Archivos para el tag ‘Ben Frost’

Cosecha 2014

Blas Fernández | 28 de diciembre de 2014 a las 5:00

Repita conmigo: soy un oyente formado y me traen al pairo las listas de lo mejor del año que, con atosigante profusión, florecen cada Navidad en las publicaciones más diversas. Y en cualquier caso, si no se considera tal, el mero hecho de estar leyendo sobre música ya lo sitúa en un buen camino.

Si es lector asiduo, ya sabrá que en La Ventana Pop huimos ante la mera idea de sentar cátedra y establecer jerarquías en torno a un terreno tan amplio, definitivamente inabarcable, como el de la música pop de nuestra época. Hace años que preferimos recomendar hallazgos con el ánimo de compartirlos y, si hay consenso, de sancionar desde nuestra afición-adicción aquello que ya es de dominio público. En un intento de abrir el abanico, desde el pasado 2013 lo hacemos, además, pidiendo a varios compañeros de Redacción caracterizados por su filiación melómana una relación de títulos que, por una u otra razón, les han calado de manera especial. Algunos, inevitable y significativamente, se repiten.

Esa selección es, claro, la que sigue. A la que usted, si le place, puede sumarse en los comentarios. ¡Buena cosecha! Leer el resto del artículo »

Paisaje entre tinieblas

Blas Fernández | 24 de marzo de 2011 a las 8:39

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Ravedeath, 1972. Tim Hecker. Kranky. Electrónica experimental. 2LP / CD

Aun en la portada del doble álbum en vinilo, imagínese en la del CD, cuesta distinguir qué es lo que lanzan esos tipos desde una azotea. Al desplegar la carpeta la cosa queda algo más clara: es un piano. Eso y tirar del hilo es todo uno, y bien fácil…

The Piano Drop es una simbólica tradición de los alumnos del celebérrimo MIT iniciada, vaya, en 1972; una significativa gamberrada, en apariencia hoy institucionalizada, destinada a materializar el punto final a la etapa de éstos como tales.

La sugestiva y abierta carga simbólica del acto conecta con esa otra idea apuntada por Joe Colly en su reseña para Pitchfork de este disco disco que nos ocupa. En ella, se evoca la imagen de un Tim Hecker obsesionado de uno u otro modo por la futilidad del hecho sonoro, ya sea éste oníricamente invocado mediante el shock de un piano lanzado al vacío o por la instantánea de diez millones de discos piratas destruidos con bulldozers por el remoto gobierno de Kazajistán (en todas partes cuecen habas).

¿Por qué purgatorios vagan las almas de esas músicas? ¿A dónde van a parar? Son cuestiones que invitan a cerrar los ojos e imaginar. Eso, ni más ni menos, es la música de Tim Hecker.

El prolífico músico canadiense, un puntal del paisajismo electrónico, sigue en cierta medida las mismas pautas que definen desde hace tiempo su estilo. A saber, el uso de drones atmosféricos estratégicamente atravesados por ráfagas de ruido, auténticos agentes disruptivos (escúchese aquel anterior y magnífico álbum: An Imaginary Country, 2009).

Sin embargo, Ravedeath, 1972 va algunos pasos más allá. En concreto, hasta Islandia. Escrito en Montreal y grabado en una iglesia de Reikiavik -echando mano, por cierto, de su órgano-, el décimo álbum de Hecker cuenta con Ben Frost como ingeniero de sonido e intérprete de algunas de las líneas adicionales de piano. Y como también apunta Colly en su reseña, decir hoy Ben Frost es citar la piedra de toque de esa otra música contemporánea que no renuncia a apelar a las emociones sin desistir por ello del riesgo (escúchese, claro, su monumental álbum By The Throat, 2009).

En qué medida pesa su participación en este brillante resultado final es una cuestión que invita a la especulación. Pero más vale concentrarse en los hechos. Esto es, de nuevo, cerrar los ojos y dejarse llevar a los infiernos, purgatorios y paraísos por donde vagan las almas de las músicas que no fueron.

