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2012: Memory Mixtape

Blas Fernández | 20 de diciembre de 2012 a las 7:17

Como cada año por esas fechas, La Ventana Pop recuerda a vuela pluma algunos de los títulos más destacados aparecidos durante el curso que termina. Una tarea ésta siempre dificultosa, pues a lo inabarcable de la producción, que no muestra señales de entender de crisis, se suma además la simultánea efervescencia de múltiples escenas, potenciadas en su visibilidad, de manera impensable hace apenas una década, por la asentada inmediatez del nuevo panorama (tanto en lo que refiere a difusión como a distribución de música; facilidad de acceso que no evita que algunos, en un porcentaje estimable entre melómanos, sigamos acudiendo a la copia física, bien en incombustible vinilo o, vaya, hasta en cedés golosamente rebajados). Huelga decir, pero se dice, que la lista de títulos expuestos no aspira a convertirse en arrogante y efímero canon. Al contrario: espera engordar con las aportaciones de sus lectores (puede hacerlo en los comentarios).

Más allá de la habitual y fundamentada sospecha de complacencia, la cosecha nacional, abundante y variopinta, aporta una serie de títulos raramente cuestionables. En ésta ocuparía una posición de honor le personal lectura del cancionero morentiano firmada por Los Evangelistas en su Homenaje a Enrique Morente, auténtico ejercicio de devoción e inspiración cuyos estremecedores y eléctricos resultados auguran ya nuevas incursiones por los mismos territorios. Y sin abandonar los de Granada, habría que señalar que otra superbanda, el Grupo de Expertos Solynive –también con J de Los Planetas entre sus filas–, nos dejó en 2012 un disco tan brillante, preñado de folk-rock sureño, como El eje de la Tierra.

Todavía en el sur, en Sevilla, I Am Dive firmó en largo un título mayúsculo, Ghostwoods, compendio de las virtudes del dúo ya adelantadas en una ráfaga previa de epés –exquisito pop de ascendente folk inmerso en electrónica brumosa–. No se quedarían atrás en cuanto a presencia y prestaciones dos álbumes tan distantes como el clasicista y elegante Santa Leone –inesperado artefacto sobre el que el veterano Andrés Herrera Pájaro volvió a levantar el vuelo– y This is The Sound, tercera y certera entrega de Marina Gallardo, disco intimidante por estética y fondo, hiriente y reconfortante. Un termómetro al rojo que señala la temperatura del rock de aquí.

Más variedad y distancia: la que en apariencia pudiera separar a Un dígito binario dudoso de Hidrogenesse de Una araña a punto de comerse una mosca de Remate. Apariencia… Más los une el innegable talento. En el primer caso sirve a Genís Segarra y Carlos Ballesteros para narrar, en clave synth-pop preciosista, el ascenso y caída de un visionario Alan Turing; en el segundo, para vestir unos textos memorables con arreglos semiorquestales en un equilibrio pop perfecto.

Dejamos nuestras fronteras, pero nos quedamos cerca, oteando la imponente silueta de ese gigante del rock europeo -en la foto del encabezado- que es el francés Dominique A, muy atento también a los arreglos para quinteto de viento de David Euverte que, en consonancia con su inspiración y musculosa interpretación, hacen de Vers les lueurs la mejor celebración de sus veinte años sobre el escenario.

En una Gran Bretaña que, electrónica al margen, parece no terminar de encontrar acomodo en esta década, The XX revalidó la vigencia de una lógica expectación en torno al grupo con Coexist, un segundo álbum aún más oscuro y minimalista que su celebrado debut. Su cerebro-no-tan-en-la-sombra, Jamie Smith, sabe de remezclar a y ser remezclado por Kieran Hebden, que tras su habitual alias, Four Tet, nos entregó una desarmante colección de maxis previos, más inéditos, en Pink. Y Four Tet, a su vez y por ligazones estilísticas y personales, nos lleva hasta Dan Snaith, canadiense afincado en Londres que aparcó su proyecto más conocido, Caribou, para firmar como Daphni Jiaolong, otra ominosa colección de cortes que redibujan los márgenes de la pista de baile.

