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Un capricho, correcto

Blas Fernández | 22 de mayo de 2008 a las 10:45

Anywhere

Anywhere I Lay My Head

Scarlett Johansson. Rhino. Pop. LP / CD

Scarlett

Menuda le está cayendo a Scarlett Johansson a cuenta de Anywhere I Lay My Head, el anunciado disco de versiones de Tom Waits, su debut como cantante si descontamos aquella sorpresiva y comentada aparición en vivo junto a The Jesus and Mary Chain en el Coachella Music Festival o su versión del clásico Summertime en aquel otro título colectivo de covers, Unexpected Dreams: Songs from the Stars.

A la Johansson, con excepciones, la están vistiendo de limpio tanto en el papel impreso como en el virtual, acaso porque resulta imperdonable ser tan condenadamente sensual, tener éxito en el cine y, encima, permitirse el capricho de profanar el repertorio de una vaca sagrada como Waits. Poco importa si éste le ha dado sus bendiciones -él sabrá por qué- o si la responsabilidad de llevar a cabo el proyecto recae en un tipo del talento de Dave Andrew Sitek, músico, productor y autor junto a TV On The Radio de dos de los mejores discos que servidor ha escuchado en los últimos años.

Nada de esto importa, insisto. Parece que, de hecho, no hace falta ni escuchar el álbum con una cierta atención para concluir que no puede ser otra cosa sino un bodrio. ¿Y es así? Pues no. Scarlett Johansson dista tanto de ser una gran cantante como este trabajo de ser considerado un gran disco, pero de ahí a tratarlo con una inquina que parece más producto de consideraciones y prejuicios extramusicales que de sus verdaderos defectos o carencias musicales dista también un trecho que, en justicia, no debería ser saltado con tanta ligereza.

¿Qué molesta más? ¿Que la Johansson cante o que cante a Waits? ¿Estaría pasando lo mismo si en lugar de una sola canción propia, Song for Jo -firmada a medias con Sitek-, hubiera escrito las 11 que contiene el álbum? Sospecho que no. Quizás entonces se estaría hablando de un trabajo musical ciertamente impecable al que el productor ha sabido dar un tono, y no soy el primero que lo apunta, cercano a ese dream-pop de corte melodramático que durante tanto tiempo caracterizó al sello 4AD, y por el que la voz de la actriz pasea con relativa solvencia y, en ocasiones, indudable convencimiento. Pero como el capricho de la niña consentida pasa por versionar a Waits y hacerlo en el auténtico sentido del término, reconstruyendo las canciones con ropajes armónicos muy diferentes a los originales y dotando así al álbum de una agradecida coherencia estilística, pues entonces lo que toca -lo que toca al sector purista o reticente-, es destriparlo.

Para los demás queda un disco correcto y disfrutable, en el que, por cierto, la aparición de David Bowie, gracias a su amistad con TV On The Radio -coros en dos temas-, resulta tan anecdótica como simpática.