Pueden escuchar el disco en la página de Kranky.

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Primer mandamiento

Blas Fernández | 19 de noviembre de 2009 a las 10:46

Foto: Bjarni Grims

Foto: Bjarni Grims

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By The Throat. Ben Frost. Bedroom Community. CD

By The Throat es de ese tipo de discos muy capaces de hacer salir por piernas al oyente desprevenido, al no predispuesto a experimentar la escucha como un ejercicio sensorial desprejuiciado y necesariamente abierto del que, también, puede formar parte la agresión.

Pero By The Throat es, además y ante todo, una contradictoria bendición, al menos para el explorador sonoro, que vuelve a descubrir cómo un material tan aparentemente incómodo, difícil, violento, inquietante, extenuante, anguloso y desafiante le provoca un impredecible placer y un inopinado deslumbramiento.

Australiano residente en Islandia, Ben Frost encaja quizás en el pequeño colectivo Bedroom Community -ya sabe, completado por Valgeir Sigurðsson, Nico Muhly y Sam Amidon- porque su obra ha llegado a ser tan inclasificable como el propio sello, apenas articulado en torno a la amistad de sus artífices-partícipes y al convencimiento de que la música experimental tiene en el siglo XXI suficiente perspectiva para desechar los dogmatismos de épocas pasadas y saberse ajena a las verdades absolutas. Por eso, cada integrante del colectivo, desde su flanco, se muestra tan abierto como el oyente predispuesto y, al tiempo, se siente libre para usar, y superponer, cualquier estilo entre los incontables que pueblan la inevitable Babel multilingüe que es la música de nuestros días.

Así, tras un acercamiento canónico a la electrónica desde la vertiente ambient -Steel Wound, 2003- y una productiva y convincente toma de contacto con Bedroom Community -el demoledor Theory of Machines, 2006-, By The Throat perfila en apenas tres movimientos las hechuras de un experimentador nato que se niega a perder de vista ese objetivo último del hecho musical, aún hoy denostado por buena parte del sector académico-onanista de la composición: emocionar, conmover, comunicar, transmitir.

Las sensaciones que Frost nos provoca, ya se ha dicho, distan de ser cómodas -en este sentido, baste apuntar que el álbum bien pudiera evocar la banda sonora de un mundo desolado sobre el que los últimos humanos expían arrepentidos sus culpas-, pero resultan conmovedoras. Y si en el plano sensorial ya tiene el terreno ganado, es en el técnico -desde hábiles modulaciones de capas de ruido a la utilización precisa de pasajes con orquesta de cámara- donde, repito, termina de deslumbrar.

Puede escuchar, y comprar, el álbum completo en la web del músico.

“Cuando hablan de estilos, me tapo los oí­dos y pienso en Brahms”

Blas Fernández | 5 de noviembre de 2009 a las 7:50

Foto: Peter Ross

Foto: Peter Ross

Compositor formado en la Universidad de Columbia y en la prestigiosa Juilliard School, autor de bandas sonoras para cine (El lector, El sueño de Casandra…), arreglista en algunos de los más notables discos de rock y pop experimental de los últimos años y responsable de piezas camerísticas cargadas de “energía maníaca”, Nico Muhly (Vermont, EE. UU., 1981) renuncia con naturalidad a los límites genéricos que pudieran parcelar su creatividad. En particular, a aquellos empeñados en erigir un muro infranqueable entre música culta y popular.

Integrante junto al cantautor folk Sam Amidon y a los experimentadores electrónicos Ben Frost y Valgeir Sigurðsson del sello-colectivo Bedroom Community, con base en Islandia, Muhly recalará este sábado en Sevilla con el espectáculo Whale Watching Tour, en el que los cuatro músicos comparten tablas revisando sus respectivos repertorios. Su concierto pondrá, casi, el punto final a la segunda edición del festival Electrochock (US), organizado por la Universidad de Sevilla, que comienza hoy en Pista Digital.

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