Sin abandonarla, pero en esta ocasión deslumbrando con un imaginario resplandor cósmico, Hans-Peter Lindstrøm nos envió desde Noruega dos imbatibles pildorazos en el año que expira. Con todo, el mérito se lo lleva el segundo, Smalhans, seis cortes irresistibles que, en su estética y ánimo, responden a épocas más felices. Noruegos también, los irredentos y valientes Motorpsycho, paradigmáticos pioneros de un hard-rock culto e inquieto, se aliaron con el jazzista Ståle Storløkken para pergeñar una orgía dura y progresiva, amén de apabullante, en The Death Defying Unicorn. De un frío cercano –en su caso, sueco– y compartiendo ciertas similitudes, tan atractivas como quizás enfermizas, surgieron Goat y su sorprendente World Music, ponzoñoso mejunje capaz de sobrepasar con mucho el revival gracias a la eficacia y contundencia de su reivindicación rock.

Ya en la parte norte del continente americano, la canadiense Claire Boucher, alias Grimes, dio un considerable salto hacia delante con Visions, magnífica colección de canciones pop, tan marcianas como ella misma, con la electrónica como ideal aliada –con permiso de Bat for Lashes y salvando las distancias y el contexto, lo más parecido hoy al originario talento de Björk–.

No escasearon tampoco, ni mucho menos, los títulos procedentes de Estados Unidos que merecieron especial atención. Entre todos ellos sorprendió, y no fue para menos, channel ORANGE de Frank Ocean, sincera y aplaudida reapropiación desde el lado creíble del negocio de un R&B más dado en los últimos tiempos a la pirueta efectista que a dar continuidad a su rico legado de innovación. Ocean, salido de unos imprevistos Odd Future, lo sacude, le quita paja y polvo para dejarlo en unos huesos la mar de atractivos. Y de un semidebut –ya disponía de otro álbum previo– a la conmoción que supuso reencontrar en plena forma a Michel Gira, artífice junto a unos remozados Swans del colosal The Seer. Añádale Swing Lo Magellan, de unos incombustibles Dirty Projectors, y tendrá asegurada, como mínimo, una buena tanda de emociones.

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Una guía rápida del Jamón Pop

Blas Fernández | 5 de julio de 2012 a las 7:38


Encuadrado en ese nutrido índice de festivales con encanto que hacen de su localización un aliciente extra a la hora de decantar la elección –índice en el que, por cierto, cada vez puntúa más alto–, el Jamón Pop de Cortegana alcanza este año su VI edición, hoy viernes y mañana sábado, repitiendo la eficaz fórmula de un cartel atractivo para un público ajustado –1.500 espectadores en su anterior edición– que aspira tanto a pasar un buen rato escuchando a grupos y solistas de su gusto como a hacerlo al margen de las incomodidades que, inevitablemente, conllevan las macrocitas musicales estivales.

En el modesto festival de la sierra onubense, con su escenario enclavado en el castillo del siglo XII que desde lo alto del cerro vigila la localidad, pesa pues tanto la oferta sonora como el propio entorno. En cualquier caso, la primera mantiene el tipo pese a lo aciago de estos tiempos de recortes y abre el abanico para dar cabida a propuestas pop de muy diverso signo. Son las que siguen.

Viernes 6. La responsabilidad de abrir la primera jornada del encuentro recae en Kenedy (21:30), un cuarteto integrado por un pamplonica y tres sevillanos con un epé homónimo autoditado en 2010. Tendrán apenas 20 minutos para mostrar sus (dispares) influencias, entre las que citan a Wilco y a Tom Petty.

El Jamón Pop no pierde el tiempo y, acto seguido (21:50), tiene prevista su subida al escenario Corizonas, resultado de la fusión de dos formaciones previas con vida propia: Los Coronas (a su vez, facción surfera de los veteranos Sex Museum) y Arizona Baby. Tras realizar una gira conjunta en 2010 ambos grupos decidieron registrar The News Today, un álbum, dicen, defendido en directo con la solvencia que cabe suponer a bandas de su calibre.

El rock de corte clásico dejará paso (00:40) al pop electrónico, con los barceloneses Lasers como artífices. Autores de un estimulante álbum de debut, Juno, publicado a finales del pasado 2011, lo suyo emparenta de manera directa con la psicodelia digital propugnada por bandas como Animal Collective, aunque cierta contención métrica, que bien pudiera ser deudora de la vertiente más electrónica del post-rock, compensa el excesivo derrame lisérgico. Pueden dar la sorpresa.

Otra curiosa finta estilística nos llevará hasta los gallegos Disco Las Palmeras! (01:45), que también el pasado 2011 se destaparon con un álbum, Nihil Obstat, con el que el post-punk español de los 80 encontraba su solución de continuidad. Sí: casi a medio camino de Nudozurdo y Triángulo de Amor Bizarro y multiplicando en el directo la fiereza de canciones como La casa cuartel.

