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“Ahora es el músico quien tiene que invertir en su propio arte y su futuro”

Blas Fernández | 28 de mayo de 2018 a las 6:00

Fino Oyonarte, en una imagen promocional. / Ricardo Roncero

Fino Oyonarte, en una imagen promocional. / Ricardo Roncero

“Sin saberlo, me estaban dando infartos desde hacía dos meses. Un día fui al médico y me mandó directamente a urgencias. Allí me dijeron que había un problema y que me tenían que intervenir –recuerda de aquel susto vivido hace tres años y evocado en la canción Cien pasos–. Esa misma noche decidí tomar todas las medidas necesarias para tener buena salud y me propuse hacer algo que deseaba y estaba pendiente. Siempre he andado muy implicado en los grupos de los que he formado parte y muy liado produciendo a otras bandas. Quizás no había tenido tiempo para hacer este disco o quizás lo estaba evitando. Pero había llegado el momento. Ése fue el detonante”.

Pieza insustituible de Los Enemigos desde el segundo álbum de la banda madrileña, Un tío cabal (1988), artífice de enjundiosos proyectos posteriores como Clovis y Los Eterno, productor de bandas de culto como Los Planetas, Lagartija Nick o Los Del Tonos y hasta efímero editor con Libros del Ruido de volúmenes de temática musical, Fino Oyonarte (Almería, 1964) acaba de poner en circulación Sueños y tormentas (Buenaventura Records), el primer disco que firma con su propio nombre tras tres décadas de carrera. Y la sorpresa es tan grande como el propio álbum: aquí no hay rastro ni de sacudidas eléctricas ni de ensoñaciones psicodélicas; impera la introspección al piano o guitarra acústica en mano, pero arropada con majestuosos arreglos de cuerda de esos que ensanchan la escucha hasta la conmoción.

“Hay grupos que me han marcado, como The Velvet Underground y muchos de los que siguieron esa estela, The Feelies, Luna, Yo La Tengo… –enumera–. Pero también lo han hecho otros más tranquilos y reposados. Siempre he sido una persona inquieta y pendiente de la música que va saliendo, pero llegó un momento en el que intentar estar al tanto de todo lo nuevo me produjo cierto estrés. Hay tanto que al final te resulta imposible emocionarte con lo que escuchas, así que lo que hice fue rodearme de unos pocos discos de finales de los 60 y principios de los 70. Volví la vista atrás para mirar hacia el futuro y me cobijé en gente como Nick Drake o Leonard Cohen, al que con 14 años escuchaba gracias a mi hermano. También la parte menos psicodélica de Syd Barret, el primer disco de Nico, Dylan, Kevin Ayers o incluso gente actual tipo M. Ward, Sufjan Stevens o Bonnie Prince Billy. Además, soy muy fan de Elliott Smith y pienso que ha influido de manera decisiva en lo que hago. De hecho, es de los pocos músicos que cuando fallecieron consiguieron que se me saltara la lagrimita. Y no lo conocía personalmente, pero sabía que en el futuro me iba a faltar. Siempre me ha gustado la música melancólica, creo que de ahí pueden salir canciones preciosas”.

Crónica autobiográfica de la persecución de deseos e inventario de temporales capeados, por Sueños y tormentas, grabado en hasta tres estudios diferentes –el principal, el Estudio Uno de Colmenar Viejo, heredero de la maquinaria analógica del desaparecido Cinearte–, desfilan múltiples músicos amigos, algunos de largo recorrido, como César Verdú (Schwarz, León Benavente), a quien Fino, experimentado productor, encargó una segunda opinión. “Lo necesitaba –afirma–. Con Clovis o con Los Eterno, bueno, intenté hacerlo todo yo. En Los Eterno al menos estaba el resto de compañeros, pero con Clovis sufrí bastante. Estar en los dos lados, el de la creación y el de la técnica, me desgastó mucho y perdí la percepción. Llegó un momento en el que no disfrutaba. Y en este disco lo que quería era interpretar las canciones y que alguien estuviera pendiente de mí, que me sacara lo que llevo dentro, que es lo que yo he intentado hacer siempre a la hora de producir a un grupo, sacar la impronta del momento. Y ahí necesitaba a alguien que fuera de confianza, que me conociera, y esa persona era César, un amigo del alma”.

Otro nombre clave en la gestación del álbum, casi por pura carambola, acabaría siendo el del músico estadounidense Phillip Peterson, también al frente de los estudios House of Breaking Glass de Seattle, el responsable de esos ya mencionados hermosos arreglos de cuerda. “César se encontró a nuestro amigo Daniel Lorca [de la banda neoyorquina Nada Surf] en un concierto y le contó que me estaba ayudando con el disco y que tenía idea de meter cuerdas, pero que no sabía muy bien cómo porque no conocía a mucha gente que trabajara en ese campo –explica–. Así que Daniel me llamó al día siguiente y me dijo “necesitas a Phillip, vamos a mandarle una canción”. Tradujimos las letras al inglés y le envié algunas ideas cantadas por whatsapp o en maquetas, y le di mucha libertad para que hiciera los arreglos. La primera canción que me envió de vuelta fue Estos años, y fue como ¡Uau! Si parecía I’m The Walrus o Strawberry Fields Forever… Era un nivel de cuerdas que he visto poco por aquí. Me quedé impresionado y decidimos hacer algunas canciones más. Yo no sabía casi nada de él y después de acabar el disco descubrí en su web que no sólo había trabajado con grupos como The Posies, Nada Surf o Los Campesinos, sino también con gente bastante más comercial, como Lorde, St. Vincent y Ed Sheeran”.

