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South Pop Dí­a 2: En la variedad está el gusto (o el disgusto)

Blas Fernández | 5 de mayo de 2008 a las 9:38

El Guincho

Foto: Aránzazu León

Con una entrada considerablemente inferior a la del primer día, y arrastrando desde el comienzo un notable retraso respecto al horario previsto, el South Pop vivió el pasado viernes 2 en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla, una irregular jornada marcada por los contrastes estilísticos de su cartel, cuyo orden pareció confeccionado más en función del estatus de los grupos participantes que del crescendo que una velada tan larga requiere para mantener la atención de la audiencia.

Sobre Pumuky y la posterior actuación en solitario de Abraham Boba -quien acompañó como teclista a la planetaria banda de Jaír Ramírez- más vale pasar de puntillas, pues lo suyo no resultó especialmente destacable. Lo mismo, aunque con distintos matices, cabría apuntar de Nisei, banda barcelonesa perteneciente al catálogo de B-Core y elevada a los altares por obra y gracia del lobby crítico catalán. Su directo es contundente, sí, pero su repertorio no pasa de una sucesión de clichés indie-rock con ocasionales incursiones en el dub. ¿Dónde queda la originalidad?

Grande-Marlaska no decepcionó en su primera aparición sevillana, en la que repasó El momento de hacer de cabo a rabo. Sólo una pega: a las canciones cortas y directas les cuadra un concierto similar. Un cuarto de hora menos habría dejado al respetable en ascuas.

El ex Arab Strap Aidan Moffat se ganó a pulso las copas que anunció que se iba a tomar tras su actuación. Y es que hay que tener mucha dignidad para defender como él hizo, en un entorno tan hostil, los poemas musicados de I Can Hear Your Heart, su segunda aventura en solitario tras la ruptura con Malcolm Middleton. El apoyo a la guitarra del ex The Delgados Alun Woodward deparó instantes intensos y hermosos, desgraciadamente perdidos en el tiempo cual lágrima de replicante en la lluvia. No era el momento ni el lugar.

Llegaba el turno de Mobiil, pero Barry Adamson llevaba ya una hora esperando y no parecía dispuesto a hacerlo por mucho más tiempo. Así que, sorpresivamente, fue él quien saltó al escenario, flanqueado por una numerosa formación y dispuesto a comerse el South Pop. El exacerbado revisionismo de la black music clásica desplegado en su último álbum, Back to The Cat, cobra cuerpo en directo con una precisión deslumbrante, fuera de discusión. Claro que, donde unos ven elegancia otros pueden intuir arrogancia. Cosa de gustos.

Con los galos Mobiil, cuando por fin aparecieron, ocurrió lo mismo que con Moffat: su inquietante y correoso rock de aristas cortantes descolocó al público, al que le costó entrar en el juego. Menos esfuerzo tuvo que invertir El Guincho, a quien le sobraron minutos para poner a bailar a la ya muy menguada parroquia con los cortes de Alegranza. ¿Concierto o sesión? Todo grabado excepto voz y percusión mínima. Ah, la eterna cuestión…

PD1: Un millón de gracias a Aránzazu León, que andaba por allí haciendo fotos de El Guincho, a altas horas de la madrugada, para Ladinamo y fue tan amable de cederle a Diario de Sevilla la que ilustra esta entrada. Fue un placer reencontrarte.

PD2: Esta crónica la firmo a medias con mi compañero Paco Camero. Yo me fui tras Barry Adamson y fue él quien se quedó hasta El Guincho. Lástima haberme perdido su actuación, una de las que más curiosidad me despertaba de todo el festival, y el jaleo que según me contaron se montó cuando Pablo Díaz-Reixa comenzó a invitar al público a subir al escenario. Comprendo la reacción de la organización. Después del accidente de Mar Álvarez, de Pauline en la Playa, no debía de estar el horno para bollos.

Patrones clásicos

Blas Fernández | 10 de abril de 2008 a las 14:25

Back to the cat

Back to The Cat. Barry Adamson. Central Control International / Green Ufos. Rock / Soul. LP / CD

Barry Adamson

Foto: John Gladdy

Pudiera parecer que, tratándose de Barry Adamson, Back to the Cat arranca de manera un tanto tibia. The Beaten Side of Town es un brumoso y elegante blues escorado hacia el swing y arropado, eso sí, por el habitual despliegue instrumental con aires de score. Ni el músculo que impulsaba desde el inicio discos como Oedipus Schmoedipus -el atractivo gospel-soul de Set The Control for The Heart of The Pelvis- o The King of Nothing Hill -el arrollador funk de Cinematic Soul-, ni la inquietud lounge de As Above, So Below -Can’t Get Loose- ni el efecto hipnótico del recitado en Stranger on the Sofa -Déjà  Morte- encuentran aquí su par. No hay trampa ni cartón, dicho sea en el mejor sentido; no hay gancho artificioso, sólo un tipo destilando clasicismo y concitando la atención de la manera más directa. Es la tónica de un álbum, entre los más luminosos de su ya larga discografía en solitario, construido sobre patrones: el pop bachariano -Straight ‘Til Sunrise-; el protorock’n’roll jazzeado -Spend a Little Time-; el rhythm&blues -Shadow of Death Hotel-; la balada soul -I Could Love You- o aquel encomiable pop mainstream británico de finales de los 60 -Walk on Fire, que parece escrita pensando en Tom Jones-. Y así, casi, hasta completar los diez cortes, como marca la casa, arreglados con permanente sobreexposición de precisos metales.

Muy lejanos ya los tiempos de Magazine y hasta de The Bad Seeds -aun manteniendo colaboraciones puntuales con Howard Devoto y Nick Cave-, ése ha venido siendo, en buena medida, el modus operandi que marca gran parte de su discografía: la reinterpretación, cuando no la apropiación, de los sucesivos estilos de la música negra. Aquí, sin embargo, parece llevarlo al límite, proponiéndonos un catálogo casi completo.

No he conseguido encontrar ningún vídeo del nuevo álbum, a la venta el próximo día 31, así que les dejo con uno de The King of Nothing Hill, el tórrido Black Amour; Marvin Gaye, Isaac Hayes y Barry White todo en uno…