Bien entrada la madrugada (02:50) llegará el turno de Pegasvs, dúo de pop electrónico con coartada kraut integrado por Sergio Pérez y Luciana Della-Villa. El primero ya había probado suerte al frente de Thelematicos y la segunda también participó de aquel proyecto, que cederá el turno en última instancia a los pinchadiscos de La mujer barbuda (04:00).

Sábado 7. La segunda velada en el castillo, precedida de diversas actividades, incluida la tradicional jamonada, desde el mediodía y hasta primera hora de la tarde, se iniciará con Lidia Damunt. La murciana, ex integrante de Hello Cuca ahora afincada en Suecia, presenta su tercer álbum, Vigila el fuego, una colección de canciones domésticas armadas en torno a una concepción naíf del rock’n’roll primigenio.

En la otra punta del espectro estilístico cabe ubicar a los barceloneses Balago (22:00), banda de largo recorrido comandada por David Crespo, indiscutible impulsor del asunto, con indisimulada vocación experimental certificada a lo largo de cuatro álbumes.

Plato fuerte de la noche, Hidrogenesse (23:10) desembarca en Cortegana para presentar Un dígito binario dudoso, tercer trabajo del dúo integrado por Genís Segarra (Astrud) y Carlos Ballesteros, un disco articulado en torno a la figura de Alan Turing, padre de la computación, y de su trágico final. Pop electrónico de aire vintage en un título ciertamente mayúsculo.

Sustitutos de los inicialmente anunciados La Débil, los granadinos Napoleón Solo (00:25) forman parte de esa última hornada de pop español con vocación comercial y cierta pátina indie. Muy distinta –seguimos con los contrastes– es la propuesta de los sevillanos I Am Dive (01:30), el dúo compuesto por Estebán Ruiz (The Baltic Sea) y José Antonio Pérez Piña (ex Blacanova), que unen fuerzas en un puñado de deliciosos epés y un álbum con salida prevista a la vuelta del verano, Ghostwoods, en el que una lejana raíz folk se engalana con capas y capas de electrónica ambiental. Dos en el escenario que valen por diez.

http://vimeo.com/34772013

El doble fin de fiesta llegará, como suele ocurrir en estos casos, por partida doble: en directo con los folkies de Hola Todo el Mundo (02:40) y con una sesión de clausura a cargo de Heyboy DJ (04:00).

Tindersticks vuelve al Central

Blas Fernández | 28 de mayo de 2012 a las 11:40

Si la pasada semana saltaba la estupenda noticia del concierto de Los Evangelistas, el próximo 29 de septiembre en el Teatro Central, dentro de la programación de la Bienal de Flamenco -una de las contadas ocasiones, hasta la fecha, de escuchar en directo su imponente Homenaje a Enrique Morente-, ésta se inicia con el anuncio de otra cita de interés en el mismo escenario para poco menos de un mes después: Tindersticks volverá al escenario de la Isla de la Cartuja el martes 23 de octubre.

Se da la circunstancia de que la banda británica, liderada por Stuart Staples, fue hace ahora catorce años el plato fuerte de la primera edición del Pop-Rock en el Central, el ciclo que durante todo este tiempo ha ido proponiendo en Sevilla conciertos que, al menos en origen, hubieran tenido difícil encaje en un cartel de iniciativa privada. La situación, es evidente, ha cambiado mucho, hasta el punto en que hoy en día buena parte de los conciertos de rock que el Central ofrece  son fruto de la colaboración entre dicho espacio escénico y promotoras privadas. Una inesperada consecuencia de la crisis, y sus así argumentados recortes en los presupuestos culturales, que sacaron a Pop-Rock en el Central de su tradicional corralito al final de la temporada para expandir su radio de acción durante todo el año. La actuación de Tindersticks, además, se llevará a cabo en plena celebración del vigésimo aniversario del teatro, lo cual aporta un plus simbólico a esta nueva cita.

También Tindersticks ha cambiado, desde luego. En 1998 la banda de Nottingham había encadenado tres discos fenomenales -Tindersticks (1993), Tindersticks II (1995) y Curtains (1997)-, amén de iniciar una fructífera colaboración en forma de bandas sonoras con la cineasta gala Claire Denis, que con sobrados argumentos la convirtió en uno de los nombres imprescindibles de la escena idependiente de la época.

