Archivos para el tag ‘Bark Psychosis’

La nueva carne de los nuevos puritanos

Blas Fernández | 10 de junio de 2013 a las 5:00

Los hermanos Barnett y Thomas Hein, con Elisa Rodrigues. / Foto: Willy Vanderperre

Field of  Reeds. These New Puritans. Infectious. CD / 2LP

En una reseña para The Quietus sobre el disco que nos ocupa, el firmante, Nick Southall, revela haber recibido meses atrás un correo electrónico del productor del álbum, Graham Sutton, poniéndolo sobre aviso: “Creo que es el mejor proyecto en el que he estado involucrado jamás”.

Pero Sutton, nos recuerda Southall, ya ha estado involucrado previamente en algunos proyectos, digamos, enormes. Para corroborarlo ni siquiera hay que acudir a su historial tras la mesa de mezclas; basta con revisar su intermitente y dosificado trabajo como compositor e intérprete al frente de Bark Psychosis, banda seminal en la entonces incipiente escena post-rock y, en buena medida, heredera directa de los postulados estéticos formulados por ese otro gigante, Mark Hollis, al frente de Talk Talk. En resumen, dos discos definitivos y definitorios en el intervalo de una década, Hex (1994) y Codename: Dustsucker (2004). Así que, ¿a qué se refería Sutton con semejante intuición? ¿Se dejaba llevar por el entusiasmo? ¿Publicitaba su labor?

La escucha pausada de Field of Reeds, disponible vía streaming durante los últimos días y finalmente a la venta este lunes, establece un guiño cómplice entre el músico y productor y la audiencia de These New Puritans, que comprueba, en efecto, que quizás no estamos sólo ante uno de los discos más bellos que van a publicarse este año, sino también ante una obra mayúscula que vuelve disolver con perfecta naturalidad los presuntos márgenes estilísticos que distancian a la música de ascendencia pop de otras formas y géneros sonoros. Convenciones, al cabo, dinamitadas con la absoluta indiferencia que merecen quienes las proclaman.

Debutante en largo en el ya lejano 2008 con Beat Pyramid -un disco trepidante, violento, claro deudor de la facción más insobornable del post-punk británico de los 80, con The Fall a la cabeza- el cuarteto londinense inició un singular proceso de refinamiento precisamente a raíz de su contacto con Sutton, encargado de desbastar una propuesta que incluso en origen -ahí quedaban pequeños cortes con ánimo especulativo, como Doppelganger- mostraban cierta voluntad de trascender prácticas miméticas en busca de la voz propia.

Lo paradójico es que esa intención, aun dejando a la vista las costuras referenciales -entre ellas, obvia, Dead Can Dance-, derivara en otro tipo de violencia, menos visceral, más consciente, a la postre más convulsa en su apuesta por una belleza formal preñada de guiños neoclasicistas y citas intergenéricas -una idea, por cierto, muy post-rock-.

Hidden (2010) materializó esa alianza entre el cuarteto -liderado por el inquieto Jack Barnett (vocalista y multinstrumentista) e integrado entonces por su hermano George (percusiones), Thomas Hein (bajo) y Sophie Sleigh-Johnson (teclados)- y el veterano Sutton. Sus once cortes, a menudo adornados por arreglos de viento en contraste con bases electrónicas, oscuros y tenebristas, nos mostraban no sólo la nueva piel de la banda, sino también su nueva carne, ya madurada. Y propiciaba la sensación, plena, de que el grupo dejaba atrás el estirón adolescente para ofrecernos el esbozo de sus formas adultas. Ése es el proceso que a la espera, pero también al margen, de futuros movimientos Field of Reeds concluye ahora.

“El nuevo álbum es un tanto diferente al anterior”, señala Jack Barnett en la web de la banda, apuntando al tiempo que Sutton y él han dejado en este disco que la música hable “por sí misma más que en cualquier otro que hayamos hecho antes”. Y la música habla con esa rara voz -la voz propia- en la que los acentos reconocibles no empañan ni la originalidad del timbre ni lo que se dice. Son, nuevamente, muchos y evidentes -Hollis, en solitario y con Talk Talk; Bark Psychosis, claro; Scott Walker, género en sí mismo; Robert Wyatt; académicos del corte de Elgar y Britten y, por momentos, hasta el Chet Baker más irredentamente melancólico-, pero su mensaje es diáfano: es música para conmover más allá de la sacudida, para emocionarse en la pura contemplación. Incrédula primero; rendida después.

Estructurado en torno a nueve pequeñas suites que remiten a motivos melódicos y armónicos reiterados -los arreglos de viento se enriquecen aquí, entre otros, con pianos y xilófonos propensos a la comedida disonancia-, y con la decisiva y brillante colaboración de la cantante de jazz portuguesa Elisa Rodrigues, Field of Reeds sería uno de esos discos que tras prestarles nuestra atención nos la devuelven exhausta. Pero no a disgusto, sino más bien tan satisfecha como después de… Bueno, ya sabe…

¿Post-rock, dice?

