Visiones de futuro

Blas Fernández | 22 de marzo de 2012 a las 7:12

Visions. Grimes. 4AD. Pop / Electrónica. LP / CD

Es bien sabido que Alfred Hitchcock advertía sobre la inconveniencia de rodar con niños y con animales (bueno, también con Charles Laughton), una comprensible prevención en la que servidor, trasladando similares reticencias a la música, suele encontrar justificación ante la figura del músico artista. O sea, ése que no es artista sólo por ser músico, sino que lo es, además, porque tanta creatividad reconcentrada no le cabe en una sola disciplina.

Claire Boucher (Vancouver, 1988) tendría en principio un buen fajo de papeletas para resultar premiada en esa lotería y, sin embargo, va camino de convertirse en algo mas que una honrosa excepción. Al menos, en su labor como compositora e intérprete. Sobre su faceta como pintora me reservo una opinión que quizás pueda adivinar atendiendo a la infame portada de este Visions, ajustada al apodo utilizado por nuestra protagonista, pero escasamente ilustrativa de su brillante contenido.

Y así, dejando a un lado esa estética feísta, enmarcada en la apropiación lo-fi que, paradojas, cierto pop electrónico rabiosamente contemporáneo hace de aquellas gráficas ochentistas, uno descubre un álbum por momentos majestuoso, envolvente, aquí y allá asociado con corrientes como el (inflado) witch-house o el (aún más cerca de la hiperinflación) hypnagogic pop, cuando la realidad quizás situase a su artífice en los zapatos de una Björk joven, fruto de su tiempo.

De ello parece haber tomado nota el venerable sello británico 4AD, que lanza al mundo el disco más completo de Grimes tras dos capítulos previos en absoluto desdeñables, Geidi Primes y Halfaxa, publicados en su día por la minúscula escudería Arbutus Records, y a los que habría que añadir Darkbloom, un también muy recomendable disco compartido con otro canadiense, d’Eon.

Pleno de melodías trotonas sobre bases electrónicas de indudable ascendente pop, algunas con efectos tan placenteros como conmovedores, Visions nos deja sobradas muestras –Genesis, Be a Body…– del potencial de Grimes de cara al futuro inmediato, ése donde con casi toda probabilidad vamos a volver oír hablar de ella.

Y ahora, los clips. El primero es una grabación de Genesis para Yours Truly

http://vimeo.com/25338800

…seguimos con un par de cortes de Darkbloom, el primero, Vanessa

http://vimeo.com/22215457

y el segundo y último, Crystal Ball

http://vimeo.com/23509540

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Teatro Central: diez más diez

Blas Fernández | 20 de marzo de 2012 a las 7:25

Calexico, durante su actuación en el Teatro Central en 2004. / José Luis Montero

Hace diez años, a comienzos de abril de 2002, recibí de Juan Luis Pavón, subdirector de Diario de Sevilla, uno de esos encargos que, para desgracia de todos, cada vez se estilan menos en las redacciones de los periódicos: “¿Por qué no te olvidas de lo demás durante una semana y preparas un reportaje amplio sobre el décimo aniversario del Teatro Central?”.

Con la idea de documentar la génesis del singular espacio de la Isla de la Cartuja, uno de los más golosos activos escénicos heredados de la Expo’92, su cese temporal de actividad tras la muestra y su posterior reapertura, concerté entrevistas con algunos de los principales implicados en el proyecto, tanto en origen como en el posterior desarrollo de una programación que terminaría por convertir al Central en algo muy parecido a un referente.

Manuel Llanes -ayer motor y hoy, además, director del teatro-, Manuel Grosso -entre tantas otras cosas, artífice de su reapertura-, Gerardo Ayala -arquitecto responsable de tan hermoso y versátil edificio-, Elena Angulo -durante años directora general de Fomento y Promoción Cultural de la Consejería de Cultura-, Manuel Ferrand -entonces encargado de la programación de música clásica- y Juan Carlos Marset -con posterioridad delegado de Cultura del Consistorio hispalense y director del Instituto Nacional de las Artes Escénica y la Música-, prestaron sus voces a este relato de los hechos, que hubiera quedado incompleto sin las de aquellos que dan sentido a cualquier espectáculo: los espectadores.

