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Mal asiento, mejores canciones

Blas Fernández | 18 de marzo de 2016 a las 5:00

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Inicialmente programado para el pasado 30 de enero, y finalmente aplazado por problemas logísticos, Fun Club recupera este sábado el concierto de presentación en Sevilla de Camina conmigo, primer álbum firmado con nombre propio por Íñigo Cabezafuego, músico navarro de largo recorrido asociado a un sinfín de formaciones bilbaínas dedicadas al rock’n’roll en sus múltiples vertientes. “El primer grupo en el que estuve fue Half Foot Outside –rememora Íñigo–, una banda de hardcore-pop que luego hizo varios discos sin mí. Jugos Lixiviados fue el segundo, aunque de aquella época maravillosa recuerdos guardo pocos, la verdad. Con ellos aprendí lo que es el rock’n’roll real, la mugre, el sexo, las drogas… Todo”.

Pero la lista es mucho más larga… “Después estuve en Mermaid, Basque Country Pharaons, Atom Rhumba, Royal Canal, Black Lagoon… Eso sólo de los más conocidos –apunta–. La verdad es que soy culo de mal asiento y me aburro bastante rápido. Me dicen los amigos que me aburro hasta de los grupos que me gustan”.

En esa esa constelación de bandas, de tan limitada repercusión como grato recuerdo para el aficionado, destaca Atom Rhumba, todavía en activo, responsable de una demoledora discografía cuya onda expansiva, esta vez sí, sobrepasó con creces el ámbito local. “Sí, sin duda –admite Íñigo–. Entré cuando el grupo estaba ya bastante formado y tuve la suerte de hacerlo cuando, entre comillas, dio el pelotazo: tocamos mucho, hicimos giras por el extranjero, fuimos a Japón… Ahí seguimos. Se supone que vamos a grabar nuevo disco este año. A ver qué pasa…”.

A Atom Rhumba le debemos también una de las últimas grabaciones de Josetxo Anitua, el añorado vocalista de los inolvidables Cancer Moon, auténtico punto de fuga del rock español de los 90, fallecido en 2008. Tres años antes, banda y cantante se reunían para celebrar el vigésimo aniversario de la revista Ruta 66 con un concierto de versiones posteriormente editado como álbum, Anitua&Rhumba. “Era un amor de hombre, la verdad. Lo recuerdo como la persona más encantadora y cariñosa de Bilbao –evoca–. Atom Rhumba hicimos con él aquel concierto para el Ruta y fue una maravilla. Siempre tuvo un gustazo… Fue discjockey del Kafe Antzokia durante muchos años y era una gozada. Me acuerdo de que siempre nos quedábamos tras los conciertos sólo porque pinchaba él”.

Y tras tantas idas y venidas, tras tantos y tantos grupos, Cabezafuego nos sorprendía a comienzos de 2014 con Camina conmigo, ocho canciones que abrían su abanico estilístico a veces rozando el pop, otras la psicodelia, siempre con un afilado sentido del humor reflejado en unas letras torrenciales y definitivamente divertidas. “Tener canciones y no saber con quién hacerlas. Ése fue el motivo de grabar como Cabezafuego –explica–. Siempre he estado tirando del carro con grupos de aquí, y en un momento dado dije pues ahora las voy a hacer yo. Suena a topicazo, pero en realidad Cabezafuego es una banda…”.

Una banda o, incluso, un bandazo. Para su álbum, Íñigo reclutó a un destacado plantel en el que figuraban, entre otros, el guitarrista Joseba Irazoki –amén de componente de Atom Rhumba, habitual de Nacho Vegas– y el ingeniero de sonido Luther Russell (Richmond Fontaine). “Hombre, ésa es la suerte de llevar tantos años tocando con gente tan diferente: los llamas y vienen. Grabar el disco con ellos fue una gozada”, afirma. Sin embargo, no es ésa su formación para los directos. “Todos están siempre muy liados –lamenta–. Pero tengo una banda estupenda: Oskar Benas, que ha sido guitarrista de Maika Makovski y Fermín Muguruza; Ander My Wheels, que es el batería con el que he tocado en muchos proyectos, Royal Canal, Basque Country Pharaons… Y Asier al bajo, que también lleva conmigo muchos años”.

