  Lorena Álvarez y su Banda Municipal (Palacio de los Marqueses de la Algaba, junto al Mercado de Feria, 18:00) y Arponera (El Establo, Castellar nº48B, 19:00).

Tanto los Conciertos domésticos como la actuación de Tom Cary son de acceso gratuito hasta completar aforo. El único concierto de pago en esta edición de Zemos98 será el que, envuelto en el misterio, ofrecerá el sábado 14 en el Teatro Alameda a las 22:30, la Fundación Robo. ¿Qué integrantes del colectivo de músicos, que agrupa a gentes como Nacho Vegas, Fernando Alfaro, Jonston, Los Carradine o Miguel Brieva, entre tantos otros, serán los que finalmente pisen las tablas?

Averiguarlo en vivo y en directo le costará 5 euros. O quizás simplemente una respuesta rápida en los comentarios a esta entrada… Disponemos de cuatro invitaciones para los lectores más veloces a la hora de dejar sus palabras, que deberán implementarse indeludiblemente con un correo a bfernandez@grupojoly.com especificando nombre, apellidos y DNI. Suerte.

Remate y… ¡Gol!

Blas Fernández | 28 de marzo de 2012 a las 17:27

Foto: Gorka Elorrieta

Una araña a punto de comerse una mosca. Remate. Todos Nosotros. Pop / Rock. LP / CD Promo / Descarga.

Autor de una amplia y recomendable discografía registrada en inglés, con punto de partida en el ya lejano 2003 (Deconstructin’ Mood) y sorpresas tan agradables a lo largo del camino como aquel disco firmado a medias junto a la ex Maddening Flames Muni Camón (Somersaults), el madrileño Remate fintó a las previsiones el pasado 2011 publicando un álbum, Superluv, en el que por primera vez se atrevía a saltar esa presumible barrera idiomática que, por unas u otras razones –de la esperanza de acceder a otros mercados a la mera simpatía con su memoria sonora–, algunos músicos nacionales se autoimponen.

La experiencia de cantar en español –la mitad del álbum; el resto seguía en inglés– debió resultarle alentadora. O al menos, eso cabría deducir del hecho de encontrarnos ahora, por primera vez, con un disco de Remate escrito e interpretado íntegramente en nuestra lengua, Una araña a punto de comerse una mosca.

Este corto proceso lingüístico se produce además inmerso en otro de mayor recorrido y, quizás, calado: el de un notable refinamiento de su propuesta; un desarrollo, éste sí, experimentado disco a disco desde sus inicios. Remate crece y sus canciones abandonan las austeras vestimentas originales –al principio, tan propias de la barbuda reivindicación folk-rock llegada desde Estados Unidos– para engalanarse con elaborados arreglos.

La forma gana peso y presencia hasta constituirse en parte determinante del resultado global, en ineludible gancho para una escucha ante la que el oyente se descubre cautivo. Y si Superluv ya avisaba de esa evolución, el nuevo álbum la constata con cargo a intervenciones mínimas –los esplendorosos arreglos de cuerda y metal apenas corresponden a los esfuerzos de tres intérpretes– y rendimiento máximo. Esto es, Una araña a punto de comerse una mosca no se entendería –ni probablemente se disfrutaría igual– sin ellas; sin el despliegue multinstrumental del propio Remate –guitarras, pianos, teclados, autoarpa…– o sin las delicadas apariciones de la portuense Marina Gallardo, encargada aquí de doblar voces –en español, también por primera vez– para dotar a las canciones de un considerable plus de belleza.

Equilibrado en forma y fondoComo en todo arte marcial / Se trata de coordinar / El tantra con las ganas de matar, por resumirlo tomando prestados unos versos de la melódicamente adhesiva Odisea de fuego–, el octavo álbum de Remate concentra pues sus esencias –incluso en el número de canciones: siete frente a la abultada media de trabajos anteriores– en un pequeño frasco del que se aprovecha cada gota.