A punto de cumplirse diez años más, en vísperas de que el Central celebre su vigésimo cumpleaños el próximo mes de abril, rescato aquel extenso reportaje alternando en el ánimo la alegría por el nuevo aniversario con un indisimulado fatalismo por lo que el futuro inmediato pueda depararle a tan atípico escenario. Vivimos tiempos bárbaros y ya sabemos dónde gustan los gestores de la cosa pública de meter primero su tijera. Todos ellos, sin divergencias.

Y cruzo los dedos. No sólo porque a lo largo de estos veinte años el Central ha ofertado un cartel convertido en ventana desde la que asomarse a cuanto más y mejor se estaba haciendo aquí y allá en disciplinas como la danza o el teatro, entre otras -un modelo exportado luego al Cánovas de Málaga y al Alhambra de Granada-, sino también por razones personales que acaban entremezcladas con las profesionales.

En su amplio apartado musical, el papel del rock en el Central corre en paralelo al tratamiento que los medios generalistas le han venido otorgando al género. Hace veinte años, sólo unos pocos se aventuraban a presentarlo en el mismo nicho, y con el mismo rigor, que el jazz o la música académica en todas su variantes, recluyendo cualquier información sospechosa de ser pop en las páginas más ligeras de los diarios o en sus suplementos juveniles.

Desde el principio, en Diario de Sevilla, y en su desaparecido suplemento Culturas, no fue así. En el Central tampoco, pero me consta que a Llanes le costó tiempo, paciencia y mano izquierda, mucha mano izquierda, terminar perfilando Rock en el Central, pese a las incomprensiones, las reticencias y las ignorancias, como uno de los ineludible ciclos de cada temporada. ¿Nos ponemos a recordar todo lo que hemos visto allí?

No me extraña que entre los actos con los que va a celebrarse el aniversario se encuentre el rock: al concierto de Low el próximo lunes 26 -servidor apuesta a que nos dejaran igual de contentos que en aquella otra ocasión- su sumará una actuación de Pony Bravo (4 de mayo) y una fiesta de fin de temporada protagonizada en exclusiva por grupos andaluces (el 2 de junio en el espacio del aparcamiento).

Y habrá más: una exposición fotográfica -los fondos generados por el Central constituirían en sí mismos un imponente centro de documentación de artes escénicas-, otra muestra en torno al libro de visitas del teatro -en el que los artistas fueron dejando sus dedicatorias y recuerdos-, testimonios en vídeo sobre los veinte años del teatro de quienes pisaron sus tablas o se sentaron en sus butacas, recuperación de coreografías, visitas guiadas… “Una memoria sentimental en totum revolutum“, dice Llanes.

Diez más diez. No digo más y le dejo con el reportaje. Son siete páginas. Póngase cómodo…

  1. Historia de un teatro_1
  2. Historia de un teatro_2 (Origen, inauguración, cierre y reapertura)
  3. El Central hoy, luces y sombras_1
  4. El Central hoy, luces y sombras_2 (Desarrollo de criterios de programación y columna de Justo Ruiz)
  5. Un moderno contenedor de artes escénicas (Entrevista con Gerardo Ayala)
  6. La opinión de los espectadores (Al habla con los abonados)
  7. Antología de hitos (Espectáculos destacados y columna de Juan Luis Pavón)

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‘Las luces’ de Pájaro Jack

Blas Fernández | 17 de marzo de 2012 a las 11:06

http://vimeo.com/38670486

Single de lanzamiento del nuevo disco de Pájaro Jack, editado por Meridiana en Marzo de 2012. Rodado en Frailes (Sierra Sur de Jaén) en Febrero de 2012 por la productora Old Fashioned. Fotografía: Alberto Pareja.

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Pájaro Jack, todavía más folk

Blas Fernández | 16 de marzo de 2012 a las 6:53

“Sí, nos lo dice todo el mundo: nos ha quedado un disco muy folk”, asiente Jaime Beltrán, guitarra y voz de la banda granadina Pájaro Jack, que estos días pone en circulación su primer y homónimo álbum. Con un par de epés previos, autoproducidos y publicados bajo licencia Creative Commons, y un disco conjunto con los sevillanos Tannhäuser –fruto del premio compartido como ganadores en 2010 del consurso de nuevas bandas Desencaja–, el quinteto confirma ahora las expectativas levantadas aportando de paso un significativo giro a su propuesta. En efecto, Pájaro Jack, el álbum, invisibiliza la electricidad potenciando lo que antes sólo era un elemento de su fórmula: el factor folk. “Es menos pop, desde luego, pero ésa era la intención –comenta Jaime–. Sobre todo en la instrumentación: hay muchas guitarras acústicas, mandolinas… Creo que para estas canciones era lo mejor, aunque para los temas siguientes, o incluso para los directos, seguramente incorporemos más electricidad”.

