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Mal asiento, mejores canciones

Blas Fernández | 18 de marzo de 2016 a las 5:00

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Inicialmente programado para el pasado 30 de enero, y finalmente aplazado por problemas logísticos, Fun Club recupera este sábado el concierto de presentación en Sevilla de Camina conmigo, primer álbum firmado con nombre propio por Íñigo Cabezafuego, músico navarro de largo recorrido asociado a un sinfín de formaciones bilbaínas dedicadas al rock’n’roll en sus múltiples vertientes. “El primer grupo en el que estuve fue Half Foot Outside –rememora Íñigo–, una banda de hardcore-pop que luego hizo varios discos sin mí. Jugos Lixiviados fue el segundo, aunque de aquella época maravillosa recuerdos guardo pocos, la verdad. Con ellos aprendí lo que es el rock’n’roll real, la mugre, el sexo, las drogas… Todo”.

Pero la lista es mucho más larga… “Después estuve en Mermaid, Basque Country Pharaons, Atom Rhumba, Royal Canal, Black Lagoon… Eso sólo de los más conocidos –apunta–. La verdad es que soy culo de mal asiento y me aburro bastante rápido. Me dicen los amigos que me aburro hasta de los grupos que me gustan”.

En esa esa constelación de bandas, de tan limitada repercusión como grato recuerdo para el aficionado, destaca Atom Rhumba, todavía en activo, responsable de una demoledora discografía cuya onda expansiva, esta vez sí, sobrepasó con creces el ámbito local. “Sí, sin duda –admite Íñigo–. Entré cuando el grupo estaba ya bastante formado y tuve la suerte de hacerlo cuando, entre comillas, dio el pelotazo: tocamos mucho, hicimos giras por el extranjero, fuimos a Japón… Ahí seguimos. Se supone que vamos a grabar nuevo disco este año. A ver qué pasa…”.

A Atom Rhumba le debemos también una de las últimas grabaciones de Josetxo Anitua, el añorado vocalista de los inolvidables Cancer Moon, auténtico punto de fuga del rock español de los 90, fallecido en 2008. Tres años antes, banda y cantante se reunían para celebrar el vigésimo aniversario de la revista Ruta 66 con un concierto de versiones posteriormente editado como álbum, Anitua&Rhumba. “Era un amor de hombre, la verdad. Lo recuerdo como la persona más encantadora y cariñosa de Bilbao –evoca–. Atom Rhumba hicimos con él aquel concierto para el Ruta y fue una maravilla. Siempre tuvo un gustazo… Fue discjockey del Kafe Antzokia durante muchos años y era una gozada. Me acuerdo de que siempre nos quedábamos tras los conciertos sólo porque pinchaba él”.

Y tras tantas idas y venidas, tras tantos y tantos grupos, Cabezafuego nos sorprendía a comienzos de 2014 con Camina conmigo, ocho canciones que abrían su abanico estilístico a veces rozando el pop, otras la psicodelia, siempre con un afilado sentido del humor reflejado en unas letras torrenciales y definitivamente divertidas. “Tener canciones y no saber con quién hacerlas. Ése fue el motivo de grabar como Cabezafuego –explica–. Siempre he estado tirando del carro con grupos de aquí, y en un momento dado dije pues ahora las voy a hacer yo. Suena a topicazo, pero en realidad Cabezafuego es una banda…”.

Una banda o, incluso, un bandazo. Para su álbum, Íñigo reclutó a un destacado plantel en el que figuraban, entre otros, el guitarrista Joseba Irazoki –amén de componente de Atom Rhumba, habitual de Nacho Vegas– y el ingeniero de sonido Luther Russell (Richmond Fontaine). “Hombre, ésa es la suerte de llevar tantos años tocando con gente tan diferente: los llamas y vienen. Grabar el disco con ellos fue una gozada”, afirma. Sin embargo, no es ésa su formación para los directos. “Todos están siempre muy liados –lamenta–. Pero tengo una banda estupenda: Oskar Benas, que ha sido guitarrista de Maika Makovski y Fermín Muguruza; Ander My Wheels, que es el batería con el que he tocado en muchos proyectos, Royal Canal, Basque Country Pharaons… Y Asier al bajo, que también lleva conmigo muchos años”.