Quienes, por ejemplo, hayan asistido a las tres últimas ediciones del Monkey Week podrán dar fe de la solvencia y entrega con la que los cuatro músicos ponen en pie sobre el escenario las canciones de Camina conmigo, disco, por cierto, coeditado por el sello madrileño Folc Records y la escudería sevillana Happy Place. “Sí, son de esas cosas que a lo mejor sorprenden un poco. Con Joaquín –dice Íñigo de Joquín Aneri, de la discográfica hispalense– fue amor a primera vista. Traje una vez a Pájaro a tocar a Villava, mi pueblo, hace ya unos años,  y conectamos inmediatamente. Andrés [Herrera, Pájaro] estaba helado de frío… Pero qué frío hace en este pueblo, decía. Se llevó un gorro tejido por la abuela de mi novia y luego salió con él puesto el resto de la gira”.

El concierto en Fun Club marcará, o casi, el adiós a la gira de Camina conmigo y el inicio de un nuevo proyecto. “El día después tocamos en Vitoria y ése será el último. Paramos y empezamos a grabar el nuevo disco, que va a ser una locura –avisa–. No va a tener nada que ver con el anterior… ¡Estoy harto de rock’n’roll! Me gusta mucho oírlo, me gusta mucho tocarlo, pero… ¡Estoy harto de grabarlo! Llevo veinte años intentando grabar el disco perfecto de rock’n’roll, en el que todo suene guay, y no hay manera de conseguirlo. Así que he decidido dejar ese camino y hacer el disco más loco que se me pueda ocurrir. Tengo varias ideas, letras, melodías, pero no sé a dónde me van a llevar. Esperamos tenerlo publicado en septiembre u octubre”.

La locura, o la ambición, quedará plasmada en el propio formato elegido. “Va a ser una coedición con Autsaider Cómics, una editorial que está sacando cómics muy chulos de peña americana. La idea es hacer un LP-cómic con grandes dibujante españoles: a un lado de la carpeta, el vinilo; al otro, las historietas. Estoy muy ilusionado con esto”, reconoce el músico.

Cabezafuego actúa este sábado a las 22:00 en Fun Club (Alameda de Hércules, 86).

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 27)

Blas Fernández | 26 de marzo de 2015 a las 5:00

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Arranca la nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con un repaso al recomendable libro firmado por el periodista Nando Cruz en torno al indie español de los 90, Pequeño circo, un extenso volumen publicado por Editorial Contra que también repara en algunos precedentes de aquella escena. A propósito, suenan Cancer Moon, Lagartija Nick, Strange Fruit y El Grupo de Expertos Solynieve.

Desde Almería llegan Proyecto Solaz -con un invitado ciertamente peculiar…-; desde Huelva, The Strangers. Seguimos escuchando los nuevos trabajos de Santacruz, Guadalupe Plata y Pájaro Jack, estos últimos con presentación inminente de Vuelve el bien (partes I y II) en su Granada natal.

Más conciertos: Suomo en la Sala X de Sevilla, Lost Twin en el Lapsus Festival de Barcelona, The Jayhawks en Sevilla y Granada… Y aún queda tiempo para revisar el sorprendente nuevo álbum del tinerfeño Diego Hdez, Autotrophic Music.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

 

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Tracklist

1.-Cancer Moon: Tell Me The Secret

2.-Lagartija Nick: Déjalos sangrar

3.-Strange Fruit: Eternal

4.-Grupo de Expertos Solynieve: Colinas bermejas

5.-Proyecto Solaz: Sí a los chiringuitos

6.-The Strangers: Red

7.-Santacruz: Planta noble

8.-Guadalupe Plata: Hueso de gato negro

9.-Pájaro Jack: Ángeles

10.-Suomo: Pheromone

11.-Lost Twin: Coda

12.-Diego Hdez: Come The Summer

13.-Diego Hdez: Heisenberg

14.-The Hayhawks: Hey Mr. Man

Cancer Moon: caza y captura

Blas Fernández | 28 de enero de 2009 a las 1:03

Hace una semana me escribió Antón, de Discos Crudos, para contarme que están preparando una reedición del Hunted by The Snake de Cancer Moon. Dio con este blog a partir de la entrada que dediqué al grupo tras el fallecimiento el pasado mes de abril del que fuera su cantante, Josetxo Anitua, y me preguntaba por la posibilidad de rescatar la grabación del concierto que la banda dio (¿verano del 90?) en aquella fiesta de Radio Aljarafe para añadir a la reedición algo de material inédito.