Con obvios referentes en la obra de Scott Walker, también en Leonard Cohen y en Lee Hazlewood, entre tantos otros, Tindersticks proponía un denso, elegante y a menudo hipnótico repertorio en el que la singular voz de Staples, grave y premeditadamente temblorosa, porfiaba el protagonismo a los esplendorosos arreglos del violinista Dickon Hinchcliffe. Así los vimos por aquí en aquella ocasión, en el que podría ser considerado el momento más dulce de su primera etapa.

Luego llegaron más discos notables -Simple Pleasure (1999), Can Our Love (2001) y Waiting for the Moon (2003)-, pero también señales de agotamiento: Stuart Staples iniciaba carrera en solitario bajo su propio nombre (hasta ahora coronada con dos títulos) y Tindersticks parecía pasar a la historia.

Sin embargo, cinco años después, tres de los componente originales de la formación -Staples, el teclista David Boulter y el guitarrista y vibrafonista Neil Fraser- retomaban la actividad con un álbum, The Hungry Saw (2008), que los mostraba de nuevo en plena forma. En 2010, el año de la publicación del no menos recomendable Falling Down a Mountain, volvimos a tenerlos en Sevilla como parte de la programación de Territorios Sevilla, aunque el de festival al aire libre no sea precisamente el formato que mejor se ajusta a su propuesta.

Recientemente, el pasado mes de febrero, la banda ponía en circulación su noveno álbum en estudio, The Something Rain, otro disco que persevera en las claves manejadas por el grupo a lo largo de toda su trayectoria -intensidad y lirismo a partes iguales, picando del rock y del jazz, apuntando maneras propias del pop de cámara- y que será el que presenten sobre las tablas del Central.

Ahí le dejo el clip de Medicine

…y el de A Night So Still, ambas canciones de The Something Rain.

Territorios 2012: Truco o trato

Blas Fernández | 19 de mayo de 2012 a las 15:26

Tricky, durante su actuación. / Foto: Juan Carlos Muñoz

¿Maxinquaye íntegro? Vamos, Tricky, por favor, no te quedes más con tu público… Fue que no: uno de los más sonados reclamos en la primera jornada de la XV edición del festival Territorios Sevilla, anoche en el Monasterio de La Cartuja –esto es: la revisión completa de aquel monumental álbum de 1995, uno de los tres pilares junto al Blue Lines de Massive Attack y el Dummy de Portishead de lo que luego se llamó trip-hop– quedó en eso, en mero reclamo, un truco del de Bristol para reorientar la atención de promotores y audiencias –fugaz, a tenor de lo visto– sobre una escueta silueta que en lo discográfico hace tiempo que no levanta cabeza.

No. Tricky, acompañado de una también escueta y solvente formación, en la que la bella Martina Topley-Bird (*) Franky Riley lo superaba en voz y sensatez, picó de aquel título como si fuera, porque lo es, inevitable hacerlo, pero lejos de cumplir lo prometido prefirió presentar un concierto abonado al efectismo –con subida al escenario incluida de fans incrédulos y extasiados; “momento Inhumanos”, dijo alguien a mi lado– que parecía fiar a su mera presencia sobre las tablas el peso de la atracción. Y otra vez no, porque aunque ejerciera de jefe, también ahí Martina (**) Franky se lo comió cada vez que abrió su hermosa boca.

La cosa tuvo sus instantes, sus ráfagas de brillo, pero se debieron antes a la compañía –a la altura de la mesa de mezclas, los bajos sacudían el estómago justo como uno esperaba que lo hicieran– que a una actitud en apariencia abonada a la inercia. Lástima.

Antes de eso ya habían pasado muchas cosas en una velada felizmente reseñable por la resolución del más criticado inconveniente de la edición anterior: la ubicación de los dos escenarios grandes en la explanada del monasterio descongestiona el interior y elimina los molestos (y algo más) colapsos. A falta de cifras oficiales, la muy notable afluencia de público no ocasionó tapones y el tráfico entre unas y otras tablas se realizó con absoluta fluidez.

Y para tablas, claro, las de Kiko Veneno. Mientras que en el escenario Territorios Love of Lesbian –penúltimo paradigma de ese pop de temporada con ínfula de independencia y hechuras reales propias de los 40 Principales–, el hombre de los cantecitos arrancaba en el Cruzcampo sumando instrumentistas poco a poco –en Memphis Blues Again, su más célebre apropiación dylaniana, apenas flanqueado por las siempre impecables guitarras de Raúl Rodríguez y Charlie Cepeda– hasta completar la formación y satisfacer con creces a la nutrida y rumbera parroquia.