Las razones del cambio las encuentra Jaime, “sobre todo”, en la música que los componentes del grupo –completado por Mario Rodríguez (bajo), Mario Fernández (batería), Arturo Muñoz (guitarra y voces) y Daniel Guirado (voces, percusiones y mandolina)– escuchaban en cada etapa de esta aún corta historia. “Cuando hicimos el segundo epé, por ejemplo, oíamos mucho country –recuerda–. Pero luego cambiaron las influencias. Yo estaba escuchando entonces a artistas muy desnudos de los 60 y 70: Tim Buckley, Bob Dylan, Nick Drake, Simon & Garfunkel… Y creo que, a la hora de componer, eso se nota. Por eso las canciones del disco no tienen esa melodía pop repetitiva y directa. Lo mismo ocurre a la hora de arreglarlas: ahora se nota más el papel de la banda y ciertos gustos comunes por grupos nuevos, como Fleet Foxes, grupos que tiran hacia las raíces. Seguíamos queriendo hacer algo fuerte, pero acústico”.

Registrado en los estudios Gismo 7 de Motril, por donde pasaron, entre otros, Lagartija Nick y Lori Meyers, y con el propio grupo asumiendo la producción en colaboración con el ingeniero Paul Grau, Pájaro Jack “refleja justo lo que somos ahora”, dice Jaime, que no oculta una cierta preocupación por el recibimiento que sus seguidores puedan depararle. “Me esperaba una reacción del tipo es que os habéis vuelto muy folk, pero la verdad es que está siendo muy positiva”, añade en referencia a la buena acogida en las redes sociales (puede escucharse íntegro en su bandcamp).

Aunque, avisan, el directo con el que esta mima noche estrenan su álbum en Sevilla –con Juano Azagra, de All La Glory, en formato dúo, ejerciendo como telonero– no será tan tranquilo. “En los conciertos, y no sólo ya por el público, nos apetece darle a las canciones un toque más eléctrico –explica–. Los instrumentos que utilizamos son casi los mismos, pero cambia la intención. A veces, por cuestiones de logística, donde en el disco había una guitarra acústica en el directo aparece la eléctrica de Arturo, por no estar cambiando constantemente de instrumentos. Pero sobre todo creo que en el directo hay ya como un sonido de banda definido, y las canciones se adaptan a él. En un concierto lo que te apetece de verdad es gastar energías”, concluye.

Pájaro Jack actúa esta noche a las 21:00 en la Sala Malandar de Sevilla y mañana lo hace en la Sala Planta Baja de Granada.

Chinarro contra el mundo

Blas Fernández | 15 de marzo de 2012 a las 7:27

¡Menos samba! Sr. Chinarro. Mushroom Pillow. Pop / Rock. 2LP / CD

En una reciente e interesante entrevista para El País, el controvertido teórico de la escritura de guiones Robert McKee apuntaba que el de Tony Soprano era un personaje más complejo que el mismo Hamlet. Al fin y al cabo, la obra de Shakespeare sólo dura cuatro horas, mientras que la serie de David Chase alcanzó seis temporadas (la última, casi doble). Según McKee, ello propiciaría una mayor posibilidad de desvelar y exponer las contradicciones del entrañable cabronazo de Tony; contradicciones que, a la postre, lo definen y visten, haciéndolo más atractivo y cercano al espectador.

Trece discos -¿van trece, no?- dan mucho juego en ese sentido, sobre todo cuando el artífice de los mismos es persona proclive a la sentencia categórica, a la máxima, ora espontánea ora reflexiva, amplificada en progresión creciente, justo en la misma medida en que sus trabajos encuentran entre públicos más amplios el merecido acomodo a quien ondea talento y constancia.