Con estreno en directo previsto para el próximo 8 de junio en Almería –”mi tierra”, sigue diciendo Fino después de treinta años en Madrid–, no resulta difícil calibrar la complejidad logística de interpretar en vivo un trabajo de semejante exuberancia instrumental. Al fin y al cabo, recuerde, hablamos de un músico independiente que, en la estela de tantos otros durante los últimos años, ha optado por la autoedición. “Ahora mismo es el músico quien tiene que invertir en su arte y su futuro, en sus propias canciones –reflexiona–. Es mucho trabajo, desde luego. Por un lado tienes la ilusión de enfrentarte a un proyecto nuevo, pero también sufres el cansancio que provoca encargarte de tantas cosas que te desorientan del camino que te apetece: componer, grabar, tocar… No tengo intención de hacerlo igual en directo, pero ojalá se den las circunstancias. Aunque en realidad son canciones que puedo tocar con acústica y voz, estoy pensando en diferentes formatos, quizás uno sólo con guitarra y piano, otro con chelo y violín… También quiero preparar una banda con batería, contrabajo, fliscorno y cuerda. A ver cuántos conciertos me puedo permitir con cada uno. Bueno, es un disco que me he planteado a medio y largo plazo, no salgo con la gira hecha, como hacen tantos grupos. Voy despacio”.

Canciones de amor y humor

Blas Fernández | 26 de marzo de 2009 a las 10:39

EN LA CAMA CON ANNTONA. Anntona. Gramaciones Grabofónicas. Pop. Descarga copyleft

Precedido y hasta impulsado por el éxito de Los Punsetes, también por sus maquetas previas y aquel CD-R compartido con Espanto, el primer disco en solitario de Manu, guitarrista del grupo madrileño, llega en descarga libre y directa desde la web de Gramaciones Grabofónicas antes de su publicación física.

Sea por intentar repetir de manera consciente la estrategia que tan buen resultado le ha dado a la banda, o simplemente porque ésta se ha mostrado ya, y de manera reiterada, como una fórmula eficaz de presentar y difundir nuevas propuestas, la opción copyleft engrosa en cualquier caso su ya amplio repertorio de atractivas descargas de música española con esta curiosa colección de canciones, que Manu firma con el seudónimo habitual, Anntona.

Grabado en casa, “sin molestar a los vecinos”, con el apoyo puntual de varios amigos –Ariadna y J Punset, La Bien Querida, Cristina Clovis y Luis Espanto–, En la cama con Anntona recoge once canciones de muy diferente adscripción sonora. Podía volar, por ejemplo, podría pasar por un tema de Los Punsetes –sensación reforzada, además, por el hecho de que sea Ariadna Punset quien le ponga voz–, mientras que la hermosa Tú hueles mejor parte de una base rítmica casi de reggaeton perezoso sobre la que La Bien Querida entona con deliciosa delicadeza unos versos cargados de nostalgia: Huelo tu perfume / eso que te echas / me voy por otra calle / no doy una a derechas / Recuerdo que tú estabas / más bien enamorada / recuerdo que me echabas unas cuantas miradas / Pero ahora debe darte igual que yo / vaya por la calle percibiendo ese olor / que me recuerda que por bien que huela algo / tú hueles mejor…

Como en el caso de Los Punsetes, la ironía y el humor negro forman parte sustancial del lenguaje de Anntona –queda claro desde el principio, en el a cappella inicial de Nunca es tarde y en el patético retrato de Y además bastante fea–, lo que de partida supone ya un acicate para acercarse al álbum. Pero, claro, hay más: cuando bordea el riesgo de chiste fácil –la ya conocida Todo el mundo tiene porno en casa–, Anntona se saca de la manga unos arreglos europop que no sólo le salvan el corte, sino que incluso lo convierten en uno de los más resultones del disco.

Lejos de cualquier intencionalidad chistosa es, además, donde se sitúan las mejores canciones de un álbum que, sin la rotundidad del debut en largo de Los Punsetes, confirma el interés de este proyecto personal. Es en la mencionada Tú hueles mejor, en Ausencia de miedo o Te escribo desde el barro –ambas con colaboración de Cristina Clovis– donde Anntona se destapa como el gran escritor de canciones que puede llegar a ser.

DJ Yoda, en el Art&Music Festival

Blas Fernández | 17 de junio de 2008 a las 10:21

Aún no se me ha ido de la cabeza la actuación de Cut Chemist en la pasada edición de Territorios y ya tenemos a la vuelta de la esquina, en Sevilla, a otro mago del turntablismo. Y en este caso casi habría que decir del videoturntablismo, porque DJ Yoda (Duncan Beiny, Londres, 1977) es de esos tipos que manejan los DVJ-1000 de Pioneer, los lectores de DVD que permiten mezclar y hacer scratch como si se tratara de un disco de audio, con tanta soltura como los incombustibles Technics.

Ahí tienen un par de ejemplos…

Parte uno…

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