Al mismo tiempo, un auténtico compromiso solapado, Tortoise prolongaba su extenuante minigira española en el escenario Ron Brugal –cuatro conciertos en cuatro días en cuatro ciudades distintas– iniciando una actuación que apuntaba al puro trámite pero que, sorpresa, fue creciendo en intensidad a medida que el quinteto de Chicago experimentaba el feedback con su audiencia. Y para cuando sonó In Sarah, Mencken, Christ And Beethoven There Were Women And Men –en directo, siempre reforzando su toque bossa con la contundencia de dos baterías simultáneas–, la comunión ya era completa. Hasta tuvieron que hacer bis, rara avis en festivales.

Zatu, primero por la izquierda, junto algunos invitados de la lista. / Foto: Juan Carlos Muñoz

En el Cruzcampo, SFDK pasaba lista a su Lista de invitados con absoluta entrega y sonido impecable. Jugaban en casa, pero en cualquier otro sitio su concienzudo espectáculo ad hoc hubiera cosechado el mismo resultado. Ovación y vuelta al ruedo.

Aplausos, y volumen total, se vivían también en el escenario Territorios con unos reivindicativos Amaral –guiño incluido a universitarios, con razón, indignados–, responsables de abrir ese grifo por el que hoy se derraman hacia las grandes audiencias grupos como los mencionados Love of Lesbian, Vetusta Morla y tantos otros: pop mainstream con fijación en el indie. Sin embargo, en ellos no hay treta ni necesidad de justificación; subieron, bajaron y volvieron a subir todos los peldaños necesarios, y fueron de los primeros en hacerlo, que ahora los aúpa a otra categoría. Algo incuestionable, al margen del gusto o disgusto frente a sus canciones.

Pasadas las 02:30 de la madrugada, el Cruzcampo recibía a Los Enemigos, reunidos para una gira en principio ocasional –veremos– diez años después de su disolución. La situación, salvando las muchas distancias estilísticas, se presta al símil con el concierto de Tricky, pero donde en uno se observa el truco, en el otro se revela el trato.

Los Enemigos, en efecto, mantienen un trato tanto con el público que los disfrutó en su día como con ese otro más joven que los descubrió en la década de ausencia. A estos les entrega, nos entrega, justo lo que esperamos: rock de raíces clásicas –con el añejo rhythm&blues como robusto armazón– pero siempre desprejuiciado; electricidad y energía como soporte de unos textos en los que el gran Josele Santiago alterna rabia, costumbrismo, confesiones y humor corrosivo.

Así las cosas, fue empezar a sonar John Wayne e iniciarse una ceremonia nada ceremoniosa en la que la nostalgia se confundía y mezclaba con la excitación de escuchar una vez más canciones tan enormes como An-Tonio, Desde el jergón, La otra orilla y tantas y tantas otras que hoy los convierten en absolutos clásicos del rock español, casi un espécimen único disfrutado y respetado desde flancos distante y hasta contrapuestos del género melómano.

¿Cómo sonarían unas hipotéticas nuevas canciones de Los Enemigos? Josele, así lo demuestran sus discos en solitario, ha crecido hacia su interior como compositor; Fino Oyonarte, por su parte, expande el campo de acción junto a Los Eterno explorando territorios cercanos al krautrock y el op-art a lo Stereolab. ¿Qué surgiría hoy de semejante choque? ¿Tendremos alguna vez la oportunidad de comprobarlo?

(*) (**) Juan Antonio Huertas me avisa en los comentarios de que no fue Martina Topley-Bird quien acompañó a Tricky, sino Franky Riley. Les pido disculpas por tan lamentable metedura de pata.

Nocturama anticrisis

Blas Fernández | 3 de mayo de 2012 a las 13:02

En la imagen, los iruñeses Lisabö.

Los Punsetes, La Casa Azul, Espanto, Bertrand Bescht, Antonia Font, Las Buenas Noches, Nudozurdo, Sr. Chinarro, Lisabö, Josh Rouse, Iván Ferreiro… Suma y sigue: Nocturama, el ciclo de actuaciones musicales programado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) durante el estío hispalense, alcanza su VIII edición con uno de los mejores carteles de su historia y manteniendo las entradas a precios asequibles. Se venderán a 6 euros (apenas un euro más que el pasado año) y sólo en el caso de La Casa Azul, debido a su elevado caché (Green Ufos coproduce el concierto con la sala Obbio), subirá hasta los 10.

