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Una velada (muy) animada

Blas Fernández | 9 de mayo de 2013 a las 5:00


“No, claro, no es una idea original. Darío vio algo similar en Argentina y se le ocurrió hacerlo. Aunque le da un poco la vuelta, porque además de dibujar también dispara animaciones y hace algunas manualidades. Pero, básicamente, el concepto es ése: nosotros tocamos nuestro repertorio y a la vez Darío dibuja lo que se ve en la pantalla”, explica Fran Fernández de Un concierto animado, el espectáculo que mañana inaugura en el Centro de las Artes de Sevilla (CAS) el nuevo ciclo Showcas. Pero, vayamos por partes: Fran Fernández es aquel músico tras Australian Blonde que luego, hasta la muerte de Sergio Algora en 2008, coprotagonizó la trayectoria de La Costa Brava y terminó regalándonos un par de estupendos álbumes firmados como Francisco Nixon; Darío, por su parte, es el dibujante argentino Darío Adanti, residente en España desde el 96 y firma habitual en múltiples publicaciones nacionales. A ambos se suma Ricardo Vicente –ex componente también de La Costa Brava– para dar forma a esta propuesta, que al estilo de los conciertos entre viñetas del Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla une en directo música y dibujo. “El repertorio es el mismo que hacemos Ricardo y yo cuando vamos solos, canciones de Francisco Nixon, de La Costa Brava y del disco que grabamos en 2011 con The New Raemon, El problema de los tres cuerpos –explica Fran–. Pero Darío, que se queda sentado, también tiene un micrófono por si quiere intervenir. Es el que más habla de los tres y el que más gracia tiene”.

Apenas visto con anterioridad en Madrid y Valencia, Un concierto animado se antoja además la pequeña espita que mantiene encendida la condición de músico en activo del compositor de canciones tan redondas como Inditex o Erasmus borrachas. “Tras los discos grabé unas maquetas y las colgué en internet, pero sí, Francisco Nixon está un poco aparcado. Ahora trabajo como editor de contenidos en Deezer, la plataforma francesa de música en streaming, seleccionando lo más interesante de lo que se publica cada semana para destacarlo en la web, y ya no tengo el tiempo del que disponía antes para componer y grabar, aunque creo que escucho más música que nunca. De todas formas, creo que he tenido una carrera musical bastante larga y las cosas importantes están ahí para quien las quiera escuchar”, comenta Fran con intención pragmática. Y añade: “En la profesión de músico hay una parte de diversión y otra parte económica. En mi caso, ahora mismo pesa más la parte de diversión, y el día que no me divierta lo dejaré. Honestamente, tengo 42 años y tampoco creo que mi música tenga mucha repercusión más allá de la gente que me sigue desde hace tiempo. La vida te va marcando los ritmos y el día que tenga que dejar la música lo haré sin ninguna pega”.

Uff… Por inusual, sorprende la confesión en un músico, en efecto, de tan larga trayectoria. También atípica: Australian Blonde fue uno de los escasos exponentes del indie español de los 90 –¿recuerda Chup Chup?– en paladear la popularidad. “Sí, hoy es muy diferente –reflexiona sobre la atomización experimentada durante las dos última décadas por la escena pop–. Es algo de lo que hablo mucho, y no sólo como músico, sino también por mi trabajo en Deezer. ¿Cómo llegas a todos esos nichos? Eso también nos lo ha traído internet. Antes tenías un mercado cautivo y unos canales, tres o cuatro, donde los músicos se daban a conocer. Pero ya no hay una línea principal tan clara como antes. Fabricar un éxito ya no es tan fácil”.

Desde su posición en la industria del streaming –“algo en marcha, todavía relativamente joven”– destaca Fran un fenómeno significativo y constatable. “Internet no nos ha facilitado sólo el acceso a las novedades, sino también al catálogo del pasado –apunta–. Antes, por lo general, lo que había en las tiendas eran eso, novedades. Ahora, que ya no hay ni tiendas, cuando la gente escucha música suele escuchar lo que ya conoce o lo que le recomienda un amigo. Incluso en el segundo caso, se tiende a mirar a ese pasado que ahora está ahí y que desconocíamos”.

Como el suyo está ahí para quien quiera escucharlo, descarta rentabilizarlo. “No, La Costa Brava sin Sergio no tiene sentido”, dice recordando aquella banda en la que compartió amistad y canciones con el hombre de El Niño Gusano. “Una reunión nostálgica de la gente que pasó por allí para dar un concierto un día… Pues quizás sí. No está en mis planes, pero no lo descartaría. Me agradaría volver a ver a mis amigos. Pero sacar un nuevo disco, no”.

Un concierto animado. Viernes 10 a las 21:00 en el CAS (Torneo, 18). 10 euros.

El refugio de David Cordero

Blas Fernández | 3 de diciembre de 2010 a las 19:49

Juan Luis Castro, a la izquierda, y David Cordero, con las manos ocupadas. / Foto: Cristo Ramírez

Juan Luis Castro, a la izquierda, y David Cordero, con las manos ocupadas. / Foto: Cristo Ramírez

Ursula-disco

Hasta que la soledad nos separe. Úrsula. Foehn Records. LP / CD. Ambient / Experimental / Neoclásica

¡Oh vosotros que entráis, abandonad toda esperanza! A partir de ahora podríamos reconvertir una vez más la célebre cita de Dante: ¡Abandonad toda voz y recuperad la esperanza! O bien, más dilatada: ¡Oh vosotros que entráis en Úrsula, perdeos en sus silencios, dejad en suspenso vuestra consciencia, flotad por el infinito espacio sonoro de su melancólica ensoñación y quizás así recuperéis, aunque sólo sea momentáneamente, parte de vuestra esperanza!

David Cordero descubrió hace un tiempo que su capacidad como letrista quedaba bastante por debajo de su ambición como compositor, una situación más proclive a incrementar el grado de desazón que a encauzar ésta de forma creativa, productiva y, a su vez, sanadora. Con Mejor seguir al silencio -más que un título profético, toda una declaración de intenciones- dio un acertado golpe de timón que lo lanzó a navegar por otros mares. Y a juzgar por la nueva entrega, ese rumbo para esquivar la quemazón sí que lo llevó a buen puerto.

Hasta que la soledad nos separe -más que un título hermoso, un grave recordatorio de cierta condición humana- es la quinta entrega larga de Úrsula, la segunda que Cordero factura con la inestimable complicidad de Juan Luis Castro, la primera estrictamente instrumental. Y, más aún, es el perfecto equilibrio entre seis cortes destinados a una escucha arropada por el cielo gris, plomizo, que precede a la nevada; un cielo observado con cordura y distancia desde el refugio del hogar -o, al menos, sería preferible escucharlo así-.

Ya me gustaría disfrutar de Úrsula en esas condiciones, en el salón, tocando para mí. Pero como por aquí tampoco nieva, no me hago ilusiones. Me contento con la cita que el grupo ha preparado en el CAS (Monasterio de San Clemente, Torneo 18), el próximo jueves 9 a las 20:00, a la que están invitados todos ustedes hasta completar el aforo. No va a ser lo mismo, seguro. Lo cual no impide que siga siendo una ocasión especial.