También, desde luego, en lo textual. Dado con gusto a la evocación, a la sugerencia, Remate esquiva además otras convenciones apegadas a las canciones de desamor. Y así, el dubitativo protagonista de Superlativo dedica en realidad poco espacio a la ausente antes de centrarse en las consecuencias prácticas de la ausencia (Necesitaré opio / Como antidepresivo / Me pregunto si aterrizaré / Si tendré problemas con la ingravidez / Si la amnesia me dará más libertad). ¿Humor? También. Pruebe con Su madre está enamorada de Kafka y cuéntelo luego.

Armado con tan preciado frasco, Remate explora, por último, territorios anexos e indisociables a la música pop. Primera referencia de la escudería Todos Nosotros, Una araña a punto de comerse una mosca sólo tendrá en principio edición física de pago en formato LP. La versión en CD se distribuirá en exclusiva junto al número de abril de la revista Rockdelux, mientras que la versión para descarga digital (Bandcamp, iTunes y Spotify) cuesta unos muy ajustados y bien merecidos 2,99 euros.

http://vimeo.com/38872268

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Un culto solemne

Blas Fernández | 26 de marzo de 2012 a las 7:23

Garrington, Sparhawk y Parker. / Foto: Pieter van Hattem

En efecto: los seguidores de Low tendemos a identificarnos como perfectos devotos de un culto menos subterráneo de lo que la resquebrajada dictadura del mainstream dejaría ver. En activo desde comienzos de los 90, la banda de Duluth (Minnesota), que esta noche vuelve a Sevilla con el recuerdo aún fresco de un memorable concierto en diciembre de 2008, aporta hasta la fecha diez inapelables mandamientos –su decena de imponentes álbumes– predicados desde los escenarios con tal solvencia y convicción que, entre los incrédulos, las conversiones adoptan hechuras de repentina iluminación.

¿Por qué? Habría que concluir que por la belleza de sus canciones y por la intensidad de las emociones que provoca su propuesta, profundamente enraizada en la mejor tradición del rock estadounidense, ésa en cuyo crisol se funden con naturalidad las sonoridades de las músicas que precedieron y cohabitan.

Debutantes en 1994 con un álbum, I Could Live in Hope, rápidamente enmarcado en una de las corrientes emergentes de la época, el slowcore –hagamos de la quietud virtud–, su vasta y recomendable discografía protagoniza sin embargo una evolución que sobrevive a las etiquetas en la misma medida que adopta formas clásicas, canónicas, sin renunciar a la búsqueda.

En ese sentido, el comedido uso de la electrónica en el celebrado Drums & Guns (2007) certificaba la cualidad exploratoria de una obra cuyo corpus central –títulos tan hermosos y pasmosos como Long Division (1995), Things We Los in The Fire (2001) y The Great Destroyer (2005)– ya había confirmado sobradamente a Low como uno de los nombres capitales en la poblada escena del rock contemporáneo. Un peso, por cierto, reconocido incluso desde la vertiente mitológica del negocio, cuando el célebre ex vocalista de Led Zeppelin, Robert Plant, versionó dos canciones del mencionado The Great DestroyerMonkey y Silver Rider– en su álbum de 2010 Band of Joy.

Con el matrimonio formado por Alan Sparhawk (guitarra y voz) y Mimi Parker (percusiones y voz) como irremplazable núcleo duro del asunto, y con Steve Garrington al bajo, el último salmo de Low hasta el momento es C’mon, otro solemne discazo grabado en el Sacred Heart Studio de Duluth, una antigua iglesia católica que podríamos imaginar resacralizada por la música, y en cuya elaboración participaron como invitados la violinista y cantante Caitlin Moe y el fenomenal guitarrista Nels Cline (autor de una espléndida discografía con nombre propio y, sí, quizás más conocido como pieza clave en los Wilco de los últimos años).

En la actuación de esta noche veremos a la misma formación que nos visitó en 2008, pero con un añadido: la colaboración a los teclados de su paisano Eric Pollard (ex integrante de otra banda de Duluth, No Wait Wait).

Low. Hoy en el Teatro Central a las 21:00. Entradas a 20 euros en venta anticipada y 23 euros en taquilla.

Ahí le dejo dos clips de C’mon, el primero de Try to Sleep...

http://vimeo.com/22303771

…y el segundo, de Especially Me.

http://vimeo.com/27636308