Perfecto ejemplo de colaboración público-privada, rentable para ambos partícipes, en Nocturama el CAAC pone las instalaciones y el equipamiento y dos promotoras locales, Green Ufos (en el cartel de julio) y La Suite (en el de agosto), planean la programación y corren el riesgo económico. Cada vez menor, dicho sea de paso, gracias a la raigambre que el ciclo, convertido ya en un clásico del verano local, ha conseguido durante estos años.

La Casa AzulUna novedad, ya vislumbrada en ediciones anteriores: la parcelación por procedencia (julio para los internacionales y agosto para los nacionales), salta definitivamente por los aires. “Puede que estemos en crisis, pero los cachés de los grupos siguen subiendo, y en esas condiciones nos resulta imposible centrarnos exclusivamente en grupos de fuera”, ha explicado esta misma mañana en la presentación del cartel Rafa López, de la promotora Green Ufos, quien ha añadido que, habida cuenta de la expectación, “Nocturama ha calado hondo entre el público local, prueba de que el trabajo de años anteriores se ha hecho bien”. Por su parte, David Linde, de La Suite, ha agradecido al CAAC y a su director, Juan Antonio Álvarez Reyes, el hecho de que “un ciclo así persista en estas condiciones económicas”.

Nocturama arrancará este año el miércoles 27 de junio en su ubicación habitual, el Patio del Padre Nuestro, con la actuación de los suecos  MF/MB/ y presentará su primer plato fuerte dos días después con madrileños Los Punsetes, a punto de poner en circulación su tercer álbum. La Casa Azul, como ya se rumoreaba en los mentideros digitales, actuará el 4 de julio, mientras que la banda belga Mièle lo hará el jueves 5.

El miércoles 11 contaremos con doble cartel: Espanto, uno de los secretos mejor guardados del pop nacional, y Doble Pletina. Doble será también el programa del jueves 12, centrado en artistas del sello germano Tapete: Jack Beauregard y Salim Nourallah. El francés Bertrand Betsch actuará el miércoles 18, mientras que al día siguiente lo harán los mallorquines Antonia Font y los castellonenses Pleasant Dreams.

Por primera vez en España, el ciclo presentará el miércoles 25 la actuación del belga Benjamin Schoos, seguido el 26 por el dúo femenino finlandés LCMDF y el sábado 28, cerrando julio, por el músico sueco Christian Kjellvander.

Ya en agosto, Nocturama continuará sus actividades el miércoles 1 con el concierto de los sevillanos Las Buenas Noches, ausentes de los escenarios locales durante una larga temporada, y continuará al día siguiente con los madrileños Nudozurdo, caídos del cartel del pasado año por enfermedad de uno de los integrantes.

Repetirán en Nocturama Hola a Todo el Mundo, el miércoles 8, y el sevillano Antonio Luque, Sr. Chinarro (jueves 9), que vuelve al ciclo tras participar en su primera edición. El miércoles 15 marca en el calendario otra cita de particular interés, la que los espectadores del encuentro tendrán con los iruñeses Lisabö.

Los granadinos Niños Mutantes actuarán el jueves 16; el norteamericano afincado en Valencia Josh Rouse hará lo propio junto a The Long Vacations el miércoles 22 y a The New Raemon lo veremos el jueves 23. Ya en los últimos días del ciclo, el ex vocalista de Los Piratas Iván Ferreiro presentará su nuevo álbum el miércoles 29, mientras que el fin de fiesta lo pondrá Doctor Explosión, clásicos incombustibles, el jueves 30.

Desaparecidas las proyecciones cinematográficas desde el 2009 -sí, a consecuencia de la crisis- se mantendrán no obstante las visitas a las exposiciones del CAAC, accesibles con la misma entrada de los conciertos, y se sumarán una serie de instalaciones audiovisuales “de los años 60 y 70, fundamentalmente de artistas norteamericanos” cuyos detalles guarda Álvarez Reyes hasta la presentación del cartel del centro para los próximos meses.

Las localidades para los conciertos de agosto, amén de en la taquilla del CAAC, podrán adquirirse online en la web de La Suite. Las de julio se podrán comprar sólo en la taquilla del centro, con excepción del concierto de La Casa Azul, que también se pondrán a la venta a través de ticketea.com.

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