La ventana pop » Bonnie ‘Prince’ Billy

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El alto vuelo del águila

Blas Fernández | 28 de abril de 2009 a las 11:26

Foto: Aubrey Edwards

Bill Callahan. Sometimes I Wish We Were an Eagle. Drag City. Rock. LP / CD

Permanecen la voz grave y esa métrica telegráfica, de entonación narrativa, que enmarca la habitual y cercana misantropía de su discurso vital, pero, casi veinte años y trece discos después de su debut como Smog, algo ha cambiado en la música de Bill Callahan.

Pudiera parecer que la mudanza se inició, precisamente, con el abandono del alias con que firmó aquella discografía que hoy le sirve para figurar como abanderado del lo-fi y, más allá, pionero en la reivindicación y reinvención del folk-rock norteamericano -en esa empresa su trayectoria va pareja a la de ese otro gigante, Bonnie Prince Billy-, justo cuando en 2007, también en abril, editó Woke on a Whaleheart. Algo hay, claro, aunque rastreando entre su fértil listado de títulos no cuesta identificar trabajos con decidida vocación de regatear las previsiones -los arreglos camerísticos o las inmersiones ruidistas de algunos de los cortes Knock Knock (1999), uno de sus discos más celebrados-.

No obstante, es a partir de la asunción del nombre propio -o quizás a la inversa: lo asume por ello-, cuando el personaje se sacude el corsé -maldito corsé o corsé de maldito- y se lanza sin miedo al vasto vacío. Así, Woke on a Whaleheart podía escucharse en clave de acercamiento pop con referentes gospel, mientras que el presente Sometimes I Wish We Were an Eagle retoma el camino de un folk orquestado que trae a la memoria, ¡ay!, a Nick Drake -decía Silvia Grijalba en Palabra de Rock que si los familiares de Drake recibieran una moneda cada vez que la crítica lo citara como referente sin duda se harían de oro; tal es su descomunal influencia-.

Desde la inicial Jim Cain hasta la postrera Faith / Void, la nueva entrega de Callahan se llena así de canciones tan delicadas como simples en su concepción inicial, a las que una comedida exuberancia en los arreglos de cuerdas, y hasta metales, dotan de una corporeidad, de una carnalidad definitivamente alejada ya de los comienzos de aquel tipo que grababa cintas de cassette en su dormitorio. Éste es el nuevo Bill Callahan, volando tan alto, como el águila que añora en el título, que casi todo el humo queda ya por debajo.

El músico torrencial

Blas Fernández | 19 de marzo de 2009 a las 12:00

Foto: Jesse Fischler

BEWARE. Bonnie ‘Prince’ Billy. Domino / Pias. Folk / Rock. LP / CD

Beware Your Only Friend, el casi homónimo corte inicial, es de esos que te dejan clavado al asiento, una maravilla in crescendo en la que la melodía folk se desliza hacia aristas pop impulsada por unos desarmantes coros femeninos de aires gospel. El mismo tipo de emoción, en un registro diferente, que embargaba el ánimo al sonar Love Comes To Me; la misma arquitectura sonora que te cautivaba el alma en Strange Form of Life. Y después de esto, de algo tan grande, ¿qué puede venir?

Buena pregunta (retórica) aplicada a un personaje inefable y de tan largo recorrido, Will Oldham, que tras su reencarnación como Bonnie Prince Billy a finales de los 90 nos sorprende con cronométrica regularidad. Músico torrencial, por el volumen de su producción y, sobre todo, por el enorme valor de ésta, no escapa sin embargo a esa humana imposibilidad de crear una obra maestra cada vez que entra en el estudio.

Quizá Beware no lo sea -no es I See a Darkness; no es The Letting Go-, pero se queda tan cerca, se muestra tan robusto en su impecable colección de delicadas canciones -del dulce fervor de Death Final a la subyugante espiral, vocal y armónica, de la contigua Heart’s Arms- que la sensación de plenitud se enreda en la escucha, revelando los detalles que perfilan la complejidad de las estructuras ideadas por el norteamericano bajo la presunta cercanía de la etiqueta folk.

Y resulta cercano, pero, más difícil todavía, en absoluto simple. El imprevisible saxo de DV Devicentis en My Life’s Work o la corneta de Rob Mazurek, nada menos, en You Don’t Love Me -de nuevo con esos coros que llevan la canción hasta las alturas- son apenas la agradecida parte visible de un entramado hilvanado con gusto extremo, en el que las formas canónicas -el country-folk como elemento primordial de la fórmula- pueden desarrollarse en direcciones imprevistas -el estribillo de algodón dulce de I Won’t Ask Again-.

Uno sospecha con cada escucha que Beware es de esos discos que, inagotables, se crecen; que no tiene la incontestable rotundidad de los títulos antes señalados, pero que se hace con un hueco propio, y por méritos propios, en una de las trayectorias más llamativas y personales del rock norteamericano de las últimas décadas.

Ahí les dejo el clip de I Am Goodbye. Inenarrable…

¡Marina Gallardo, por Dios!

Blas Fernández | 24 de enero de 2009 a las 10:21

“De hecho, sí que me gusta Cat Power, pero a Kristin Hersh, por ejemplo, no la había escuchado antes”, explica paciente Marina Gallardo respecto a uno de esos habituales malentendidos provocados por la hojas de promoción discográfica. Y es que, lejos de identificarse con aquella generación de cantautoras eléctricas de los 90, la portuense, residente en Sevilla desde hace casi un par de años -donde estudia Filosofía-, dice sentirse más cerca de algunas figuras másculinas. “Smog, Bonnie Prince Billy… Son cosas que sí escucho”, afirma.

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Ráfagas 2

Blas Fernández | 29 de junio de 2008 a las 10:02

Señoras, señores, han pasado cuatro meses desde la transformación de la antigua web de La Ventana Pop en blog. El resultado, al menos para mí, ha sido francamente satisfactorio. Ahora llega el momento de parar para tomar aire. Sí, me voy de vacaciones, que merecidas las tengo. Vuelvo al trabajo en agosto (terrible, lo sé), mes en el que retornará la actividad a esta bitácora. ¿Quedará alguno de ustedes por ahí en semejantes fechas? ¿Se acordarán de visitarme en septiembre? Corro el riesgo.

Les dejo con cuatro mínimas reseñas de discos muy grandes que probablemente ya llevan semanas disfrutando. Que quede constancia, en cualquier caso. Feliz verano a todos.

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