Permítame esta figura sin duda fácil, pero descriptiva: hablo de ese Antonio Luque que se declara tecnófobo -Todos los inventos fueron y son militares / Desde la catapulta al internet / Ya lo sabes (La plaga)-, pero que tira de iPhone y envía a sus músicos las maquetas de sus canciones mediante correo electrónico para que vayan adelantando el trabajo; o de ese otro que hace poco se decía harto de la monserga africana, justo cuando Vampire Weekend recuperaba aquel impulso africanista de los 80, y ahora introduce en el amplio catálogo de palos populares de su nuevo y brillante álbum, ¡Menos samba!, algún que otro corte cuyas guitarras bien pudieran haber salido de Soweto hace treinta años -La curva de la felicidad, por ejemplo-.

Antonio Luque, fotografiado por Luis Díaz.

Ignoro si Sr. Chinarro resulta más cercano cuanto más contradictorio; ignoro si su obra se independiza del personaje, alcanzando una autonomía que la hace interpretable por cada cual al margen del mayor o menor conocimiento del mismo; ignoro hacia dónde conduce eso, pero sospecho -lo sospecho hace tiempo- que asistimos encantados a un nuevo capítulo en el proceso de consagración de quien, hoy por hoy, puede ser considerado uno de los mejores letristas en activo del rock en español. Y algo más, claro, porque si el Luque escritor crece, el Luque músico tampoco se conforma.

Grabado en Valencia con una dilatada nómina de músicos hasta ahora ajenos -entre ellos, el bajista y productor Marc Greenwood y el guitarrista Pau Roca, ambos de La Habitación Roja-, a ¡Menos samba! le sienta bien el cambio de aires tras tres títulos, los que sucedieron a El fuego amigo (2005), registrados con los mismos instrumentistas, los componentes de Maga -ocupados según Luque, sevillano exiliado en Málaga, en sus propios asuntos-.

La paleta armónica se agranda -despuntan aquí espléndidos arreglos de viento, conmovedores coros de timbres añejos (La alcazaba) que remiten a… ¿Vainica Doble?-, pero la llama se mantiene: es la misma de El mundo según (2006), Ronroneando (2008) y Presidente (2011); la del Luque iluminado frente al que aparentaba oscuro, hermético, durante la larga etapa en el sello Acuarela. Vale la pena apuntarlo, entre otras razones, porque los detractores de su última producción harían bien en saltarse esta nueva entrega y ahorrarse así el disgusto, la inversión de tiempo y el dinero -al menos, en el caso de los coleccionistas que hacen obviamente rentable para Mushroom Pillow la primorosa versión en vinilo doble, diseñada e ilustrada por José Pablo García, con CD de regalo-.

Pero esa continuidad no sólo se concreta, que también, en el espíritu de los textos -en ocasiones sarcásticos, hirientes, un permanente y hasta furioso ajuste de cuentas, más o menos justificado, con compatriotas, vecinos, ex parejas, políticos o compañeros de clase, como en Las habichuelas, que es al pop lo que el Ahora vivo de esto de Tote King fue al rap: Me duele por Isabel / La que ahora es periodista / Y cuenta lo que le dictan / Porque no quiere engrosar la lista / La del la cola del Inem / Allí sí que no iría conmigo / ¿Sabes qué te digo? / Que también a ésa le den-. También lo hace en el uso recurrente de esos antes aludidos palos populares, cánones asentados hasta el límite de lo clásico, una práctica habitual en su etapa clara que aquí evita el delirio con un naturalismo pasmoso. Y es que, atento, en ¡Menos samba! caben sevillanas (La plaga), rock’n’roll (La ley de Murphy), rancheras (Las habichuelas) y pachangas caribeñas (La iguana Mari).

A ellas se suman -diecinueve cortes dan para mucho-, un buen surtido de medios tiempos -la memoria genética del Chinarro que fue: Brasilia, Medio pollo, Jaleo real…-, bienhumorados y vitaminados (o hasta envenenados) aspirantes a sencillo perfecto -Tu elixir, Todo acerca del cariño, La curva de la felicidad, Dinero (Otra vez no), La aseguradora…- y una bien traída versión de un viejo tema del Aviador Dro, La arenga de los sindicatos futuristas, que ejemplifica en sí misma el carácter político -cuando carácter político es equivalente a cabreo- que subyace en todo el álbum. Un gran álbum, otra vez.