Tras varias pesquisas, todo indica que la grabación original, en cinta de carrete, se ha perdido. No obstante, hemos conseguido localizar una en cinta de cassette que una oyente de mi programa por aquella época, Arantxa León, aún conserva. También he puesto a su disposición la copia que tengo de la grabación del concierto que Cancer Moon dio después en Sevilla como grupo telonero de Died Pretty, y me consta que también le ha sido ofrecida otra copia, la que conserva José Miguel Carrasco. O sea que, con casi toda seguridad, tendremos reedición con extras.

No obstante, Antón hace otra petición: necesita material gráfico de cualquiera de los dos conciertos. Así que ya sabes, si por casualidad conservas o sabes de alguien que conserve fotos de aquellas actuaciones, ponte en contacto con él en info@discoscrudos.com.

Los años de la luna en cáncer

Blas Fernández | 1 de mayo de 2008 a las 13:47

Cancer Moon

Josetxo Anitua (izquierda) y Jon Zamarripa (derecha).

Como desgraciadamente ya apunté en otra entrada de este blog, el pasado martes 22 de abril falleció en Bilbao a los 43 años de edad Josetxo Anitua, quien fuera cantante, letrista y compositor de Cancer Moon, una de las bandas más apasionantes, también injustamente semiolvidadas, del rock español de los 90. Con tres álbumes publicados en un periodo de cuatro años -Hunted by The Snake (1990), Flock, Colibri, Oil (1992) y Moor Room (1994), amén de varios temas dispersos en distintos recopilatorios-, el grupo, integrado en primera instancia por Anitua, el implacable guitarrista Jon Zamarripa y el hoy también desaparecido baterista Jesús Suinaga, supuso una especie de bisagra entre el eco ya remoto y desgastado de la sacudida pop que vivió España en los 80 y la por entonces todavía balbuceante eclosión indie, en primera instancia hinchada gracias a una crítica más entusiasmada por la posibilidad de cambio que vislumbraba que por los resultados reales de sus protegidos, quienes, contados con los dedos dos manos, aún tardarían tiempo en ofrecer discos con auténtica enjundia.

Situados en tierra de nadie, un terreno apenas compartido entonces por nombres como The Pantano Boas, Los Bichos y los Surfin’ Bichos, los integrantes de Cancer Moon, pronto reducidos al núcleo Anitua-Zamarripa junto a músicos de apoyo, experimentaron un desmoralizante rosario de idas y venidas por distintas discográficas -una por cada álbum-.

Ese detalle, sin embargo, apenas dejó mella en sus trabajos, imponentes colecciones de rock indómito oteando siempre las posibilidades experimentales del ruido eléctrico, aunque sí legó, por contra, un posterior efecto nocivo para la historia del rock de este país: ninguno de aquellos sellos, unos fruto de la despistada ambición comercial y otros del sincero ardor del fan, existe hoy en día; el resultado, puede imaginarse, es que toda la discografía oficial de Cancer Moon está descatalogada y que aquellos títulos emblemáticos sólo pueden adquirirse, con suerte, en tiendas de segunda mano, ferias de coleccionistas o recurriendo al bendito p2p.

Ello explica en buena medida el porqué del desconocimiento que aún en 2008 persiste respecto a una banda de semejante calibre y de tan decisiva influencia entre las generaciones de músicos y aficionados que la sucedieron, generaciones a las que debe resultarles difícil sospechar, a no ser que recurran a las hemerotecas, el impacto que en su momento provocó a los melómanos rock españoles la publicación de Hunted by The Snake.

Hunted by The Snake
Hunted by The Snake

Polar Records. 1990. LP / CD.

Una guitarra distorsionada y ululante nos daba la bienvenida en Ramblin’; luego, el contundente redoble de Suinaga y la voz de Anitua (Oh ramblin’ / Yes I do / Oh ramblin’ / That’s for truth / I could eat you like a ham) restallando en los oídos. “Perdón, ¿dices que son de aquí?”. La pregunta resultaba inevitable, pues hasta ese momento ningún disco español provocaba la duda de manera tan incontestable. Hunted by The Snake (Haunted, según el lomo de la edición en vinilo) no sólo soportaba las comparaciones foráneas, sino que le hablaba de tú a tú a sus coetáneos europeos y norteamericanos marcando el punto de fuga del rock underground contemporáneo español.