Quienes, por ejemplo, hayan asistido a las tres últimas ediciones del Monkey Week podrán dar fe de la solvencia y entrega con la que los cuatro músicos ponen en pie sobre el escenario las canciones de Camina conmigo, disco, por cierto, coeditado por el sello madrileño Folc Records y la escudería sevillana Happy Place. “Sí, son de esas cosas que a lo mejor sorprenden un poco. Con Joaquín –dice Íñigo de Joquín Aneri, de la discográfica hispalense– fue amor a primera vista. Traje una vez a Pájaro a tocar a Villava, mi pueblo, hace ya unos años,  y conectamos inmediatamente. Andrés [Herrera, Pájaro] estaba helado de frío… Pero qué frío hace en este pueblo, decía. Se llevó un gorro tejido por la abuela de mi novia y luego salió con él puesto el resto de la gira”.

El concierto en Fun Club marcará, o casi, el adiós a la gira de Camina conmigo y el inicio de un nuevo proyecto. “El día después tocamos en Vitoria y ése será el último. Paramos y empezamos a grabar el nuevo disco, que va a ser una locura –avisa–. No va a tener nada que ver con el anterior… ¡Estoy harto de rock’n’roll! Me gusta mucho oírlo, me gusta mucho tocarlo, pero… ¡Estoy harto de grabarlo! Llevo veinte años intentando grabar el disco perfecto de rock’n’roll, en el que todo suene guay, y no hay manera de conseguirlo. Así que he decidido dejar ese camino y hacer el disco más loco que se me pueda ocurrir. Tengo varias ideas, letras, melodías, pero no sé a dónde me van a llevar. Esperamos tenerlo publicado en septiembre u octubre”.

La locura, o la ambición, quedará plasmada en el propio formato elegido. “Va a ser una coedición con Autsaider Cómics, una editorial que está sacando cómics muy chulos de peña americana. La idea es hacer un LP-cómic con grandes dibujante españoles: a un lado de la carpeta, el vinilo; al otro, las historietas. Estoy muy ilusionado con esto”, reconoce el músico.

Cabezafuego actúa este sábado a las 22:00 en Fun Club (Alameda de Hércules, 86).

Los años de la luna en cáncer

Blas Fernández | 1 de mayo de 2008 a las 13:47

Cancer Moon

Josetxo Anitua (izquierda) y Jon Zamarripa (derecha).

Como desgraciadamente ya apunté en otra entrada de este blog, el pasado martes 22 de abril falleció en Bilbao a los 43 años de edad Josetxo Anitua, quien fuera cantante, letrista y compositor de Cancer Moon, una de las bandas más apasionantes, también injustamente semiolvidadas, del rock español de los 90. Con tres álbumes publicados en un periodo de cuatro años -Hunted by The Snake (1990), Flock, Colibri, Oil (1992) y Moor Room (1994), amén de varios temas dispersos en distintos recopilatorios-, el grupo, integrado en primera instancia por Anitua, el implacable guitarrista Jon Zamarripa y el hoy también desaparecido baterista Jesús Suinaga, supuso una especie de bisagra entre el eco ya remoto y desgastado de la sacudida pop que vivió España en los 80 y la por entonces todavía balbuceante eclosión indie, en primera instancia hinchada gracias a una crítica más entusiasmada por la posibilidad de cambio que vislumbraba que por los resultados reales de sus protegidos, quienes, contados con los dedos dos manos, aún tardarían tiempo en ofrecer discos con auténtica enjundia.

Situados en tierra de nadie, un terreno apenas compartido entonces por nombres como The Pantano Boas, Los Bichos y los Surfin’ Bichos, los integrantes de Cancer Moon, pronto reducidos al núcleo Anitua-Zamarripa junto a músicos de apoyo, experimentaron un desmoralizante rosario de idas y venidas por distintas discográficas -una por cada álbum-.

Ese detalle, sin embargo, apenas dejó mella en sus trabajos, imponentes colecciones de rock indómito oteando siempre las posibilidades experimentales del ruido eléctrico, aunque sí legó, por contra, un posterior efecto nocivo para la historia del rock de este país: ninguno de aquellos sellos, unos fruto de la despistada ambición comercial y otros del sincero ardor del fan, existe hoy en día; el resultado, puede imaginarse, es que toda la discografía oficial de Cancer Moon está descatalogada y que aquellos títulos emblemáticos sólo pueden adquirirse, con suerte, en tiendas de segunda mano, ferias de coleccionistas o recurriendo al bendito p2p.

Ello explica en buena medida el porqué del desconocimiento que aún en 2008 persiste respecto a una banda de semejante calibre y de tan decisiva influencia entre las generaciones de músicos y aficionados que la sucedieron, generaciones a las que debe resultarles difícil sospechar, a no ser que recurran a las hemerotecas, el impacto que en su momento provocó a los melómanos rock españoles la publicación de Hunted by The Snake.