Ahí le dejo el clip de una versión acústica de La ley de Murphy grabada para la web portuguesa Videoteca Bodyspace

Agenda de conciertos

Blas Fernández | 13 de marzo de 2012 a las 12:51

Si está en Sevilla esta semana, sepa que dispone de una abigarrada agenda de conciertos de estilos variopintos e interés sobradamente contrastado. De entre tan abultada oferta, La Ventana Pop le recomienda los que siguen…

Jueves 15

Bien recibida por estos pagos, que ha visitado en diversas y celebradas ocasiones, a la francesa Françoiz Breut, en la actualidad residente en Brusuelas, la conocimos como musa de Dominique A, condición que pronto se demostró irrelevante. Discos como su homónimo debut (1977), Vingt à Trente Mille Jours (2000), Une Saison Volée (2005) y À L’Aveuglette (2008), amén de unos directos tan cercanos como compactos, revelaron y ensacharon las hechuras de una cantante que invoca la puesta al día de la chanson y hace del susurro su mejor arma. Volcada durante los últimos años en su faceta como ilustradora gráfica, la Breut planea volver a la actividad discográfica este mismo año (puede escuchar aquí un corte de su nuevo álbum). Actuará en la sala Chicarreros (Centro Cultural Cajasol) a las 21:00 dentro de los actos programados con motivo de la Semana de la francofonía. Las entradas cuestan 10 euros en venta anticipada y 12 en taquilla.

Servidor tuvo la oportunidad de ver en directo a los gallegos Disco Las Palmeras! en la última edición del Monkey Week y encontró justo lo que esperaba. O sea, lo que presagiaba su iracundo debut en largo, Nihil Obstat: andanadas de rock en español con claro ascendente en la relectura que cierta escena nacional de los 80 hizo del punk (con Eduardo Benavente a la cabeza, claro). Si los echáramos a pelear con sus paisanos de Triángulo de Amor Bizarro, probablemente sólo decidiría la veteranía. Actuarán dentro del ciclo 2+1, programado por el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) en su sede de la calle Mother of God. A las 21:00 y con las entradas a 6 euros (3 euros para la comunidad universitaria).

Viernes 16

También dentro del ciclo 2+1, al día siguiente, en el mismo espacio, horario y con idénticos precios, actúa Los Eterno, nueva formación, ahora como cuarteto, del incombustible Fino Oyonarte, exbajista de Los Enemigos y partícipe de los nunca suficientemente valorados Clovis. Su único álbum hasta la fecha, Eterno saludo musical (a la venta en vinilo en sus conciertos), supone una auténtica e inesperada sorpresa por sus cualidades psicodélicas, sustentadas en un robusto armazón motorik que emparenta con la vertiente más hipnótica del krautrock.

Los granadinos Pájaro Jack ya habían puesto en circulación dos espléndidos epés digitales, Las luces y En los días de calor, cuando en 2010 ganaron, junto a Tannhäuser y también dentro del marco del Monkey Week, el concurso andaluz Desencaja. Su inmaculado folk-rock no encontró justa plasmación en el premio de aquel certamen -un disco compartido con el cuarteto sevillano-, pero sí lo hace ahora en un primer álbum homónimo con edición física inminente y ya disponible en su bandcamp. Actuarán en la sala Malandar a las 21:00 y con las entradas a 8 euros en venta anticipada (en Granada lo harán, el sábado 17, en la sala Planta Baja).

Por último, la sala Fanatic (en la calle Herramientas del Polígono Navisa), acoge a partir de las 22:00 un triple cartel idóneo para aventureros sonoros con mentalidad abierta: Orthodox, Monkey Priest y Blooming Látigo presentan en vivo sus respectivos nuevos trabajos discográficos. Al las 22:00 y con las entradas a unos ajustados 8 euros.

El día que conocí a Moebius

Blas Fernández | 10 de marzo de 2012 a las 17:36

Jean Giraud, en 2009. / AFP

Hay días en los que me doy cuenta de que lo mejor de ser periodista es tener la oportunidad de hablar con personas como Jean Giraud (1938-2012). Larga vida a la obra de Moebius.