Pero Ramblin’ apenas es el principo. El muro de guitarras levantado por el maestro Zamarripa en Tell Me The Secret; las fieras espirales de (Feedback) The Iron Need, el puñetazo seco de Cruella Devil… Todo en Hunted by The Snake, una venenosa y adictiva mezcla de noise-rock, garage-rock y pop psicodélico que ya flirtea con la vocación experimental de sus creadores, va creciendo ante los incrédulos oídos del espectador hasta el lacerante bucle final de Voice of The Sax (bucle sin fin real en la edición en vinilo; en el formato CD se añadió como coda una versión de Iggy Pop, I Need Somebody).

La producción de Jaime Gonzalo, codirector de Ruta 66, fue en su momento denostada por el grupo, aunque contemplada en la distancia quizás resulte que aquella polémica respondiera más a la extraña situación de Cancer Moon en Polar Records, división de pruebas rock de un sello especializado en megamixes, que al trabajo de Gonzalo, que aguanta sin perder empuje el paso de los años.

Flock, Colibri, Oil
Flock, Colibri, Oil

Munster Records. 1992. LP / CD.

Tras resolver no pocos problemas contractuales, Anitua y Zamarripa, ya sin Suinaga y flanqueados por músicos de apoyo, recalan en la entonces pujante independiente Munster Records con la esperanza, vana, de recibir un trato mejor. Apenas cuentan con cuatro días, entre el 16 y el 19 de abril, para registrar su segundo álbum en un estudio de Burdeos. Y pese a todo, Flock, Colibri, Oil vuelve a desplegar una fascinante colección de canciones en la que, junto a las andanadas tan propias de Cancer Moon -de las que ya avisa el primer corte del disco, Solution (Mooncycle)-, gana peso ese componente ensayístico siempre presente en sus trabajos. Indians, registrada en un cuatro pistas casero, White Sky, Ink o Folks dan fe de ello. La edición en CD incluyó dos temas extras, ambos versiones, Human Jukebox, de The Scientists, y Girl#, de Suicide.

Moor Room
Moor Room

Radiation Records. 1994. LP / CD.

Instalados en Radiation Records, Anitua y Zamarripa parecen por fin disponer del tiempo y la calma suficiente para afrontar una grabación sin demasiadas presiones. Moor Room, mejor disco nacional del año para la revista Rock de Lux, tiende a considerarse su álbum más equilibrado, quizás por condensar en su docena de canciones todas las vertientes exploradas por el dúo en las entregas previas desde una perspectiva más madura y con mayor oficio. Todo está en él, la entrega de Josetxo al agarrarse al micro y dejarse el alma en unas melodías de oscuro atractivo y la imaginación de Jon tejiendo capas y capas de guitarras de las que sobresalen en los momentos precisos arrolladores riffs; la rabia -Girls Hangin’ Round, Sweet, Sweet Cake, Lie, Stupid Pumpgirl, In a Hurry- y la dulzura -I’m Head Down, Caster, Blue Sky y la impresionante Stone of Head-, la desazón -Daniel Boone, Wolf of Cool- y el toque marciano -Risin’-.

Y después de Moor Room, el silencio, o casi. Anitua, DJ residente en uno de los locales más conocidos de Bilbao, el Kafe Antzokia, siguió vinculado a la música tanto a través de variadas colaboraciones -entre otras con Le Mans y Single, además de un álbum de versiones junto a Atom Rhumba- como de proyectos propios -Josetxo Grieta-. Con su muerte el rock español pierde a uno de los personajes más notables e inquietos, amén de afables, de su historia. Otra pregunta inevitable. ¿Se le ocurrirá ahora a alguien reeditar los discos de Cancer Moon?

Una última sugerencia. Para profundizar en la historia de la banda resulta sumamente recomendable, por no decir indispensable, visitar esta web.

Adiós, Josetxo

Blas Fernández | 25 de abril de 2008 a las 11:00

 

Hace apenas un rato que acabo de actualizar el blog. Inicio la ronda habitual por los sitios que me interesan y me llevo un golpe que me descompone el día. El amigo Joan Vich avisa de que el pasado martes murió en Bilbao Josetxo Anitua, el que fuera cantante de Cancer Moon. Encuentro también la triste noticia en Música en la mochila y en El País de ayer. Tenía 43 años (¡43 años!).

El azar, ¿o no fue eso?, nos depara situaciones extrañas, muy extrañas. El mismo día en que Josetxo moría, sin tener aún ni idea de la triste noticia, cité aquí a Cancer Moon a colación de un concierto-fiesta del programa de radio que me ocupó algunos, bastantes, años de mi vida.