Hunted by The Snake
Hunted by The Snake

Polar Records. 1990. LP / CD.

Una guitarra distorsionada y ululante nos daba la bienvenida en Ramblin’; luego, el contundente redoble de Suinaga y la voz de Anitua (Oh ramblin’ / Yes I do / Oh ramblin’ / That’s for truth / I could eat you like a ham) restallando en los oídos. “Perdón, ¿dices que son de aquí?”. La pregunta resultaba inevitable, pues hasta ese momento ningún disco español provocaba la duda de manera tan incontestable. Hunted by The Snake (Haunted, según el lomo de la edición en vinilo) no sólo soportaba las comparaciones foráneas, sino que le hablaba de tú a tú a sus coetáneos europeos y norteamericanos marcando el punto de fuga del rock underground contemporáneo español.

Pero Ramblin’ apenas es el principo. El muro de guitarras levantado por el maestro Zamarripa en Tell Me The Secret; las fieras espirales de (Feedback) The Iron Need, el puñetazo seco de Cruella Devil… Todo en Hunted by The Snake, una venenosa y adictiva mezcla de noise-rock, garage-rock y pop psicodélico que ya flirtea con la vocación experimental de sus creadores, va creciendo ante los incrédulos oídos del espectador hasta el lacerante bucle final de Voice of The Sax (bucle sin fin real en la edición en vinilo; en el formato CD se añadió como coda una versión de Iggy Pop, I Need Somebody).

La producción de Jaime Gonzalo, codirector de Ruta 66, fue en su momento denostada por el grupo, aunque contemplada en la distancia quizás resulte que aquella polémica respondiera más a la extraña situación de Cancer Moon en Polar Records, división de pruebas rock de un sello especializado en megamixes, que al trabajo de Gonzalo, que aguanta sin perder empuje el paso de los años.

Flock, Colibri, Oil
Flock, Colibri, Oil

Munster Records. 1992. LP / CD.

Tras resolver no pocos problemas contractuales, Anitua y Zamarripa, ya sin Suinaga y flanqueados por músicos de apoyo, recalan en la entonces pujante independiente Munster Records con la esperanza, vana, de recibir un trato mejor. Apenas cuentan con cuatro días, entre el 16 y el 19 de abril, para registrar su segundo álbum en un estudio de Burdeos. Y pese a todo, Flock, Colibri, Oil vuelve a desplegar una fascinante colección de canciones en la que, junto a las andanadas tan propias de Cancer Moon -de las que ya avisa el primer corte del disco, Solution (Mooncycle)-, gana peso ese componente ensayístico siempre presente en sus trabajos. Indians, registrada en un cuatro pistas casero, White Sky, Ink o Folks dan fe de ello. La edición en CD incluyó dos temas extras, ambos versiones, Human Jukebox, de The Scientists, y Girl#, de Suicide.

Moor Room
Moor Room

Radiation Records. 1994. LP / CD.

Instalados en Radiation Records, Anitua y Zamarripa parecen por fin disponer del tiempo y la calma suficiente para afrontar una grabación sin demasiadas presiones. Moor Room, mejor disco nacional del año para la revista Rock de Lux, tiende a considerarse su álbum más equilibrado, quizás por condensar en su docena de canciones todas las vertientes exploradas por el dúo en las entregas previas desde una perspectiva más madura y con mayor oficio. Todo está en él, la entrega de Josetxo al agarrarse al micro y dejarse el alma en unas melodías de oscuro atractivo y la imaginación de Jon tejiendo capas y capas de guitarras de las que sobresalen en los momentos precisos arrolladores riffs; la rabia -Girls Hangin’ Round, Sweet, Sweet Cake, Lie, Stupid Pumpgirl, In a Hurry- y la dulzura -I’m Head Down, Caster, Blue Sky y la impresionante Stone of Head-, la desazón -Daniel Boone, Wolf of Cool- y el toque marciano -Risin’-.

Y después de Moor Room, el silencio, o casi. Anitua, DJ residente en uno de los locales más conocidos de Bilbao, el Kafe Antzokia, siguió vinculado a la música tanto a través de variadas colaboraciones -entre otras con Le Mans y Single, además de un álbum de versiones junto a Atom Rhumba- como de proyectos propios -Josetxo Grieta-. Con su muerte el rock español pierde a uno de los personajes más notables e inquietos, amén de afables, de su historia. Otra pregunta inevitable. ¿Se le ocurrirá ahora a alguien reeditar los discos de Cancer Moon?

Una última sugerencia. Para profundizar en la historia de la banda resulta sumamente recomendable, por no decir indispensable, visitar esta web.