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Otra forma de hacer folk

Blas Fernández | 8 de marzo de 2012 a las 7:04

Andrew Bird, durante su actuación en el Monkey Week 2010. / Foto: Fito carreto

Break It Yourself. Andrew Bird. Mom & Pop Music. Rock / Pop / Folk. LP / CD

Habitualmente vinculado a la penúltima ola renovadora de esa escena pop independiente estadounidense que tiene en el folk un firme asidero, Andrew Bird (Chicago, 1973) protagoniza una ya larga y recomendable discografía que deja no pocas pruebas de que dicha conexión requiere, como mínimo, de ciertas matizaciones.

Bird, de formación académica –comenzó sus estudios de violín con cuatro años–, busca en el folk global y, ciertamente, se empapa de muchas de sus formas, fórmulas y sonoridades, pero al menos en la misma medida se nutre del humus que sedimentó ese proceso de aprendizaje, una característica a menudo visible, más allá del incuestionable y agradecido dominio técnico sobre su instrumento favorito –sólo uno de los múltiples que toca–, en la robusta, compleja y hermosa complexión armónica de su trabajo.

Y si uno de sus oídos presta atención a ese legado, el otro, es obvio, conoce al dedillo la tradición rock. Bird lo ha venido demostrando en discos tan notables y emotivos como Armchair Apocrypha (2007) o Noble Beast (2009), los capítulos más recientes, y con mayor proyección, de una briosa trayectoria iniciada de manera sobresaliente, con una imponente sucesión de impecable títulos, a finales de los 90.

Sin embargo, visto hoy con perspectiva, es probable que ninguno de sus trabajos previos alcance el grado de equilibrio, de perfecta armonía entre factores, del que hace gala este conmovedor Break It Yourself.

Registrado en su propio y campestre estudio de grabación tras componer la banda sonora para Norman, película de Jonathan Segal, Break It Yourself vuelve a reunir a Bird con esos dos solventes y cómplices instrumentistas –el baterista Martin Dosh y el guitarrista Jeremy Ylvisaker– que tan bien lo acompañan desde tiempo atrás, un grupo compacto al que apenas se suma en esta ocasión la dulce voz de Annie Clark (St. Vincent), más honda cuanto menos histriónica, en un precioso y sentido dueto de ascendente country sobre naufragios sentimentales, Lusitania.

Largo en desarrollo –Bird gusta de de grabar álbumes extensos y éste no es una excepción: sobrepasa la hora en unos pocos segundos–, Break It Yourself discurre sin embargo con una naturalidad a la que no son ajenas ni la alternancia de tempos –eso sí, con absoluto predominio de los medios– ni las esplendorosas melodías a las que nos tiene acostumbrados.

Así, con apenas un par de cortos y deliciosos interludios instrumentales, lo mismo se suceden aires africanistas –Danse Caribe, trazando conexiones con el Graceland de Paul Simon al tiempo que mira de reojo a Dylan– que sentidas baladas –Fatal Shore, enorme– o vibrantes fogonazos pop –Eyeoneye, devolviendo el eco de The Smiths–. Todo ellos sin perder un ápice de cohesión y manteniendo un sello propio que engrandece, al menos de momento, la discografía de Bird a cada nueva entrega.

Ahí les dejo el clip de Eyeoneye

http://vimeo.com/37533876

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Gloria a Enrique Morente

Blas Fernández | 1 de marzo de 2012 a las 8:07

Los Evangelistas, durante su actuación en ‘La noche blanca del Flamenco’ de Córdoba en junio de 2011. / Rafael A. Butelo

Homenaje a Enrique Morente. Los Evangelistas. El Ejército Rojo / Sony Music. Rock. 2 LP / CD / Libro-disco

Heredero natural de aquel canon post-Omega que ya dio pruebas de su largo alcance en La leyenda del espacio de Los Planetas, este sentido Homenaje a Enrique Morente vuelve a reunir en torno al legado del cantaor y maestro granadino a aquellos músicos que junto a él redefinieron las bases del acercamiento entre flamenco y rock, tendiendo un robusto puente entre las experiencias en el mismo sentido llevadas a cabo a finales de los 70 y comienzos de los 80 –Veneno, Pata Negra…– y certificando, de paso, la obsolescencia, en términos de rock contemporáneo, de aquellas añejas fusiones sustentadas en gastados arquetipos sonoros y otros clichés facilones.