Blas Fernández | 10 de mayo de 2011 a las 13:20

¿Post-rock, dice? fue mi contribución al volumen colectivo Más allá del rock (Inaem, Madrid, 2008), un libro confeccionado en su día por Julián Ruesga Bono y Norberto Cambiasso con la vocación de abordar los márgenes del género cercanos o conectados con las vanguardias experimentales y contribuir así, de paso y en la medida de lo posible, a paliar la hasta hace muy poco proverbial carencia de estudios teóricos al respecto en castellano. Fue, eso sí, un objetivo sólo cumplido parcialmente: un segundo y necesario volumen se quedó en el tintero.

La reciente distribución en España de Después del rock (Caja Negra, Buenos Aires, 2010), breve pero muy recomendable recopilación de artículos de Simon Reynolds, hasta la fecha inéditos en castellano, me parece una buena ocasión para rescatar aquel texto. La razón es obvia: a la hora de abordar la naturaleza y difícil identidad del post-rock, su génesis e imprevisibles consecuencias, la lectura crítica del célebre artículo del crítico inglés, ahora incluido en el libro argentino, era y es el necesario, ineludible, primer paso. ¿Por qué? Póngase cómodo… Leer el resto del artículo »

Música para tardes grises

Blas Fernández | 23 de diciembre de 2010 a las 8:35

Optimistas por naturaleza, los tipos de Trisfe. / Foto: Rosa Ponce

Optimistas por naturaleza, los tipos de Trisfe. / Foto: Rosa Ponce

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Quema cosas. Trisfe. Sello Salvaje. Rock / Post-Rock. LP / CD / Descarga Creative Commons

La inicial Lago negro, lago blanco predispone con acierto la audición reubicando la concentración del oyente allá por 1994… ¿Suena esto al monumental Hex de Bark Psychosis? Desde luego, algo hay, si no bastante: el gusto por estirar en juegos previos los desarrollos instrumentales antes de que irrumpa la voz -cuando no el placer por los instrumentales mismos-; el uso de una instrumentación comedida -que en ocasiones se permite pinceladas a las teclas de un piano, la cuerdas de un chelo u otro artefacto al margen del esquema guitarra-bajo-batería- de manera tan simple como expansiva…

El brumoso ideario que impulsa el código estético de Trisfe -quinteto sevillano en activo desde 2006, integrado por músicos con bagaje previo y con varias referencias anteriores en formato corto, por fin debutante en largo- quedó configurado hace tiempo, diríase que en el periodo que dista entre la reinvención de Talk Talk con Spirit of Eden (1988) y el mencionado y deudor aldabonazo propiciado por la banda de Graham Sutton.

Esto es, el post-rock cuando aún no tenía nombre y antes de que todos abjurasen de tan sobada y ocurrente etiqueta; el vaporoso e ¿inexistente? género que perfilaría también aquellas líneas maestras que luego derivarían en el slowcore, con el Spiderland (1991) de Slint como acta fundacional.

¿Demasiadas referencias? La contextualización las merece, aunque la música, en el plano emocional, debe explicarse sola. Y la contenida de manera tan impecable en Quema cosas -disponible tanto en una golosa edición en vinilo como en CD y en descarga gratuita a través de la web de la compañía Sello Salvaje- cumple con esa máxima a rajatabla: emociona y, en su abstracción, habla de aquello que quien escucha quiera imaginar.

Quema cosas habla en función de la disposición del oyente. Se reserva la opción de clavarlo en coordenadas concretas evitando el desvarío -lo hace con cortes más físicos, si se me permite el término, como Ohio, Noche americana, Soldaditos de plomo o A estas horas y sin dormir-, pero en el grueso de la propuesta lo deja a su albedrío vagando por un encapotado páramo donde la desolación, se intuye, puede suponer el principio de algo hermoso -eso, en mi disposición, claro-.

Más allá de bordar un ejercicio de estilo, que también, Trisfe consigue con este debut algo bastante más interesante que recrear los modos y formas de su estilo favorito: conmover. Y eso vale su peso en oro.

Con la ayuda del hechicero

Blas Fernández | 5 de febrero de 2010 a las 13:25

Foto: Dean Chalkley.

Foto: Dean Chalkley.

Hidden. These New Puritans. Domino. Pop / Experimental. CD

No parece casual que la coproducción del segundo álbum de These New Puritans, junto al guitarrista y cantante del grupo inglés, Jack Barnett, corresponda a Graham Sutton, el hechicero de Bark Psychosis. Éste sale de la sombra e impulsa la música del cuarteto -oscura, incluso tenebrosa, pero al tiempo vibrante y adictiva: new grave con aspiraciones de trascendencia- hacia una nueva dimensión en la que la electrónica convive con secciones de viento madera y metal o instrumentaciones exóticas en perfecta ósmosis. Disco de escucha larga, y reiterada, pone a los británicos en otra categoría: la de los imprescindibles.

Ahí les dejo el clip de We Want War…