Y ahora, esto. Pues sí, se me amontonan y atropellan los recuerdos: primero las maquetas; luego, Hunted by The Snake sonando un día sí y al otro también; los oyentes llamando alucinados; las camisetas que con la portada del disco hizo mi novia de entonces; el corte de digestión de Josetxo al bajarse de la furgoneta, tras no sé cuántas horas de viaje desde Bilbao, y encontrarse en Tomares, en pleno verano, con una temperatura muy por encima de los 40 grados; la memorable actuación; las risas, las copas; las llamadas telefónicas; los posteriores conciertos en Sevilla de la mano de Producciones Informales; Flock, Colibri, Oil; las reseñas para Rock de Lux; Moor Room pinchado ya en otro programa; las entrevistas…

Y claro, me acuerdo de la referencia de Santi Carrillo en la reseña de Hunted by The Snake, en el número 63 de RDL (Abril, 1990): “Bienvenidos a la puesta de largo del spanish white noise. Cancer Moon -tal y como pronostica Blas Fernández- podría ser el punto de fuga más importante de la tensión-rock manufacturada hasta ahora en España…”.

Suena feo lo de citarse, ¿verdad? Lo siento. Eso supusieron para mí Cancer Moon. Eso sentí con aquel disco, el primero de una trilogía que aún hoy, supongo que para siempre, me resulta angular en la historia del rock de este país. Se me ha jodido el día, y me acuerdo de Josetxo.

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Aquí un amigo

Blas Fernández | 22 de abril de 2008 a las 10:03

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Foto: Jesús Ochando

Conocí a 091, creo recordar, allá por el año la pera -circa 1984-. Estaba a punto de publicarse su primer álbum, Cementerio de automóviles, y era uno de los grupos participantes en el concurso Alcazaba, de Jerez de la Frontera, que terminó ganando. Poco después, Jesús Ordovás, ese gran hombre, nos pasó a Eva Tovar -por entonces mi compañera radiofónica- y a mí una cassette con el master del disco. La pinchamos durante semanas, hasta que el vinilo cayó por fin en nuestras manos.

Seguí la trayectoria de la banda sin interrupción. Los entrevisté en tantas ocasiones que ni me acuerdo. Conté las idas y venidas de Antonio Arias, que acabó firmando el contrato del primer álbum de Lagartiga Nick, con Romilar-D, en un concierto-celebración de mi programa de radio, en el que también actuó otro de mis grupos españoles favoritos de todos los tiempos, Cancer Moon.

Estuve en Maracena en el 96, en el segundo de los dos célebres últimos conciertos (o sea, el último de verdad), y me alegré lo mío cuando José Ignacio Lapido, tres años después, anunció que volvía en solitario con Ladridos del perro mágico.

Desde entonces he permanecido atento a su carrera, que unas veces me ha interesado más y otras menos. En ocasiones me ha irritado su inmovilismo, supongo que pensando que me gustaría escuchar esas letras a lomos de esquemas sonoros menos trillados, pero siembre acabé encontrando alguna canción que me explicaba quién es este tipo. Sus textos sobre música, publicados hasta hace poco en Granada Hoy, donde sigue ejerciendo como columnista, me provocaban una sensación similar -rara vez escribía de algo posterior a 1980-, agravada cuando tocaba cuestiones colindantes a la música en sí misma -el negocio, la industria…-.

Él está en contra del p2p y, en general, del intercambio de archivos en internet -aunque tengo la sospecha, no sé, de que ha suavizado su postura-; yo, radicalmente a favor. Quizás por eso he preferido no tocar el tema en la entrevista que le he hecho para Diario de Sevilla a propósito de su nuevo álbum, Cartografía. Sería como discutir con un amigo de algo sobre lo que sabes que no os vais a poner de acuerdo.

Ahí la tienen…

Cartografía de la madurez

El músico granadino José Ignacio Lapido publica su quinto disco en solitario tras la disolución de 091, uno de los más elaborados de su ya larga carrera.

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Foto: Jesús Ochando

Álbum: Cartografía. Corte 2: En el ángulo muerto. Y dice: Estoy en el ángulo muerto / es el sitio perfecto / nadie me ve /Estoy fuera de juego / batiéndome en duelo / lo mismo que ayer / A solas con mis recuerdos / los falsos y los verdaderos / si no me ladraran los perros / creería que sueño / Nadie me ve. “Llevo ya muchos años ahí, nadie me ve”, bromea irónico José Ignacio Lapido. Aunque se apresura a explicar que “no es una canción sobre mi situación profesional, sobre la que no vendría a cuento escribir. Me siento en mi sitio, el que yo me he buscado y al que las circunstancias me han llevado. Y estoy a gusto donde estoy. No espero otra cosa sino hacer los discos que quiero y sentirme bien conmigo mismo”.