Si Antonio Arias y Eric Jiménez (Lagartija Nick, Los Planetas) vivieron en primera persona el proceso de Omega (1996) y sus gozosas consecuencias, J y Florent (Los Planetas) disfrutaron en igual medida del magisterio y la amistad de Morente, colaborador ocasional y presencia capital en el mencionado La leyenda del espacio (2007) y en Una ópera egipcia (2010).

Esa cercanía marcó de partida una notable diferencia entre este penúltimo contagio flamenco con epicentro en Granada y su antecesor sevillano, el de los hermanos Amador y el incombustible, por muchos años, Kiko Veneno. Mientras que en Sevilla la simbólica figura del pastor-guía, encarnada en el gaditano Camarón, plegó velas quizás acuciada, sólo quizás, por las reticencias mostradas desde el entonces hermético ámbito jondo –dejando casi solos a los vástagos; ahí quedaba, al fin y al cabo, Ricardo Pachón–, en Granada, Morente, más que acostumbrado a los desplantes de una crítica miope y sorda, mostró con acierto su indiferencia ante los inmovilistas protagonizando una continua búsqueda que resultaría en algunos de los discos más hermosos e intensos de la música española del siglo XX.

Perseverante también en el permanente cultivo de su curiosidad, Morente trenzó alianzas, entre otros, con aquellos músicos de rock de su ciudad que hoy pueden reivindicarse, si hiciera falta, como auténticos discípulos, apóstoles consagrados a predicar la buena nueva cuando la oportunidad se presenta. Esos mismos músicos, al cabo, a los que bastó una idea lanzada por el siempre atento e incansable editor y agitador cordobés Gabriel Núñez Hervás –la organización de un homenaje al desaparecido cantaor en el festival La noche blanca del Flamenco– para poner en marcha este emotivo y nuevo proyecto de rastreo y adaptación del legado del cantaor al ámbito del rock.

De ahí, cómo no, extraen Los Evangelistas once de las doce canciones que, finalmente, conforman este tributo a Morente, un artefacto editado en diversos y golosos formatos –a la versión normal en CD se suma otra en doble vinilo de 180 gramos, con descarga en MP3, y una tercera especial y limitada en disco compacto con el añadido de los dos números especiales que le revista Boronía dedicó al cantaor: nada menos que 372 páginas morentianas–, que, como era previsible, sobrepasa de largo el terreno del reconocimiento al maestro para configurarse, a la postre, como ese heredero aludido al principio, inherente continuación del camino emprendido con Omega.

No es casual ni inocente la elección para abrir el álbum de esa adaptación que Morente hiciera de Fray Luis de León, con Antonio Arias entonando un dulce Gloria a Dios / Gloria a Dios, en contraste con un océano de saturación, que despeja dudas, si quedaban, sobre el papel que el cantaor desempeñó entre su rebaño.

Hilvanando los cortes –pespuntes sólo sueltos, por razones obvias, en la versión en vinilo–, crece la emoción y la intensidad atravesando un repertorio de alternancia vocal entre Arias y J –al último corresponde, ungido de gravedad, la hermosa relectura de la Serrana de Pepe de la Matrona, uno de los abundantes momentos sobrecogedores del álbum: pasa diciendo / pasa diciendo / donde yo no hago falta / no me entretengo–, sacudido con intensidad sísmica gracias a la irrupción de Carmen Linares en Delante de mi madre. El mínimo texto –Delante de mi madre / no me digas ná / porque me habla mu malamente / cuando tú no estás–, cantado con la hondura abisal habitual en ella, se desdobla en múltiples bucles dentro de un magma psicodélico de, ufff…, subyugante belleza.

Soleá Morente, hija del cantaor, y Aurora Carbonell, su viuda, suman también su recuerdo a este imponente homenaje. La primera, paradoja, interpretando La estrella y doblando a Arias en la espeluznante Yo poeta decadente; la segunda, aportando el óleo que sirve como portada al disco, un rojo fuerte manchado en negro. Tan directo, tan potente, como la presencia de Morente en la memoria de quienes, en persona o por su obra, lo conocieron y estimaron. Gloria pues.

La rave de Dios

Blas Fernández | 28 de febrero de 2012 a las 17:51

Pony Bravo en el Festival Keroxen’11 de Tenerife haciendo La rave de Dios. El vídeo es de David Pareja.

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