El músico granadino, antaño pieza clave en una banda de tan grato recuerdo como 091, acaba de poner en circulación su quinto álbum en solitario, Cartografía, como el anterior, En otro tiempo, en otro lugar (2005), autoeditado por su propio sello, Pentatonia. “Me motiva la satisfación de seguir haciendo esto -cuenta-. Hay mucha gente que ha tenido que abandonar la música por faltarle de todo a su alrededor. Ya en cierta época de 091 me di cuenta, nos dimos cuenta todos, de que no íbamos a dar ese paso a la primera división comercial. Si con La vida qué mala es no rompimos la barrera, entonces ya no iba a haber manera de hacerlo. Así que a partir de ahí te haces a la idea. Lo contrario es engañarse uno mismo manteniendo vanas esperanzas. Yo ya ni me lo planteo. Grabo mis discos haciendo válido el tópico de por amor al arte“.

José Ignacio no se queja. Sabe bien que su público no es muy numeroso, “pero sí puedo decir que es muy fiel. Siempre está ahí esperando, casi con más ansias que yo, a que salga un nuevo disco”. De hecho, esas expectativas le permiten embarcarse en un nuevo proyecto discográfico cada dos o tres años. “Puede ser necesidad expresiva, más que económica. Porque necesidad de perder dinero nunca tengo”, vuelve a bromear.

Ni resulta tan invisible como sugiere la canción del principio, sus seguidores lo saben, ni su economía bordea la ruina -“con el anterior disco salvamos los trastos”, apunta-. Hoy es otro músico con otro oficio. Escribe columnas de opinión en el diario hermano Granada Hoy y, faceta menos conocida, guiones para un culebrón de la televisión autonómica. Corte 4: Largo de contar. Y dice: Yo te hablaría del trato / que el Diablo sin duda nos ofrecerá / cuando el futuro nos dé de lado / y nos cubra la oscuridad. ¿Será Arrayán el demonio? “No, hombre, no… Arrayán hace feliz a mucha gente -dice riendo-. Llevo seis años haciendo guiones y me siento tan bien como cualquiera se puede sentir en su trabajo. Obviamente me siento más músico que guionista, pero una vez que te sacudes los prejuicios, es un trabajo más. No es como la música, mucho más creativa; somos diez guionistas metidos ahí y todos aportamos ideas. Sabes que estás haciendo un producto de consumo rápido, pero que tienes que hacerlo bien”.

Arrayán paga las facturas de sus grabaciones, gusta de decir José Ignacio, quien recupera en Cartografía cierta manera de hacer que remite a 091. Niega que sea el disco que más recuerde a su anterior grupo -“no soy tan cerebral como para decir voy a hacer un disco más o menos parecido a 091. Llega un momento en el que las canciones mandan sobre ti y todo lo que has oído, compuesto y tocado está en un sustrato inconsciente. Pero en cualquier caso, si es así no ha sido premeditado”, asegura-, aunque concede que “se trata del mismo guitarrista, del mismo compositor, así que algo tiene que haber”.

Hay más. La referida manera de hacer, sin abandonar el clasicismo rock que le es tan querido, dispone que éste sea uno de sus títulos más elaborados desde el punto de vista de los arreglos. “En eso sí estoy de acuerdo -afirma-. Ha habido un trabajo bastante importante por parte de la banda al completo. Así que en ese aspecto sí que hemos trabajado como lo hacía con 091, llevando al ensayo el esqueleto de la canción para que todos aportaran ideas. El talento de los músicos ha hecho que determinados arreglos queden como anillo al dedo. Y se nota”.

Lapido no pide más. Grabar y actuar. “Me siento músico -confiesa-. Antes de escribir guiones lo único que sabía hacer era escribir canciones e interpretarlas. Si reniego de eso, ¿qué hago en la vida? Quiero seguir así mientras las circunstancias me lo permitan”. Corte 7: Nunca se sabe. Y dice: Nunca se sabe si nuestro plan se irá por el desagüe / Si al despertarme la tierra temblará bajo mis pies / Si habrá algún santo que nos ampare / Sólo sé que estoy girando alrededor de tu corazón ayer igual que hoy / buscándole el final a una canción que tal vez no acabe / Es algo que nunca se sabe. Nunca se sabe.